Economy

Debajo de la algarabía de Striketober, hay que escuchar las frecuencias más bajas de la lucha de clase

“Striketober” marcó un aumento en la movilización de lxs trabajadorxs en los Estados Unidos –pero esto debe ser solo el comienzo.
Striketober puede ser solo un hashtag viral, pero la militancia de trabajadorxs que invoca se nota sin lugar a dudas en el ambiente. La tarea crítica ahora es crear un impulso y unir las luchas de lxs trabajadorxs hacia un movimiento masivo capaz de abordar las barreras sistémicas que hacen que el ganar sea tan difícil.
Striketober puede ser solo un hashtag viral, pero la militancia de trabajadorxs que invoca se nota sin lugar a dudas en el ambiente. La tarea crítica ahora es crear un impulso y unir las luchas de lxs trabajadorxs hacia un movimiento masivo capaz de abordar las barreras sistémicas que hacen que el ganar sea tan difícil.

Mientras lxs ricxs y acomodadxs se quedaron en casa y así pasaron los peores meses de la pandemia en sus bicicletas Peloton, lxs trabajadorxs de todo el país tomaron un nuevo rumbo. 10 mil obrerxs de equipo para granjas en Iowa, Illinois, Kansas, Colorado y Georgia se retiraron de sus trabajos, uniéndose a 1,400 obrerxs de la industria del cereal en las plantas de Kellogg’s en Nebraska, Michigan, Tennessee y Pennsylvania, así como a 1,100 minerxs de carbón en Warrior Met Coal en Alabama y enfermeras en Nueva York y Massachusetts. Y miles más están esperando su turno - desde trabajadorxs de la educación, a aquellxs en la industria de la salud en Kaiser Permanente en Oregon, California y Hawaii, a trabajadorxs del cine y la televisión en la industria del entretenimiento que evitaron una huelga después de amenazar con abandonar su trabajo y alcanzar un acuerdo tentativo, que ahora será sometido a votación.

Eso no es todo. Lxs taxistas en Nueva York han paralizado sus icónicos autos amarillo mostaza y han acampado afuera del Ayuntamiento por más de un mes, manteniendo una vigilia de protesta 24/7 que escaló la semana pasada a una huelga de hambre. La huelga de hambre de miembros y simpatizantes de la New York Taxi Workers Alliance (Alianza de Trabajadorxs de Taxis de Nueva York) tiene lugar antes de que se acerque la  fecha límite de modificación del presupuesto trimestral,  el 31 de octubre. Antes de la fecha límite, si así lo decide, el alcalde Bill de Blasio puede agregar una garantía al préstamo para reducir los pagos mensuales de las deudas sofocantes que lxs conductorxs han acumulado (con un promedio de medio millón de dólares por conductxr) como resultado de esquemas de licencias predatorios.

Como sea que se quiera llamar a este marcado aumento en militancia de trabjajadorxs, una cosa está clara. En general, y a nivel individual, lxs trabjajadorxs se tienen más confianza de la que han tenido en mucho tiempo y están aprovechando la crisis frente a ellxs a su beneficio. Lxs miembros de la amplia “clase que toma órdenes” están usando su nueva influencia para conseguir mejores salarios mientras lxs patronxs se esfuerzan por cubrir vacantes en un mercado laboral restringido mientras la pandemia continúa por todo el país. Y no se trata solo de las huelgas grandes, que acaparan los titulares: la asertividad y valentía de lxs trabjajadorxs se manifiesta de otras maneras importantes.

“Estamos siendo testigos de una oportunidad única para muchxs trabjajadorxs que han estado en las primeras líneas de una pandemia mundial y se dan cuenta de que lxs empleadorxs tienen dificultades para contratar”, dijo Johnnie Kallas, director de proyecto del Labor Action Tracker (Rastreador de acciones laborales) de la Universidad de Cornell, una base de datos en línea que documenta las acciones laborales y huelgas independientemente de su tamaño.

“Por ejemplo, hemos documentado seis huelgas diferentes por parte de conductorxs de autobús, sindicadxs y no sindicadxs, desde finales de septiembre en las que participaron entre 20 y 200 trabjajadorxs.” Kallas añadió. Casi todas esas huelgas incluyen exigencias relativas a un mayor salario. Lxs trabjajadorxs huelguistas también han expresado su preocupación por temas de salud y seguridad.

Mientras tanto, en lo que algunxs están llamando la “Gran Renuncia” y otrxs han descrito como una “huelga general no oficial”, unxs 30 millones de trabjajadorxs en los Estados Unidos han renunciado a su trabajos entre enero y agosto, una sorprendente reacción colectiva –expresada a nivel individual– a las degradaciones comunes de empleos humillantes con baja paga.

Stephanie Luce, profesora de estudios laborales en la City University de Nueva York, señala que las huelgas van más allá de las autorizaciones formales de huelga convocadas por los sindicatos. “Puede que veamos muchos más paros laborales que no son huelgas formales convocadas por sindicatos, o huelgas formales en lugares de trabajo más pequeños y acciones laborales informales”.

“Debemos considerar la variedad de acciones en el lugar de trabajo que hacen lxs trabajadorxs para protestar por sus condiciones laborales, de huelgas formales a reducciones en la carga laboral, paros por enfermedad y renuncias. Lxs trabajadorxs siempre han empleado una variedad de tácticas que deberían ser consideradas parte de la huelga.”

¿Y por qué no tirar la toalla? Unx trabajadxr promedio hoy es más productivx que nunca pero ha visto su sueldo real estancarse por décadas mientras el costo de vida aumenta y la mayor parte de las utilidades ha sido malversada por aquellxs en la cima (el hecho de que la riqueza del 1 por ciento se haya disparado durante la pandemia solo ha hecho más claro que estamos jugando un juego arreglado). Mientras lxs trabajadorxs luchan para mantenerse a flote, han visto la paga de lxs CEO aumentar a niveles estratosféricos, disparándose un 19 por ciento en 2020, o 24,2 millones en promedio, de acuerdo a un estudio realizado en agosto por el Economic Policy Institute.

Algunxs han canalizado su descontento en la agonía de la negociación colectiva y se desenvuelven en el perímetro de las manifestaciones. Sin embargo, aunque lxs trabajdorxs han, en efecto, puesto la presión sobre sus jefxs, la llama de la militancia obrera no es aún suficiente para desencadenar explosiones de paros laborales en todo el país.

De enero de 2021 a la fecha, ha habido 198 huelgas –53 de las cuales, involucrando alrededor de 28,200 trabajadorxs, han ocurrido solamente en octubre– de acuerdo al Labor Action Tracker. En contraste, la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos, que solo hace un seguimiento de los paros que involucran al menos 1000 trabajadorxs, sitúa la cifra de huelgas en 12 desde enero 2021, basándose en datos hasta Septiembre 2021.

Esta es la dura realidad: el descontento que impulsa el actual aumento en huelgas y protestas es increíblemente importante, pero ese aumento es poco si se compara con lxs 485.000 trabajadorxs que se declararon en huelga en 2018 y 425.000 en 2019 durante una oleada de huelgas involucrando a maestrxs en los estados de Virginia del Norte hasta Arizona, así como a trabajadorxs en plantas automotrices y hoteles. Vayamos aún más atrás, a 1971, cuando se produjeron más de 5000 paros laborales, en los que participaron más de 3 millones de trabajadorxs, y la comparación con los números de huelgas actuales pone de manifiesto la realidad de la situación laboral de forma aún más cruda. Decenas de miles de trabajadorxs defendiéndose en 2021 es significativo, aunque hay alrededor de 14 millones de trabajadorxs sindicalizadxs solamente en los Estados Unidos, de acuerdo al informe de 2021 de la Oficina de Estadísticas de Empleo. Básicamente, es un país grande y aún tenemos mucho camino por recorrer.

“Creo que el término ‘oleada de huelgas' se usa a la ligera, porque depende de con qué se lo compara”, dijo Kallas. “También sabemos que los cambios en nuestra economía han hecho las huelgas mucho más difíciles desde los años ochenta, por lo que es importante contextualizar estas comparación históricas.”

Necesitamos poder caminar y masticar chicle al mismo tiempo; necesitamos identificar y cultivar las pasiones entre las bases de la filas de los Estados Unidos que han hecho de este un momento especial, pero también tenemos que ser clarxs sobre los profundos desafíos que impiden que este momento se convierta en un movimiento. Por ejemplo, aunque se ha vuelto una práctica periodística rutinaria citar una encuesta de Gallup de septiembre que muestra que más del 68 por ciento de lxs estadounidenses aprueban los sindicatos, la cantidad de nuevos esfuerzos de organización en el lugar de trabajo no coinciden con estas tendencias cambiantes en la opinión pública. Como mínimo, esto debería moderar nuestro entusiasmo sobre el potencial de un nuevo surgimiento de trabajadorxs  que se extienda hasta incluir millones de trabajadorxs que pueden poner a sus jefxs y a nuestro fallido sistema económico de rodillas. Aún no estamos ahí.

La creación de impulso es crucial para construir movimientos y, en efecto, las huelgas exitosas son contagiosas, animando a lxs trabajadorxs en otros lugares para que tomen acción en sus propios lugares de trabajo. Pero “una huelga fallida que termina con lxs huelguistas reemplazadxs de forma permanente por rompehuelgas puede causar miedo y desesperanza a través de comunidades e industrias”, escribió Shaun Richman, director de programas de la Escuela de Estudios Laborales Harry Van Arsadale Jr. del SUNY Empire State College, para In These Times. Traducción: por mucho que nuevas huelgas y el entusiasmo público por las luchas de lxs trabajadorxs pueden ayudar a levantar el movimiento, las huelgas fallidas y el desvanecimiento del compromiso del público con estas mismas luchas pueden empujar al movimiento aún más en la dirección contraria. Aún si la militancia de lxs trabajadorxs crece, tienen que recorrer un camino hacia la victoria deliberadamente angosto, forjado por décadas (o hasta siglos) de leyes anti-obreras y cultura anti-sindicatos. Es por esto, que en el mismo texto para el In These Times, Richman aboga por una reforma de la legislación laboral que incluya el derecho a regresar al trabajo después de una huelga (recuerden ese fatídico día en 1981 cuando el rompehuelgas en jefe Ronald Regan despidió a más de 10,000 controladorxs de tráfico aéreo). También éste es el motivo por el que que muchxs trabajadorxs, líderes obreros y defensorxs obreros han presionado para que se apruebe la Ley de Protección del Derecho de Sindicación, ya que, según afirman, puede abrir caminos para que lxs trabajadorxs tomen la militancia actual y la conviertan en formas de organización de lxs trabajadorxs que tenga dientes y músculos reales.

Si esto cambios en la legislación laboral estadounidense ocurrieran de la noche a mañana, por ejemplo, tendrían enormes implicaciones para lxs minerxs en Alabama, quienes llevan ocho meses en huelga y han visto como lxs rompehuelgas remplazan a algunxs trabajadorxs (y golpean manifestantes con sus autos). De igual manera, lxs enfermerxs en Massachusetts se acercan a los ocho meses de huelga con su empleadora con sede en Texas, Tenet Healthcare rehusándose a recontratar huelguistas, mientras acumula $448 millones de dólares de utilidades en el tercer cuatrimestre.

“La influencia para ganar es obviamente diferente en las distintas industrias y empresas” dijo Peter Olney, ex director de organización del Sindicato Internacional de Muelles y Bodegas, señalando a lxs enfermerxs de San Vicente y a un día nacional de acciones que está coordinando con lxs Socialistas Democráticxs de Estados Unidos. “Tenet tiene más de 450 establecimientos, acaba de ingresar 2,4 mil millones de dólares durante el Covid y le sobra el dinero. Están haciendo una declaración política a los sindicatos que se atreven a retarles. El camino para llegar a un acuerdo sería la solidaridad obrera, pero solo 30 establecimientos a nivel nacional están sindicalizados y SEIU tiene un acuerdo “de organización” nacional con Tenet que prohíbe la solidaridad”.

Si bien Olney celebra la nueva actitud militante y al deseo de lxs trabajadorxs de obtener mejores empleos, advierte seriamente que ese deseo, por sí solo, “no puede superar las realidades preexistentes de debilidad y letargo sindical. Organizar al enorme sector privado no organizado sigue siendo la clave”.

Luce, de la City University de Nueva York está de acuerdo. “Por mucho que se hable sobre lxs trabajadorxs ganando poder en un mercado laboral restringido, estas largas huelgas demuestran el tremendo desequilibrio de poder que sigue existiendo entre patronxs y empleadxs,” dijo. “Lxs patronxs tienen muchos más derechos, recursos, abogadxs y poder político que lxs trabajadorxs, lo que significa que a pesar de sus gritos de impotencia, lxs patronxs promedio podrán sobrevivir al sindicato promedio en una manifestación”.

Desde abril, dos docenas de trabajadorxs de la terminal de combustible de la United Metro Energy Corporation en Brooklyn, Nueva York, han estado en huelga tras la ruptura de más de dos años de negociaciones entre el sindicato Teamsters Local 553 y el multimillonario John Catsimatidis. A los 6 meses de esa huelga, ocho trabajadorxs han recibido cartas de reemplazo permanente. Los Teamsters ya habían presentado una queja ante las Juntas Nacionales de Relaciones Laborales por la supuesta acción de la compañía contra activistas del sindicato y presentaron nuevos cargos mientras se desarrollaba la investigación.

Las dos docenas de trabajadorxs originalmente en huelga se ha reducido a 14 hoy, ya que muchxs tomaron otros empleos cuando se vieron enfrentadxs a cartas de reemplazo permanente, de acuerdo al huelguista Ivan Areizaga de 56 años, un operador de terminal que ha estado trabajando para la United Metro Energy Corporation por casi seis años.

“Me he dedicado a la compañía. He estado trabajando de 10:00 pm a 7:00 am. Ni siquiera tuvieron en consideración de que tengo una familia. Quiero tener un fin de semana con mis hijxs,” comentó. “Los únicos días de permiso que tomé fueron cuando murió mi madre. Después de 3 días, regresé a trabajar, no falté ni un día y he hecho todo lo que me han pedido”.

Más allá de las largas jornadas, Areizaga también ha descubierto que ganaba $27 dólares, cuando el estándar de la industria para ese mismo puesto es de $37 dólares por hora. El padre de tres comenzó a pensar en el retiro y en una pensión. Así que se unió a sus compañerxs y formaron un sindicato, con miras al prospecto de una estabilidad financiera

“Tengo 56 años. ¿Cuántos más tengo que trabajar para ganarme la vida decentemente y mantener a mi familia?” se preguntó.

“Por mucho que el Sindicato tiene el derecho a huelga, tenemos un derecho, bajo la ley laboral federal, a reemplazar trabajadorxs para poder darles servicio a nuestrxs clientes”, dijo Catsimatidis en una declaración al periódico local The City, haciendo explícito que la dictadura de lxs patronxs es mayormente una ofensiva legal.

Poco después de declararse en huelga, Areizaga dijo que la compañía le quitó los beneficios de salud. Ha contado la experiencia de su hijo, quien tiene diabetes, llamando desde la universidad en Carolina del Norte, asustado porque no tenía acceso a su medicamento. “¿Papá, qué está pasando?”, le preguntó. “No me dan mi medicamento”.

“Lo que estamos pidiendo, lo tiene en su bolsillo trasero,” Areizaga dijo del multimillonario Catsimatidis. Estábamos ahí durante la pandemia; mientras todxs estaban en casa, nosotrxs estábamos ahí surtiendo a Nueva York.”

Areizaga y sus compañerxs suministran a Nueva York aceite para calefacción, diesel y gasolina, lo que mantiene a las escuelas, hospitales y el metro de la ciudad de Nueva York calientes. Ellxs y su trabajo no son nada menos que esenciales para la ciudad y sus residentes. Y aun así, las leyes laborales existentes facilitan mucho más de lo debido que  lxs empresarixs disocien el trabajo de lxs trabajadorxs, permitiéndoles reemplazarles con cualquiera que esté dispuestx a hacer el trabajo mientras ignoran sin problema las necesidades y preocupaciones de trabajadorxs como Areiazaga.

John Catsimatidis de la United Metro Energy Corporation no respondió a una solicitud de comentarios.

“No nos rendiremos. Hemos perdido ya mucho,” Areizaga concluyó.

Si queremos que Striketober sea más que un corto, brillante momento en el tiempo, no podemos olvidarnos de trabajadorxs como Areizaga, (o de lxs minerxs en la Warrior Met Coal, o lxs enfermerxs en el Hospital San Vicente). Debemos hacer lo que podamos, todxs nosotrxs, para ayudarles a ganar sus batallas y debemos concretar una estrategia para atender y eliminar las barreras sistémicas que hacen la victoria tan difícil.

Striketober puede ser solo un hashtag viral, pero la creciente militancia obrera que invoca sin duda está en el aire, expandiéndose como polvo de hadas hasta alcanzar el menor de los números de trabajadorxs unidxs para formar sindicato y huelgas. Lo que aún queda por ver son esfuerzos para reconstruir organizaciones de clase en una escala aún más masiva para una calibración más duradera del poder en la lucha de muchxs contra una rapaz minoría.

Luis Feliz Leon es un escritor y organizador de Labor Notes. Síguelo en Twitter: @Lfelizleon

Maximilian Alvarez es el editor en jefe de Real News Network.

Foto: Alex Moore, Real News Network

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Authors
Luis Feliz Leon and Maximillian Alvarez
Translators
Hector Herrera and Nora Bendersky
Date
03.12.2021

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