Occidente es cómplice de la violencia policial en Hong Kong

Activistas estudiantiles protestan contra la decisión de sus universidades de permitir a la Policía de Hong Kong (HKPF) reclutar en las bolsas de empleo universitarias
Desde los disturbios de 1967 hasta el comercio mundial de armas, la violencia de la HKPF tiene una larga historia de haber sido permitida por varias instituciones occidentales. El apoyo de estas universidades a los esfuerzos de reclutamiento de la HKPF no es sino el más reciente ejemplo de complicidad de larga data de Occidente, que secunda la violencia policial en Hong Kong.
Desde los disturbios de 1967 hasta el comercio mundial de armas, la violencia de la HKPF tiene una larga historia de haber sido permitida por varias instituciones occidentales. El apoyo de estas universidades a los esfuerzos de reclutamiento de la HKPF no es sino el más reciente ejemplo de complicidad de larga data de Occidente, que secunda la violencia policial en Hong Kong.

Tras meses de enfrentamientos con lxs manifestantes del movimiento contra la ley de extradición (anti-ELAB) que llevó a la inesperada renuncia de unxs 450 oficiales de policía, la Fuerza de Policía de Hong Kong (HKPF) ha encontrado dificultades para alcanzar sus objetivos de reclutamiento. La inexplicable brutalidad policial del año pasado ha ocasionado que aumente rápidamente el sentimiento anti policial entre los habitantes de Hong Kong, lo que dificulta el reclutamiento local. Ahora, la HKPF ha empezado a reclutar en campus universitarios del exterior. En el último mes han aparecido anuncios de empleo para “inspectxr de libertad condicional” y “programa de extensión” en anuncios de plataformas para el desarrollo profesional de la Universidad McMaster, la Universidad de Columbia Británica, la Universidad de Toronto, la Universidad de California Berkeley, la Universidad de Nueva Gales del Sur y la Universidad Tecnológica de Sidney.

Mientras tanto, los Servicios Profesionales de la Universidad de Cambridge hicieron circular materiales promoviendo el Programa de Extensión de Mentores Policiales (PMPO por sus siglas en inglés), un programa para estudiantes hongkonesxs que actualmente estén matriculadxs o que se hayan graduado recientemente de alguna universidad extranjera para que se postulen a recibir tutoría de unx oficial de policía experimentadx. El PMPO es descrito como “una estrategia de reclutamiento proactiva para inspirar a estudiantes talentosxs de Hong Kong… a unirse a la Fuerza como inspectores”.

En respuesta, varios grupos estudiantiles se apresuraron a denunciar a lxs administradorxs de sus universidades por facilitar las iniciativas de reclutamiento de la HKPF. McMaster Stands with Hong Kong—un grupo estudiantil de solidaridad con Hong Kong de la Universidad McMaster— publicó un comunicado haciendo énfasis en que la HKPF ha “[disparado] más de 16.000 rondas de gas lacrimógeno, 10.000 balas de goma y 19 balas regulares. Más de 7.000 personas han sido detenidas con cargos arbitrarios y mal definidos, incluyendo más de 1.400 arrestos por ‘disturbios’ y 3.000 por ‘reunión ilegal’ ”. Hongkongers NSW —un grupo estudiantil de la Universidad de Nueva Gales del Sur— también publicó una petición describiendo el apoyo de su universidad al reclutamiento de la HKPF como “fundamentalmente en contra de los valores de la justicia y la democracia”.

Mientras que varias universidades como la Universidad McMaster, la Universidad de Nueva Gales del Sur y la Universidad Tecnológica de Sidney han cedido a las demandas de estas peticiones estudiantiles, otras universidades se han mantenido firmes. La Universidad de Columbia Británica insistió en que se siguen los lineamientos provinciales y federales, y que la decisión de aplicar o no a estas ofertas laborales corresponde a lxs estudiantes. La Universidad de Toronto, que también se rehusó a retirar los anuncios, publicó un comunicado casi idéntico “impulsa[ndo] a todos los estudiantes a tener en cuenta sus intereses y valores a la hora de tomar decisiones profesionales sobre qué vacantes aceptar”.

Esta no es la primera vez que varias universidades reciben críticas por colaborar con la HKPF. El Instituto de Criminología de la Universidad de Cambridge ha mantenido una asociación con la Escuela de Entrenamiento de la Policía de Hong Kong desde 2016. Su Programa Ejecutivo de Policía, que otorga un Máster en Criminología Aplicada y Gestión Policial a los participantes, ha sido diseñado para entrenar oficiales de élite de la HKPF. El programa incluye cursos de verano sobre teoría policial, orden público y la llamada “gestión de protestas”, y es dictado tanto por académicxs como por altxs oficiales de la policía británica como Ian Blair, el ex comisionado de la Policía Metropolitana de Londres, Mark Rowley, el ex jefe nacional de antiterrorismo, y Tom Winsor, el inspector en jefe de la Gendarmería de Inglaterra.

Esta colaboración no es exclusiva de las universidades. Muchas corporaciones occidentales, incluidas aquellas con participación en el mercado armamentístico, carecen de lealtades políticas y, en su búsqueda de ganancias, rara vez están subordinadas a una geopolítica más amplia. De la misma manera en que suministran armas a las policías de los países occidentales, asimismo cumplen dicha función a nivel mundial, incluso en países que aparentemente están en desacuerdo con los intereses políticos de Occidente.

Estas empresas occidentales han obtenido ganancias significativas al abastecer de armas y equipos a la HKPF. Aunque el Acta PROTECT Hong Kong aprobada por el Congreso de los Estados Unidos el 15 de octubre de 2019 prohibía la venta de armas a Hong Kong, el gobierno de los Estados Unidos había aprobado previamente la venta de equipo militar a la HKPF, incluyendo gases lacrimógenos, armas de fuego y vehículos por valor de millones de dólares. El gobierno canadiense también extendió permisos de exportación para la venta a Hong Kong de equipo antidisturbios, armas pequeñas y armamento ligero, pero se rehusó a responder a las indagaciones, alegando la necesidad de proteger secretos corporativos. El Reino Unido también había exportado balas de goma y granadas de gases lacrimógenos a Hong Kong, que fueron usadas ampliamente durante las protestas anti-ELAB.

Irónicamente, gran parte de esta tecnología antidisturbios y de las tácticas policiales asociadas a su uso se originaron en Hong Kong, que sirvió como campo de pruebas para nuevas formas de controlar multitudes durante los disturbios hongkoneses de 1967. En aquella ocasión, la policía asesinó a 23 hongkonesxs e hirió a muchxs más. Este período ayudó a popularizar las nuevas innovaciones en armas de “letalidad reducida” tales como las balas de madera y el gas lacrimógeno CS, lo que se convirtió en la primera versión de los modernos equipos antidisturbios. Estas herramientas fueron diseñadas para mutilar en lugar de matar, evitando la creación de mártires que impulsarían más disidencia.

Desde los disturbios de 1967 hasta el comercio mundial de armas, la violencia de la HKPF tiene una larga historia de haber sido permitida por varias instituciones occidentales. El apoyo de estas universidades a los esfuerzos de reclutamiento de la HKPF no es sino el más reciente ejemplo de complicidad de larga data de Occidente, que secunda la violencia policial en Hong Kong.

Foto: Etan Liam

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Author
Edward Hon-Sing Wong
Translators
Julio Monterroza and Paola Andrea Torres Amaya
Date
18.08.2020
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