Economy

Los Papeles de Pandora muestran la verdadera cara de la Gran Bretaña global

A través de su red de paraísos fiscales, el Reino Unido es el eje de un sistema que beneficia a lxs ricxs y poderosxs.
Los Papeles de Pandora, publicados a principios de este mes, revelaron la riqueza secreta de algunas de las personas ricas y poderosas del mundo. Pero quizás, más que nada, contaron una historia sobre cómo Gran Bretaña (y los Estados Unidos) impulsa un sistema global en el que lxs más ricxs le quitan la riqueza al resto.
Los Papeles de Pandora, publicados a principios de este mes, revelaron la riqueza secreta de algunas de las personas ricas y poderosas del mundo. Pero quizás, más que nada, contaron una historia sobre cómo Gran Bretaña (y los Estados Unidos) impulsa un sistema global en el que lxs más ricxs le quitan la riqueza al resto.

Está el papel, por ejemplo, que desempeñan las Islas Vírgenes Británicas, un territorio de ultramar del Reino Unido que funciona como paraíso fiscal. El multimillonario primer ministro de la República Checa utilizó este territorio para ocultar su propiedad de un castillo en Francia. Otras personas, como la familia del presidente keniano Uhuru Kenyatta y el hombre de relaciones públicas de Vladimir Putin, han hecho un uso similar de las islas para ocultar su riqueza, mientras que Tony y Cherie Blair supuestamente se ahorraron £312.000 en derechos de timbre cuando compraron una propiedad en Londres a una empresa registrada en las Islas Vírgenes Británicas en 2017.

Luego está el caso de Londres. Los documentos filtrados muestran cómo el rey de Jordania escondió dinero personal en el mercado inmobiliario de la capital, al igual que aliadxs clave de Imran Khan, el presidente de Pakistán.

En los próximos días se conocerán más detalles. Pero una cosa ya está clara. Esta no es una historia sobre países en la periferia de la economía mundial. Es una historia sobre cómo el Estado británico impulsa un sistema global en el que las personas más ricas le quitan la riqueza al resto.

Británico de pies a cabeza

Las Islas Vírgenes Británicas fueron arrebatadas por Inglaterra a lxs holandesxs en 1672. Para entonces, la población autóctona ya había desaparecido, ya sea masacrada en un genocidio no registrado, o bien huyendo por miedo a padecerlo. Desde entonces, las islas han sido un refugio para piratas de diversa índole.

Pero ésta es sólo una parte de la red offshore británica. Hay alrededor de 18 legislaturas en todo el mundo por las que Westminster es responsable en última instancia. Entre ellas se encuentran algunxs de lxs peores infractorxs del mundo en materia de lavado de dinero, evasión de impuestos y secreto financiero. Las Islas Caimán son británicas. También lo son Gibraltar, Anguila y las Bermudas.

Estos lugares no son solo británicos en un sentido abstracto. Según la Ley de territorios británicos offshore de 2002, su ciudadanía es ciudadanía británica. Funcionan bajo la protección del servicio diplomático británico y, cuando es necesario, pueden contar con las Fuerzas Armadas de Su Majestad: en los últimos 40 años Gran Bretaña ha ido dos veces a la guerra para defender los territorios de ultramar. Una vez fue cuando Argentina intentó reclamar las Malvinas. La otra vez fue la invasión de Irak, cuando el gobierno británico alegó que el programa de armas de Saddam Hussein amenazaba sus bases militares en Akrotiri y Dhekelia, en la isla de Chipre.

Esta complejidad no es casualidad

En total, la opinión experta estima que Gran Bretaña y sus territorios de ultramar son responsables de facilitar alrededor de un tercio del total de impuestos evadidos en todo el mundo y eso sin tener en cuenta el dinero robado por gobernantes corruptxs o el producto del delito. Por no hablar del modo en que la riqueza oculta de lxs multimillonarixs les permite influir en nuestros sistemas políticos en secreto.

Esta complejidad no es casual. El Reino Unido, a diferencia de casi cualquier otro país del mundo, carece de una constitución escrita. Las reglas sobre cómo se hacen las reglas se establecen a través de la "convención", un interminable engaño que, en última instancia, equivale a que nuestrxs gobernantes las inventen sobre la marcha.

Lo vemos más claramente en cómo se gobiernan los territorios internos del Estado británico: Escocia, Gales, Irlanda del Norte, el Gran Londres y la Ciudad de Londres tienen cada uno sus propios arreglos, cada uno absurdo a su manera. Cada uno de estos desórdenes deja una maraña diferente en la que lxs ladronxs del mundo pueden esconder su dinero.

Sin embargo, desde la perspectiva del capital internacional, son los territorios de ultramar, así como las dependencias de la Corona de Jersey, Guernsey y Mann, los que forman la parte más significativa de este complejo. Utilizan la maleabilidad de la constitución británica para formar una red de cajas fuertes en las que las personas ricas pueden esconder su dinero.

Una nueva era

Aunque nadie sabe con certeza cuánto dinero se esconde en los paraísos fiscales, de los que los territorios británicos constituyen una parte importante, las cifras que se manejan son tan amplias que lxs académicxs del Instituto Transnacional de los Países Bajos los han descrito como "la columna vertebral del capitalismo global".

Visto así, la flexibilidad constitucional del Estado británico no es sólo una secuela post-medieval. Es una herramienta hipermoderna en una era del capitalismo de vigilancia global, en la que lxs ricxs pueden revolotear en el extranjero mientras el resto está siempre atrapado por las fronteras.

A través de su imperio, el Estado británico desempeñó un papel clave en la invención del capitalismo moderno. Ahora, el Reino Unido está ayudando a reinventar el capitalismo una vez más, extendiendo la protección de una constitución diseñada por lxs poderosxs, para lxs poderosxs, a lxs multimillonarixs, oligarcas y criminales del mundo.

Adam Ramsay es el editor principal del sitio de openDemocracy. Puedes seguirlo en @adamramsay. Adam es miembro del Partido Verde Escocés, forma parte de la junta directiva de Voices for Scotland y de los comités asesores de la Economic Change Unit y de la revista Soundings.

Foto: Tristan Surtel, Wikimedia

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Author
Adam Ramsay
Translators
Nora Bendersky and Daniela Santalla
Date
20.10.2021

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