Labor

Mil paquetes en una hora

En Filipinas, las mujeres que clasifican paquetes enfrentan precarias condiciones laborales sin regulación en los centros de comercio electrónico
Las mujeres que trabajan informalmente en los centros de clasificación de comercio electrónico de Filipinas, como los que prestan servicios a Shopee y J&T Express, se enfrentan a la inseguridad salarial diaria, sanciones arbitrarias, acoso verbal y falta de prestaciones legales como el SSS y PhilHealth, pese a que clasifican hasta 1000 paquetes por hora bajo una intensa supervisión.

MARILAO, Bulacán – Las compras en línea se han convertido en parte de la vida cotidiana del pueblo filipino, su popularidad creció especialmente durante la pandemia. Con solo un clic, un producto puede llegar a su puerta en uno o dos días.

Las estadísticas recientes confirman que el consumo recurre en gran medida a las plataformas de comercio electrónico. Según el informe Digital 2026 Philippines de Kepios, 23.5 millones de personas en el país realizaron compras por Internet en 2025, y la mitad de ellas compraba cada semana en plataformas como Shopee, Lazada y Temu. Entre los productos más populares se encuentran aparatos electrónicos, alimentos y ropa.

Los estudios muestran que la confianza en las plataformas de compra en línea se debe a la asequibilidad, la calidad garantizada de los productos, la facilidad de uso y la rapidez de la entrega.

Pero, ¿qué ocurre realmente detrás de los paquetes que recibimos? ¿Por las manos de quiénes pasan?

Detrás de cada entrega de paquetes hay una mujer que trabaja clasificando paquetes bajo un contrato informal, sin ninguna protección y, en la mayoría de los casos, sin garantía de recibir su salario al final de su jornada laboral.

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Joyce (nombre ficticio) trabajó anteriormente como auxiliar administrativa en un centro de distribución de Shopee en Bulacán durante seis meses.

Mientras trabajaba en turnos de noche en un centro de clasificación, se las apañaba para cuidar a su hijo de seis años. Antes de cada turno, esperaba pacientemente a que su empresa publicara su horario en el chat grupal. Al llegar al centro, hacía cola junto a trabajadoras de diversas empresas mientras esperaba al responsable del almacén.

Normalmente, se requiere un número fijo de fuerza laboral cada día. Si ella cumplía con los requisitos, comenzaba a trabajar y ganaba 525 pesos filipinos por ese día. Si no, regresaba a casa con las manos vacías, sumado al gasto del transporte.

«En realidad, no hay ningún trabajo que no sea difícil. Pero dentro, tienes que esforzarte al máximo ya que alguien te vigila con un megáfono. No te permiten descansar», compartió Joyce con Pinoy Weekly. «En una hora, tienes que clasificar 1000 paquetes».

El trabajo se intensifica durante las temporadas de rebajas, cuando millones de paquetes son clasificados por unas 200 personas en turnos de 12 horas. Algunas incluso se ven presionadas a trabajar horas extras con incentivos mínimos.

Joyce soportó este sistema durante meses como madre soltera que intentaba mantener a su hijo. Finalmente, dejó de ir a trabajar tras notar reducciones inexplicables en su salario.

Su empresa le descontaba de su sueldo "prestaciones", pese a que no se realizaban aportes a sus cuentas de SSS, PhilHealth ni Pag-IBIG. Su frustración llegó al límite cuando, al finalizar su turno, regresó a casa no solo con las manos vacías, sino también con multas por paquetes dañados o extraviados.

Ella señaló que, si bien la empresa dispone de una base de datos con cada paquete escaneado por cada trabajadora, las sanciones se imponen de forma arbitraria.

«¿Qué haría con esos paquetes? No se puede sacar nada. La guardia es muy estricta. Lo revisa todo, incluso el sostén y los shorts», exclamó Joyce.

Estar informal es normal

Alex y Amy (nombres ficticios) son hermanas originarias de Camarines Sur. Los frecuentes tifones y olas de tormentas en su provincia natal las obligaron a mudarse a Manila para mantener a la familia que dejaron atrás. Después de trabajar en diversas fábricas a lo largo de los años, en 2025 se convirtieron en clasificadoras de paquetes en un centro de distribución de J&T Express, socia de reparto de Shopee y otras plataformas de comercio electrónico.

Con sus años de experiencia, han presenciado numerosos abusos laborales, pero el trato recibido en este centro de distribución las dejó impactadas. La supervisión les ha gritado e insultado por no clasificar todos los paquetes en ocho horas. 

«Nos gritaban: “Las puertas están abiertas, pueden irse. No las necesitamos”. Solo porque necesitamos trabajo, nos tratan como tontas. Se aprovechan de nuestra desesperación», dijo Amy.

Amy agregó: «Nuestro trabajo es muy extenso. En cualquier trabajo normal, te pagan horas extras por las horas adicionales. Aquí, no hay nada de eso».

Según Jacq Ruiz, de Kilusan ng Manggagawang Kababaihan (KMK), o Movimiento de Mujeres Trabajadoras, las mujeres son especialmente vulnerables en este tipo de trabajo informal. Debido a la escasez de empleos decentes y al subdesarrollo de las industrias locales, las mujeres se ven atraídas por el trabajo en el comercio electrónico dada la facilidad de contratación, pese a la falta de protección laboral.

«Antes, las mujeres trabajaban para complementar los ingresos de sus maridos. Hoy la situación es diferente. Este tipo de trabajo se ha convertido en la principal fuente de ingresos de la familia», declaró Ruiz a Pinoy Weekly.

Ruiz añadió que los grandes capitalistas oscurecen el significado del trabajo y la condición laboral mediante un lenguaje técnico. Un ejemplo es que a lxs trabajadorxs se lxs etiqueta como "regular", no porque tengan antigüedad o protección, sino simplemente porque hay trabajo disponible a diario.

Según datos del 2026 de la Autoridad de Estadísticas de Filipinas (PSA), existen 24.8 millones de trabajos en el sector privado. La Fundación Ibon señaló que, de esta cifra, alrededor de 16.3 millones trabajan de manera informal en empresas donde no poseen contratos, turnos fijos ni salario diario garantizado.

A pesar de las duras condiciones, las hermanas mantienen la esperanza de que el sistema pueda cambiar para ellas y para quienes vendrán después.

¿Un futuro para las trabajadoras filipinas?

De acuerdo a la PSA, en 2025 había 7.38 millones de trabajos en el sector del comercio electrónico. Esa cifra podría duplicarse, dada la extensa red de centros informales gestionados por empresas en Metro Manila, Calabarzon y Luzón Central.

El comercio electrónico ha aportado alrededor de 880 460 millones de pesos (14 300 millones de dólares estadounidenses) a la economía filipina y se prevé que alcance los 3 billones de pesos para 2030, impulsado por los proyectos de infraestructura digital bajo la administración de Ferdinand Marcos Jr. en colaboración con el Banco Mundial.

Sin embargo, a medida que los beneficios del sector se disparan, trabajadoras como Joyce, Alex y Amy, quienes mantienen el sistema en funcionamiento, quedan sistemáticamente relegadas a un segundo plano.

Las trabajadoras siguen viviendo en condiciones precarias dentro de estos enormes almacenes. Aún no se comprende del todo cómo la digitalización afecta directamente su realidad cotidiana. Pero una cosa es segura: se garantiza el beneficio económico, mientras que sus derechos siguen siendo vulnerados por el fruto de su arduo trabajo.

«Aún necesitamos comprender cómo los capitalistas explotan a lxs trabajadorxs a través de medios digitales, especialmente al sector informal, como en clasificación y embalaje. Las mujeres no deben quedarse atrás», enfatizó Ruiz. (AMU, RVO)

AVISO: Esta es la primera parte de una serie de tres artículos sobre las mujeres que constituyen la columna vertebral del sector del comercio electrónico en Filipinas. Este reportaje se realizó con el apoyo del programa de becas para periodistas del Foro Asia-Pacífico sobre Mujeres, Derecho y Desarrollo (APWLD).

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanFrenchItalian (Standard)Arabic
Translator
Dante Reimondi
Date
09.09.2026
Source
BulatlatOriginal article🔗
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