Social Justice

Reflexiones sobre siete años de organización con el Centro de Justicia Social de Mathare

Una reflexión personal que muestra la evolución del Centro de Justicia Social de Mathare, desde campañas centradas en causas específicas hasta un movimiento integrado basado en la educación política, la economía cooperativa y el poder comunitario.
Fundado en 2014 por integrantes de la comunidad, el Centro de Justicia Social de Mathare (Mathare Social Justice Centre, MJSC) surgió como un espacio para promover la Constitución de Kenia de 2010 y fomentar la democracia participativa. Con el tiempo, el MSJC pasó de las campañas dependientes de contribuyentes a la organización basada en causas concretas, fundamentada en la pedagogía de Paulo Freire. En la actualidad, el centro integra un teatro itinerante para la educación popular, una Red de Intelectuales Orgánicos para la redacción del movimiento, iniciativas de justicia ecológica y economía cooperativa. 

Cuando el camarada Gacheke ofreció sus reflexiones sobre cinco años de trabajo en favor de la justicia social en Kenia, articuló una visión que marcó profundamente a toda una generación de personas organizadoras jóvenes: construir centros de justicia social como plataformas para promover la Constitución de 2010, fomentar una democracia sustantiva y cultivar movimientos dinámicos desde abajo. Siete años han pasado desde la primera vez que ingresé al Centro de Justicia Social de Mathare (MSJC) siendo una adolescente de diecisiete años, recién egresada de la escuela secundaria. He sido testigo de una profunda evolución del movimiento, que ha ido más allá de los enfoques convencionales de la sociedad civil y las campañas centradas en causas específicas para convertirse en una forma de organización impulsada por las personas, basada en causas concretas y con fundamentos económicos.

El MSJC fue fundado en 2014 por integrantes de la comunidad de Mathare con el objetivo de fomentar justicia social y promover una forma de justicia más participativa y centrada en las personas. El centro se estableció como un espacio para la organización de la comunidad, la educación política y la acción colectiva, basado en las luchas y las experiencias vividas por quienes residen en Mathare.

Desde su fundación, el MSJC se ha involucrado de manera activa en una amplia gama de iniciativas, las cuales incluyen campañas populares, asambleas locales y diálogos comunitarios. A través de estas iniciativas, el centro ofrece una plataforma para que quienes residen expresen sus preocupaciones, analicen las injusticias sistémicas y desarrollen colectivamente soluciones a problemas como los asesinatos cometidos por el Estado, la violencia policial, los desalojos forzosos, la marginación económica y el acceso a los servicios básicos. El MSJC hace hincapié en que la comunidad construya su propia acción, lo que impulsa el movimiento por la justicia social.

Este artículo es tanto una reflexión como una continuación de su recorrido. Cuenta la historia de cómo el MSJC se ha transformado a sí mismo a través de la defensa de derechos, la educación popular, las iniciativas de justicia ecológica, la economía cooperativa, la organización artística y cultural, y la valentía de las organizaciones que se rehúsan a normalizar la violencia y la pobreza. Comenzamos con mi propio recorrido en el MSJC, que ilustra cómo la pérdida personal puede catalizar la lucha colectiva.

De la pérdida personal a la lucha colectiva

Me uní al MSJC en 2017, con apenas dieciocho años, cargando con el dolor de haber perdido a mi tío favorito, Joseph Kyalo (alias Omari), el hermano menor de mi madre, asesinado por la policía. En ese momento, Mathare estaba experimentando ejecuciones extrajudiciales desenfrenadas, especialmente de hombres jóvenes. La pérdida de mi familia no fue algo único; reflejaba un patrón más amplio de violencia estatal que se normalizó en los asentamientos informales.

Cuando asistí a mi primera reunión del MSJC un sábado, el centro se preparaba para publicar su revolucionario informe que documentaba 803 casos de asesinatos policiales en Mathare y otros asentamientos de Nairobi. Por primera vez, conocí a personas que no solo comprendían el dolor de mi familia sino que también lo compartían, transformando la pena en acción positiva.

Comencé a trabajar de voluntaria como observadora de derechos humanos, ayudando a las familias a documentar la pérdida de sus seres queridos, acompañándolas a la Autoridad Independiente de Supervisión Policial para buscar compensación legal y contribuyendo a casos que posteriormente recibieron el apoyo de litigios de interés público de organizaciones como la Misión Internacional de Justicia. Hoy, un oficial muy conocido, el cabo Rashid, finalmente está siendo juzgado, y un ex comandante de la estación de policía de Ruaraka está cumpliendo cadena perpetua después de años de solidaridad judicial, lo que demuestra la importancia de la documentación, la organización y la negativa a olvidar por parte de la comunidad. Aquí fue donde comenzó mi recorrido como organizadora comunitaria.

Superar el enfoque de campaña centrada en un único problema

En los primeros años, los centros se enfocaron principalmente en las campañas. Diferentes localidades se centraron en cuestiones específicas: asesinatos policiales, falta de agua y saneamiento, desalojos forzosos y violencia de género. Cada campaña se desarrolló en torno a un «problema» específico de su localidad. Si bien este enfoque generó impulso, también reflejó las limitaciones del activismo convencional: a corto plazo, impulsado por contribuyentes y, a menudo, fragmentado. Nos dimos cuenta de que, para lograr un cambio duradero, nuestro trabajo necesitaba un enfoque más amplio e integrado.

En los últimos cinco años, nuestro movimiento pasó de campañas individuales a la organización comunitaria basada en temas específicos, inspirándose en la pedagogía de Paulo Freire y en movimientos populares globales como el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil. Este cambio no fue fácil, sino que también obligó a plantearse difíciles cuestiones internas sobre la dirección del movimiento por la justicia social en Kenia. Una facción optó por la ONG-ización para mantenerse deliberadamente apolítica, configurando su organización de manera que se alineara con las prioridades de los contribuyentes y preservara el acceso a la financiación. La otra facción tomó una decisión diferente: seguir invirtiendo en educación política, basándose en la creencia de que el cambio requiere que las personas comprendan las raíces estructurales de sus problemas y su propio poder para transformar esas condiciones.

Esta divergencia no era meramente estratégica, sino que reflejaba concepciones fundamentalmente diferentes de lo que exige el trabajo de liberación. Una profunda convicción de que las personas son dueñas de su propio destino y crean dignidad juntas. La división que siguió fue dolorosa, pero aclaró nuestro camino y sentó las bases para una organización profundamente arraigada en la vida cotidiana de nuestra comunidad.

La trascendencia en la práctica: nuevas fronteras del movimiento por la justicia social

Hoy en día, la organización del MSJC se centra en cuatro actividades principales. En primer lugar, nuestro teatro itinerante, ya que el arte siempre ha sido un arma para quienes sufren opresión. La aparición de nuestro teatro itinerante ha revivido la tradición keniana de la educación popular a través de representaciones comunitarias. Este teatro es una herramienta viva de resistencia, que lleva concienciación, diálogo y educación política directamente al pueblo.

A través de la narración, el movimiento, la música y la dramatización, el teatro itinerante denuncia las injusticias, reafirma la dignidad y suscita conversaciones que conducen a la acción. Cuando los sistemas formales fallan, transforma los espacios públicos en escenarios donde se dice la verdad. Nuestra función es movilizar a las personas a través del arte, traduciendo experiencias vividas en representaciones que educan, empoderan y unifican a las comunidades. De esta manera, nuestro teatro es tanto un arma cultural como una institución comunitaria, que fortalece la organización popular y alimenta la resistencia colectiva.

En segundo lugar, nuestra Red de Intelectuales Orgánicos es un amplio colectivo de escritorxs-activistas e investigadorxs de movimientos sociales de Kenia. Nuestro objetivo es formar personas dedicadas a la escritura y al pensamiento dentro del movimiento que aboguen por la justicia social. La red se esfuerza por crear una plataforma para que las personas dedicadas a la escritura y al pensamiento articulen y defiendan una sociedad igualitaria, produzcan y difundan contenidos críticos sobre cuestiones socioeconómicas en Kenia, y comprometan a la comunidad a través de medios innovadores para fomentar la concienciación y la acción contra la opresión.

El papel de la red dentro del movimiento más amplio es fomentar el pensamiento crítico sobre el papel de los activistas en el panorama sociopolítico de Kenia y educar a las comunidades sobre la opresión política, la explotación económica y las violaciones de los derechos humanos. También sirve para generar confianza entre quienes integran el movimiento con el fin de crear una sociedad más igualitaria y promover una organización eficaz e integral dentro de los movimientos sociales. Algunas obras publicadas incluyen Kenya: A Prison Notebook (Kenia: diario de prisión) del profesor Maina wa Kinyatti.

En tercer lugar, aunque la cultura y las ideas dan forma a nuestro movimiento, la justicia ecológica demuestra cómo la acción medioambiental fortalece la justicia social. La Red de Justicia Ecológica moviliza a grupos de jóvenes para reverdecer Mathare mediante la plantación de árboles y la creación de parques comunitarios. Mathare, que alguna vez fue un «desierto de hierro», ha sido escenario de iniciativas como el Parque Comunitario Wangari Maathai y el Parque Comunitario Mathare.

La misión vincula las luchas ecológicas con la justicia social, reconociendo que la degradación medioambiental está relacionada con la pobreza, la desigualdad y la negligencia del Estado. Promovemos la resiliencia climática, la defensa de los derechos y la participación de la comunidad, asegurando que la población frecuentemente excluida de los debates de políticas públicas se convierta en pieza clave para definir la agenda climática y de justicia de Kenia. Más allá del medio ambiente, centramos nuestra atención en el empoderamiento económico, fundamental para mantener la organización de base.

En cuarto y último lugar, la economía cooperativa representa una evolución transformadora. La clase trabajadora informal, el personal doméstico y quienes se dedican al reciclaje obtienen una voz colectiva, dignidad compartida y poder económico. El modelo cooperativo fomenta la solidaridad, organiza la defensa de mejores condiciones y fortalece la idea de que las dificultades se deben a la explotación sistémica, y no al fracaso personal.

Esto se evidencia en la Red de Mujeres Trabajadoras Domésticas (Dhobi Women Network), donde las trabajadoras domésticas de Eastleigh plantean problemas de forma colectiva, comparten recursos y negocian mejores condiciones laborales. La economía cooperativa fomenta así la autosuficiencia, la solidaridad popular y un movimiento en favor de los derechos de la población trabajadora y la justicia social.

Semillas de una nueva cultura organizativa: la chispa del levantamiento de la Generación Z

El levantamiento de la Generación Z en 2024 no surgió de forma aislada. Aunque parecía espontáneo en su forma, estaba profundamente arraigado en una década de organización por la justicia social, educación política pública, documentación de los abusos del Estado y resiliencia comunitaria. Este levantamiento forma parte de una continuidad que se remonta a las protestas Saba Saba, organizadas anualmente por el Movimiento por la Justicia Social para exigir rendición de cuentas, justicia económica y reformas políticas. Estas protestas han movilizado históricamente a las personas jóvenes y las comunidades de Nairobi para hacer frente a la desigualdad y la violencia estatal, creando una cultura de resistencia que ha empoderado a las generaciones posteriores.

Sin embargo, uno de los mayores obstáculos es la sostenibilidad económica. La organización de personas voluntarias sin apoyo material es agotadora tanto emocional como físicamente. Por lo tanto, los modelos cooperativos sirven como estrategias para organizar las finanzas, crear medios de vida dignos, desarrollar la autonomía frente a la dependencia de los contribuyentes y fomentar la cultura democrática. La democracia sustantiva requiere que las personas tengan el poder económico necesario para participar de manera significativa en el desarrollo de la comunidad.

Al reflexionar sobre los siete años en el MSJC y la evolución del movimiento, una verdad se destaca por encima de todas: la justicia social es un largo camino. Hemos recorrido un camino del dolor a la organización, de las campañas a la política basada en temas concretos, de las luchas fragmentadas a las cooperativas, la justicia ecológica, el empoderamiento legal y la educación popular.

El recorrido está lejos de haber concluido, pero la trascendencia es real. No solo estamos construyendo un centro, sino también una nueva cultura organizativa basada en el poder comunitario, la justicia económica, la promesa inconclusa de la Constitución de 2010 y la revolución Mau Mau por la tierra y la libertad. Esta es la democracia que ha surgido desde abajo, y este es el movimiento que seguimos construyendo.

Njeri Mwangi es una organizadora comunitaria con sede en Mathare, donde trabaja con el Centro de Justicia Social de Mathare. Preside la Sociedad Cooperativa de Trabajo Doméstico y del Reciclaje, donde defiende los derechos, la dignidad y el empoderamiento colectivo de quienes integran la organización. Su trabajo tiene sus raíces en la organización de base, y le apasiona crear movimientos desde abajo que se centren en la acción comunitaria y la justicia social.

Foto: Njeri Mwangi en un acto organizado para recordar a las personas fallecidas durante las primeras manifestaciones contra el Gobierno (julio de 2025, © DreamTown).

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanFrenchItalian (Standard)ArabicHindiRussian
Author
Njeri Mwangi
Translators
María Chiappero, Victor Muruet and ProZ Pro Bono
Date
13.03.2026
Source
Review of African Political Economy ROAPEOriginal article🔗
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