Un bengalí vivo recuerda a Henry Kissinger, asesino de "los bengalíes muertos"

La complicidad de Kissinger en la masacre de millones de personas en la Guerra de Liberación de Bangladés en 1971 es parte de su venenoso legado en Asia del Sur, un legado por el que nunca se responsabilizó ni se disculpó
En 1971, Henry Kissinger, un político estadounidense que cometió crímenes de guerra, especialmente en el sur y sudeste asiático, jugó un papel importante en la Guerra de Liberación de Bangladés, negando ayuda a la nación e intentando ocultar su participación en el conflicto.
En 1971, Henry Kissinger, un político estadounidense que cometió crímenes de guerra, especialmente en el sur y sudeste asiático, jugó un papel importante en la Guerra de Liberación de Bangladés, negando ayuda a la nación e intentando ocultar su participación en el conflicto.

Henry Kissinger, un estadista estadounidense y asesor durante muchos años de exitosos presidentes de los Estados Unidos, murió el 29 de noviembre de 2023. Tenía 100 años de edad y partió demasiado pronto, ya que nunca se enfrentó a las consecuencias de los crímenes de guerra que ayudó a planear y perpetrar en todo el mundo, incluida Asia del Sur. No hay un final satisfactorio. Y ahora se ha ido. Pero las víctimas y los resultados de sus crímenes perduran intergeneracionalmente.

En el periodo previo a la creación de una Bangladés independiente en 1971, la Casa Blanca y Kissinger, preocupados por la posibilidad de que una India de tendencia soviética provocara el colapso de Pakistán, se pusieron del lado de Islamabad mientras sus fuerzas llevaban a cabo una feroz represión contra la población bengalí de Pakistán Oriental. A pesar de recibir múltiples advertencias de diplomáticos estadounidenses sobre las atrocidades que se estaban cometiendo, Kissinger aprobó envíos de cargamentos de armas que las perpetuaban.

En su libro de referencia The Blood Telegram: Nixon, Kissinger, and a Forgotten Genocide, el experto en asuntos internacionales Gary J. Bass documenta la política estadounidense en Pakistán usando, entre otras cosas, las grabaciones de audio de la Casa Blanca. Estas grabaciones contenían conversaciones entre el entonces presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, y su asesor de seguridad nacional, Kissinger. Bass presenta una frase en particular que se queda grabada en la mente. Kissinger se entera sobre la creciente repulsión entre los estadounidenses (incluyendo personas dentro del gobierno y servicio diplomático de los Estados Unidos) hacia la complicidad por parte de la administración de Nixon en el genocidio de los bengalíes a manos tanto de las fuerzas militares y de seguridad de Pakistán, como de sus aliados ideológicos. En respuesta, se mofa de quienes "sangran" por "los bengalíes moribundos".

Los bengalíes moribundos. Esa expresión está tatuada en mi consciencia. Representa mucho más que un desprecio insensible por la vida humana. Representa un orden político y económico en el que, por no hablar de los bengalíes vivos, ni siquiera los millones de bengalíes moribundos cambian las trayectorias y los cálculos que le importan al poder.

Ni Nixon, ni Kissinger ejercieron su considerable influencia para frenar a los generales pakistaníes. "A lo largo de todo el proceso, desde el inicio de la guerra civil hasta las masacres de los bengalíes y hasta la aplastante derrota de Pakistán a manos del ejército militar indio, Nixon y Kissinger, inmutados por el detallado conocimiento de las mencionadas masacres, apoyaron firmemente a Pakistán" escribe Bass.

En los años posteriores, Kissinger nunca reconoció su complicidad. "Las memorias de Kissinger son una larga obra maestra de la omisión", nos dice Bass. "Aunque dedica un extenso capítulo a desglosar su historial en Asia del Sur, no cuenta casi nada sobre las matanzas de los bengalíes, mientras que no para de afirmar que las atrocidades pakistaníes estaban ‘claramente bajo su jurisdicción’"

Bass escribió en The Atlantic después de la muerte de Kissinger: "En lugar de asumir las consecuencias humanas de sus actos, mucho menos disculparse por romper la ley, Kissinger trató asiduamente de encubrir su historial en la crisis del Sur de Asia".  En su libro Leadership, publicado en 2022, Kissinger todavía "estaba tratando de promover una visión sana, en la que calificaba con tacto a la anterior Primera Ministra India Indira Gandhi como ‘irritante’”, aunque durante su mandato la llamó en varias ocasiones ‘una zorra’, además de calificar a los indios como ‘bastardos’ e ‘hijos de puta’".

Yo soy un bengalí vivo, uno de los casi 300 millones que estamos repartidos por todo el mundo, aunque concentrados particularmente en Bangladés y Bengala Occidental, Tripura, y otras partes de la histórica Bengala que han sido anexionadas a la Unión India. Mi pueblo ha estado muriendo por millones, en varias oleadas, durante los últimos 250 años.

En 1770, un tercio de todos los bengalíes murieron a causa de las políticas de opresión fiscal de la Compañía de las Indias Orientales, incluso durante las malas cosechas. La compañía proveía arroz a sus propias tropas y a sus oficiales para el comercio privado. Para estos oficiales, nuestras vidas eran menos importantes que sus beneficios. Saltemos ahora a 1943 y la Segunda Guerra Mundial. Sudeep Chakravarti, en The Bengalis: A Portrait of a Community, escribe:

"Los marwari fueron los que sacaron mayor provecho a la interrupción de los canales de comercio durante los tiempos de guerra" escribe el periodista e historiador económico Harish Damodaran sobre la perspicacia de los marwari durante la Primera y Segunda Guerra Mundial. En el esquema bengalí, esto es una ligera estimación. Los "beneficios especulativos" sobre los que escribe Damodaran fueron producidos con materias primas como el yute y el algodón. Pero probablemente ninguna hirió la mente, el cuerpo y el alma de los bengalíes como lo hicieron la especulación y el acaparamiento del arroz durante la Segunda Guerra Mundial, precipitados por las políticas británicas para evitar una posible invasión japonesa. Junto con algunos incondicionales de la Liga Musulmana gobernante en Bengala, los marwari están implicados, históricamente y, lo que quizá sea más perjudicial, en la imaginación pública, en la privación de grano a vastas franjas del campo bengalí. Hasta 3 millones de muertos es una cifra justa por complicidad, y los héroes marwari, visible e invisiblemente cercanos a Mohandas Gandhi, proporcionaban apoyo moral y respaldaban partes del movimiento por la libertad en un delicado equilibrio entre Corona y conciencia, no han podido escapar del Nuremberg mental de Bengala. La hambruna de 1943 fue nuestro holocausto hasta la guerra de Bangladés veintiocho años después. Y luego tuvimos dos.

Los millones de bengalíes asesinados no fueron un factor que pudiese impedir el esfuerzo bélico de un imperio moribundo y de los esfuerzos de los beneficiarios marwari que se posicionaron como los principales herederos a la sede del extractor de Bengala. Esta es una posición que ha sido vista u ocupada por mogoles, rajputs, portugueses, franceses, neerlandeses, daneses, marathas y marwaris, pero nunca por los propios bengalíes.

Utilizo la palabra "asesinado" muy conscientemente, en lugar de la más ambigua "muerto", para señalar algo que los bengalíes conocen desde siempre, pero que a menudo se hace parecer casi inexistente por el olvido forzado o se considera natural por las crudas mentiras que absuelven a los asesinos. El economista ganador del premio Nobel Amartya Sen y el historiador Janam Mukherjee, autor de Hungry Bengal, han descubierto esas mismas estructuras de poder que estaban asesinándonos y obligándonos a olvidar, o que hacían parecer que los bengalíes "naturalmente" morían de hambre en grandes cantidades. Las vidas perdidas de los bengalíes, incluso miles o millones de ellas, pueden explicarse: como hizo el primer ministro británico Winston Churchill cuando dijo que los millones de bengalíes que habían muerto por la hambruna de 1943 se lo habían buscado por "reproducirse como conejos". Añada los casi tres millones de muertos en la Guerra de Liberación de Bangladés de 1971 debido a la colaboración de Pakistán con los Estados Unidos de Kissinger y Nixon, y tendrá la historia de un pueblo asesinado ("muerto") como ningún otro.

La historia del pueblo de Kissinger, es decir, las víctimas judías del holocausto y del pogromo nazi antes de este, ha sido justamente inmortalizada a lo largo del mundo. Tanto así, argumentan algunos, que ha proporcionado la tapadera a un genocidio de parte de Israel a los palestinos. Kissinger, cuya familia huyó de la Alemania nazi justo a tiempo, ayudó a liberar el campo de concentración nazi de Ahlem como parte de las fuerzas estadounidenses al final de la Segunda Guerra Mundial. Su reflexión sobre la experiencia, "The Eternal Jew", se publicó en la obra Kissinger, del historiador Niall Ferguson. 1, 1923-1968: The Idealist:

"¿Cómo te llamas?" Y los ojos del hombre se nublan y se quita el sombrero, anticipando un golpe. "Folek… Folek Sama".

"No te quites el sombrero, ahora eres libre".

Y mientras lo digo, miro por encima del campamento. Veo las chozas, observo los rostros vacíos, los ojos muertos. Ahora eres libre. Yo, con mi uniforme planchado, no he vivido en la mugre y la miseria, no me han golpeado ni pateado. ¿Qué tipo de libertad puedo ofrecer? Veo a mi amigo entrar en una de las cabañas y salir con lágrimas en los ojos: "No entres ahí. Tuvimos que patearlos para distinguir a los muertos de los vivos".

Así es la humanidad en el siglo XX. La gente llega a tal estupor de sufrimiento que la vida y la muerte, la animación o la inmovilidad ya no se pueden diferenciar. Y entonces, ¿Quién está muerto y quién está vivo? ¿El hombre cuyo rostro agonizante me mira desde el catre o Folek Sama, que permanece de pie con la cabeza inclinada y el cuerpo demacrado? ¿Quién tuvo suerte? ¿El hombre que dibuja círculos en la arena y murmura "soy libre"? ¿O los huesos que están enterrados en la ladera?

Folek Sama, te han aplastado el pie para que no puedas huir, tu cara tiene 40 años, tu cuerpo no tiene edad y, sin embargo, en tu partida de nacimiento sólo pone 16. Y me paro allí con mi ropa limpia y hago un discurso para ti y tus camaradas.

Folek Sama, la humanidad está acusada en ti. Yo, Joe Smith, la dignidad humana, todo el mundo te ha fallado. Deberías ser conservado en cemento aquí en la ladera para que las generaciones futuras puedan contemplarlo y hacer balance. La dignidad humana, los valores objetivos se han detenido en esta alambrada. ¿Qué los diferencia a ti y a tus camaradas de los animales? ¿Por qué os toleramos en el siglo XX?

Y aun así, Folek, sigues siendo un humano. Estás frente a mí y las lágrimas corren por tu mejilla. Le siguen sollozos histéricos. Adelante, llora, Folek Sama, ya que tus lágrimas son prueba de tu humanidad, porque serán absorbidas en este suelo maldito, consagrándolo.

Siempre y cuando la conciencia exista como un concepto en este mundo, tú serás la personificación de ella. Nada que hagan por ti podrá repararte. Jamás.

En este sentido, eres eterno.

Y si estas palabras escritas por Henry Kissinger reflejan sentido y sentimiento, lo que creo que logran, en una forma muy particular, aquí la palabra "humanidad" se convierte en un sustituto solo para aquellos que son compañeros tanto en raza como en fe. En el nombre de una humanidad más amplia, una humanidad de judíos, bengalíes y todos los seres humanos que han sido víctimas del poder, mi condena y odio hacia Kissinger es eterno. Siempre y cuando la conciencia exista como concepto en este mundo, él será la personificación de su antítesis.

Podría terminar aquí, pero quiero presentar tres documentos históricos de los archivos del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Quiero que leas esto con todo lo que he dicho hasta ahora en mente, siendo consciente de los crímenes que el poder siempre esconde en sus palabras, con sus palabras. Incluso en privado, con la verdad.

En primer lugar, una conversación entre Kissinger y Nixon grabada en la Casa Blanca. Tuvo lugar después de que Pakistán llevara a cabo gran parte del genocidio de los bengalíes con ayuda de los Estados Unidos, pero antes de que las fuerzas nacionalistas bengalíes y sus aliados indios finalmente liberaran Bangladés el 16 de diciembre de 1971. Indira Gandhi, la Primera Ministra india en el momento, había brindado su apoyo a los nacionalistas en palabra y acción, armando y entrenando a los rebeldes y luego enviando al ejército indio mientras se encontraba en una visita de estado en los Estados Unidos. Nixon, Kissinger y Haldeman discuten la reunión del presidente estadounidense con Gandhi el día anterior, y estaban de acuerdo en el acercamiento que debían tomar en una próxima reunión:

Washington, 5 de noviembre de 1971, 8:51-9:00.

Nixon: este es el punto en el que ella es una zorra.

Kissinger: Bueno, los indios son unos bastardos de todas formas. Están empezando una guerra ahí. Es—Para ellos Pakistán Oriental ya no es más el problema. Ahora, encontré muy interesante la manera en la que discutió contigo ayer sobre Pakistán Occidental.

Nixon: Creo que haré que la reunión de hoy sea más bien breve. Fresca. [Inaudible] No me refiero a fresca en el sentido de no mencionar [Inaudible]. Hablaré con ella un poco sobre Vietnam, y—

Kissinger: la dejaría hablar un poco más, quizás hoy—

Nixon: ¿Si?

Kissinger: — sea un poco menos comunicativo. Pero básicamente, Sr. Presidente—

Nixon: Así que estaba tratando de darle cero excusas. Ahora hablé con ella, le dije todo lo que vamos a hacer. Ahora depende de ella.

Kissinger: Aunque ha sido una zorra, nosotros también obtuvimos lo que queríamos. Eres muy sutil. Quiero decir, no será capaz de volver a casa y decir que los Estados Unidos no le dieron una cálida bienvenida. Por lo tanto, desesperada, tendrá que ir a la guerra.

Nixon: Sí.

Kissinger: Así que su objetivo—tiene derecho a estar un poco enojada, ya que usted frustró su objetivo. Ella habría preferido que usted la recibiera con frialdad.

Nixon: Así es.

Kissinger: -para que pudiera decir que realmente la habían presionado.

Nixon: Oh, realmente-

Kissinger: Y-

Nixon: Realmente babeamos sobre la vieja bruja.

Kissinger: Cómo la baboseabas en cosas que no importaban, pero en las cosas que sí importaban—

Nixon: Sí.

Kissinger: -No le diste ni un centímetro. Para que ella—

Nixon: Ella lo sabe.

Kissinger: Ella sabe que no se va a ir de aquí sin ningún—no puede volver a casa y decir: "El presidente me prometió que haría lo siguiente", y luego cuando no lo hagas—

Kissinger: Pero, Sr. Presidente, aunque haya sido una zorra, no deberíamos pasar por alto el hecho de que conseguimos lo que queríamos, lo cual era evitar que ella pudiera salir de aquí y decir que los Estados Unidos le dieron una patada en los dientes. Tenemos el vídeo de esto; tú tienes el brindis. Tienes la calidez general que generaste en el encuentro personal.

Nixon: Creo que en la cena de esta noche [Inaudible].

Kissinger: No le diste absolutamente nada.

Nixon: [Inaudible]

Kissinger: Si hubieras hecho una actuación a lo Johnson, habría sido emocionalmente más satisfactorio, pero nos habría hecho daño. Porque—Quiero decir si hubieras sido más duro con ella—

Nixon: Sí.

Kissinger: —entonces ella estaría llorando, volvería llorando a la India. Así que creo que a pesar de que ella es una perra, estaría un poco más genial hoy, pero—

Nixon: No, no. Quiero decir, "genial" en el sentido de, como ayer, como señalaste, intenté manejar la conversación.

Kissinger: No, la dejaría manejarla.

Nixon: Y fue como decir, "Mira, estamos siendo tan buenos como podemos en el trato con Pakistán. ¿Qué más podemos hacer?". Hoy, solo voy a decir [inaudible].

Kissinger: Eso es lo que yo haría. Excepto por Vietnam, le daría cinco minutos de la charla Tito porque volverá derecho tanto a los rusos como a los vietnamitas.

Nixon: ¿Lo hará?

Kissinger: Oh, sí. Ahora tienen los lazos diplomáticos más estrechos con Rusia. Lo filtran todo hacia ellos.

En segundo lugar, en otra conversación, se da a través del teléfono poco después de la liberación de Bangladés. Nixon y Kissinger hablan sobre retrasar el reconocimiento a Bangladés –donde, recuerde nuevamente, millones habían sido asesinados con asistencia material directa y protección diplomática proporcionada por el gobierno de Kissinger y Nixon – hasta que Nixon tuviera la oportunidad de discutir el tema con el Primer Ministro chino Zhou Enlai.

Washington, 4 de febrero de 1972, 22:34

P: ¿Qué se cuece hoy?

K: Nada de gran importancia. [El Primer Ministro de Pakistán Zulfikar Ali Bhutto] ha indicado que no tiene objeciones en nuestro reconocimiento a Bangladés. Creo que deberíamos esperar hasta que hables con [Zhou]. Te daría una oportunidad para demostrar cuanto los tienes en consideración.

P: Claro. Eso o enviarles un mensaje preguntándoles qué piensan sobre el hecho de que hagamos eso.

K: Bueno, sólo faltan dos semanas. Creo que podemos manejarlo.

P: No es un gran problema [sic].

K: No, y puedes hacer puntos sobre ello con los chinos. Hazlo a su regreso y mostrarás nuestra compatibilidad con los chinos. Pero significa que deberíamos poder hacerlo en marzo.

En tercer lugar, una carta de Nixon al Primer Ministro de Bangladés, Mujibur Rahman, informándole sobre la decisión de los Estados Unidos de reconocer a Bangladés como un estado soberano y establecer relaciones diplomáticas.

Washington, 4 de abril de 1972.

Estimado Sr. Primer Ministro:

Deseo informarle que el Gobierno de los Estados Unidos ha reconocido a la República Popular de Bangladés y que nos gustaría establecer relaciones diplomáticas en el nivel embajador con su gobierno.

Históricamente, nuestros pueblos han mantenido fuertes lazos. Los Estados Unidos han mantenido una misión oficial en Dacca desde 1949 y a lo largo de los años varios estadounidenses, tanto en privado como de manera oficial, han encontrado gran satisfacción en la oportunidad de trabajar codo con codo con el pueblo bengalí en una amplia variedad de iniciativas con el objetivo de combatir enfermedades, el analfabetismo, pobreza, hambre y el impacto de desastres naturales. De esta colaboración han surgido relaciones duraderas.

Estoy seguro de que la amistad y la buena voluntad entre nuestros pueblos se fortalecerá en los años venideros, y confío en que nuestra tradicional asociación cooperativa junto con sus esfuerzos de desarrollo continuarán. Compartimos en su plenitud sus aspiraciones de progreso y el bienestar del pueblo bengalí, así como la esperanza de que las naciones del subcontinente puedan normalizar sus relaciones y trabajar juntos para forjar una paz duradera.

Atentamente,

Richard Nixon

En respuesta a la noticia del fallecimiento de Kissinger, el Ministro de Relaciones Exteriores de Bangladés, A K Abdul Momen, remarcó que "en 1971, este había muerto contra el pueblo del entonces Pakistán Oriental"… Es muy triste que un hombre tan inteligente haga cosas tan inhumanas … Debería haber pedido perdón al pueblo de Bangladés por lo que ha hecho".

Siempre que el poder y la impotencia coexistan, Henry Kissinger será recordado. Si, algún día, la humanidad triunfa por sobre el poder, los Henry Kissinger del mundo desaparecerán. Hasta entonces, descansa en paz, Kissinger. No todos los bengalíes están muertos. Tampoco lo están los chilenos, cuyas vidas trataste con un desprecio similar. Ni los vietnamitas. Ni los camboyanos. Ni los chipriotas. Ni los timorenses. Ni los argentinos. Ni los sudafricanos. Ni los palestinos. Y no moriremos.

Garga Chatterjee es, entre otras cosas, un médico formado en Bengala, neurocientífico cognitivo formado en Harvard y observador de Asia del Sur. Vive en Calcuta.

Foto: Himal Southasian

Available in
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Author
Garga Chatterjee
Translators
Lescano Giuliano, Rosanna Lenci and ProZ Pro Bono
Date
31.01.2024
Source
Original article🔗
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