War & Peace

Jóvenes palestinos arriesgan su vida para limpiar los escombros en Gaza

En Gaza, adolescentes hacen peligrosos y agotadores trabajos de limpieza de escombros por salarios miserables para mantener a sus familias y recuperar lo que queda de sus hogares.
Ante la demora de la reconstrucción y la escasez de maquinaria pesada, propietarixs y familias dependen de niños menores de edad, algunos de tan solo 14 años, para retirar los escombros a mano y así poder recuperar terrenos donde instalar campamentos o rescatar casas parcialmente dañadas. Ahmad Hammad, de 16 años, trabaja nueve horas al día bajo el sol por 30 shekels ($ 10) para alimentar a su familia de seis integrantes después de que sus padres, que resultaron heridxs, se fueron a Egipto para recibir tratamiento médico. En Jan Yunis, Abdul Rahman, de 14 años, trabaja junto a su padre en la limpieza de los restos de su hogar que quedó destruido; el muchacho apenas escapó de la muerte cuando un techo se derrumbó. Ambos muchachos enfrentan la angustiante decisión de abandonar sus estudios (los exámenes Tawjihi de Ahmad y el sueño de Abdul Rahman de convertirse en abogado) para ayudar a sus familias.

Ahmad Hammad lleva un mazo de más de 10 kilos entre las ruinas de una casa bombardeada en Gaza. Sube pilas de escombros que rompe en pedazos lo suficientemente pequeños para arrastrarlos.

“Quiero ayudar a mi familia”, relató a Mondoweiss. “Estoy dispuesto a hacer cualquier trabajo que pueda darle a mi familia lo suficiente para comer en el día. No me importa si las horas de trabajo son largas ni si las condiciones son difíciles. La vida en Gaza está llena de penurias y nosotros somos parte de esta vida”.

Ahmad vive con su familia de seis integrantes en un centro de acogida para desplazadxs en Tel al-Hawa, al oeste de la ciudad de Gaza. Trabaja de 9 de la mañana a 5 de la tarde con otros tres adolescentes de edad similar. El propietario que los contrata les ofrece un solo almuerzo a la 1 de la tarde. Durante la jornada laboral, no les da nada más.

Ahmad dice que trabajan al rayo del sol a la vez que se enfrentan al hambre y al cansancio. Pese a eso, siente que no tiene otra opción, pues no ha podido encontrar otro trabajo. A Ahmad y sus compañeros les pagan 30 shekels al día ($ 10).

Desde el alto al fuego de octubre de 2025 y el fin de las oleadas de desplazamientos masivos que le siguieron, lxs palestinxs como Ahmad han comenzado a sacar cada vez más los escombros de sus hogares a mano, mientras la reconstrucción sigue paralizada y escasea la maquinaria pesada para sacar los escombros.

Algunas personas, cuyos hogares fueron parcialmente destruidos, sacan los escombros de los sectores bombardeados para recuperar la parte de sus casas que quede aún intacta, lo cual les permite vivir allí en lugar de hacerlo en tiendas de campaña. Otrxs tienen sus viviendas destruidas en zonas ubicadas fuera de la llamada "Línea Amarilla", que dividió a Gaza aproximadamente a la mitad inmediatamente después del alto al fuego de octubre de 2025, antes de ampliarse para abarcar más territorio palestino en los meses siguientes. En los hogares a los que lxs palestinxs han podido regresar, la gran mayoría enfrenta un obstáculo adicional: los escombros que quedaron allí les impiden utilizar sus tierras.

Para sacar los escombros, algunos propietarios acudieron a jóvenes de entre 14 y 17 años. Los adolescentes trabajan durante muchas horas por salarios muy bajos en condiciones exigentes desde el punto de vista físico. En algunos casos, los empleadores les ofrecen una sola comida durante jornadas de trabajo de 12 horas.

"Desearía que hubiera otro trabajo, incluso si el pago fuera igual de bajo, que fuera menos agotador y exigiera menos esfuerzo físico", comenta Ahmad.

"Llego a mi casa alrededor de las 6 de la tarde, después de volver a pie a mi tienda al final de un largo y complicado día de trabajo. A veces me voy a dormir sin comer otra cosa. En ocasiones, estoy muy agotado incluso hasta para bañarme. En lo único que pienso al final del día es en acostarme en el suelo, dormir y levantarme al día siguiente para volver al mismo trabajo". 

Hace tres meses que Ahmad trabaja haciendo esto. No tiene intenciones de detenerse. Dice que, si lo hace, su familia pasará hambre. 

Además, Ahmad es el mayor de los dos hijos varones de su familia. Su hermano menor tiene dos años menos que él, mientras que el resto de su familia son mujeres.

"Si mi hermano menor y yo no trabajamos, ¿quién alimentará a nuestra familia y hermanas?", expresó Ahmad. "Ellas son pequeñas y no pueden hacer este tipo de trabajo. No aceptaría que hicieran el tipo de trabajos físicamente exigentes que mi hermano y yo hacemos". 

Su hermano menor trabaja como vendedor callejero, atiende un pequeño puesto en el que vende dulces a los niños y productos alimenticios como pastas, fideos instantáneos y otros productos que puede conseguir a precios que le permiten obtener un pequeño ingreso.

“Recibo 30 shekels al día ($ 10), mientras que mi hermano gana entre 20 y 30 shekels por día", menciona Ahmad. “Gracias a esta pequeña cantidad de dinero, podemos conservar la dignidad de mis hermanas y mi familia. Por lo menos, podemos darles comida pese a las difíciles condiciones y la pobreza en la que vivimos”.

Ahmad y su hermano ahora cargan la responsabilidad de mantener a su familia. Sus padres se fueron de la Franja de Gaza después de resultar heridos durante la guerra; el padre viajó a Egipto para recibir tratamiento médico, acompañado de la madre, por lo que abandonó a los niños.

En consecuencia, Ahmad ahora es tanto un sostén económico como una figura paterna para sus hermanos, a una edad en la que debería estar en la escuela y preparándose para el nuevo año académico.

El próximo año, se supone que debería prepararse para los exámenes Tawjihi, exámenes finales de la escuela secundaria en Palestina, pero por la situación de su familia, su educación pasó a ocupar un lugar de menor importancia en su lista de prioridades.

“Si la situación continúa así, no podré prepararme para el siguiente año escolar", cuenta Ahmad. “En cambio, trabajaré más para que mis hermanas menores puedan continuar con su educación y completar sus estudios”.

“No hay forma de que deje de trabajar y abandonar a mi familia a un destino incierto”, agregó.

Trabajar codo a codo con la muerte

En Jan Yunis, la situación no ha sido muy distinta para Khalil Abu Odeh, de 48 años, y Abdul Rahman, su hijo de 14 años.

Abu Odeh está sacando los escombros de su casa para que su familia pueda trasladarse de la tienda de campaña en el campo de acogida para desplazadxs de Jan Yunis a una tienda en el terreno donde alguna vez estuvo su hogar, después de que fuese completamente destruido por los bombardeos israelíes.

En esta oportunidad, el trabajo lo hace completamente la familia. Abu Odeh le da trabajo a su hijo menor de edad para ayudarlo a demoler y sacar los restos de su casa, ya que no puede permitirse contratar otros trabajadores ni pagar sus salarios.

Los restos se extienden a lo largo de unos 140 metros cuadrados. Abu Odeh quiere utilizar el espacio para levantar cuatro tiendas de campaña para él, su familia y parientes, quienes están viviendo en condiciones muy difíciles en la zona de Jan Yunis, en Al Mawasi, en medio de una grave situación de hacinamiento.

“Vivimos condiciones muy difíciles en Al Mawasi,” dijo Abu Odeh. “Los roedores se están apoderando de nuestras tiendas. Hay aguas residuales e insectos. El entorno ya no es apto para vivir. Es por esta razón que decidimos sacar los escombros de nuestro hogar, volver a nuestra tierra, poner nuestras tiendas y vivir aquí". 

Abu Odeh no esconde su profunda preocupación por sus hijos; el trabajo de sacar los escombros ha comenzado a pasarles factura y comenta que ya han estado expuestos a accidentes que casi les cuesta la vida. Sin embargo, afirma que es la única opción que tiene.

“Mi hijo ha estado cerca de morir más de una vez mientras trabaja conmigo en la casa", confiesa. “Pero, gracias a Dios, no ha salido herido. Trabajamos con la muerte que nos asecha. En cualquier momento, una parte de la casa podría derrumbarse sobre nosotros".

Para Abdul Rahman, de 14 años, el trabajo le ha hecho sentir que "trabaja codo a codo con la muerte". Comenta que no puede soportar físicamente tantas horas de trabajo extenuante a su edad, pero que siente la obligación de ayudar a su padre y a sus hermanos a sacar los restos de su casa para que la familia pueda tener un mejor lugar para vivir en comparación con las condiciones que enfrentan en Al Mawasi.

“Un día, mientras trabajaba, uno de los tejados dañados se derrumbó sobre nosotros", afirma Abdul Rahman. “Si no hubiese corrido y saltado al suelo desde una gran altura, se me habría caído encima el tejado y hoy estaría muerto”.

En unas semanas, Abdul Rahman comenzará el noveno año de secundaria. Pero, al igual que Ahmad Hammad, declara que su situación lo está obligando a reconsiderar su futuro. 

“No dejaré que mi familia trabaje sola mientras yo voy a la escuela”, comenta. “Me quedaré con ellos, incluso si debo dejar de estudiar”.

El sueño de Abdul Rahman es terminar la escuela y estudiar derecho.

“Mi sueño es ser abogado algún día”, dijo. “Pero las circunstancias me obligan a dejarlo de lado”.

Tareq S. Hajjaj es corresponsal de Mondoweiss en Gaza y miembro de la Unión Palestina de Escritores. Síguelo en Twitter/X en @Tareqshajjaj.

Available in
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Author
Tareq S. Hajjaj
Translators
Darling Torres, Silvia V. González and ProZ Pro Bono
Date
27.08.2026
Source
MondoweissOriginal article🔗
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