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Las residencias de ancianxs deben sindicalizarse para construir un escudo contra el Covid-19

La pandemia de Covid-19 ha tenido un efecto devastador en las residencias de ancianxs. Lxs trabajadorxs del sector y quienes reciben sus cuidados están pagando el precio por el surgimiento de un modelo con fines de lucro.
En este momento, los sindicatos tienen un papel clave en mejorar los estándares de los cuidados, y durante la crisis de Covid-19, algunos ya están progresando.
En este momento, los sindicatos tienen un papel clave en mejorar los estándares de los cuidados, y durante la crisis de Covid-19, algunos ya están progresando.

Condiciones de trabajo precarias, financiación perpetuamente insuficiente, falta de personal y salarios bajos. La lista de quejas y carencias estructurales en el sector de los cuidados de larga duración es larga e impresionante y, en tiempos de Covid-19, los problemas se han visto agravados por el trágico número de víctimas que se ha cobrado la crisis sanitaria más devastadora en un siglo.

En el momento culminante de la pandemia, lxs trabajadorxs del sector sanitario y lxs miembros de sus familias fueron testigos directos de cómo el virus mortal se propagaba por las residencias de ancianxs, causando la muerte de residentes e infectando a cuidadorxs a un ritmo sin precedentes. Quienes se encuentran en primera línea están descorazonadxs, frustradxs y exhaustxs porque saben que, con las herramientas y el apoyo adecuados, se podrían haber salvado muchas vidas. Sobre todo porque sabemos que cuando lxs trabajadorxs de la salud tienen el poder de las instituciones y la capacidad de decisión—en una sola palabra, sindicatos—pueden salvarse más vidas.

El estudio más reciente sobre el tema llevado a cabo en Nueva York esta primavera es claro. Lxs investigadorxs concluyeron que los centros sindicalizados presentaban una disminución asombrosa del 30 por ciento en la mortalidad en comparación con los centros de trabajadorxs sanitarixs sin sindicatos. Los centros de atención de larga duración que cuentan con personal sindicalizado tienden a tener un mayor número de trabajadorxs con mejor capacitación y mejor remuneración. Los sindicatos también exigen más acceso a equipos de protección y protocolos de prevención de infecciones más estrictos. Y sabemos desde hace tiempo que una mayor dotación de personal se traduce en una mejor calidad de cuidados para lxs residentes y un entorno de trabajo más positivo que, en definitiva, reduce el agotamiento, estabiliza la fuerza de trabajo y, a largo plazo, permite economizar dinero.

Cada día, se nos recuerda que la pandemia dista mucho de haber terminado y que las residencias de ancianxs son particularmente vulnerables al virus. En Inglaterra se calcula que la mitad de las muertes relacionadas con Covid-19 ocurrieron en residencias de ancianxs. Una situación similar se produjo en Suiza y en Bélgica, dos de cada tres muertes por coronavirus entre mediados de marzo y mayo fueron de habitantes de residencias de ancianxs. Y este desastroso cuadro persiste a través de Europa y de los países de la OCDE. Sin una acción inmediata, nuestros sistemas de cuidados de larga duración siguen siendo un barril de pólvora, sin estar preparados para un rebrote de Covid-19 y cualquier otro brote futuro.

Para estar mejor preparadxs para la ahora aparentemente inevitable segunda ola, tendremos que anteponer la vida en el trabajo del sector de cuidados, proteger a sus trabajadorxs y establecer nuevas normas en todo el sector.

En muchos países, la dotación de personal no es suficiente para proporcionar una atención de alta calidad, especialmente durante una pandemia en la que se necesita más atención y cuidados específicos. Además de medidas sanitarias más estrictas, lxs trabajadorxs deben dedicar más tiempo al cuidado de lxs residentes, más tiempo para observar cambios en su salud, más tiempo para proporcionar el cuidado emocional que tantas personas anhelan y más tiempo para atender los problemas de conducta resultantes de una enfermedad como la demencia. Una evaluación de esta pandemia muestra que cuando los niveles de personal son más altos las tasas de infección son inferiores. En los Estados Unidos se publicaron los mismos tipos de conclusiones, las instalaciones con mayor personal tienen menos casos de Covid.

Pero la crisis del personal de cuidados se estaba gestando mucho antes de que el coronavirus la hiciera estallar. El surgimiento de un modelo con fines de lucro en los cuidados de larga duración ha llevado a mantener bajos los costos de personal y, ahora, tanto lxs trabajadorxs como quienes reciben los cuidados están pagando el precio en condiciones y resultados en deterioro.

Alrededor del 90 por ciento de lxs trabajadorxs de cuidados son mujeres y la fuerza laboral también está compuesta de un elevado número de migrantes y personas de color. Han sido infravaloradxs y subestimadxs durante décadas, lo que incluye su salario.

El salario medio por hora de lxs trabajadorxs de cuidados en once países de la OCDE era de €9 por hora, un 35 por ciento menos que el de lxs trabajadorxs de cuidados intensivos que hacían el mismo trabajo. Además, a diferencia de lxs trabajadores de cuidados intensivos, lxs empleadxs de cuidados a largo plazo, en particular lxs de atención domiciliaria, tienen horarios erráticos y contratos de cero horas. El trabajo a tiempo parcial es casi dos veces más frecuente para lxs trabajadorxs de cuidados de larga duración que para lxs de cuidados intensivos.

La alta tasa de mortalidad en los cuidados de larga duración no puede separarse de la precariedad del trabajo. En la actualidad, lxs trabajadorxs de cuidados de larga duración a menudo deben acumular horas de múltiples lugares de trabajo, lo que significa que podrían estar transportando involuntariamente el virus de un lugar de trabajo a otro. Un salario digno y un horario regular a tiempo completo significarían una menor exposición entre instalaciones. A pesar de esta realidad, lxs trabajadores han estado presionando, y hemos visto avances reales durante la pandemia, como lxs trabajadorxs de cuidados miembros de SEIU en Illinois que vieron salarios de base más altos que hicieron que todxs lxs trabajadorxs superaran los $15 por hora.

Garantizar que lxs trabajadorxs de cuidados reciban un muy necesario aumento de sueldo, horas regulares y una dotación de personal suficiente requerirá una inversión, pero apuntalar nuestros desgastados sistemas de cuidados valdrá la pena.

Se necesita más inversión del gobierno para efectuar las mejoras necesarias en el sector de los cuidados. Sin embargo, tras uno de los mayores paquetes de rescate de la UE y los Estados Unidos, no hemos visto ninguna financiación directa para los cuidados. Esa es una de las razones por las que los sindicatos desempeñan un papel determinante en este momento para mejorar las normas en materia de cuidados y, durante la pandemia Covid-19, algunos ya están haciendo progresos. En Austria, como parte de un nuevo acuerdo sectorial negociado por los sindicatos GPA-DJP y Vida, lxs trabajadorxs de primera línea están percibiendo una bonificación de €500. Asimismo, en Gales, se prevé que lxs trabajadorxs de las residencias y de cuidados domiciliarios reciban una bonificación de £500 gracias al apoyo de sindicatos británicos del sector de los cuidados, como el GMB.

En estos tiempos de incertidumbre algo está claro, tanto si eres cuidadorx o destinatarix de cuidados, todxs queremos luchar contra el Covid-19 y recuperar nuestras vidas. Pero para anteponer la salud y la seguridad y detener el virus, necesitaremos más negociaciones colectivas y sindicatos en el sector de los cuidados. Así es como construimos un escudo contra el Covid-19.

Christy Hoffman es la Secretaria General de UNI Global Union.

Foto: Needpix

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Author
Christy Hoffman
Translator
Maria Inés Cuervo
Date
01.10.2020

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