Lim: Lo que un Nuevo Acuerdo Verde significaría para Malasia

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"El poder de moldear el futuro debe volver al pueblo malayo".

Cada país se ha desarrollado de una manera propia. Malasia, el país grande más rico per cápita del sudeste asiático, ha experimentado un crecimiento sin igual en la región y las agencias internacionales le repiten que está a punto de unirse al club de las naciones de altos ingresos. Sin embargo, bajo la superficie, este crecimiento económico ha tenido un gran costo para el pueblo malayo y su medioambiente.

La destrucción de los partidos laboristas y de la organización independiente de lxs trabajadorxs, en nombre del anticomunismo, ha paralizado los mecanismos progresistas de la política, dejando a la sociedad civil y a la política de oposición malasia desarraigadas en las luchas de las masas. Mientras que Malasia ha sacado a muchxs de la pobreza absoluta, las privaciones abundan entre lxs pobres de las zonas urbanas y rurales. En su intento de atraer capital extranjero, los salarios fueron reducidos y los sindicatos neutralizados a través de la cooptación del Estado.

En la búsqueda de Malasia por la modernidad, nuestro medio ambiente sufrió. La deforestación, que comenzó bajo el dominio británico, ha continuado sin cesar desde entonces. Nuestra clasificación comoel 12º país más biodiversono ha dado a la élite política y económica ninguna pausa, ya que permiten que la destrucción y el saqueo continúen. Su desprecio por la forma de vida de los pueblos indígenas de Malasia ha mostrado abiertamente que se inclina por los beneficios por encima de las personas.

El momento fallido del Nuevo Acuerdo de Malasia

El Nuevo Acuerdo (New Deal), programa de gobierno y regulaciones iniciado bajo el Presidente Franklin D. Roosevelt en los Estados Unidos en respuesta a la Gran Depresión, tiene paralelos interesantes en Malasia. En respuesta a los disturbios raciales de 1969, atribuidos en gran parte a las afirmaciones infundadas de desigualdad entre las razas, el Estado malayo decidió promulgar su propio Nuevo Acuerdo para corregir esta desigualdad. La Nueva Política Económica (NEP) se llevó a cabo en nombre de la redistribución étnica, ya que la autoridad colonial británica había dividido las ocupaciones y los sectores de la economía según criterios raciales.

Si bien la NEP hizo mucho por lxs malayxs pobres ayudando a muchxs a salir de la pobreza, su reestructuración de la economía fue, de hecho, un "golpe palaciego" para crear una nueva clase de capitalistas malayxs, a expensas del capital local chino. Tuvo éxito en la creación de una clase media de consumidorxs, pero mantuvo una amplia y precaria subclase de trabajadorxs de servicios informales y agricultorxs dependientes del Estado. Lxs partidarixs de la NEP, el partido nacionalista malayo dominante UMNO, mantienen su hegemonía en este endeble régimen de acumulación de capital mediante una combinación de jingoísmo étnico-religioso y apelaciones a la armonía multicultural.

Lo que un Nuevo Acuerdo significaría para Malasia

Antes de empezar a hablar de lo "verde" en un potencial Nuevo Acuerdo Verde de Malasia, tenemos que considerar los cimientos sobre los que se construirá, es decir, el aspecto "Nuevo Acuerdo" de tal proyecto. Esto implica, en última instancia, un retorno a los fundamentos que caracterizaron el auge estadounidense de la posguerra y la reducción de las desigualdades. Las cuatro dimensiones de este Nuevo Acuerdo serían la universalización de la educación y de la asistencia sanitaria, un programa de empleos inclusivos, un sistema de seguridad social más equitativo y, lo que es más importante, la reintroducción del trabajo como la fuente de valor de la sociedad.

Malasia ha obtenido resultados relativamente buenos en lo que respecta a prestación de servicios de salud y educación en comparación con otros países de ingresos medios. No obstante, incluso estos logros modestos se ven amenazados por el drenaje de recursos públicos hacia escuelas, universidades y hospitales privados en detrimento de quienes no pueden permitirse ni siquiera dichos servicios públicos. Hacer de la educación y de la asistencia sanitaria un derecho universal para todxs en Malasia serviría como un igualador inicial importante entre las clases y por encima de la división urbano-rural. La construcción y la defensa posterior de la calidad del servicio ofrecido sólo pueden ser llevadas a cabo por un movimiento de masas fortalecido.

Para poner fin a esta precariedad masiva, es preciso considerar la cuestión del apoyo del Estado malayo al vasto sector de la economía no regulada. Si bien el Estado ha tenido un historial deficiente en la creación de empleos, sigue siendo la única institución que tiene los recursos y la capacidad para llevar a cabo un programa de empleos significativo. Además, la desvinculación de grandes sectores de la economía del Estado permitiría a millones de personas determinar su propio destino económico, gracias al control democrático de lxs trabajadorxs en contraposición a la privatización.

En cuanto a la seguridad social, Malasia cuenta con grandes instituciones financieras vinculadas al Estado que obligan a hacer contribuciones a un plan de ahorro y jubilación. Sin embargo, esto una vez más, excluye a las masas del sector de la economía no regulada y a lxs pobres de las zonas rurales. Estas instituciones han estado mal administradas históricamente y han sido utilizadas para beneficiar a una élite de alto nivel de ingresos. Junto con un programa de empleos genuinamente democrático, la inclusión de estos grupos debe ir acompañada de una red de seguridad social significativa.

Por último, el aspecto más ambicioso de un posible Nuevo Acuerdo Verde malayo sería el reconocimiento en toda la sociedad de la importancia del trabajo en todos los aspectos de nuestras vidas, ya sea en la dignidad del trabajo o en el valor que crea para toda la sociedad. En términos reales, esto significaría la reorientación de las instituciones del Estado, de las medidas políticas y de la vida política, alejándose de los intereses del capital para acercarse a los del trabajo. Sería una ilusión creer que esta reorientación se producirá con una revolución desde arriba, como lo hizo la NEP. Un cambio tan amplio requerirá la movilización masiva de aquellxs cuyos intereses defiende, un movimiento orgánico de la gran mayoría de lxs trabajadorxs para pasar de ser una clase en sí misma a ser una clase para sí misma.

Por qué debe ser verde

Malasia combina todos los rasgos de civilización y modernidad. Ha desarrollado una sociedad de consumo con una enorme huella de carbono, genera una gran cantidad de residuos municipales y utiliza frívolamente nuestros recursos de agua. Nuestra economía también depende de dos sectores muy perjudiciales para el medio ambiente, el sector del aceite de palma —del que somos el segundo productor mundial— y los combustibles fósiles, que seguimos explotando sin que se mencionen límites ni reducciones.

Su desarrollo ha hecho poco para mejorar el medio ambiente biodiverso que hemos heredado. El monocultivo insostenible, el uso irresponsable de fertilizantes a base de nitrógeno y la deforestación masiva se emplearon para impulsar la economía de Malasia a la siguiente etapa. Una vez allí, bajo la dirección del ex Primer Ministro Mahathir Mohamad, se emprendieron apresuradamente proyectos masivos para ponerse al nivel de países como Taiwán y Corea del Sur. Megaproyectos mal ejecutados, tales como nuestras industrias pesadas, el proyecto nacional de automóviles y las enormes represas en el estado de Sarawak, han tenido un costo enorme para el medio ambiente y los pueblos indígenas.

Si bien puede valer la pena juzgar a lxs actorxs causantes del mayor daño ambiental, lo más urgente en este momento es la reorganización de la economía de Malasia, lejos de estos dos sectores y hacia aquellos que restauren al máximo lo que hemos perdido. Normas culturales centradas en la reducción del consumo, modos de agricultura que mejoren el medio ambiente y una investigación exhaustiva de la reutilización de las materias primas que generamos servirían como puntos de partida para reparar el daño que hemos causado al medio ambiente tanto a nivel local como mundial.

La base de esta restauración del medio ambiente debe arraigarse, en última instancia, en una relación descolonizada entre la sociedad malaya y la propia naturaleza. El suelo, nuestros bosques, el aire que respiramos, deben ser vistos no sólo como recursos para nuestra reproducción, sino como una parte de nuestra sociedad a la que nutrimos y cultivamos. Para que estas ideas se arraiguen en Malasia, nuestro Nuevo Acuerdo no puede ser sólo una vuelta a la producción y consumo masivos, y al crecimiento económico por sí mismo. Un verdadero Nuevo Acuerdo Verde debe tener como principio fundador la restauración de la naturaleza junto con los controles democráticos del trabajo.

Por qué será democrático

En definitiva, la NEP benefició enormemente a una pequeña élite, aunque esta élite sigue sosteniendo que las migajas que llegan a las masas constituyen el progreso. Aún hoy, este régimen de acumulación capitalista permanece intacto mientras que la aspiración de construir una clase capitalista malaya local continúa, a pesar de los repetidos intentos del Estado por hacerlo.

El poder de moldear los resultados económicos debe volver al pueblo malayo. Este aspecto tan importante de nuestras vidas no puede quedar en manos de élites interesadas sólo en sí mismas y que no rinden cuentas a las masas. La democracia debe ser una piedra angular en la organización de la sociedad, tanto política como económicamente.

Las instituciones estatales altamente centralizadas y burocráticas de Malasia requerirán mucha presión y trabajo para ser reformadas. Introducir la democracia en este Estado no será una tarea fácil, pero como sabía el activista afroamericano contra la esclavitud Frederick Douglass: "el poder no concede nada sin una demanda". Las alternativas de democratización económica se conocen en forma de cooperativas y las formas más tradicionales de democracia industrial, pero la reforma del Estado requerirá acciones mucho más importantes de ingenio, innovación y creatividad. Sin embargo, es algo que hay que emprender si queremos transformar las instituciones que fundamentalmente alimentan al capital en detrimento del trabajo.

La historia del desarrollo capitalista de Malasia la ha colocado en la cadena de suministro global, aunque sin una posición sólida. Esto significa que estamos sujetxs a la desarticulación de la producción —la ruptura de la producción en procesos más pequeños y especializados, y su dispersión por todo el mundo— dejándonos a merced de las corporaciones globales que pueden trasladarse a lugares con mano de obra más barata e impuestos más bajos.

Si bien puede ser imposible desvincularse de la cadena de valor global y del capital financiero a corto plazo, se debe intentar reubicar la producción de bienes y servicios esenciales. El nacionalismo o el chovinismo no deben ser el motor de este cambio, sino un impulso para una verdadera soberanía económica. Resistiendo al lenguaje de la "división internacional del trabajo" como excusa para para que el capital pueda trasladarse a donde quiera, Malasia debe tomar la iniciativa en la promoción de un acuerdo mundial para que los países comercien y produzcan en condiciones de igualdad y democracia, en el espíritu del Nuevo Orden Económico Internacional del Movimiento de Países No Alineados, que murió hace mucho tiempo en la década de 1970.

¿A dónde nos encaminamos a partir de aquí?

Lxs malayxs no tienen ninguna memoria histórica, y mucho menos institucional de movimientos de masas en favor de la justicia social. Los mítines Bersih (limpio en castellano) de la última década reclamando elecciones libres y justas fueron en gran medida un asunto urbano, de clase media y partidista. Otras protestas recientes a gran escala han sido de naturaleza etnonacionalista o reaccionaria. Para que haya un resurgimiento de la acción del público, las masas deben organizarse.

Se necesitará un movimiento de masas a nivel nacional para promover un "Nuevo Acuerdo Verde" de Malasia. Un movimiento capaz de impulsar este programa de cambios profundos debe trasponer las diferencias raciales, de clase y políticas. La organización tendrá que comenzar a nivel de la comunidad y el lugar de trabajo, confederada en organismos más amplios que ejerzan el poder del pueblo y sean responsables ante él. Estas asambleas tendrán que sobrellevar el largo proceso de debatir y negociar las demandas y aplicarlas a nivel local y nacional.

La falta de elecciones locales, de organizaciones comunitarias fuertes y de sindicalización implica que la organización de las asambleas será una tarea extremadamente difícil, ya que básicamente se partirá de cero. No obstante, esto representa una oportunidad única para sentar las bases de una sociedad civil pujante. Lxs activistas y los grupos sociales deben introducir el principio de autogobierno en las organizaciones y estructuras que construyan si quieren que estos órganos tengan legitimidad y longevidad. Sólo esta noción de que se puede enseñar a las masas a gobernar a todos los niveles puede quebrantar los casos reiterados de "la ley de hierro de la oligarquía", que tan a menudo termina en la burocratización y la corrupción de los partidos políticos y las instituciones.

Jeremy Lim es el secretario y coordinador de proyectos de Imagined Malaysia, dedicado a temas de economía política y capitalismo en Malasia y el Sudeste Asiático.

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Authors
Jeremy Lim
Translators
Nora Bendersky and Daniel Felipe Guana
Published
07.09.2020

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