Halpin: Nota sobre el tecnoimperialismo

Harry Halpin advierte que Palantir es un síntoma de una forma de control tecnológico más amplia e insidiosa.
Nota sobre el Tecnoimperialismo: Palantir es el síntoma de una forma de control tecnológico más amplia e insidiosa: el tecnoimperialismo. Anteriormente, el control de la información dentro de cualquier Estado-nación se determinaba mediante contratos de empresas privadas con gobiernos, así como con individuos. Utilizando software privativo y almacenando datos en la "nube", estas empresas de Silicon Valley, como Microsoft y Google, lograron apoderarse de la inteligencia colectiva de regiones enteras del mundo, creando un tipo de cibercolonialismo por parte de los Estados Unidos. Sin embargo, con el ascenso de Palantir y Trump, el "poder blando" del cibercolonialismo se ha convertido en el "poder duro" del tecnoimperialismo, donde la misma infraestructura de datos de un estado será utilizada para su derrocamiento por parte de los Estados Unidos. El objetivo es nada menos que la destrucción de la democracia y su reemplazo por una tecnocracia autoritaria. El movimiento original por la tecnocracia - que fue liderado entre otros por el abuelo de Elon Musk - imaginaba un "Tecnato de América" unificado que anexaría a toda América Central con los Estados Unidos e incluiría a Venezuela y Colombia. Es de este Tecnato de América del que habla Hegseth cuando se refiere a las "relaciones Norte-Sur" como el "perímetro de seguridad inmediato" de una Gran América del Norte. Palantir, que ha trasladado su sede a Miami, ha iniciado contratos con Brasil, Colombia y Ecuador. En un mundo donde el software y los datos son el combustible de la guerra, Palantir y sus semejantes solo están preparando el escenario para el derrocamiento de cualquier aspiración democrática y autonomía que quede en el Sur Global. El software libre controlado localmente con una fuerte privacidad es la única forma de resistir esta nueva forma de imperialismo.
  1. Los programadores que trabajan en la Internet tienen una responsabilidad moral con el mundo entero, no con un solo país. La Internet fue diseñada desde su concepción como un sistema universal para el intercambio de conocimientos sin censura. La Internet no es propiedad de ningún gobierno o nación individual.

  2. La Internet permite una vigilancia masiva a una escala inimaginable para la Gestapo o la Cheka. Demasiados programadores han desperdiciado sus vidas construyendo sistemas de vigilancia disfrazados como publicidad en la web. Hoy, estos sistemas de rastreo se utilizan para monitorear, controlar e incluso asesinar seres humanos por empresas como Palantir, que buscan combinar la violencia estatal con la eficiencia corporativa, creando así una nueva forma de tecnofascismo.

  3. La vigilancia justificada por amenazas externas a la seguridad nacional de un estado se tornará contra los ciudadanos del mismo del estado. La vigilancia masiva fue una vez dominio exclusivo de la NSA, pero hoy ha sido privatizada por corporaciones como Palantir, que no rinden cuentas ante ningún proceso democrático. Lo que comienza como temor a estados extranjeros se vuelca internamente para enfocarse en inmigrantes, disidentes y, eventualmente, en cualquiera que desafíe el status quo o que intente autoexcluirse de una sociedad cada vez más disfuncional.

  4. Todos somos objetivos. El "enemigo interno" se expande continuamente hasta abarcar a toda la población de una nación, independientemente de su estatus o creencias, justificando una vigilancia cada vez más paranoica y totalizadora. La línea entre las operaciones policiales y las militares se desdibuja, y los marcos legales son reemplazados por una violencia tecnológica que opera con total impunidad.

  5. La vigilancia solo puede ser derrotada construyendo software y hardware para defendernos. Convocar tibiamente a la regulación o apelar de forma moralizante a los derechos humanos son inútiles en esta era. Cualquier derecho debe ser garantizado por el poder duro del código. El código, y no las leyes, puede utilizarse para defender el derecho a la privacidad, haciendo que la vigilancia sea difícil, si no imposible, incluso para adversarios estatales.

  6. Estamos gobernados por una gerontocracia senil. A diferencia de las generaciones que lucharon en las guerras mundiales, la mayoría de nuestros gobernantes actuales son pedófilos degenerados que, por su deseo de riqueza y poder, estarían dispuestos a sacrificar el bienestar de la juventud y del planeta entero. Las tecnologías de vigilancia y la guerra automatizada reflejan sus intentos cada vez más desesperados por mantener formas arcaicas de dominación.

  7. El Imperio Estadounidense se está desmoronando. Hubo un tiempo en que los Estados Unidos presidían un planeta donde podían imponer su ley mediante el rol del dólar como moneda de reserva global y una red de bases militares igualmente globales. Hoy, nuevas potencias regionales desafían directamente a los Estados Unidos mientras su imperio se disuelve ante el estancamiento económico interno, la corrupción política y la inflación del dólar.

  8. En una guerra real, las fantasías de dominio tecnológico total siempre resultan contraproducentes. Cuando un dron sin rostro mata al padre de un niño, ese niño algún día se vengará sin importar el costo. Esto es algo que olvidan aquellos criados en urbanizaciones cómodas. Más allá de los juegos de suma cero, solo se puede de verdad ganar una batalla contra un pueblo demostrando que tu victoria proporciona una mejor forma de vida, mayor prosperidad y una filosofía inspiradora.

  9. Curiosamente, los defensores de la guerra totalmente automatizada apoyan el reclutamiento universal. En el fondo, estos "guerreros de teclado" saben que sus fantasías tecnofascistas son un tigre de papel frente a oponentes decididos que practican la guerra asimétrica. También saben que ninguno de sus hijos luchará en una guerra por su estado, pero estarían felices de ver a los hijos de otros regresar en bolsas de cadáveres.

  10. El problema no es si se construirán armas de inteligencia artificial; debemos responsabilizar a quienes las están construyendo. No importa qué país despliegue máquinas de matar automatizadas, nadie queda absuelto del asesinato de civiles y la destrucción de infraestructura mediante la maniobra de desplazar la culpa a la IA.

  11. La guerra atómica está en el horizonte. A medida que varios estados sucumben a guerras por recursos naturales cada vez más escasos, la posibilidad de ataques nucleares tácticos sobre Teherán, Kiev y otras zonas de conflicto ha regresado al escenario histórico. Gobernantes cada vez más geriátricos y autoritarios enfrentan menos límites que antes para desplegar armas nucleares, y pueden estar dispuestos incluso a sacrificar la supervivencia de la humanidad para calmar sus mezquinos egos.

  12. Nuestra meta es un mundo de paz donde cada persona pueda ser empoderada por la Internet. La guerra moderna es el juego predilecto de enviar jóvenes al matadero. ¿Por qué morir por las ganancias de gobernantes corruptos cuando uno mismo podría construir riqueza y poder real usando la Internet?

  13. Debemos luchar por el mundo que queremos y construir las herramientas que necesitarán las generaciones futuras. El pacifismo sería suicida en este periodo de turbulencia global y guerras por recursos, pero el verdadero poder duro reside en la tecnología: los programadores deben crear tecnologías para vivir una vida libre y prosperar en una sociedad hostil de vigilancia y control. La descentralización es la única vía para que estas tecnologías sobrevivan contra la represión inevitable.

  14. El Estado no nos ayudará. El Estado neoliberal es una institución pre-Internet moribunda que se parece cada vez más a un esquema Ponzi alimentado por impuestos y deuda. Es probable que ninguno de los jóvenes vivos hoy herede beneficio alguno, como el bienestar o la salud pública. La tecnología puede sustentar una alternativa: la descentralización del poder y el apoyo a la autonomía local frente al tecnoimperialismo.

  15. Los algoritmos centralizados y opacos son un peligro para la libertad de expresión. La propaganda es la otra cara de la vigilancia, ya que la propaganda continua impide que nadie siquiera piense en desafiar al sistema. Los monopolios de las redes sociales promueven la propaganda para crear una idiotez generalizada mientras silencian a quienes se atreverían a criticar el orden reinante antes de que puedan organizarse contra él.

  16. Construir nuevas formas de organización social entre nosotros es vital para la supervivencia. El panorama mediático tradicional de política y entretenimiento existe para distraernos de la construcción de una solidaridad en red y de organizaciones autónomas distribuidas a través de las fronteras. El Estado jerárquico es tan irrelevante para nosotros hoy como lo fueron la iglesia y los reyes medievales para la formación de las sociedades anónimas y los sindicatos.

  17. La identidad digital es el siguiente paso en su sistema de control. En los próximos años, el acceso a la Internet —incluso en Europa y Estados Unidos— requerirá tarjetas de identidad biométricas, bajo la floja excusa de "proteger a los niños". El objetivo real es controlar el acceso a contenidos políticos subversivos y detener la comunicación transfronteriza para evitar que surjan nuevas formas de autoorganización y resistencia.

  18. Solo cuando uno puede ser anónimo es verdaderamente libre. La libertad de expresarse sin censura ni vigilancia es una condición previa vital tanto para el uso autónomo de la razón como para la evolución democrática de la sociedad. La tecnología debe permitir la libertad de revelarnos selectivamente al mundo para poder ser quienes queramos ser, preservando el derecho a la privacidad en la Internet, incluyendo no solo la privacidad individual, sino también el derecho a transaccionar y contratar de forma privada.

  19. Estados Unidos creó el primer estado de vigilancia global, pero no será el último. Demasiados han olvidado, o quizás dado por sentado, las revelaciones de WikiLeaks y Snowden. Estados como China pasando hasta Rusia están creando sistemas de vigilancia global y máquinas de propaganda aún más potentes. Aprovechando contratos de defensa privados en países de todo el mundo, Palantir busca convertirse en el sistema operativo de un estado secreto global transfronterizo mientras impulsa su propia versión fársica de etnonacionalismo.

  20. Las guerras culturales son una operación psicológica (psyop). La "clase Epstein" hace alarde de virtud sobre la moralidad y la superioridad de su civilización, mientras intenta regresar al gobierno de élites hereditarias, incluso en los Estados Unidos. En lugar de sumarnos a revertir los logros de la Ilustración, nos debemos poner del lado de nuestros antepasados que lucharon una batalla de siglos por la libertad individual, el progreso científico, la democracia radical y la emancipación de la humanidad frente a los monarcas feudales y sus mitologías imaginarias.

  21. Nuevas formas de tecnología pueden reconfigurar el mundo. La tecnología no es solo una herramienta, sino el mundo en el que vivimos y una extensión de nuestras capacidades cognitivas. La cooperación de los humanos con la inteligencia colectiva inserta en la IA podría acelerar el progreso humano y superar crisis planetarias como el cambio climático y la guerra atómica que amenaza la supervivencia de nuestra especie.

  22. Vivir libre o morir en el intento. Debemos mantener una vigilancia eterna en la lucha contra el fascismo, y el campo de batalla es la tecnología. No hay punto medio: los tecnólogos deben elegir entre trabajar para la esclavitud de la humanidad o crear nuevos espacios para la libertad.

Available in
EnglishSpanish
Author
Harry Halpin
Date
30.04.2026
Progressive
International
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