Economy

El Sur Global necesita una condonación de la deuda

Las economías del Sur Global, como la de Zambia, están siendo golpeadas gravemente por la crisis del coronavirus. Debemos condonar sus deudas de inmediato.
Mientras los mercados bursátiles del mundo desarrollado se aferran a las ganancias obtenidas gracias a la generosidad de los gobiernos y los bancos centrales, las economías de mercados emergentes siguen siendo golpeadas por la pandemia.
Mientras los mercados bursátiles del mundo desarrollado se aferran a las ganancias obtenidas gracias a la generosidad de los gobiernos y los bancos centrales, las economías de mercados emergentes siguen siendo golpeadas por la pandemia.

A principios de este año, el FMI informó al mundo que el Sur Gobal enfrentaba la mayor fuga de capitales jamás registrada. La Directora General, Kristalina Gueorguieva, dijo que el fondo pondrá a disposición de sus miembros préstamos por valor de un trillón de dólares, además de los 160,000 millones de dólares en préstamos y subsidios ya prometidos por el Banco Mundial. Sin embargo, no todos los países son elegibles como beneficiarios de estos préstamos; se dará un tratamiento preferencial a aquellos que hayan adoptado obedientemente el Consenso de Washington.

Los estados del Sur Global tendrían buenas razones para no participar en los programas de préstamos del FMI. Desde los programas de ajuste estructural de los años setenta y ochenta, hasta los más recientes programas de préstamos redactados en el lenguaje del “desarrollo humano”, los estados del Sur Global han sido disciplinados por estas instituciones para implementar políticas que han devastado sus economías.

Pero incluso un programa significativo de préstamos del FMI para contrarrestar el impacto de la actual crisis financiera que está destruyendo el Sur Global sería insuficiente a la hora de abordar el problema de la sostenibilidad de la deuda a largo plazo. Acumular nueva deuda sobre la deuda antigua no va a permitir a los estados pobres escapar del ciclo de deuda y dependencia que muchos de ellos han sufrido desde su independencia.

Lo que se necesita es condonar la deuda. En abril, lxs ministrxs de finanzas del G20 acordaron suspender los pagos del servicio de la deuda de los países de bajos ingresos hasta el final de año. Pero una pausa en los pagos no es suficiente, simplemente retrasará el dolor hasta el final del año, cuando lo más probable es que la economía mundial continúe en una profunda depresión.

Además, la iniciativa no incluye a todos los prestamistas bilaterales. Se ha pedido a ciertos estados e instituciones, que poseen porciones significativas de la deuda del Sur Global, que apoyen la iniciativa y trabajen constructivamente con los deudores durante la pandemia, pero no tienen obligación legal de hacerlo.

El asunto de la cancelación de la deuda ha sido fundamental para lo que alguna vez fue conocido como el “movimiento del Tercer Mundo” desde su inicio. Muchos países recién independizados fueron cargados con deudas adquiridas por las administraciones coloniales y sus ciudadanos fueron obligados a pagar las deudas contraídas para subyugarlos.

Incluso después, durante el periodo poscolonial, muchos regímenes represivos adquirieron grandes deudas para consolidar su poder (frecuentemente con el apoyo de los Estados Unidos), que después debieron ser asumidas por los regímenes democráticos que los depusieron. Muchxs activistas han hecho campaña en favor de la cancelación de estas “odiosas deudas” durante años. Lograron cierto éxito con la campaña del milenio contra la deuda, pero para muchos países no fue ni de cerca suficiente.

Uno de estos países fue Zambia, que tiene una larga historia de relaciones difíciles con las instituciones financieras internacionales. Zambia, cuya economía depende en gran medida de la exportación de cobre, se vio muy afectada por la caída de los precios de las materias primas en la década de 1970. Al no poder obtener préstamos en el mercado financiero global, Zambia tuvo que recurrir al FMI para obtenerlos y fue uno de los primeros países en participar en un programa de ajuste estructural.

La idea detrás de estos programas de ajuste estructural era “abrir” las economías pobres al resto del mundo siguiendo una estrategia de “crecimiento basado en exportaciones”. Lxs principales economistas afirmaron que los países de bajos ingresos debían concentrarse en su “ventaja comparativa”, exportando productos básicos al resto del mundo; esto significaba eliminar los subsidios a la industria nacional, “liberar” al sector privado de la regulación y la intervención estatal y eliminar las limitaciones a la movilidad del capital.

De hecho, estas medidas simplemente facilitaron el ingreso de las corporaciones multinacionales a las economías del Sur Global y el desplazamiento de los capitalistas nacionales antes de reorientar los beneficios al Norte Global. También facilitó a las élites desviar su dinero fuera del país y almacenarlo en el extranjero, frecuentemente en paraísos fiscales. Mientras tanto, lxs productorxs nacionales se enfrentaban a inmensas barreras impuestas a la exportación de sus productos a un mercado global que favorecía a los países centrales, que utilizaron sus inmensos recursos para proteger a sus productorxs nacionales.

Lxs economistas neoliberales afirmaron que el atraso de Zambia se debía a su fracaso a implementar en su totalidad las reformas propuestas y no cooperar con los prestamistas internacionales. Como resultado, Zambia ha permanecido en la lista negra del FMI y se ha visto forzada a negociar con prestamistas menos escrupulosos. Los fondos buitre, que compran las deudas de los países pobres en riesgo de caer en mora con la esperanza de demandarlos por enormes sumas de dinero, compraron 3 millones de dólares de la deuda de Zambia durante la crisis financiera y, cuando fue incapaz de pagar, demandaron con éxito el país por 15 millones de dólares.

Zambia está estancada en la trampa de los bajos ingresos desde su primer programa del FMI. Sigue altamente endeudado, dependiente de las exportaciones de cobre e incapaz de generar el capital necesario para industrializarse. Al hundirse los precios del cobre debido al golpe de la actual pandemia sobre la demanda de productos básicos, la moneda zambiana (el kwacha) cayó con ellos, aumentando el costo de servicio de la deuda.

A falta de una gran demanda mundial de cobre, y con las remesas y las corrientes de IED (Inversiones Extranjeras Directas) detenidas casi por completo, el país no puede acceder a suficientes divisas para pagar a los acreedores. En el largo plazo, es altamente probable que las deudas de Zambia sean demasiado elevadas para poder pagarse. Gran parte de su deuda pendiente se debe a los bancos estatales chinos; como gran prestamista relativamente nuevo, no está claro cómo responderá China a los pedidos de reestructuración de la deuda.

Una cosa está clara: el destino de millones de las personas más pobres del planeta está atado a una condonación de la deuda del Sur Global. Cuando la pandemia llegue a su fin, esta debe ser una de las demandas fundamentales de los socialistas a nivel internacional.

Grace Blakeley es comentarista económica y autora de Stolen: How to Save the World from Financialisation.

Foto: Friends of the Earth International / Flickr

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Author
Grace Blakeley
Translators
Julio Monterroza , Marisol Wexman and Maria Inés Cuervo
Date
13.08.2020

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