Colonialism

Irán, pueblos del tercer mundo y política exterior estadounidense. Palestine Perspectives, 1979.

Una editorial de 1979 de Palestine Perspectives (Revista Perspectivas Palestinas), sostiene que la Revolución iraní fue una respuesta directa a décadas de imperialismo estadounidense, específicamente al golpe de estado de la CIA y el MI6 en 1953 que derrocó una democracia para instalar la brutal dictadura del sah Mohammad Reza Pahlavi, respaldada por Occidente.
Nota editorial: Hace más de cuatro décadas, la revista Palestine Perspectives documentó la complicidad de Estados Unidos en las atrocidades del sah en Irán. Hoy, la administración Trump reproduce esta lógica imperial, una vez más, desplegada para obliterar el derecho a la autodeterminación en el “tercer mundo”. En el fulgor de la “Operación Furia Épica”, la Internacional Progresista publica nuevamente el artículo de 1979 de Palestine Perspectives como una reflexión respecto a la lógica duradera de la intervención estadounidense a lo largo del mundo.

El 19 de agosto de 1953, la CIA y el MI6 organizaron un golpe de Estado en Irán para derrocar al gobierno democráticamente electo del primer ministro Mohammad Mosaddegh. Mossadegh, una figura popular y modernizadora, había nacionalizado la industria petrolera de Irán, enfureciendo a los intereses petroleros estadounidenses y británicos en la región. Luego del golpe, la CIA instaló a Mohammad Reza Pahlavi —el pro-occidental “Sah de Irán” — quien de inmediato invitó a las compañías petroleras extranjeras a regresar al país. La dinastía Pahlavi era excesivamente represiva y utilizaba la agencia de inteligencia SAVAK, creada con la ayuda de la CIA y el Mossad, para controlar a la población y reprimir a la disidencia. La dinastía Pahlavi también existió como una neocolonia de Occidente, especialmente de Estados Unidos y Gran Bretaña. De hecho, mientras apoyaba la dictadura del sah, Gran Bretaña exportaba la mayoría de sus armas a Irán. Los recursos nacionales de Irán fueron utilizados principalmente para enriquecer a la corte del sah y para que intereses extranjeros los explotaran.

En 1979, el sah fue depuesto tras un levantamiento popular que pasó a conocerse como la Revolución Iraní. La Revolución abolió la monarquía y puso fin a la dinastía Pahlavi. El Estado imperial prooccidental de Irán fue reemplazado por la República Islámica de Irán con el clérigo Ayatolá Ruhollah Khomeini como líder. La Revolución Iraní reconfiguró la política de Asia occidental, planteando una alternativa a las monarquías del Golfo instaladas por Occidente y continuando la larga lucha por la descolonización en la región. La revolución de Irán también significó un apoyo total a Palestina y a otros pueblos oprimidos de la región y más allá. La fundación y existencia continua de la República Islámica de Irán, por lo tanto, ha significado un desafío continuo al imperialismo estadounidense (y occidental), especialmente a su representanteregional, la entidad sionista.

Estas son las razones por las que Estados Unidos y su rabioso representanteen la región han estado tratando de destruir a Irán desde 1979.

Poco después del éxito de la Revolución Iraní, Palestine Perspectives, la revista de la Oficina de Información Palestina de la OLP en Washington D.C., publicó una editorial sucinta e incisiva sobre los orígenes, las causas y los significados de la Revolución. La editorial, titulada “Irán, los pueblos del tercer mundo y la política exterior de Estados Unidos”, comenta sobre la sorpresa, el desconcierto y la ira de Norteamérica por lo acontecido en Irán, argumentando que el racismo y la islamofobia han cegado a la mayoría de la gente en Estados Unidos ante la causa principal de la Revolución —y el origen profundo de la ira que muchos iraníes sentían hacia Estados Unidos—. La causa, y el origen, fue el imperialismo estadounidense y su papel en el abatimiento reiterado y brutal de las aspiraciones nacionales y los deseos de autonomía del pueblo iraní, así como de todos los pueblos del tercer mundo.

Como lo sugiere el último ataque conjunto, violento e injustificado por parte del imperialismo estadounidense y el sionismo contra Irán, poco ha cambiado desde 1979. El imperialismo estadounidense y occidental continúa con sus monstruosos ataques contra los pueblos que luchan por su autodeterminación. Pero la resistencia, incluida la de Irán, también continúa.

Como señaló el comité editorial de Palestine Perspective en 1979: «La lección de Irán… es que el destino de los pueblos del tercer mundo no puede ser manipulado. No de manera indefinida».

Irán, los pueblos del tercer mundo y la política exterior de Estados Unidos.

Palestine Perspectives

Los dramáticos acontecimientos en Irán han desencadenado, entre otras cosas, ataques contra iraníes en Estados Unidos por parte de algunos estadounidenses, amenazas por parte del gobierno estadounidense de resucitar la diplomacia de los cañoneros de la era colonial, hace tiempo muerta, y una cantidad no menor de lenguaje desmesurado en los medios (mucho de este racista) sobre el Islam, el pueblo iraní y las sociedades del tercer mundo. Lo que los dramáticos acontecimientos de Irán no provocaron, por desgracia, fue una profunda reflexión por parte de la ciudadanía estadounidense respecto a la diplomacia de su país y el rol que esta última había desempeñado a la hora de oprimir a los pueblos, privándolos (mediante los buenos oficios de los señores feudales locales) de su libertad e imponiéndoles, en contra de su voluntad, regímenes que no respondían ni a sus aspiraciones ni a su sentimiento nacional.

Quizás el pueblo estadounidense debería comenzar por preguntarse por qué su Gobierno, junto con el sah a quien instaló en el poder en contra de la voluntad de las masas iraníes, es tan fervientemente odiado en Irán. La población estadounidense podría preguntarse si el pueblo iraní, y sus homólogos de Chile, Nicaragua, Palestina, Uruguay y otros lugares del tercer mundo, son tan indignos de ser la única fuerza determinante de su destino que necesitan que el Gobierno estadounidense decida por ellos su destino político y social, por encima de sus cabezas, instaurando dictaduras en sus países. Estados Unidos, sobre todo, debería preguntarse si tiene derecho a indignarse cuando estas personas se rebelan contra esta opresión y expresan espontáneamente su rabia contra ella a su manera particular.

No cabe duda de las brutalidades que el sah infligió a la mayoría del pueblo iraní durante su reinado de terror; brutalidades de las que prácticamente todos los sectores de la población iraní fueron víctimas en algún momento.

Evidencia de la omnipresencia de esta brutalidad fue la unidad que manifestó la población al exigir la destitución del sah en los primeros días de la revolución. El espectáculo de tres millones de manifestantes marchando por las calles de una ciudad es, sin duda, un acontecimiento sin precedentes en la historia de la humanidad.

La política estadounidense en Irán —una política deliberada, calculada y premeditada, desprovista de cualquier atisbo de inocencia o error— inició con el flagrante golpe de estado orquestado por la CIA que reinstaló al sah en el poder en 1953. Desde entonces, y durante el apoyo constante que el gobierno estadounidense brindó a la dictadura del sah, se creó una relación de antagonismo; por un lado, entre gobernantes y personas gobernadas en la sociedad iraní, y por otro, entre las masas iraníes y el gobierno estadounidense. No contentos con haber creado una situación tan explosivamente opresiva, los gobiernos estadounidenses procedieron a equipar al ejército del sah con las armas más formidables, con la ingenua esperanza de que esto serviría a los intereses geopolíticos de Estados Unidos en Oriente Medio y reprimiría de manera indefinida al pueblo iraní. Con ayuda de Israel, entrenó a la Savak, la policía secreta del sah, para que utilizara con una brutalidad espantosa los métodos más violentos de tortura, represión y asesinato contra iraníes inocentes bajo la sospecha de la más mínima forma de disidencia. Dio su consentimiento a los métodos del sah para negar al pueblo iraní los derechos más elementales de libertad. Y realizó un guiño, e incluso probablemente alentó al sah y a su familia, junto con sus allegados, a amasar fortunas increíbles a costa de la riqueza y el bienestar del país.

Sin dudas, el gobierno estadounidense hizo todo eso y más, y los crímenes del Shah de Irán constituyen un cúmulo de desgracias que su pueblo debió soportar durante más de tres décadas. Sin el apoyo del gobierno estadounidense al sah, todo ese sufrimiento prolongado no habría sido posible.

Los dramáticos sucesos ocurridos en Irán durante el mes de noviembre de 1979 no fueron más que una cruda expresión de la rabia que el pueblo iraní siente ahora contra el gobierno estadounidense dada la complicidad y participación directa en la imposición de una experiencia histórica intolerable de devastación y dolor para su país.

Se puede argumentar, si se quiere, que el gobierno iraní debería o no haber adoptado tal o cual táctica para afrontar el asedio a la embajada estadounidense. Pero no se puede negar que el pueblo iraní, de forma genuina y espontánea, en consonancia con su proceso de transformación histórica, con una energía largamente reprimida y brutalizada, han expresado su rabia y repulsión hacia quienes consideran responsables de su sufrimiento.

Los acontecimientos en Irán son un síntoma de una enfermedad del siglo XX llamada imperialismo.

En el Tercer Mundo, donde cientos de millones de personas lo han sufrido durante siglos, el imperialismo es una realidad concreta que afecta de manera devastadora la vida cotidiana y las preocupaciones diarias de comunidades de hombres y mujeres que anhelan ser libres.

El imperialismo no ha consistido simplemente en la conformidad del gobierno estadounidense ante las barbaridades del sah de Irán. Se trata de aviones B-52 lanzando napalm sobre aldeas vietnamitas. Se trata de Anastasio Somoza quien roba y saquea Nicaragua. Se trata de los Acuerdos de Camp David, la ocupación militar y las torturas perpetradas por israelíes contra personas palestinas en Palestina. Se trata de bombas aturdidoras lanzadas por Israel, suministradas por Estados Unidos, sobre aldeas libanesas. Se trata del encarcelamiento de más de cien mil detenciones políticas por parte del régimen de Marcos en Filipinas. Se trata de los horrores de las dictaduras en Corea del Sur y Chile. Se trata del espectáculo de vendedores ambulantes y personas sin hogar en las capitales de los países del tercer mundo coexistiendo con una pequeña élite, apoyada por Estados Unidos, en cuyas manos a menudo se concentra toda la riqueza y el poder del país.

La lección que nos deja Irán, y el mundo occidental tiene mucho que aprender de ésta, es que el destino de los pueblos del tercer mundo no puede ser manipulado. No indefinidamente.

“Iran, Third World People and U.S. Foreign Policy, Palestine Perspectives,” Palestine Perspectives, 2 no. 7-8, Noviembre/Diciembre1979.

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanItalian (Standard)Russian
Translators
Dante Reimondi and Pablo Yanez Mena
Date
23.03.2026
Source
Black Agenda Report (BAR)Original article🔗
Progressive
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