Politics

Desenredando la pesadilla autoritaria de la India

¿Que puedes hacer para luchar contra el proyecto de estado neoliberal nacionalista hindú?
Mientras protestas a escala nacional y una huelga general han paralizado el país, los pueblos oprimidos y explotados de la India merecen nuestra solidaridad en su lucha contra el nacionalismo autoritario hindú.
Mientras protestas a escala nacional y una huelga general han paralizado el país, los pueblos oprimidos y explotados de la India merecen nuestra solidaridad en su lucha contra el nacionalismo autoritario hindú.

El 26 de junio de 2019, Noor Nahar Begum, una niña de 14 años de la aldea de Roumari Chapori en el estado de Assam en el noreste de la India, se ahorcó después de que su nombre y los de sus familiares fueran excluidos de un borrador del Registro Nacional de Ciudadanos del estado.

El 6 de agosto, un día después de que el parlamento indio le quitara al estado norteño de Jammu y Cachemira prácticamente toda autonomía política y económica, las fuerzas de seguridad indias en el barrio cachemira de Parigram sacaron a hombres jóvenes, predominantemente musulmanes, de sus casas y los obligaron a cantar "¡Jai Hind!". ("¡Victoria a la India!") y "Vande Mataram" (esencialmente "Te alabo, Madre India"). Obligaron a los residentes que se negaban a obedecer sus órdenes a lamer la tierra del camino.

El 21 de diciembre, la policía de la ciudad de Muzaffarnagar en Uttar Pradesh, derribó las puertas del seminario y orfanato islámico de la madrasa Sadaat y capturó a su clérigo, Maulana Asad Raza Hussaini, y a 35 de sus estudiantes; en sus cuarteles, la policía torturó a Hussaini, lo desnudó, le propició una paliza y le insertó por la fuerza una vara en el ano.

Y el 5 de enero de 2020, unos matones asociados a la organización estudiantil de derecha Akhil Bharatiya Vidyarthi Parishad (All Indian Student Council o ABVP) asediaron la Universidad Jawaharlal Nehru de Delhi con palos de bambú, varas, martillos y piedras, mandando al menos veinte estudiantes y miembros de la facultad al hospital con lesiones y heridas graves en la cabeza.

El terror desenfrenado y descarado del estado y respaldado por el estado está a la orden del día ahora en la India. Durante el año pasado, el primer ministro indio Narendra Modi y el Partido Bharatiya Janata (BJP), que recibieron un mandato abrumador aunque, en muchos aspectos, dudoso en las elecciones generales de 2019, han decretado una serie de medidasextremadamenterepresivas y potencialmente genocidas a nivel estatal y nacional. Estas medidas y la implosión económica general de la India, la agitación social y el descenso al infierno autoritario de la política han provocado protestas masivas de millones de residentes diversos de la India, muchos de los cuales han soportado violencia incalificable mientras exigían dignidad, equidad y justicia.

Mientras las calles de la India siguen bullendo de alegría desafiante y furia reaccionaria, los antiautoritarios, abolicionistas, antifascistas y otras personas de conciencia políticamente comprometidas de todo el mundo, especialmente en los Estados Unidos y el norte global, tienen el imperativo moral de informarse sobre el proyecto de estado neoliberal del nacionalismo hindú para poder luchar con eficacia y sensibilidad en solidaridad con los afectados más vulnerables.

"HINDI, HINDÚ, INDOSTÁN"

Numerosos activistas de centro-izquierda, intelectuales, medios de comunicación y manifestantes que han cubierto la última ola de movilizaciones en la India, las han enmarcado como luchas para "restablecer" la India como una democracia representativa liberal secular. Esta enmarcación se ha inspirado ampliamente en Mohandas Karamchand Gandhi y en el Movimiento de Independencia de la India, así como en una supuesta época dorada supervisada por Jawaharlal Nehru y, en menor medida, por sus herederos dinásticos y el Congreso Nacional Indio (INC), con el cual Gandhi, Nehru y los sucesores de Nehru tienen una asociación casi inextricable.

Sin descartar esta perspectiva, se podría decir que corre el riesgo de envolver el pasado reciente de la India en una nostalgia predominantemente burguesa, metropolitana y de casta superior, pasando por alto a su vez las numerosas formas en que la vanguardia liberal de la India -por no mencionar a algunos autodenominados izquierdistas- allanó el camino al precipicio en el que se encuentran actualmente el país y la región más amplia de Asia meridional. Baste decir que, a los efectos de este artículo, bastantes de los pueblos indígenas de la India; los dalits, los bahujans y otros grupos de castas inferiores; los musulmanes, los sijs y otras minorías religiosas; y, por supuesto, los sujetos pasados y presentes de la ocupación india de Cachemira tienen a menudo una visión claramente menos optimista de los presuntos años de gloria de la India independiente o incluso de sus períodos más recientes de gobierno liberal secular.

No obstante, las crisis entrelazadas en la India de la autoridad estatal, el capitalismo neoliberal y la dominación de las castas se han vuelto particularmente combustibles desde que el BJP se convirtió en una fuerza de influencia en la política nacional y regional en los años 80. Desde que fue elegido primer ministro por primera vez en 2014, Modi ha hecho todo lo posible por avivar las llamas que rodean los polvorines políticos y sociales de la India.

Modi se dedicó por primera vez a la política electoral como ministro jefe del estado occidental de Gujarat. Durante su mandato, supervisó un horrible pogromo antimusulmán que en definitiva resultó ser poco más que un escaparate de lo que se ha llegado a conocer como el modelo Gujarat Un modelo de negocios, gobierno y negocio del gobierno que busca el crecimiento económico por todos los medios necesarios, incluyendo y especialmente la barbarie.

Antes de ser un visionario carismático y emprendedor (conocido entonces y ahora por sus víctimas como el "Carnicero de Gujarat"), Modi fue, durante años, miembro de la Rashtriya Swayamsevak Sangh (Organización Nacional de Voluntarios o RSS). La RSS se inspiró directamente en los movimientos y regímenes fascistas europeos de principios del siglo XX, hasta tal punto que su fundador describió el Holocausto nazi como "una buena lección para que nosotros en Indostán aprendamos y saquemos provecho". En la actualidad es, según todos los testimonios fiables, la mayor organización protofascista de base del mundo. Cuenta con entre cinco y seis millones de miembros y sirve como la madrede factode la familia de organizaciones hindúes de derecha conocidas como Sangh Parivar.

El objetivo final de la RSS y la Sangh se resume en el lema "Hindi, hindú, Indostán": pretenden convertir a la India, posiblemente uno de los países más diversos del mundo, en un etno-estado hindú de habla hindi. Esto no significa que los diversos subgrupos, agrupados cada vez más por la fuerza bajo la categoría general de "hindú", disfruten de igualdad dentro de este Estado: la visión distópica del futuro de la derecha hindú es profundamente brahmánica, en el sentido de que reforzaría la supremacía del grupo de mayor rango dentro de la todavía existente y todavía viciosa jerarquía de castas de la India y el sur de Asia. Como tal, también consolidaría el heteropatriarcado que sustenta la autoridad brahmánica.

A estos efectos, el Indostán, tal como lo imagina la derecha hindú, sería una distopía hipercapitalista, gobernada por los multimillonarios y las empresas transnacionales que han trabajado mano a mano con el régimen de Modi, habiendo, es cierto, dejado de lado a sus anteriores colaboradores dentro de la dinastía Nehru-Gandhi y el INC.

Modi, la RSS y el Sangh en su conjunto han hecho todo lo posible para comenzar a sentar las bases del infierno de la supremacía burguesa hindú de sus sueños. Desde 2014, han empleado varias formas de guerra política, económica, social y cultural contra la población de la India en general.

Destrozaron los recursos de millones de residentes indios empobrecidos al desmonetizar arbitraria y repentinamente billetes de 500 y 1.000 rupias en nombre de la lucha contra la corrupción. Han debilitado aún más la industria agrícola de la India y han agravado la epidemia de suicidios entre agricultores. Han instigado una serie de linchamientos espantosas por sospechas de matanzas de vacas. Han silenciado, expulsado y/o asesinado a numerosos actores de la sociedad civil, intelectuales, activistas y periodistas. Han utilizado el omnipresente cuco de la insurgencia maoísta para desacreditar, encarcelar, desposeer, desplazar y/o masacrar a pueblos indígenas, campesinos, izquierdistas, liberales y prácticamente a cualquiera que se oponga a su adquisición de riqueza y conversos. Y han construido un amplio culto a la personalidad en torno a Modi que posiblemente no tenga comparación con ninguno de los demás hombres fuertes nacionalistas gobernando en el mundo.

Envalentonados por su aplastante victoria electoral en mayo de 2019, Modi y el BJP no perdieron tiempo en implementar la plataforma ultra-nacionalista que les llevo de vuelta al poder. El 31 de julio, el estado de Assam, controlado por el BJP, publicó el borrador final de su Registro Nacional de Ciudadanos (NRC) como parte de su cruzada contra la "inmigración ilegal", condenando a hasta 1,9 millones de sus residentes - enfocando deliberadamente a los bengalíes y los musulmanes, considerados forasteros por definición- a la apatridia y a la detención.

El 5 de agosto, el Parlamento indio controlado por el BJP derogó los artículos 370 y 35A de la Constitución india, que habían otorgado a Jammu y Cachemira la condición de estado independiente y garantizado a su población cierto grado de control sobre sus asuntos internos (al menos sobre el papel). Las fuerzas de seguridad indias, cuyo número en la región se multiplicó inmediatamente antes de la decisión parlamentaria, han mantenido desde entonces un bloqueo casi total de las comunicaciones, mutilando a los manifestantes con perdigones, deteniendo a los jóvenes en masa y amenazando a las mujeres con agresiones sexuales en la oscuridad que ha envuelto al valle de Cachemira.

El 11 de diciembre, el Parlamento de la India aprobó el proyecto de ley de enmienda de la ciudadanía, que concede la ciudadanía únicamente a los refugiados no musulmanes de Afganistán, Bangladesh y Pakistán. Firmada por el presidente de la India dos días después, la Ley de Enmienda de la Ciudadanía (Citizenship Amendment Act - CAA), como se conoce ahora, tiene por objeto abordar las preocupaciones de los nacionalistas asameses e hindúes por el hecho de que el NRC de Assam terminó atrapando más hindúes que musulmanes en su red. Su descarado intento de sentar las bases para un NRC nacional, para el que ya existen y se están construyendo centros de detención en todo el país, cuenta con la ayuda del Registro Nacional de Población (NPR), una lista de todos los "residentes habituales" de la India que se administrará junto con el censo de 2020 para el cual el gabinete de la Unión aprobó la financiación el 24 de diciembre.

"LA GENTE TRABAJADORA SE ESTÁ LEVANTANDO": ¿SE LEVANTARÁ CON ELLOS?

Las semillas del actual levantamiento de masas contra el Hindutva (nacionalismo hindú) en la India comenzaron a germinar en Cachemira, donde la renovada represión del Estado indio dio nueva vida a la larga tradición de resistencia de Cachemira. Desde el 5 de agosto, los cachemires, al igual que sus homólogos palestinos, se han arriesgado a la detención, la brutalización e incluso peor organizando manifestaciones públicas y defendiéndose contra sus ocupantes con piedras, barricadas en sus barrios y redes de información comunitaria.

Los estudiantes predominantemente musulmanes de la Universidad Jamia Millia Islamia (JMIU) en Delhi y de la Universidad Musulmana Aligarh (AMU) en Uttar Pradesh fueron de los primeros miembros de la comunidad universitaria de la India en alzar sus voces contra la CAA y la NRC. Los abusos escandalosos por parte de la policía y otras autoridades estatales — que los atacaron con porras y gases lacrimógenos en sus propios albergues, hiriendo a más de 100 personas — provocaron indignación y protestas de solidaridad subsiguientes en los campus universitarios de todo el país.

Los estudiantes están ahora considerados entre los opositores más vociferantes del régimen de Modi. Recibieron apoyo en la figura de Chandrasekhar Azad Ravan, el líder carismático de una organización de derechos de los dalits conocida como el Ejército de Bhim. El constitucionalismo militante de Azad, que atraviesa fronteras, lo ha convertido en un poderoso aliado tanto de los dalits como de los musulmanes; una foto suya de pie en las escaleras de la famosa mezquita Jama de Delhi mientras sostiene un ejemplar de la Constitución de la India, cuyo autor es el preeminente estadista dalit B. R. Ambedkar, ya se ha hecho icónica. Azad, como tantos otros manifestantes e incluso residentes no involucrados en las cercanías de las protestas, fue arrestado el 21 de diciembre y, hasta ahora, permanece bajo custodia.

Poco más de una semana después del año nuevo, los trabajadores de la India entraron oficialmente en la contienda del movimiento de masas anti-CAA/NPR/NRC/Hindutva de manera espectacular. Tras la ruptura de las negociaciones con el Ministro de Trabajo de la India, el Centro de Sindicatos Indios (CITU) convocó una huelga general en respuesta a los intentos del gobierno nacional de impulsar enmiendas pro-corporativas y anti-obreras a las leyes laborales que, en palabras del Secretario General del CITU, Tapan Sen, llevaría a la auténtica esclavización de los trabajadores de la India.

El 8 de enero de 2020, 250 millones de trabajadores - alrededor de una quinta parte de la población de la India - paralizaron innumerables carreteras, líneas de ferrocarril, oficinas gubernamentales, distritos comerciales, centrales eléctricas y plantaciones. Los estudiantes de al menos 60 campus universitarios también extendieron su solidaridad a esta marea de trabajadores agitados. Felicitando a todos estos huelguistas, Sen afirmó que, "La gente trabajadora se está levantando, y no descansarán hasta que logren sus objetivos."

A pesar de todas estas acciones tan alentadoras, las masas trabajadoras y ruidosas de la India no están de ninguna manera libres de contradicciones. La oposición a la CAA en Assam tiene un componente virulentamente nativista que no se puede dejar de lado. La cuestión de Cachemira también ha provocado un feroz debate sobre la ética y la legitimidad de los llamamientos a "Azadi". ("¡Libertad!") que no centran la autodeterminación de Cachemira en cuestionar los fundamentos del propio estado independiente de la India.

Además, los crecientes, pero tal vez acríticos e incluso contraproducentes, llamamientos a la no violencia de Gandhi ante los incesantes ataques del Estado a los disidentes, los chivos expiatorios y los civiles en general, dejan la cuestión crucial de la autodefensa, especialmente para los que corren más riesgo, frustrantemente sin abordar.

Sin embargo, un aumento a gran escala no debería ser perfecto para merecer una solidaridad crítica. Tal perfección es cada vez más difícil de conseguir en la era contemporánea. En la India, al igual que en Hong Kong, Francia, Iraq y las numerosas otras partes del mundo que han sido testigos de movilizaciones de masas contra la represión de los Estados capitalistas e imperialistas, las semillas de la abolición antiautoritaria - de la autonomía, la dignidad, la equidad, la justicia y la resistencia en sus más plenos y múltiples sentidos - se anidan junto a sus equivalentes conciliadores, regresivos y aún no decididos. La responsabilidad recae ahora en los izquierdistas de todo el mundo, especialmente en los que se encuentran en los países centrales del sistema mundial imperante, para que unan sus fuerzas con las de sus homólogos de la India y otros países del mundo para nutrir estas semillas como puedan.

OTRO ASIA MERIDIONAL TODAVÍA ES POSIBLE

¿Qué puedes hacer entonces para luchar contra el proyecto de estado nacionalista hindú neoliberal?

Podría comenzar por buscar, comprender y amplificar las perspectivas y plataformas de los individuos y organizaciones en el grueso de las luchas de la India, aunque no se ajusten perfectamente a sus posturas y estrategias. Peoples Dispatch, Caravan Daily y la India antifascista proporcionan una cobertura detallada y fiable de lo que está ocurriendo, tanto esperanzadora como atroz, sobre el terreno. Si vive en los Estados Unidos, siga las noticias de Equality Labs y South Asia Solidarity Initiative para las noticias de la diáspora de Asia Meridional y las actualizaciones de los planes de acción.

Los organizadores de la diáspora de Asia meridional y los miembros de la comunidad son muy conscientes de que el Hindutva no está de ninguna manera geográficamente contenido dentro de Asia meridional. Por el contrario, es un proyecto transnacional con vínculos particularmente fuertes con los Estados Unidos. Las organizaciones nacionalistas hindúes de la India reciben una cantidad importante de financiación y apoyo de la diáspora india, especialmente en los Estados Unidos, y a su vez apoyan a organizaciones hermanas y figuras políticas mundiales clave, como Tulsi Gabbard, que difunden su mensaje y comparten sus intereses. Muchos nacionalistas hindúes y supremacistas blancos estadounidenses se inspiran y colaboran entre sí, reforzando la “anti-negritud” y el sistema de castas en el proceso.

La lucha contra el nacionalismo hindú es también parte integrante de la lucha contra el capitalismo transnacional en la India, los Estados Unidos y el mundo en general. Enfrentarse al sionismo en su totalidad requiere también enfrentarse a la ocupación de Cachemira por parte de la India y a su relación cada vez más estrecha con Israel, el pivote de los Estados Unidos en el Oriente Medio. Para colmo, Modi y el Presidente de los Estados Unidos Donald Trump se ven cada vez más como cómplices útiles de sus respectivos esfuerzos autoritarios.

Por todas estas razones y más, los antiautoritarios, abolicionistas y antifascistas americanos deben oponerse al Hindutva como parte de su enfrentamiento con el capitalismo de supremacía blanca americano y su estado e imperio coloniales. Los izquierdistas en otros lugares -como en el Reino Unido, donde el régimen de Modi ha encontrado otro socio dispuesto en Boris Johnson- deben detectar igualmente el hedor nauseabundo del Hindutva que se encona bajo sus narices.

La India y Asia Meridional en su conjunto se enfrentan actualmente a su crisis existencial más graves desde que lucharon contra el Raj británico, con cerca de mil millones de vidas en juego. Las poblaciones oprimidas y agotadas, pero aún no vencidas, de la región, a pesar de todas sus complejidades y contradicciones, han tomado sus destinos en sus manos a una escala nunca vista durante décadas, impulsando a sus agresores a prepararse para la violencia a una escala igual de grande, superando los horrores que ya ocurren a diario

.Otra Asia meridional sigue siendo posible, desde la base y la izquierda, pero sus perspectivas son cada vez menos prometedoras. Protejan las chispas de transformación social revolucionaria encendidas por los cachemires, los musulmanes, los dalits, los pueblos indígenas, los estudiantes y los trabajadores: haga su parte para ayudarles a convertirse en una llama acumulativa y rugiente que reducirá la India de Modi y las estructuras y sistemas de poder que hacen posible a la ceniza.

Lucha contra el Hindutva dondequiera que estés, ahora más que nunca.

Sarang Narasimhaiah es un organizador político indio y doctorando en ciencias políticas que vive actualmente en los Estados Unidos.

Foto: Pixabay

Available in
EnglishPortuguese (Brazil)RussianGermanSpanishFrench
Author
Sarang Narasimhaiah
Translator
Tim Swillens
Date
06.05.2020
Source
Original article🔗

More in Politics

Politics

Johanna Bozuwa: Public Services for the Planet

Receive the Progressive International briefing
Privacy PolicyManage Cookies
Site and identity: Common Knowledge & Robbie Blundell