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"No eres bienvenidx aquí": Cómo Europa está pagando millones para detener la migración desde África

La UE está pagando millones a países africanos para impedir que los migrantes lleguen a sus costas.
En lugar de abordar las causas fundamentales de la migración ilegal a Europa —incluida la explotación del Sur Global por el Norte Global— los países de la UE están evadiendo el problema pagando a los países africanos para que intercepten a lxs migrantes antes de que lleguen a las costas europeas.
En lugar de abordar las causas fundamentales de la migración ilegal a Europa —incluida la explotación del Sur Global por el Norte Global— los países de la UE están evadiendo el problema pagando a los países africanos para que intercepten a lxs migrantes antes de que lleguen a las costas europeas.

Es un hecho conocido que Europa ha estado luchando con una grave crisis migratoria en los últimos diez años. Lo que es menos conocido es que el fantasma de una tremenda acusación se cierne sobre los planes establecidos por las autoridades europeas para contener el aparentemente imparable flujo de inmigrantes. Según algunas fuentes, los fondos destinados a controlar los flujos migratorios se han desviado para apoyar a las fuerzas paramilitares u otras organizaciones nefastas implicadas en la trata de personas.

Estas fuerzas supuestamente actúan como un amortiguador que impide por todos los medios (incluso los más violentos) que las personas lleguen a Europa, en lugar de abordar las causas fundamentales de la migración irregular. Las autoridades de la Unión Europea (UE) negaron todas las acusaciones e incluso suspendieron algunos de estos fondos, una medida que algunxs han considerado como una admisión de culpabilidad. Aunque cortar el proverbial nudo gordiano y encontrar la verdad puede ser imposible en este momento, intentemos aclarar lo que está sucediendo hoy en día proporcionando una mejor visión general del escenario actual.

Europa y la crisis migratoria de 2015

Cada año, cientos de miles de personas desplazadas y refugiadas de África, Europa Oriental y el Medio Oriente huyen de complejas emergencias, desastres naturales y guerras. Se unen al ya inmenso río de seres humanos que tratan de escapar de la pobreza y la desesperación emigrando al Viejo Continente. Las razones de este enorme flujo de seres humanos son muchas, desde la reciente turbulencia política que siguió a la Primavera Árabe, hasta la evolución de las numerosas zonas de conflicto y las duras consecuencias del cambio climático.

Incluso si se pudiera encontrar una solución para detener cada uno de estos diferentes escenarios, se necesitarían muchos años antes de que pudiera traer algún cambio o impacto tangible. Se produjo una gran retórica hasta que una enorme división separó el cacofónico debate político en dos facciones atrincheradas cuyas opiniones no parecen poder reconciliarse en el corto plazo. Para algunxs, estas personas son un recurso inestimable que puede rejuvenecer un continente moribundo que sufre de una falta crónica de mano de obra joven y no especializada. Para otrxs, no son más que parásitos que pueden socavar las raíces mismas de la cultura europea de base cristiana, poniendo en peligro todo el tejido social de una sociedad que ha basado su riqueza en la esclavitud, el colonialismo y la explotación de las personas durante siglos.

Sin embargo, todavía hay que resolver un problema indiscutible: el número de inmigrantes irregulares que llegan a Europa es demasiado alto para ser gestionado. Con más de 2 millones de cruces ilegales detectados entre 2015 y 2016, era evidente que las antiguas políticas de contención estaban fallando desesperadamente en tantos aspectos que no tenían efecto alguno. Las fuerzas políticas extremistas y de derecha aprovecharon esta crisis para arrastrar a todo el continente a una deriva populista, con el racismo y la segregación desenfrenados para alimentar el odio, el miedo y las antiguas rivalidades religiosas. Por primera vez en décadas, la Unión Europea (UE) se enfrentaba al riesgo de tener que hacer frente a una crisis social generalizada que podía desestabilizar todo el activo político y económico. Un plan que pudiera abordar las diferentes causas fundamentales de estos interminables flujos migratorios difícilmente podría imaginarse.

Pero las autoridades de la UE tenían que encontrar una solución rápida. No tenían el tiempo (ni el interés) de encarar las razones por las que estas personas estaban desesperadas y eran pobres. En lugar de preocuparse por la vida de estas masas de indigentes que emigraban a Europa, decidieron detenerlas antes de que pudieran cruzar las fronteras. Para decirlo sin rodeos, la gente desesperada y pobre de África, Europa del Este y Oriente Medio aún quedaba desesperada y pobre, sólo tenía que estar desesperada y pobre en otro lugar.

Cerrando los ojos ante la masiva crisis humana

Las medidas adoptadas para gestionar la crisis migratoria han sido increíblemente eficaces y, en menos de cinco años, el número de inmigrantes que llegaron a Europa se redujo en un 90 por ciento, de más de 2 millones a sólo 150.000. Pero, ¿a qué precio?

En pocas palabras, el plan general era bastante simple: las autoridades de la UE pedirían a otros países que "mantuvieran alejadxs a lxs migrantes" mientras cerraban los ojos a los métodos utilizados para lograr este objetivo. En teoría, estaban distribuyendo grandes cantidades de dinero a los países de África y el Oriente Medio para contrarrestar "la trata y el tráfico de personas" rompiendo su "modelo comercial" con el fin de "ofrecer a lxs migrantes una alternativa a poner sus vidas en riesgo". En la práctica, esos fondos terminaban a menudo en manos de milicias sin escrúpulos y organizaciones turbias que impedían que las personas más vulnerables llegaran a las fronteras de los Estados miembros de la UE por cualquier medio necesario, incluidos los más inhumanos.

Uno de los pasos más importantes de este plan para "contener a lxs migrantes irregulares" fue hacer arreglos con Turquía y Libia para evitar que lxs refugiadxs llegaran a las fronteras del Viejo Continente bloqueando todas sus rutas terrestres o marítimas. Además, cuando un migrante era capturadx cruzando el Mediterráneo hacia las cercanas islas griegas, España o Italia, era enviadx de vuelta a Turquía o Libia para ser encerradx "temporalmente" en alguna prisión. Pero el escenario que se originó a partir de estos pactos era menos que ideal en el mejor de los casos, y eventualmente obligó a miles de refugiadxs a soportar meses de detención en condiciones inhumanas en centros de detención en ruinas.

Varias organizaciones, como Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el Consejo Europeo para los Refugiados y Exiliados ya han denunciado las condiciones "degradantes" que sufren lxs detenidos en Libia. Hombres y mujeres son violadxs, maltratadxs y golpeadxs diariamente; algunxs han pasado meses o años encerrados. Las personas están expuestas a enfermedades contagiosas como la tuberculosis y a menudo mueren por enfermedad, desnutrición o negligencia mientras están detenidas. El CDH llegó a determinar que las condiciones en algunos de estos centros de detención pueden incluso "considerarse tortura".

A pesar de ser plenamente consciente de las condiciones inhumanas que enfrentan estxs migrantes, la UE sigue contribuyendo a este proceso masivo de explotación humana de muchas maneras. Se ha proporcionado a las autoridades libias los fondos y recursos necesarios para interceptar a hombres, mujeres y niños en el mar. Italia donó a la guardia costera libia varias lanchas patrulleras y la capacitación necesaria para operarlas con la mayor eficiencia posible durante la operación Sofía. Incluso los países del Grupo de Visegrad (Hungría, Polonia, Eslovaquia y la República Checa) proporcionaron 35 millones de euros adicionales, además de los 10 millones entregados por la UE. No es de extrañar, ya que sus fronteras están constantemente bajo la presión de lxs miles de inmigrantes que esperan escapar de la pobreza y encontrar la oportunidad de una vida mejor.

Una palabra —interceptación— se ha convertido en la respuesta a toda la crisis de lxs inmigrantes, en lugar de la recepción. Lo que le pase a esta gente una vez que se les impida llegar a las fronteras de los países más ricos del Primer Mundo ya no importa. Unx puede preguntarse si esta elección fue sólo el resultado de una estrategia algo corta de visión, que sólo se preocupaba por reducir el número de muertes de las personas que se ahogaban en el mar Mediterráneo. Tal vez sea un componente de un plan más complejo (e inhumano) de externalizar el control fronterizo a los países del norte de África. Una estrategia para evitar que las personas pobres escapen de los países pobres donde viven.

El Proceso de Jartum

Otra medida adoptada por la UE para frenar el número de personas que llegan a sus costas y fronteras fue el establecimiento del llamado "Proceso de Jartum". En medio de la crisis de 2015, líderes africanxs y europexs se reunieron en Malta durante la Cumbre de La Valeta sobre la Migración para discutir un plan común para abordar el problema. Una vez concluida la cumbre, la UE acordó proporcionar a los países africanos que aceptaron ayudar en la crisis un Fondo Fiduciario de Emergencia con un valor de miles de millones de euros. El fondo se estableció "para fomentar la estabilidad y contribuir a una mejor gestión de la migración, incluso abordando las causas fundamentales de la desestabilización, el desplazamiento forzoso y la migración irregular".

Muchos proyectos eventualmente cayeron bajo la bandera del Fondo Fiduciario de Emergencia, como la Operación Sofía mencionada anteriormente, así como del menos conocido pero no menos opaco Proceso de Jartum. Una vez más, esta iniciativa consiste en una serie de incentivos financieros proporcionados por los Estados miembros de la UE a los países africanos que pueden ayudar en la lucha contra la trata y el tráfico de personas. La única diferencia es que esos fondos se proporcionan para prevenir la explotación a lo largo de la ruta migratoria entre el Cuerno de África y Europa. Los países involucrados incluyen Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán, Sur, Sudán, Uganda y Tanzania.

Sudán, en particular, se ha utilizado como zona de amortiguación para ejercer un eficiente control extraterritorial de las rutas de migración utilizadas por las personas que quieren llegar a Europa desde toda África. Al igual que Italia con Libia, Alemania inició un proyecto para capacitar a agentes de policía y guardias fronterizxs sudaneses, y se fundó un centro de inteligencia en la capital, Jartum.

Entonces, ¿por qué la UE anunció la suspensión de estos proyectos en julio, algunos de los cuales se suspendieron al menos desde marzo?

Esta vez, algunos grupos de derechos humanos sudaneses y eritreos acusaron a Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, de cooperar con "regímenes y milicias que no rinden cuentas en absoluto" y son "conocidos por abusos sistemáticos". De hecho, los fondos se han utilizado para desplegar las infames Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), herederas de los brutales Janjaweed dirigidos por Mohamed Hamdan "Hemeti" Dagolo. Ya hemos hablado de la violencia que los Janjaweed desataron contra civiles sudaneses durante el reciente levantamiento, así como de los crímenes de guerra y el genocidio que cometieron en Darfur en 2003. Lxs combatientes de las FAR encontraron su propia solución para detener a los migrantes: lxs torturaron, lxs obligaron a pagar sobornos y, en algunos casos, incluso lxs introdujeron clandestinamente (posiblemente si pagaban lo suficiente).

Así que, en resumen, la UE pagó a lxs contrabandistas para detener el contrabando y tráfico de personas —y eran plenamente conscientes de ello. Incluso se observó que las FAR podían desviar recursos "para fines represivos". Al igual que en Libia y Turquía, Europa sabía lo que estaba sucediendo, pero prefirió simplemente mirar hacia otro lado.

Incluso si el proyecto ahora está suspendido y la UE sostiene que las fuerzas de las FAR nunca han sido financiadas o equipadas, la policía sudanesa recibió capacitación y recursos financieros importantes (40 millones de euros). Esta es la misma policía sudanesa que reprimió brutalmente a lxs manifestantes pro-democracia y anti-gobierno durante los últimos meses de protesta. Una vez más, todos los proyectos que se enmarcan en el Proceso de Jartum no abordan ninguna de las "causas fundamentales" de la migración incontrolada y la trata de personas. Sin ir tan lejos como para decir que estos proyectos son una verdadera parodia, no se puede negar que en este momento no son más que un control extraterritorial encubierto de las fronteras.

No soy guardián de mi hermanx

Hoy en día, Europa simplemente cierra los ojos ante una de las mayores crisis humanitarias de este siglo. Pero esperar que la gente desesperada lleve su desgracia a otro lugar no es sólo una política cobarde, es una elección francamente cruel hecha por gente sin rastros de humanidad. Es muy hipócrita de los países occidentales afirmar que quieren abordar las "causas fundamentales" de la tremenda lucha que lleva a tantas personas a abandonar sus países de origen. De hecho, la mayoría de estas "causas fundamentales" se originan en la interminable explotación de las tierras y recursos del Sur Global, que aparentemente sustenta todo el sistema capitalista. De hecho, cuando más de 37.000 personas se ven obligadas a huir de sus hogares cada día, no parece que la situación haya mejorado en modo alguno. Hoy en día, los países desarrollados acogen sólo el 16 por ciento de estos refugiados mientras que la gran mayoría de ellos se encuentran en Turquía, Pakistán, Uganda y Sudán.

Cuando el Imperio Romano tuvo que hacer frente a las migraciones masivas que se produjeron durante el siglo IV d.C., los emperadores simplemente prefirieron cerrar sus fronteras, dejando a innumerables personas desplazadas morir de enfermedad y hambre frente a sus puertas. Sin embargo, se produjo una revuelta abierta cuando esas masas de gente desamparada se desesperaron tanto que mataron al Emperador Valen, causando finalmente la caída de todo el Imperio Romano.

La historia nos enseña que todo lo que sucedió una vez puede volver a ocurrir, especialmente si tanta gente es llevada contra la pared durante tanto tiempo.

El Dr. Claudio Butticè, Pharm.D., ha escrito sobre temas como medicina, tecnología, pobreza mundial y ciencia. Muchos de sus artículos han sido publicados en revistas como Cracked, Techopedia, Digital Journal y Business Insider. El Dr. Butticè también ha publicado artículos de farmacología y psicología en varias revistas clínicas, y trabaja como consultor y asesor médico para muchas empresas alrededor del mundo.

Photo: The International Federation of Red Cross and Red Crescent Societies, Flickr

Available in
EnglishGermanRussianPortuguese (Brazil)SpanishFrench
Author
Claudio Butticè
Translator
Maria Inés Cuervo
Date
30.03.2020
Source
Original article🔗

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