Fortaleciendo el poder de la población trabajadora en Pakistán

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Para Construyendo el Futuro, una recopilación de investigaciones sobre la construcción socialista contemporánea, examinamos el Partido Haqooq-e-Khalq, un movimiento estudiantil que se convirtió en un partido político de la clase trabajadora pakistaní.

"Habíamos leído a Marx, habíamos leído a Mao, habíamos leído a Fidel. Pero cuando llegamos a Chungi, observamos que las personas que nunca habían oído estos nombres conocían a Marx. Ellos vivían a Marx".  — Dra. Alia Haider

Llegué a las ciudades en tiempos conflictivos

cuando reinaba el hambre,

me mezclé entre los hombres en época turbulenta

y me rebelé con ellos.

— Bertold Brecht

Introducción: Los límites del reformismo

El 29 de noviembre de 2019, lo estudiantes se manifestaron en más de 50 ciudades de Pakistán. La Marcha de Solidaridad Estudiantil —el primer levantamiento estudiantil masivo en décadas— exigió el restablecimiento de los sindicatos estudiantiles, el fin del aumento de las matrículas y la desmilitarización de los campus. Fue organizada por Comité de Acción Estudiantil con el apoyo del Movimiento Haqooq-e-Khalq (HKM), sindicatos y organizaciones campesinas. Miles de personas salieron a las calles. En cuestión de días, el Estado respondió. Se presentaron cargos por sedición contra los organizadores, entre ellos el fundador de HKM, Ammar Ali Jan, y el líder sindical Farooq Tariq. Ali Jan fue declarado “una amenaza para la seguridad pública” por el subcomisionado de Lahore y detenido en virtud de la Ordenanza de Mantenimiento del Orden Público, de la época colonial. 

La marcha logró algunos avances. Una provincia incluso anunció que levantaría la prohibición de los sindicatos estudiantiles. Sin embargo, la respuesta del Estado puso de manifiesto los límites de la política de movimientos dentro de la estructura política actual de Pakistán. En general, las apelaciones quedan sin respuesta. Las protestas cobran fuerza y luego se disipan. Los cargos por sedición siguen vigentes y la represión estatal continúa con cada nueva oleada de protestas. Ante un estancamiento como este, un movimiento puede caer en el falso consuelo del reformismo. O bien puede tomarse en serio su misión y replantearse las tácticas, estrategias y teorías que la sustentan —un proceso que obliga al activista a convertirse en arqueólogo(a), desenterrando el pasado para construir nuevos planes para el presente.

Para el HKM, ese callejón sin salida se convirtió en un momento de decisión. Durante años, el movimiento estudiantil había estado dominado por los estratos más acomodados de la sociedad pakistaní. La educación superior sigue estando, en gran medida, fuera del alcance de la clase trabajadora y el campesinado pakistaníes. En ese sentido, una política desvinculada de las condiciones reales de vida de las personas trabajadoras poco puede hacer para resolver los profundos retos estructurales a los que se enfrenta la sociedad pakistaní. La transformación necesaria para asegurar una vida digna para el pueblo de Pakistán no vendría impuesta desde arriba; debía ser construida por y para la clase trabajadora y el campesinado del país. Ese reconocimiento llevaría a los y las organizadores del movimiento, en enero de 2023, a las calles embarradas de Chungi Amar Sidhu, un barrio obrero empobrecido de Lahore, y de allí, a la creación de un nuevo tipo de organización política.

Así fue como el Movimiento Haqooq-e-Khalq se convirtió en el Partido Haqooq-e-Khalq (HKP), el partido de los derechos del pueblo. El HKP surgió del reconocimiento de que transformar Pakistán requiere no solo recurrir a instituciones existentes, sino también construir estructuras alternativas de poder popular mediante las cuales las personas trabajadoras puedan desarrollar y promover sus propias demandas políticas. Un movimiento para las personas oprimidas no traería el cambio. Lo que se necesitaba era un movimiento de las personas oprimidas, uno que pudiera encarnar y promover sus aspiraciones comunes. 

En Pakistán, el panorama político es una “maquinaria clientelar” cuidadosamente construida, en la que las distintas facciones de la clase dominante —el ejército, los señores feudales y los capitalistas compradores— compiten por el poder, mientras excluyen sistemáticamente a la clase trabajadora de cualquier participación significativa. Esta exclusión es estructural y está arraigada en las configuraciones materiales de poder que surgieron y se desarrollaron desde la partición del subcontinente. El aparato estatal pakistaní, heredado de la administración colonial y desarrollado posteriormente a través de estructuras militares burocráticas, sirve principalmente para mediar entre los intereses contrapuestos de la élite, al tiempo que mantiene la estructura fundamental de la explotación.

En este sentido, tanto los enfoques reformistas como los puramente humanitarios del activismo social contemporáneo ponen de manifiesto sus limitaciones fundamentales. No se puede recurrir a un Estado diseñado para excluir a los(as) trabajadores(as) del poder, al menos no de una forma que genere un cambio duradero. Y, aunque la organización de iniciativas humanitarias aporta cierto alivio, estas intervenciones no logran abordar la reproducción sistémica de la pobreza y la opresión. El reconocimiento de estas limitaciones crea las condiciones objetivas para alejarse de la política de las organizaciones no gubernamentales o de los movimientos reformistas —que durante mucho tiempo han dominado la estructura política de la oposición pakistaní— y buscar alternativas revolucionarias.

La creación del HKP supone, por tanto, algo más que la simple incorporación de otro partido político al panorama electoral de Pakistán. Se trata de un intento de crear una organización política capaz de desarrollar y promover las aspiraciones de las masas trabajadoras, al tiempo que las prepara para la futura tarea de gobernar. Y supone un esfuerzo consciente por superar los estancamientos de las estrategias políticas del pasado. "En la izquierda pakistaní, o bien había personas de tendencia anarquista que decían: 'Todo lo que ocurre en el mundo y todo lo que ha sucedido en la historia de la izquierda está mal'", afirmó Ammar Ali Jan, "o bien había quienes sentían nostalgia". El partido trató de superar ambas tendencias al crear un nuevo instrumento político que estuviera firmemente arraigado en la clase trabajadora pakistaní. 

La lucha por el comunismo en Pakistán

La tradición política de izquierda de Pakistán alcanzó su apogeo durante la década de 1960, un periodo caracterizado por la movilización militante y las ambiciosas visiones de transformación social. En este periodo se formularon análisis sofisticados sobre la posición de Pakistán dentro de las estructuras capitalistas mundiales y se desarrollaron estrategias concretas para hacer frente a los retos interrelacionados del feudalismo, el capitalismo y la dependencia neocolonial.

Pero en las décadas de los 80 y los 90, la alternativa socialista que en su momento había parecido inminente ya se había desmantelado en gran medida. Esta transformación supuso un doble ataque —impulsado por fuerzas tanto globales como nacionales— que reconfiguró de manera radical el terreno de la lucha política. A nivel mundial, el colapso final de la Unión Soviética supuso la pérdida de un apoyo ideológico y material fundamental, lo que marcó el inicio de un largo invierno para los movimientos socialistas de todo el mundo. A nivel nacional, las clases dirigentes de Pakistán desarrollaron estrategias de cooptación cada vez más sofisticadas que neutralizaron de manera efectiva la organización política de la clase trabajadora.

Estas estrategias de cooptación funcionaban a través de “una vasta maquinaria clientelar” diseñada para impedir que las personas trabajadoras y las del campo participaran de forma significativa en el poder popular. Además de la confrontación directa, el aparato estatal se volvió experto en un juego más sofisticado: absorber el descontento popular y canalizarlo hacia redes clientelistas estrictamente controladas por los poderosos locales. Para conseguir algo, había que pagar o ganarse el favor de las personas adecuadas, una dinámica política que minó la organización popular. 

El Estado pakistaní que se fue configurando en este proceso reflejaba una compleja red de intereses de la clase dirigente, a la vez contrapuestos y compatibles. Los elementos capitalistas, feudales y neocoloniales coexistían en permanente contradicción a nivel superficial, al tiempo que mantenían una unidad subyacente en torno a la preservación de los sistemas de explotación y exclusión. Esta situación provocó frecuentes cambios en los cargos públicos sin que se produjeran los correspondientes cambios en las condiciones a las que se enfrentaba la población pakistaní. El aparato militar-burocrático siguió actuando como árbitro supremo de los conflictos políticos, conservando su papel de "creador de reyes" al tiempo que se adaptaba a las circunstancias cambiantes.

Las consecuencias de la fragmentación de la izquierda fueron más allá del declive organizativo. A medida que los movimientos de la clase trabajadora se desmoronaban, las fuerzas de la derecha llenaron el vacío. Esto reflejaba la evolución de la situación en todo el sur de Asia. En Bombay, el Shiv Sena había sustituido a los sindicatos textiles comunistas. En Bengala Occidental, antiguos bastiones comunistas votaron a favor del Partido Popular Indio (BJP), de ideología supremacista hindú. Este análisis marcó la orientación estratégica del HKP desde el principio. El partido rechazó la idea generalizada de que los movimientos sociales se inclinan necesariamente hacia políticas progresistas. Por el contrario, el contenido político de un movimiento lo definen las organizaciones arraigadas en las masas, organizaciones que pueden adoptar diversas formas y representar diversas ideologías. La lección para Pakistán era clara: lo que importaba más que esperar a que se produjera una erupción social era realizar el trabajo organizativo —crear instituciones y mantener una presencia entre la clase trabajadora— antes de que surgiera una agitación social o una situación revolucionaria.

Fue en este contexto que el HKP tomó forma. La elección de Chungi como sede para la construcción del partido refleja esta conciencia histórica. En lugar de intentar reconstruir la izquierda dentro de los círculos intelectuales o estudiantiles, que durante mucho tiempo habían sido el ámbito de la política de oposición, los fundadores del HKP reconocieron la necesidad de asentar la política revolucionaria en las experiencias de los sectores más oprimidos de la población pakistaní. Esto supuso un alejamiento deliberado de los patrones que contribuyeron a la fragmentación y el aislamiento de la izquierda en el pasado, así como un intento de revivir las tradiciones, perdidas mucho tiempo atrás, del movimiento político radical de Pakistán. 

Del movimiento estudiantil a la organización de la clase trabajadora

La evolución del HKM hacia el HKP pasó por varias etapas. A raíz de las movilizaciones estudiantiles de 2019 y de la represión estatal que siguió, la cuestión de si el HKM debía seguir siendo un movimiento o constituirse como partido se convirtió en objeto de un intenso debate interno. La pandemia de covid-19, que azotó Pakistán en 2020, aceleró la respuesta. Mientras el Estado abandonaba a las comunidades trabajadoras a merced del virus y de la devastación económica que este provocó, el HKM organizó colectas de alimentos, campamentos sanitarios y campañas de sensibilización sobre la vacunación. 

En Chungi, las escuelas registraron una caída del 15 por ciento en la matriculación, debido a que la crisis económica afectó a las familias trabajadoras. El HKM organizó colectas de libros, movilizó donaciones internacionales, gestionó becas, coordinó campamentos de verano y dirigió una escuela nocturna gratuita para niños y niñas que habían abandonado los estudios. Estas experiencias confirmaron lo evidenciado en el estancamiento de 2019: el movimiento necesitaba una estructura institucional. En marzo de 2022, en una concentración masiva celebrada en Lahore que reunió a trabajadores toda la ciudad y sus alrededores, el HKM anunció que se registraría como partido político y se presentaría a las elecciones. El partido se inscribió oficialmente en la Comisión Electoral de Pakistán en noviembre de 2022. En enero de 2023, Ammar Ali Jan y un pequeño grupo de organizadores se trasladaron a las comunidades obreras de Chungi para empezar a sentar las bases del partido.

La importancia estratégica de Chungi va más allá de sus características demográficas y abarca su ubicación dentro del contexto urbano más amplio de Lahore. Situado en las inmediaciones de los distritos de la Autoridad de Vivienda de la Defensa (DHA), donde residen las élites militares y profesionales de Pakistán, Chungi pone de manifiesto las contradicciones de clase que definen a la sociedad pakistaní, con unas condiciones tan severas que truncan las vidas de quienes allí residen. Por ejemplo, cuando los organizadores del HKM analizaron el suministro de agua en Chungi y los barrios circundantes, descubrieron que estaba contaminado con aguas residuales. En la localidad vecina de Sharif Pura, la Dra. Alia Haider —secretaria de Sanidad del partido en Punyab— estaba organizando campamentos médicos gratuitos cuando se percató de una tendencia. Una joven acudió a ella para hacerse un chequeo. A juzgar por su aspecto, la doctora Haider supuso que tendría unos nueve o diez años. Tenía 17. Esta no era una anomalía. Los(as) niños(as) de todo el barrio presentaban retraso en el crecimiento, dientes ennegrecidos y encías inflamadas. Las mujeres informaron de abortos espontáneos y mortinatos frecuentes. 

El HKP contó con la participación de la Dra. Nousheen Zaidi, bióloga especializada en cáncer de la Universidad del Punyab y miembro del partido, quien reunió a un equipo de estudiantes para analizar muestras de sangre, agua y suelo procedentes de 300 hogares. Los resultados fueron devastadores: el 52 por ciento de los habitantes de Sharif Pura presentaban anemia; en la cercana localidad de Shadipura, donde las plantas metalúrgicas fundían chatarra que contenía plomo, el 82 por ciento de los(as) niños(as) padecían anemia y el 36 por ciento de las mujeres habían tenido abortos espontáneos. El contenido de plomo en el suelo de Shadipura alcanzó las 22,900 partes por millón, casi 60 veces el nivel a partir del cual la Agencia de protección ambiental de Estados Unidos prohíbe que los niños y las niñas jueguen al aire libre. Cuando el equipo de la Dra. Zaidi presentó sus conclusiones a la Autoridad de Agua y Saneamiento (WASA), se les informó de que la contaminación no era competencia de la WASA. Luego, el equipo envió a la WASA muestras de agua embotellada de marca con plomo agregado. Los laboratorios gubernamentales declararon que era limpia y segura. 

La crisis del plomo se convirtió en un caso paradigmático del enfoque del HKP respecto a la formación del partido. Los campamentos sanitarios que crearon se dedicaban a tratar los síntomas, al tiempo que generaban conciencia política sobre las condiciones de vida de la clase trabajadora en estas comunidades y sobre la cadena de complicidad entre las empresas y el Estado que las sustentaba. El partido transformó estos conocimientos en exigencias —filtros de purificadores de agua, descontaminación del suelo y cumplimiento de las normativas ambientales— y comenzó a preparar recursos legales para obligar al Estado a que se haga responsable. Esta metodología se inspiró explícitamente en las experiencias revolucionarias exitosas de Cuba y China, donde surgieron movimientos de masas a través de coaliciones que reunían a campesinos, intelectuales, mujeres, trabajadores, trabajadoras y jóvenes para hacer frente a los retos concretos de la vida bajo estructuras feudales, coloniales e imperialistas. Como explicó la Dra. Alia Haider, una de las organizadoras de HKP: "Habíamos leído a Marx, habíamos leído a Mao, habíamos leído a Fidel. Pero cuando llegamos a Chungi, observamos que las personas que nunca habían oído estos nombres conocían a Marx. Ellos vivían a Marx". 

La transición del movimiento al partido reflejó el reconocimiento de que la mera representación externa no bastaba para despertar la subjetividad de la clase trabajadora ni para reafirmar el protagonismo popular de los(as) trabajadores(as). Como dijo Ali Jan: "La clase trabajadora pakistaní no existe como sujeto político independiente. Existe en un estado de olvido, incapaz de hacer valer sus intereses". Para despertar a la clase trabajadora, era necesario construir "el factor subjetivo de la revolución —el partido— con toda la paciencia, la constancia y el valor que ello requiere".

Este marco teórico se basa en el análisis marxista de los partidos políticos como instrumentos de representación de los intereses de clase. La mayoría de las veces, las sociedades capitalistas carecen de partidos políticos que representen a la clase trabajadora; en cambio, tienen una multitud de partidos que representan diversas facciones de la clase gobernante. Por eso es imprescindible crear un partido de los(as) trabajadores(as). La misión histórica de un partido de este tipo es contener, desarrollar y promover las aspiraciones de las masas trabajadoras. Sin esos instrumentos organizativos, la actividad política de la clase trabajadora sigue estando fragmentada y, en última instancia, subordinada a la lógica política burguesa. El partido actúa como el mecanismo institucional a través del cual las experiencias individuales dispersas de explotación y resistencia pueden sintetizarse en una estrategia política coherente y en una acción colectiva.

La aplicación práctica de estas ideas teóricas exigió el desarrollo de estrategias capaces de sustentar una labor política a largo plazo sin perder de vista las necesidades inmediatas de la comunidad. Las primeras actividades del HKM, por ejemplo, se centraron en hacer frente a las crisis de saneamiento mediante la movilización de la comunidad para la limpieza de las calles y el mantenimiento de los canales. Estas iniciativas cumplieron múltiples funciones: proporcionaron mejoras materiales inmediatas, demostraron el potencial de la acción colectiva y crearon espacios para el debate político y la educación.

Organización de los trabajadores de Lahore: estrategias prácticas para el poder popular

El enfoque del HKP combina la institucionalización —el proceso de crear estructuras capaces de organizar a las personas para responder a las necesidades inmediatas de su comunidad— con la educación política y la movilización. 

La puesta en marcha de campamentos sanitarios semanales en 2022, dirigidos por la Dra. Alia Haider, fue un claro ejemplo de este enfoque. Estas iniciativas surgieron del reconocimiento de que las condiciones a las que se enfrentaban las comunidades de la clase trabajadora no se podían resolver solo mediante iniciativas humanitarias. Como explicó la Dra. Alia: "Cuando empezamos a organizar el primero de nuestros campamentos médicos gratuitos, nos dimos cuenta de que la devastación a la que se enfrentaban las clases trabajadoras superaba nuestra capacidad para ayudarles como movimiento. Así que no solo tuvimos que desarrollar la infraestructura necesaria para apoyar a estas personas, sino también fomentar una política de solidaridad."

La inauguración de la Clínica Khalq en agosto de 2023 supuso un gran avance en este proceso. Organizó campamentos médicos gratuitos en los barrios obreros de Lahore. Más allá de la prestación de atención sanitaria básica, la clínica tenía un objetivo político: demostraba que era posible organizar la sociedad según principios de bienestar colectivo, en lugar del beneficio individual. La presencia del embajador cubano en la ceremonia de inauguración de la clínica vinculó simbólicamente estas iniciativas locales con las tradiciones más amplias del internacionalismo médico y la construcción socialista.

Las iniciativas educativas del partido siguieron una lógica similar. En Chungi, el HKP creó cinco centros de formación profesional que ofrecían cursos de inglés, informática, gestión financiera y negocios. Estos programas respondían a las necesidades inmediatas de desarrollo de competencias, al tiempo que creaban espacios de educación política que contribuyeron a la concienciación tanto de los(as) trabajadores(as) de Chungi como de los(as) estudiantes universitarios(as) que se organizaron junto con el HKP. La campaña electoral de febrero de 2024 brindó la oportunidad de poner a prueba y ampliar estos enfoques organizativos. Se movilizaron de 700 trabajadores de campaña, entre los que se encontraban antiguos alumnos de 17 años de las escuelas de formación profesional. Ellos se encargaron de gestionar complejos procesos de inscripción de votantes. Todo esto reveló el éxito del partido en el desarrollo de capacidades locales de liderazgo y gobierno. 

Aunque la campaña solo obtuvo 2174 votos en distintos centros de votación, la dirección del HKP interpretó correctamente estos resultados en el marco de objetivos estratégicos más amplios. La campaña logró sus objetivos principales: ampliar la capacidad de la organización, estrechar los lazos con la comunidad y demostrar que existen enfoques políticos alternativos. A diferencia de los partidos tradicionales, que solo visitaban el barrio durante las campañas electorales, el HKP mantuvo una presencia permanente y siguió ampliando sus actividades.

El éxito del partido en la organización sindical demostró la importancia central de desarrollar un liderazgo obrero orgánico. Una figura clave en este proceso fue Baba Latif Ansari. Baba Latif nunca terminó sus estudios. Procedía de un entorno humilde y había comenzado como activista religioso antes de redefinir su concepto de la lucha, reinterpretando la "yihad" como justicia en el ámbito laboral. En 2003, fundó el Labour Qaumi Movement (Movimiento Nacional del Trabajo) para luchar contra la explotación de los(as) trabajadores(as) industriales. En 2014, los propietarios de fábricas intentaron asesinarlo; pero sobrevivió. Para cuando asumió la presidencia de la sección de Punyab del HKP, se había convertido en un influyente líder sindical y en una de las voces más importantes de la clase trabajadora en Pakistán.

Junto a Baba Latif, surgió un segundo líder del movimiento orgánico en la fábrica de Chawla: Maulana Shahbaz, obrero y clérigo. La lucha en la fábrica de Chawla comenzó con un escándalo evidente: los(as) trabajadores(as) cobraban 16,000 rupias pakistaníes al mes —unos 60 dólares estadounidenses— cuando el salario mínimo legal era de 32,000. Los(as) trabajadores(as) no sabían qué hacer. El HKP intervino y colaboró con ellos para organizar una reivindicación salarial. Una intervención posterior del Gobierno elevó los salarios a 23,000 rupias, lo que supuso el mayor aumento desde 2001. Cuando el Gobierno anunció un nuevo salario mínimo de 37,000 rupias, se produjo una nueva ronda de formación y organización. Shahbaz se convirtió en una de las principales voces y tomó la palabra en la primera conferencia de trabajadores(as) del HKP, celebrada en Kot Lakhpat en julio de 2024, junto a empleados de otras fábricas. Al día siguiente fue despedido. En menos de cinco minutos, los(as) trabajadores(as) detuvieron la producción y se retiraron en señal de solidaridad; un acto que, según todos los testimonios, no tenía precedentes en la zona.

El HKP luchó entonces en tres frentes simultáneos: manteniendo la sentada de los(as) trabajadores(as) en la fábrica, defendiendo sus alojamientos en la residencia después de que el propietario intentara desalojarlos en masa, y generando suficiente presión mediática y pública para forzar las negociaciones. El resultado superó las expectativas. Los(as) trabajadores(as) a los que se les había ofrecido el salario mínimo como indemnización —23,000 rupias— recibieron finalmente entre 200,000 y 1.000,000 de rupias (aproximadamente entre 700 y 3600 dólares estadounidenses), dependiendo de su antigüedad, lo que, según Jan, supuso "la mayor indemnización por despido en el sector industrial desde, al menos, los años setenta".

La victoria de Chawla impulsó una rápida expansión. A mediados de 2024, el partido estaba presente en entre ocho y 10 fábricas de Lahore, y su labor de organización se había extendido a Gujranwala y Faisalabad. En las fábricas textiles de Gujranwala, semanas de huelgas obligaron a las autoridades locales a negociar acuerdos para revertir los recortes salariales. En Faisalabad, donde los(as) trabajadores(as)bloquearon los corredores industriales al grito de "¡Kam do ya jaan do!" —"¡Trabajo o muerte!"—, los dueños de las fábricas respondieron con un cierre patronal en más de 300 fábricas, encadenando las puertas y congelando los salarios. Posteriormente, un tribunal laboral declaró ilegal el cierre patronal.

La Conferencia de Jhang Kissan, celebrada en octubre de 2024, supuso un giro del HKP hacia la dimensión rural de la estructura de clases de Pakistán. Organizada conjuntamente con el Comité Kissan Rabita de Pakistán (PKRC) —una red de 26 pequeñas organizaciones de campesinos y el único miembro pakistaní del movimiento campesino internacional La Vía Campesina—, la conferencia reunió a miles de pequeños agricultores, campesinos sin tierra, trabajadores(as) agrícolas, sindicalistas y jóvenes de todo el Punyab y Sindh. Baba Latif Ansari, dirigiéndose a la multitud, advirtió: "Nuestras tierras ancestrales, nuestro medio de vida y nuestra identidad están en juego. La agricultura industrial solo conducirá a la explotación, al desplazamiento y a la devastación de nuestras comunidades. Somos la columna vertebral de esta nación, los que alimentamos al pueblo, y ya es hora de que se escuchen nuestras voces".

La conferencia aprobó un programa de 23 puntos para la reforma agraria. Entre sus demandas se incluían las siguientes medidas inmediatas: fijar precios mínimos de apoyo para el trigo, el algodón, la caña de azúcar, el arroz y el maíz y comprar trigo directamente a los agricultores. Entre estas figuraban medidas estructurales: poner fin a la agricultura industrial y distribuir las tierras estatales y privadas entre los campesinos, los pequeños agricultores y la población rural sin tierra; abolir las políticas que permiten al sector privado importar y vender a pérdida los cereales, en competencia con los productores locales; poner fin a las políticas de mercado abierto impulsadas por el FMI y la OMC; reestructurar el sistema de riego; y fijar las tarifas eléctricas en 10 rupias por unidad para los pequeños agricultores. El programa constituía una alternativa coherente a la Iniciativa Pakistán Verde del Gobierno, a la que las organizaciones de agricultores acusaban de desplazar a miles de familias de sus tierras en beneficio de los intereses de las grandes empresas. 

En los meses siguientes, la alianza entre el PKRC, el HKP y las formaciones afines organizó movilizaciones a nivel nacional, entre ellas las celebradas con motivo del Día Internacional de la Lucha Campesina en abril de 2025, con concentraciones a gran escala en Depalpur, en el Punyab, y en todo Sindh. Estas medidas relacionaban explícitamente la crisis agraria con tendencias más amplias: el fomento por parte del Gobierno de la agricultura industrial, la construcción de canales en el río Indo que amenazaba con dejar a las regiones ribereñas más bajas sin agua para riego, y los programas de ajuste estructural impuestos por el FMI, que habían favorecido sistemáticamente a los grandes terratenientes y a los intereses corporativos en detrimento de los pequeños agricultores, que constituyen la mayoría de la población agrícola de Pakistán.

Detrás de estas luchas se había un análisis económico estructural que el partido fomentó en su programa. Según el partido, Pakistán se había "desindustrializado prematuramente", no porque los trabajadores exigieran demasiado, sino porque las élites abandonaron la inversión productiva a favor de la especulación de terrenos, recursos minerales, acciones y el sector inmobiliario. Recientemente, el partido se ha unido a la principal alianza de la oposición del país, el Tehreek-Tahaffuz-e-Aaine-Pakistan (Movimiento para la Protección de la Constitución), con el fin de formar un amplio frente contra el actual Gobierno de Pakistán, respaldado por los militares. Tras décadas de aislamiento, la izquierda en Pakistán se ha incorporado a la política general del país. Sin embargo, el partido sigue centrándose en formar cuadros ideológicos sólidos en todo el país como base para la política. 

A través de estas actividades, el HKP mantuvo compromisos internacionalistas explícitos. El partido organizó manifestaciones periódicas en solidaridad con Palestina y el Líbano, brindó apoyo incondicional a la resistencia iraní frente a los ataques sionistas e imperialistas, luchó contra la nueva guerra fría hacia China, expresó su amistad con Cuba y enmarcó estas acciones en un análisis más amplio sobre el lugar que ocupa Pakistán en el cambiante orden mundial. Este internacionalismo reflejaba la comprensión teórica de que las luchas locales contra la explotación están vinculadas a los patrones globales del imperialismo y la resistencia. La construcción de una conciencia revolucionaria exige comprender estas conexiones, en lugar de limitar los horizontes políticos a las fronteras nacionales.

Conclusión

El surgimiento y el desarrollo del Partido Haqooq-e-Khalq representan una importante contribución a la comprensión actual de la estrategia revolucionaria en el contexto del capitalismo del siglo xxi. Las experiencias del partido en Chungi demuestran de manera práctica que estudiar la historia de las luchas pasadas y aplicar los conocimientos teóricos a las condiciones actuales, de manera que se fortalezca el poder colectivo de la clase trabajadora, sigue siendo hoy en día el único camino viable hacia el cambio estructural.

El enfoque estratégico del HKP aborda cuestiones fundamentales a las que se enfrentan los movimientos revolucionarios que operan en sistemas políticos formalmente democráticos, dominados por partidos burgueses y redes de clientelismo. ¿Cómo se puede desarrollar la conciencia política de la clase trabajadora en sociedades en las que el discurso político dominante excluye sistemáticamente el análisis de clase? ¿Cómo pueden las organizaciones revolucionarias mantener una visión estratégica a largo plazo mientras se ocupan de las necesidades materiales inmediatas? ¿Cómo pueden los esfuerzos organizativos locales conectarse con proyectos transformadores más amplios sin perder el fundamento en las luchas concretas?

Al igual que muchos movimientos radicales que le precedieron, el HKP ha encontrado respuestas en la labor paciente de la organización comunitaria, considerada dialécticamente inseparable de la tarea a largo plazo de reconstruir y reafirmar una subjetividad de la clase trabajadora. El pueblo se moviliza para limpiar un canal o construir un centro de salud. En el proceso, desarrollan las habilidades, las capacidades y la confianza necesarias para cambiar sus condiciones de vida. Así es como las personas marginadas que sufren explotación se convierten en sujetos políticos que ya no están a merced de la clase dominante. Este es el ciclo de la construcción revolucionaria; así es como se construyen el socialismo y la democracia. No es un proceso sencillo, ni depende de sujetos políticos que ya vengan perfectamente definidos como "socialistas" o "comunistas". Se trata, más bien, de un proceso dialéctico, en el que las personas se forjan y se transforman a través del propio acto de construcción política.

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Translators
Maria Chiappero, Vanessa Arreyes and ProZ Pro Bono
Published
07.04.2026
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