Environment

Jeremy Corbyn: Necesitamos tomar el poder de aquellas personas que están destruyendo nuestro planeta

A pesar de toda la palabrería de un movimiento ambiental mundial, los contaminadores siguen teniendo vía libre. Sólo una gran redistribución del poder puede prevenir que la crisis climática se agrave.
La COP26 parece ser otro caso de los gobiernos hablando mucho sobre el clima pero haciendo nada para detener a los mayores contaminadores. Como lo escribe Jeremy Corbyn, la gente común sólo puede salvar nuestro futuro tomando de nuevo el poder en nuestras propias manos.
La COP26 parece ser otro caso de los gobiernos hablando mucho sobre el clima pero haciendo nada para detener a los mayores contaminadores. Como lo escribe Jeremy Corbyn, la gente común sólo puede salvar nuestro futuro tomando de nuevo el poder en nuestras propias manos.

Estamos en nuestro vigésimo sexto año de cumbres climáticas de las Naciones Unidas. Han transcurrido más de 40 años desde que las compañías petroleras descubrieron y luego suprimieron el conocimiento del cambio climático. Generaciones de estudiantes han sido educadas sobre el calentamiento de nuestro planeta. Y aún así, la crisis continúa inalterada. El último reporte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) revela cinco escenarios de emisiones, pero incluso en el caso más optimista, las temperaturas de la superficie global se dispararán durante décadas.

Desde las promesas por un financiamiento climático de la administración Joe Biden hasta el compromiso de China de no construir nuevas centrales eléctricas de carbón, por fin estamos viendo algunos compromisos de las grandes potencias mundiales. Sin embargo, aún existen tres problemas. El grado de cambio es inadecuado; los grandes contaminadores siguen consolidados y son capaces de frenar el progreso, y se está dejando que las personas que son las primeras y más afectadas por los impactos climáticos sufran.

Los hechos se quedan atrás de las palabras. En el Reino Unido, Boris Johnson ha pasado de un antiguo escepticismo climático a robar el lenguaje de la "Revolución Industrial Verde", liderada por Rebecca Long-Bailey durante mi liderazgo en el Partido Laborista. Lamentablemente, no ha robado la sustancia atada a las palabras. Los objetivos del gobierno para el cambio climático son insuficientes y corren el riesgo de no cumplirse, y el dinero que han comprometido es de órdenes de magnitud inferiores a su aumento de gasto en armas y guerra.

Hoy vivimos en medio de una crisis que ha mostrado sombríos presagios de lo que nos espera de los actuales gobiernos en cuanto al cambio climático. Durante la crisis del coronavirus, nuestra respuesta fue descarrilada y se perdieron vidas como resultado de los nacionalismos, el afán de lucro, el acaparamiento de vacunas, la reducción deliberada de servicios críticos por gobiernos empeñados en austeridad y la negación de la seriedad de la crisis.

No podemos confiar en políticxs débiles que manejan un sistema que premia beneficiarse a costa del bien público. En los eventos que mantenemos con sindicatos de comercio y organizaciones de la sociedad civil paralelamente a la COP26, plantearé un tema sencillo: nuestro futuro depende de que nosotrxs tomemos el poder en nuestras propias manos.

Nuevo Acuerdo Verde

Para dar algunos ejemplos de cómo es esto: los impactos del cambio climático en la tierra y el mar ya están agudizando los riesgos a los medios de vida, la salud, la biodiversidad, la infraestructura y los alimentos. Esto no es una realidad única para las comunidades que dependen directamente de los océanos y bosques; en todas partes, aproximadamente 800 millones de personas que viven en extrema pobreza serán las más vulnerables a la subida de los precios de los alimentos creada por la interrupción de la cadena de suministros de alimentos ligados al clima extremo.

Ya sea por lxs millones de campesinxs indixs haciendo huelga una vez más por su futuro, o por las iniciativas de reforestación, o por los movimientos de derecho a la tierra, o por la campaña Right to Food aquí en Gran Bretaña, necesitamos conversaciones globales sobre cómo podemos asegurar el acceso a los alimentos para todxs en un mundo que se sigue calentando.

Nuestras ciudades, incluso en las economías avanzadas, tienen una contaminación inaceptable, generando un riesgo a la salud y la vida. Sin mitigación, el calor y las inundaciones empeorarán esta situación de manera significativa. Las olas de calor ocurrirán en las ciudades, mientras que el aumento del nivel del mar, las marejadas ciclónicas y el desbordamiento de los ríos se combinarán para hacer más propensas las inundaciones. Desde aquellxs que hacen campaña contra las decisiones de poner a comunidades pobres y minorías étnicas en primera línea ante la contaminación aérea, pasando por las redes de ayuda mutua que florecieron durante la pandemia del coronavirus, hasta las comunidades que elaboran planes locales para un Nuevo Acuerdo Verde siguiendo el exitoso Modelo Preston, tenemos que reimaginar nuestros pueblos y ciudades.

Muchas de las soluciones a la emergencia climática vendrán de acciones colaborativas de abajo hacia arriba. Sin embargo, esto no es suficiente. Necesitamos gobiernos con la visión y agallas de refrenar la industria de combustibles fósiles de una vez por todas. La transición a renovables debe ser acelerada, y se debe ofrecer a millones de personas las destrezas y trabajos buenos -y bien remunerados- para lograrlo. La propuesta del Cuerpo Civil del Clima de Estados Unidos es un paso en la dirección correcta. Pero es sólo el inicio de un Nuevo Acuerdo Verde global que quite el carbón de la atmósfera y ponga el dinero en los bolsillos de lxs trabajadorxs.

La extracción de combustibles fósiles no es la única manera en que unos cuantos sacan beneficios del cambio climático. Cuando el estado de Texas, EE. UU. se congeló a inicios del año (algo que pudo estar ligado al cambio climático), las compañías de energía aprovecharon la oportunidad para exigir un rescate a la población con facturas de energía astronómicas. El mismo riesgo es inherente en la actual crisis de energía de Reino Unido. Estas situaciones se usan a menudo como argumentos contra las energías renovables, en lugar de argumentos contra el capitalismo del desastre que deberían ser.

Las crisis vinculadas al clima, desde la desertificación de África hasta los incendios en Norteamérica, tienen una cosa en común: provocan traslados de personas. Según un nuevo estudio de la Federación de Sociedades de la Cruz Roja, el desplazamiento interno debido a los desastres aumentó el año pasado, tanto en el Sur Global como en las economías avanzadas, y todas las 192 Sociedades Nacionalesde la Cruz Roja y de la Media Luna Roja están lidiando con impactos del clima de alguna forma. Un Nuevo Acuerdo Verde debe hacer dos cosas: proveer financiación climática inmediata para ayudar a la adaptación y prevenir el desplazamiento, y desmantelar la industria que se beneficia del desplazamiento.

Redistribuir el Poder

Otro nuevo documento publicado antes de la COP26 ofrece una imagen perturbadora: los más grandes emisores están gastando hasta 15 veces más en armar las fronteras contra lxs futurxs refugiadxs climáticxs que lo que gastan en financiamiento climático para los países más pobres. Este "Muro Global del Clima" ya está desatando su violencia en las fronteras, desviando las inversiones para una acción climática real, y dando una falsa sensación de seguridad a las naciones más poderosas.

La industria fronteriza, militar y de vigilancia  de $68.000 millones que lo suministra cabildea ampliamente  para salirse con la suya, y, como apuntan lxs investigadorxs, posee una puerta giratoria con sus queridxs beneficiadxs del clima en la industria de combustibles fósiles. Imaginen si semejante financiación e imaginación fuera aplicada a terminar el desplazamiento climático, y a desarrollar convenios globales para la protección de lxs refugiadxs, en la misma escala que garantizaron los pasaportes Nansen a refugiadxs apátridas después de la Primera Guerra Mundial.

Anteriormente escribí para Jacobin que la emergencia climática es una cuestión de clases. Castiga a la mayoría y está manejado por sistemas creados por unxs pocxs. Sólo una gran redistribución de poder puede prevenir que la crisis climática se agrave, y construir un mundo mejor partiendo de lo que sigue. Algunas veces, la situación parece desoladora. Pero cuando nos unimos todxs, tenemos las ideas y la capacidad de cambiar el mundo.

Nací en la generación que vino tras el final de la Segunda Guerra Mundial y en una sociedad que se reconstruyó en interés de las masas tras un desastre. Creamos nuevos hogares en nuevas ciudades, invertimos en el futuro de nuestrxs niñxs, y construimos nuestro Servicio Nacional de Salud, que aún persiste a este día como un monumento viviente de lo que la compasión y la creencia en el bien común pueden realizar.

Ante el cambio climático, podemos hacer aún más, usando el poder y los recursos a nuestra disposición para preservar la vida humana en un planeta floreciente. No esperemos a otra crisis para volver a reconstruir.

Jeremy Corbyn es el antiguo líder del Partido Laborista del Reino Unido y en la actualidad continúa siendo un miembro del parlamento para Islington Norte.

Foto: Sophia Brown, Wikimedia

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Support
Available in
EnglishGermanSpanishFrenchItalian (Standard)
Author
Jeremy Corbyn
Translators
Daniel Felipe Guana and Francisco Dominguez
Date
12.11.2021

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