Speeches

"Siempre podemos hacer algo más".

En el Congreso de los Pueblos en apoyo del Grupo de La Haya, la autora Sally Rooney reflexiona sobre el poder de los orígenes de la solidaridad, desde una huelga de supermercados contra el apartheid en Dublín hasta el imperativo moral de unirse al movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) hoy en día.
En su discurso en el Congreso de los Pueblos en apoyo del Grupo de La Haya, Sally Rooney sostiene que, en medio del horror del genocidio en Gaza, cuando las palabras no bastan, la acción sigue siendo posible: identificar puntos débiles en la maquinaria del genocidio y ejercer presión a través de litigios, huelgas, boicots, etc. Afirma que la lucha por Palestina es inseparable de las luchas contra el complejo militar-industrial, los intereses de los combustibles fósiles y el colapso climático, todos impulsados por las mismas fuerzas imperiales.

Me gustaría comenzar dando las gracias al Grupo de La Haya y a todxs los que han trabajado para organizar este congreso. Sé que ha costado mucho trabajo hacer que esto suceda, y es un gran honor para mí estar aquí y participar. También quiero agradecer a mis compañerxs delegados, de quienes ya he aprendido mucho en el transcurso de nuestras conversaciones de hoy. Soy consciente de que realmente estoy aquí para escuchar y aprender en lugar de hablar, y mis comentarios serán muy breves.

En 1984, una trabajadora de una tienda de un supermercado de Dublín, una joven llamada Mary Manning, se negó a vender pomelos de la Sudáfrica del apartheid. Como resultado de su negativa, fue suspendida de su trabajo y, junto con otros miembros de su sindicato, se declaró en huelga. Su huelga duró casi tres años y finalmente logró que el gobierno irlandés implementara una prohibición nacional total de las frutas y verduras importadas de Sudáfrica.

¿Las acciones de los trabajadores en Europa provocaron la caída del apartheid? Claro que no. Lxs sudafricanxs lucharon y ganaron la lucha por la liberación. Pero sabemos que la presión internacional ejercida sobre la economía del estado del apartheid fue una parte importante de esa lucha. En solidaridad con lxs sudafricanxs, respondiendo al llamado del movimiento contra el apartheid, lxs trabajadorxs de todo el mundo eligieron no ser espectadorxs pasivxs sino participantes en la liberación.

Sin duda, en Irlanda se pronunciaron muchos bellos discursos para condenar la infamia del apartheid. Pero ninguno es recordado ahora con tanto orgullo y admiración nacional como las valientes acciones de esxs trabajadorxs en huelga. El suyo fue el ejemplo que tenía en mente en 2021 cuando tomé mi propia decisión tardía de unirme al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y negarme a trabajar con organizaciones israelíes cómplices del apartheid. Mary Manning y sus colegas habían utilizado su trabajo para oponerse a la injusticia. Yo quería, aunque de una manera muy limitada, hacer lo mismo.

No necesito decirles a todxs que la destrucción sistemática de la vida y la cultura palestinas que hemos presenciado en estos últimos años ha cambiado permanentemente el curso de la historia y de nuestro mundo. Muchos de nosotros podemos sentir que, ante el abismo moral de un genocidio descarado, no queda nada que podamos decir que sea útil. Nos sentimos capaces solo de soltar un grito inarticulado de horror, un grito que podría comenzar y nunca terminar. A veces, creo que, hablando solo por mí, ese grito sería más honesto que las palabras y los discursos. Pero una de las lecciones de este congreso es que, aunque a veces no podamos decir nada, todavía podemos hacer algo.

Lxs palestinxs libran y, en última instancia, ganarán la lucha por la liberación palestina. Una de las preguntas que hemos discutido este fin de semana es cómo la comunidad internacional, no solo los estados nacionales, sino también los sindicatos, la sociedad civil, los grupos de protesta e incluso los individuos, pueden interponerse en el camino del genocidio y apoyar la liberación palestina.

El Grupo de La Haya nos ha proporcionado un modelo y un punto de encuentro para ese trabajo. Los complejos imperiales e industriales que impulsan la guerra contra Palestina pueden ser muy poderosos, pero sabemos que no son indestructibles. Juntxs podemos y debemos identificar los puntos débiles en la maquinaria del genocidio y ejercer toda la presión que podamos, a través de litigios, huelgas, trabajo en los medios, boicots de lxs consumidorxs, acción directa, etc.

La lucha por Palestina también es y siempre ha sido una lucha por la liberación humana y por nuestro futuro en esta Tierra. Lxs adversarixs a lxs que nos enfrentamos en el movimiento de solidaridad palestino —Estados Unidos y su constelación de estados clientes, que incluyen no solo a Israel sino a gran parte de Europa; el complejo militar-industrial; el comercio de combustibles fósiles; y las finanzas corporativas y la tecnología, entre otros— son las mismas fuerzas que impulsan el cambio climático catastrófico y destruyen la base misma de nuestra supervivencia compartida. Al solidarizarnos con Palestina, estamos aprendiendo a luchar por la vida en la Tierra.

Muchos de lxs delegadxs presentes este fin de semana se han enfrentado a serias represalias personales y organizativas por su trabajo. Y quiero tomarme un momento para agradecer a nuestrxs colegas, especialmente a los que trabajan en el sur global y muy especialmente a nuestrxs compañerxs palestinos, que han persistido frente a la persecución legal, el acoso y la violencia estatal. Sabemos que la eficacia de la resistencia puede medirse por el grado de represión oficial que provoca. Y sabemos cuántos de los héroes/heroínas de este movimiento han sido encarceladxs por su trabajo. Los que tenemos la suerte de estar aquí hoy, especialmente los que no somos palestinos, siempre podemos hacer algo más.

Artistas, escritorxs y otras figuras públicas del rico norte global ahora se manifiestan cada vez más en contra del genocidio, e incluso se unen a campañas de protesta y boicots formales. Como una de esas figuras, sé que a menudo me hacen preguntas sobre el precio que he tenido que pagar por tratar de mostrar solidaridad con Palestina. Cuando pienso en lo que otrxs han sacrificado por esta lucha, no puedo evitar sentir que esta es simplemente la pregunta equivocada. Sé que, al hablar, podemos terminar perdiendo el favor de los medios de comunicación y, de hecho, tal vez tener problemas con la ley. Pero me gustaría pedirles a mis colegas escritorxs y artistas, si me lo permiten, que no se detengan demasiado solo en lo que podemos perder. Hay otro lado más importante de la historia.

Unirnos a algo más grande que nosotrxs mismxs, participar de alguna manera en una lucha por la liberación humana, defender lo que sabemos en nuestros corazones que es correcto y tratar de no ser cómplices de lo que sabemos que está mal, ¿qué más puede hacer que nuestras vidas sean tolerables en tiempos tan oscuros como estos? ¿Qué más frente a tal horror puede darnos una razón para seguir adelante, para alejarnos de la desesperación, para vivir con nosotros mismos y luchar por nuestro futuro, sin importar las consecuencias? Para lxs que vivimos en el corazón del imperio, lxs que tenemos el privilegio extraordinario de una plataforma pública, no es cuestión de pagar un precio. Todo lo contrario.  Deberíamos ver y decir que es el honor de nuestras vidas estar con Palestina.

Available in
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Author
Sally Rooney
Translators
Ilduara Escobedo, Patricia Prevost and ProZ Pro Bono
Date
19.03.2026
SpeechesPalestine
Progressive
International
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