Compañeras y compañeros,
Después de analizar con rigor la gravedad de la coyuntura, su propósito geopolítico y la orientación estratégica que debe guiar nuestra respuesta, este panel tiene una responsabilidad decisiva: pasar de la declaración a la acción colectiva.
No estamos ante una crisis aislada. Estamos ante una reedición explícita de la Doctrina Monroe, ahora formulada como política de seguridad nacional, que busca convertir nuevamente a América Latina y el Caribe en un teatro de operaciones, subordinado a intereses externos. Frente a la geopolítica de los fuertes, que se impone por la coerción, nuestra respuesta debe ser la geopolítica de los débiles: integración, acción colectiva, legitimidad política, derecho internacional y construcción de poder regional compartido.
La historia de nuestra región es clara: fragmentados somos vulnerables; coordinados somos una fuerza política real. Este panel debe identificar tácticas que conviertan esa verdad histórica en mecanismos concretos, sostenibles y eficaces.
Permítanme proponer seis ejes tácticos, directamente conectados con las preguntas orientadoras de este panel.
Primero, necesitamos una ofensiva diplomática coordinada, no dispersa. No basta con comunicados nacionales aislados. Se requiere:
La clave aquí es simple: que ningún país enfrente solo al coloso.
Segundo, la dimensión humanitaria debe ser convertida en un instrumento legítimo de acción colectiva. El caso de Cuba es urgente. El cerco energético y el bloqueo de suministros amenazan con crisis humanitarias reales.
Propongo explorar:
Esto eleva el costo moral y político del bloqueo y convierte la solidaridad en una forma de acción estratégica.
Tercero, hoy tenemos múltiples espacios: Internacional Progresista, Grupo de Puebla, Foro de São Paulo, redes antifascistas, movimientos sociales, sindicatos, organizaciones territoriales.
El problema no es la ausencia de actores, es la falta de articulación táctica.
Propongo:
La unidad no se decreta: se construye con tareas concretas compartidas.
Cuarto, debemos usar con más inteligencia el derecho internacional, no como retórica, sino como campo de disputa real.
Esto incluye:
La legalidad internacional no detiene sola la coerción, pero eleva costos, legitima nuestra posición y construye memoria jurídica.
Quinto, la presión externa se apoya en vulnerabilidades reales: energía, finanzas, comercio, dependencia tecnológica.
No podemos resolver esto en meses, pero sí podemos:
La resiliencia no es un discurso: es una condición material para sostener la soberanía.
Sexto, la batalla también es cultural, informativa y cívica.
Necesitamos:
No se trata solo de hablar entre nosotros, sino de disputar el relato global.
Compañeras y compañeros,
La pregunta central de este panel no es si resistimos. La pregunta es cómo resistimos sin aislarnos, sin fragmentarnos y sin escalar innecesariamente hacia escenarios que benefician a quienes buscan convertir nuestra región en un teatro de operaciones.
Nuestra mayor fortaleza no es militar. Es política. Es la legitimidad de defender la paz, la soberanía y la autodeterminación. Es la capacidad de convertir la proximidad geográfica en solidaridad política, y la vulnerabilidad compartida en fuerza compartida.
Si algo nos enseña Bolívar frente a Monroe, es que la unidad no es un ideal romántico: es una necesidad estratégica.
Este panel debe salir de aquí con propuestas concretas, responsables compartidos y calendarios iniciales. Solo así pasaremos, de verdad, de la declaración a la acción.
