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Clara López Obregón: «De la declaración a la acción colectiva»

Discurso de la senadora colombiana Clara López Obregón en Nuestra América
En su discurso en la reunión de Nuestra América en Bogotá, Clara López Obregón describe la intervención externa en América Latina y el Caribe como un resurgimiento deliberado de la Doctrina Monroe, al que se puede hacer frente con una coordinación diplomática concertada; la acción humanitaria regional; la voz de las redes progresistas; el uso estratégico del derecho internacional; el fortalecimiento de la resiliencia económica regional; y una comunicación cívica unificada.

Compañeras y compañeros,

Después de analizar con rigor la gravedad de la coyuntura, su propósito geopolítico y la orientación estratégica que debe guiar nuestra respuesta, este panel tiene una responsabilidad decisiva: pasar de la declaración a la acción colectiva.

No estamos ante una crisis aislada. Estamos ante una reedición explícita de la Doctrina Monroe, ahora formulada como política de seguridad nacional, que busca convertir nuevamente a América Latina y el Caribe en un teatro de operaciones, subordinado a intereses externos. Frente a la geopolítica de los fuertes, que se impone por la coerción, nuestra respuesta debe ser la geopolítica de los débiles: integración, acción colectiva, legitimidad política, derecho internacional y construcción de poder regional compartido.

La historia de nuestra región es clara: fragmentados somos vulnerables; coordinados somos una fuerza política real. Este panel debe identificar tácticas que conviertan esa verdad histórica en mecanismos concretos, sostenibles y eficaces.

Permítanme proponer seis ejes tácticos, directamente conectados con las preguntas orientadoras de este panel.

1. Coordinación diplomática inmediata y concertada

Primero, necesitamos una ofensiva diplomática coordinada, no dispersa. No basta con comunicados nacionales aislados. Se requiere:

  • Posiciones conjuntas desde CELAC, y donde sea posible, reactivación de espacios de concertación como UNASUR o formatos ad hoc.
  • Acciones coordinadas en Naciones Unidas, Consejo de Derechos Humanos, y foros multilaterales, para elevar el costo político y jurídico de cualquier forma de intervención o tutela.
  • Misiones diplomáticas conjuntas y declaraciones sincronizadas, que rompan el aislamiento país por país, que es precisamente la lógica de la presión externa.

La clave aquí es simple: que ningún país enfrente solo al coloso.

2. Acción humanitaria regional como instrumento político legítimo

Segundo, la dimensión humanitaria debe ser convertida en un instrumento legítimo de acción colectiva. El caso de Cuba es urgente. El cerco energético y el bloqueo de suministros amenazan con crisis humanitarias reales.

Propongo explorar:

  • Un mecanismo regional de ayuda humanitaria y energética, coordinado por gobiernos progresistas, con respaldo de movimientos sociales y redes internacionales.
  • Compras conjuntas, logística compartida y cooperación técnica, que reduzcan el impacto directo del cerco.
  • Una narrativa clara: no es asistencia caritativa, es defensa concreta del derecho a la vida frente a la coerción política.

Esto eleva el costo moral y político del bloqueo y convierte la solidaridad en una forma de acción estratégica.

3. Articulación política de los espacios progresistas existentes

Tercero, hoy tenemos múltiples espacios: Internacional Progresista, Grupo de Puebla, Foro de São Paulo, redes antifascistas, movimientos sociales, sindicatos, organizaciones territoriales.

El problema no es la ausencia de actores, es la falta de articulación táctica.

Propongo:

  • Crear un mecanismo mínimo de coordinación permanente, no burocrático, pero sí operativo, para compartir información, calendarizar acciones y evitar duplicaciones.
  • Identificar campañas comunes continentales: días de acción, pronunciamientos sincronizados, movilizaciones simultáneas, presión parlamentaria coordinada.

La unidad no se decreta: se construye con tareas concretas compartidas.

4. Estrategia jurídica y de derecho internacional

Cuarto, debemos usar con más inteligencia el derecho internacional, no como retórica, sino como campo de disputa real.

Esto incluye:

  • Demandas y acciones ante tribunales internacionales.
  • Documentación sistemática de violaciones: sanciones, bloqueos, intervenciones, coerción financiera.
  • Equipos jurídicos regionales que trabajen de manera coordinada.

La legalidad internacional no detiene sola la coerción, pero eleva costos, legitima nuestra posición y construye memoria jurídica.

5. Construcción de resiliencia económica y energética regional

Quinto, la presión externa se apoya en vulnerabilidades reales: energía, finanzas, comercio, dependencia tecnológica.

No podemos resolver esto en meses, pero sí podemos:

  • Avanzar en mecanismos de cooperación energética regional.
  • Explorar instrumentos financieros regionales y acuerdos comerciales intrarregionales.
  • Reducir, donde sea posible, dependencias críticas.

La resiliencia no es un discurso: es una condición material para sostener la soberanía.

6. Coordinación cívica y comunicación estratégica

Sexto, la batalla también es cultural, informativa y cívica.

Necesitamos:

  • Redes continentales de comunicación progresista.
  • Producción conjunta de contenidos, investigaciones, informes, narrativas compartidas.
  • Coordinación con diásporas, movimientos estudiantiles, sindicatos y organizaciones sociales en Estados Unidos, Canadá y Europa.

No se trata solo de hablar entre nosotros, sino de disputar el relato global.

Compañeras y compañeros,

La pregunta central de este panel no es si resistimos. La pregunta es cómo resistimos sin aislarnos, sin fragmentarnos y sin escalar innecesariamente hacia escenarios que benefician a quienes buscan convertir nuestra región en un teatro de operaciones.

Nuestra mayor fortaleza no es militar. Es política. Es la legitimidad de defender la paz, la soberanía y la autodeterminación. Es la capacidad de convertir la proximidad geográfica en solidaridad política, y la vulnerabilidad compartida en fuerza compartida.

Si algo nos enseña Bolívar frente a Monroe, es que la unidad no es un ideal romántico: es una necesidad estratégica.

Este panel debe salir de aquí con propuestas concretas, responsables compartidos y calendarios iniciales. Solo así pasaremos, de verdad, de la declaración a la acción.

Available in
EnglishSpanish
Author
Clara López Obregón
Date
28.01.2026
Progressive
International
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