Briefing

Boletín de la IP | N.º 1 | Nuestra América

Venezuela. México. Cuba. Colombia. Mientras Washington busca dominar el hemisferio, la Internacional Progresista convocará a gobiernos, dirigentes y movimientos de toda América para defender el derecho sagrado a la autodeterminación.
En el primer Boletín de la Internacional Progresista de 2026, les ofrecemos lo último sobre la dramática escalada de los Estados Unidos contra Venezuela, México, Cuba y Colombia, y anunciamos una reunión de emergencia de gobiernos, dirigentes y movimientos en Bogotá para defender la soberanía, la autodeterminación y la larga lucha por la liberación bajo la bandera de Nuestra América.

El 5 de enero, dos días después de que los Estados Unidos bombardearan Caracas y las fuerzas especiales estadounidenses secuestraran al presidente venezolano Nicolás Maduro, el Departamento de Estado de los Estados Unidos publicó una imagen en sus redes sociales. Sobre una fotografía en blanco y negro de Donald Trump, declaraba: «Este es NUESTRO hemisferio».

Tres días después, Trump anunció que los Estados Unidos «comenzarían ahora mismo» a lanzar ataques terrestres dentro de México, con el pretexto de atacar a los cárteles de la droga, extendiendo la misma doctrina de la fuerza más allá de las fronteras de Venezuela y dejando claro que ninguna nación de la región está exenta.

El mensaje tenía como objetivo intimidar. Sin embargo, debería servir como grito de guerra para todos quienes saben que, en palabras del poeta cubano José Martí, «una causa justa, incluso desde las profundidades de una cueva, puede hacer más que un ejército».

Bajo la bandera de la «Doctrina Donroe» —la grotesca renovación de Trump de la Doctrina Monroe, que tiene dos siglos de antigüedad—, los Estados Unidos han pasado de la violencia administrada mediante hojas de cálculo a la violencia ejercida mediante misiles, anunciando su intención de gobernar las Américas por la fuerza.

Estas acciones no son sutiles, ni están revestidas del lenguaje de la ley o la moral compartida. Trump ha sido explícito: el ataque a Venezuela tiene que ver con el petróleo, y lo ha calificado como «uno de los ataques más precisos a la soberanía». Su vicepresidente, JD Vance, fue aún más lejos, alardeando de que, más allá de «controlar los increíbles recursos naturales de Venezuela», el ataque tenía como objetivo «hacer que la gente tuviera miedo de cruzarse en nuestro camino».

Esto es lo que significa «Nuestro hemisferio»: miedo, fuerza y saqueo.

Desde Caracas hasta La Habana, desde Ciudad de México hasta Bogotá, la Casa Blanca está impulsando un proyecto tan antiguo como el propio imperio: subordinar a los pueblos del hemisferio, apoderarse de sus recursos y aplastar cualquier movimiento político que se atreva a anteponer las necesidades humanas a las ganancias privadas. Lo que comenzó con sanciones y bloqueos ahora continúa con bombas, secuestros y amenazas abiertas de invasión. Hoy es Venezuela. Mañana será México. Cuba, Colombia y cualquier nación que se niegue a someterse ya están en la mira de Washington.

Cuando el gobierno de los Estados Unidos reclama el hemisferio como propio, no está hablando en nombre de su pueblo. Es el capital el que habla, en contra de los trabajadores, los campesinos, los pueblos indígenas y las mayorías populares que luchan por la soberanía, la dignidad y el control democrático de su futuro. Como previó hace casi dos siglos el libertador de América Latina, Simón Bolívar, «los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a azotar a América con la miseria en nombre de la libertad».

Contra esta visión de posesión se alza otra: Nuestra América.

Como ha advertido Gustavo Petro, «América Latina debe emanciparse una vez más». Sus palabras reflejan una larga y aún inconclusa tradición de resistencia continental, desde Bolívar hasta el mexicano Benito Juárez, quien insistió en que la paz requiere el respeto de los derechos de los demás, pasando por el cubano José Martí, quien dio a esta lucha su nombre más perdurable.

En su ensayo de 1891 Nuestra América, Martí advirtió que «el desprecio de los poderosos vecinos [los Estados Unidos]... es el mayor peligro que enfrenta nuestra América». Urgió a los pueblos del continente a «reunirse y marchar al unísono» en filas «tan compactas como las vetas de plata en las profundidades de los Andes».

Lo que estamos presenciando hoy es una lucha de clases que se libra a través de la violencia imperial. Los Estados Unidos se erigen como el instrumento político y militar del capital: las grandes petroleras financian la política; los fabricantes de armas obtienen ganancias de la destrucción; y el poder financiero prospera gracias al saqueo y la guerra permanente. Estos sectores del capital pagan por las políticas que desean y obtienen generosas recompensas. Las acciones de las grandes petroleras estadounidenses se dispararon alrededor de un 10 por ciento tras el secuestro de Maduro, lo que representa un rendimiento de alrededor de 100.000 millones de dólares sobre una inversión de 450 millones de dólares en las últimas elecciones estadounidenses.

El gobierno sirve a sus donantes, por lo que la agresión puede continuar sin consentimiento. La opinión pública ha mostrado repetidamente su oposición a la acción militar estadounidense en Venezuela, una brecha entre el apetito de la élite y la voluntad popular que se salva por la fuerza, no por la democracia.

Venezuela, como muchas naciones antes que ella, representa una posibilidad diferente: que las clases populares puedan gobernarse a sí mismas, controlar sus recursos y trazar un futuro más allá del dominio imperial. Y esa posibilidad representa una amenaza existencial para el imperio.

Bajo el mandato de Hugo Chávez, la pobreza y el desempleo se redujeron a la mitad, la matriculación escolar se disparó, la desnutrición quedó prácticamente eliminada y millones de personas tuvieron acceso por primera vez a pensiones y atención médica. Como dijo el propio Chávez: «No estamos amenazando al mundo; estamos amenazando los privilegios». Peor aún, desde la perspectiva del imperio, Venezuela se atrevió a promover la integración regional y la solidaridad internacional, demostrando que otro camino no solo era posible, sino también factible.

Por eso Venezuela ha sido blanco de ataques durante 25 años. Y por eso lo que está en juego con la creciente intervención de Trump en América Latina es verdaderamente global.

Las fuerzas reaccionarias se están uniendo rápidamente en torno a una doctrina renovada de dominación. En Ecuador, el presidente Daniel Noboa celebró el secuestro de Maduro declarando que «todos los narcochavistas criminales tendrán su momento», y prediciendo que el movimiento progresista «se derrumbará en todo el continente».

En Chile, el presidente electo de extrema derecha José Antonio Kast elogió el ataque de Estados Unidos como «una gran noticia para la región». En Argentina y El Salvador, Javier Milei y Nayib Bukele se burlaron en las redes sociales de quienes condenaban la flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas. La Internacional Reaccionaria ya se está formando, y está lista para servir a los intereses corporativos y estratégicos de Washington.

Sin embargo, las fuerzas de la paz, la democracia y la soberanía siguen fragmentadas. Hay declaraciones conjuntas —sobre todo de Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España—, pero no hay una estrategia conjunta. Las palabras sin coordinación no pueden igualar a una doctrina respaldada por la fuerza. Ese desequilibrio ha permitido que la agresión imperial avance más rápido que la solidaridad necesaria para detenerla.

Por eso la Internacional Progresista regresa a Bogotá para organizar una reunión de emergencia de gobiernos, dirigentes políticos y movimientos para defender Nuestra América. Los días 24 y 25 de enero honraremos el legado de Bolívar, Juárez y Martí, no con ceremonias, sino con compromiso, articulando un plan de acción común para defender la unidad de las Américas y la libertad de sus pueblos frente a la tiranía de la dominación extranjera.

Inscríbete ahora para sintonizar desde cualquier parte del mundo y para apoyar a quienes se niegan a vivir en su hemisferio y, en cambio, continúan la larga lucha por construir nuestra América.

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Haz clic aquí para obtener más información sobre el programa y cómo inscribirte.

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)French
Translator
Maria Inés Cuervo
Date
09.01.2026
Source
Progressive InternationalOriginal article
Progressive
International
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