Economy

COP27 es una oportunidad para que los países con bajos ingresos soliciten la cancelación de sus deudas

La respuesta de los países ricos a la crisis de la deuda del Sur Global ha sido deficiente. ¿Ha llegado el momento para una huelga de deuda?
La Conferencia Anual sobre Cambio Climático (COP27) es una oportunidad única para que los países de bajos ingresos demanden soluciones. La mayoría no tiene voz en el G20, pero todos los países sí la tienen en el COP. Fundamentalmente, también tienen influencia: pueden rehusarse a firmar un comunicado final si se ignoran sus necesidades.
La Conferencia Anual sobre Cambio Climático (COP27) es una oportunidad única para que los países de bajos ingresos demanden soluciones. La mayoría no tiene voz en el G20, pero todos los países sí la tienen en el COP. Fundamentalmente, también tienen influencia: pueden rehusarse a firmar un comunicado final si se ignoran sus necesidades.

Con lxs delegadxs reunidxs en Egipto para la conferencia climática de la COP27, habrá un  tema que estará presente en muchas mentes pero no en la agenda formal: la creciente crisis de deuda que enfrentan los países de bajos ingresos.

Los países industrializados ricos habrán arribado a Sharm El-Sheij con nuevas tácticas dilatorias y evitarán hacerse cargo de los inmensos costos de la crisis climática que ellos mismos han causado. Mientras bloquean y postergan, se están acumulando deudas cada vez más masivas sobre países del Sur Global, que están en los extremos receptores de inundaciones, tormentas y sequías devastadoras. 

Los gobiernos del Sur Global demandarán avances en el tratamiento de las pérdidas y los perjuicios, es decir, que se compense a los países por el daño que la crisis climática ya les está causando y que no puede evitarse.

Establecer un fondo, el de Loss and Damage Finance Facility (Mecanismo de Financiación de Pérdidas y Daños), fue una demanda clave del Sur Global y de lxs activistas el año pasado, pero los países ricos patearon el tema y consiguieron dilatarlo por medio de un proceso de diálogo de tres años.

El fracaso global para abordar la crisis de deuda tendrá un grave peso sobre los debates. Muchos países del Sur Global se enfrentaban ya a niveles de deuda cada vez más impagables, incluso antes de que la pandemia arrasara sus economías dependientes del turismo y generara nuevos costos masivos para la salud y para el sostén de sus comunidades.

La invasión de Rusia a Ucrania, junto con la especulación de los mercados financieros, ha exacerbado la situación, causando una espiral de los precios de los alimentos y los combustibles. 

Y la crisis climática está multiplicando la deuda. Los países del Sur Global que son los menos responsables de la crisis climática se ven forzados a asumir los costos devastadores; solo la inundación de agosto en Pakistán causó un daño estimado de 40 mil millones de dólares. Pakistán ya estaba en crisis de deuda antes de la inundación y está asumiendo  una deuda mayor para pagar esos costos. Después de las inundaciones de 2010, los préstamos adicionales le costaron a su pueblo por lo menos 36 mil millones.de dólares.

Estos costos se pagan directamente con presupuestos nacionales limitados, a expensas de la preparación para el próximo desastre relativo al clima, así como de la adaptación a la emergencia climática, la salud, la educación y la protección social. Los países del Sur Global gastan actualmente  más en el pago de la deuda que en la lucha contra la crisis climática. 

La emergencia climática significa más deuda para el Sur Global. Y la deuda significa que no puedan responder adecuadamente a la emergencia climática.

Además, el financiamiento climático provisto por los países más ricos, no solo es inadecuado, sino que empeora la situación. Los países ricos han sido ampliamente condenados por su fracaso en cumplir con su propio objetivo, sumamente inadecuado, de aportar 100 mil millones de dólares de financiación climática hasta el 2020. Pero lo que es peor, más del 70 por ciento de esa financiación climática se provee en forma de préstamos, que simplemente acumulan más deuda sobre países vulnerables al clima.

En ausencia de una financiación climática adecuada para el clima, solo los países del África sub-sahariana deberán asumir casi un billón de dólares de deuda en los próximos 10 años, según un nuevo estudio de la organización  de beneficencia Debt Justice (donde trabajo) y Climate Action Network International, una red global de ONGs medioambientales.

La respuesta global ha sido un completo fracaso. El G-20, un club de países mayoritariamente acreedores, estableció el Marco Común en 2020 como respuesta a la pandemia. Se intentaba facilitar a los países la reestructuración de sus deudas, pero tres años después no se ha reestructurado ninguna.. Solo tres países la han solicitado, y a uno, Chad, se le ha rechazado directamente el alivio de la deuda,

La mayoría de los países simplemente han recortado sus gastos en salud, educación y respuesta al cambio climático.

En febrero de 2021, Zambia solicitó la reestructuración de su deuda a través del Marco Común, después del default de sus préstamos. Gran parte de su deuda se debe a prestamistas privadxs y tenedorxs de bonos, quienes se mostraron reacios y todavía no han dado su aprobación a ninguna reestructuración de la deuda, a pesar de que le han prestado al país a tasas de interés de hasta el 9 por ciento, alegando que los préstamos eran riesgosos. Si se les devuelve la totalidad de la deuda, podrían tener ganancias de hasta el 110 por ciento.  

Los países del Sur Global simplemente no podrán responder a la emergencia climática sin una cancelación de la deuda a gran escala.

Se necesita un mecanismo más potente que el Marco Común para asegurar que participen todxs lxs acreedorxs, incluidos los bancos occidentales  y lxs tenedorxs de bonos.

También necesitamos un mecanismo automático para suspender y cancelar pagos de deuda cuando se produzca una situación climática extrema, de manera que los países no tengan que realizar pagos a lxs acreedorxs durante emergencias humanitarias.

Finalmente, necesitamos una expansión masiva de la financiación climática basada en subsidios, incluso a través de un Mecanismo de Financiación de Pérdidas y Daños, que pueda destinar fondos a pagar los daños ya causados.

La COP27 es una oportunidad única para que los países de bajos ingresos exijan soluciones. La mayoría no tiene voz en el G20, pero todos los países tienen voz en la COP. Fundamentalmente, pueden rehusarse a firmar un comunicado final que ignore sus necesidades.

También tienen la opción radical de una huelga de deuda. Una negativa coordinada a efectuar pagos, que involucre a un gran número de países, significaría una verdadera amenaza a las ganancias de los países poderosos. Mohamed Nasheed, embajador en el Grupo V20 de países vulnerables al clima y ex-presidente de Maldives volvió a poner esta opción sobre la mesa el mes pasado.

Mientras tanto, los movimientos sociales de todo el mundo están demandando justicia climática y de la deuda, al mismo tiempo que crece la amenaza generalizada de inestabilidad social frente a las políticas de austeridad brutal impuestas por el FMI para disminuir los niveles de deuda.

Lxs líderes mundiales continuarán mirando hacia otro lado hasta que no tengan otra alternativa. La pregunta es si entonces no será demasiado tarde.

Jerome Phelps es el responsable de promoción de Defensa de Debt Justice (anteriormente Jubilee Debt Campaign), donde trabaja en la deuda y la justicia climática del Sur Global. Previamente trabajó durante 18 años en el ámbito de los derechos de lxs inmigrantes, incluso como director de Detention Action e International Detention Coalition.  En Twitter @JeromeGPhelps. 

Foto: IRIN Photos / Flickr

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Author
Jerome Phelps
Translators
Alicia March and Nora Bendersky
Date
16.11.2022

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