Entrevistas

El Movimiento de lxs Trabajadorxs Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil marca el rumbo.

Tras 40 años de lucha, el Movimiento de lxs Trabajadorxs Rurales Sin Tierra de Brasil, el movimiento social más grande del mundo, ha reorientado esa demanda por la reforma agraria hacia la producción de alimentos orgánicos.
En esta entrevista, el líder del MST, João Paulo Rodrigues, describe la estrategia triple del MST para el futuro: intensificar las ocupaciones de tierras, ampliar la producción agroecológica para competir con la agroindustria y disputar el poder político en todos los niveles, al tiempo que mantiene una relación compleja con el Estado y una clase trabajadora urbana cada vez más precaria.

Si visitó Brasil en los últimos años, lo habrá visto: “la otra gorra roja”. Ahora un accesorio de moda en las playas de Río de Janeiro, la gorra de béisbol que con claridad es anti-MAGA no representa a la extrema derecha, sino al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra, o MST).

Con casi dos millones de miembros, el MST es probablemente el movimiento social más grande del mundo, y tras cuatro décadas de lucha, exige una reforma agraria. Aún más impresionante es que el MST haya prosperado en condiciones adversas, bajo el gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro. El objetivo del MST es cumplir las promesas incumplidas de la transición democrática de Brasil y romper las relaciones coloniales que aún reinan en el ámbito rural.

Sin embargo, en la última década, esa misión histórica cobró un nuevo impulso. La creciente visibilidad del MST fue, en realidad, parte de un astuto “rebranding”, que consistió en adoptar una postura defensiva cuando el Gobierno de Bolsonaro declaró la guerra abierta a las ocupaciones de tierras del movimiento. En respuesta, el movimiento tendió la mano a la clase media urbana progresista.

Bajo la inusual consigna de los alimentos orgánicos, el MST logró reformular la reforma agraria (y sus polémicas expropiaciones de tierras) como una misión para proporcionar productos nutritivos, sostenibles y asequibles a las masas brasileñas. De este modo, la opinión pública comenzó a ver el movimiento no como un “mero” movimiento campesino, sino más bien como un proyecto de transformación nacional. Aunque aliado al gobierno de izquierdas del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, el movimiento mantiene una relación compleja con el Estado brasileño.

Nicolas Allen, de la revista Jacobin, conversó con João Paulo Rodrigues, líder nacional del MST, sobre la visión estratégica del MST para el futuro y cómo el movimiento tiene previsto luchar para incluir la política de la clase trabajadora en la agenda nacional.

NICOLAS ALLEN

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra fue el objeto de un reciente artículo de portada de la revista Nation. Vincent Bevins, autor del artículo, explica cómo el movimiento se adaptó a los tiempos cambiantes a lo largo de sus cuarenta años de existencia y cómo incluso se fortaleció bajo el gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro. ¿Cómo explica el crecimiento del MST en la última década?

JOÃO PAULO RODRIGUES

El MST ha sido una fuerza política importante desde la recuperación de la democracia en Brasil a finales de los años 80, es decir, casi cuarenta y cinco años en los que el MST ha estado activo, con distintos grados de intensidad, en todas las luchas.

Si bien es cierto que el MST se ha consolidado como un actor político importante, también es fundamental reconocer que los últimos diez años fueron muy difíciles para la izquierda brasileña. Antes del golpe contra Dilma (Rousseff) en 2013, tuvo lugar un gran levantamiento que vio cómo una nueva generación de brasileñxs caía bajo la influencia de la derecha conservadora. Esa fuerza conservadora trató de expulsar de las calles a cualquier movimiento de izquierda: el MST, la CUT (Central Única de Trabajadores), el PT (Partido de lxs Trabajadorxs), todos ellos perdieron terreno frente a la derecha.

El MST logró sobrevivir a ese momento, pero la situación después de 2013 empeoró. Luego siguió el juicio político a Dilma, el encarcelamiento de Lula, el gobierno de (Michel) Temer, la elección de Bolsonaro y, por último, la pandemia. Durante los últimos diez años, la izquierda brasileña, incluido el MST, sufrió muchos reveses.

Durante ese período, el MST siguió siendo una fuerza política al adoptar un cambio de rumbo. En lugar de centrarse con exclusividad en sus preocupaciones tradicionales (la confiscación de tierras vacías e improductivas, la lucha contra lxs grandes terratenientes, etc.), el MST incluyó un nuevo tema en la agenda política. Ese tema era la alimentación.

La agenda alimentaria (producir alimentos orgánicos, baratos y saludables) transformó la bandera de la reforma agraria en algo más tangible para lxs brasileñxs promedio. Ya fueran miembros de la clase media interesadxs en los alimentos orgánicos o sectores más pobres que querían precios accesibles, la bandera de la alimentación hizo que la causa de la reforma agraria fuera más fácil de identificar. Ese cambio hacia la producción de alimentos también modificó la opinión de los llamados sectores desarrollistas, que ya no podían menospreciar al MST como un mero «movimiento de protesta». Ahora se veían obligados a reconocer que el movimiento ofrecía alternativas económicas, políticas y sociales.

Por supuesto, eso no quiere decir que, solo porque el movimiento haya adoptado la bandera de la alimentación, abandonó la lucha contra los grandes terratenientes, el imperialismo y el capitalismo. Solo significa que el MST propone también una visión alternativa de la sociedad.

NICOLAS ALLEN

¿Cómo funciona el sistema alimentario del MST en términos de producción y distribución?

JOÃO PAULO RODRIGUES

Hay alrededor de 1900 asociaciones productivas, 185 cooperativas y 120 empresas agrícolas repartidas por los asentamientos y campamentos del MST, que se dedican a la producción, el procesamiento y la comercialización de los alimentos de la Reforma Agraria Popular. Existen al menos quince cadenas de producción principales, con más de 1700 clases diferentes de productos que circulan por las líneas de distribución del MST. La mayor parte consiste en alimentos básicos como arroz, frijoles, maíz, trigo, café, leche, miel, mandioca y otras frutas y verduras.

Solo la producción de arroz asciende a más de 42.000 toneladas, de las cuales 16.000 son orgánicas. El MST es reconocido desde hace más de una década como el mayor productor de arroz orgánico de América Latina. El MST también produce alrededor de 30.000 toneladas de café por cosecha. Además, somos uno de los mayores productores de cacao de Brasil, con más de 1,2 millones de toneladas.

En pocas palabras, nuestro objetivo es convertirnos en uno de los mayores productores mundiales de alimentos orgánicos y de origen ecológico. De norte a sur de Brasil, nuestras cadenas de producción se organizan en torno a los principios de conservación del suelo, manejo adecuado, métodos industriales responsables y el uso de nuestros propios canales comerciales para llevar alimentos a las mesas de lxs brasileñxs. En cuanto a la distribución, contamos con nuestros Armazéns do Campos (tiendas rurales), que son tiendas asociadas al MST que se especializan en la venta de productos de la reforma agraria. En la actualidad hay veinticuatro tiendas de este tipo, presentes en las principales capitales y en ciudades del interior de Brasil. También celebramos ferias regionales en las que se distribuye localmente gran parte de la producción de los campamentos y asentamientos.

Sin embargo, la principal forma en que nuestras familias campesinas comercializan su producción es a través de ventas para cumplir con las normativas nutricionales públicas, como el PAA (Programa de Adquisición de Alimentos) y el PNAE (Programa Nacional de Alimentación Escolar). En Brasil existe una ley que exige que cualquier programa del PNAE adquiera al menos el 30 por ciento de sus recursos alimentarios a pequeñas explotaciones familiares. Y aunque esta legislación no siempre se cumple, estas leyes garantizan la distribución de los alimentos producidos por el MST en un mercado directo y respaldado por las instituciones. Algunxs podrían preferir un modelo menos burocrático que funcione a mayor escala, pero el PNAE es muy importante para promover la producción campesina y garantizar que las escuelas y otras instituciones públicas dispongan de alimentos saludables y variados.

NICOLAS ALLEN

Hace un momento, cuando hablaba de la debilidad de la izquierda brasileña, ¿se refería a la política electoral, a los sindicatos, a los movimientos sociales o a todo lo anterior?

JOÃO PAULO RODRIGUES

El Brasil contemporáneo siempre ha sido un país con divisiones políticas. Tradicionalmente, el 30 por ciento de la población vota a la izquierda, y la derecha suele obtener un porcentaje similar de votos, alrededor del 30 por ciento. La franja política del centro, por su parte, ha tendido a votar a la derecha. Esa fue la gran novedad histórica de Lula: desde su victoria presidencial en 2002, Lula ha logrado atraer al centro político y fortalecer al PT, que se ha convertido en un gran bloque de centroizquierda. Sin embargo, a través de ese proceso, el propio Gobierno de Lula se volvió más centrista que izquierdista.

Todo esto acabó por debilitar a los partidos de centro-derecha, que en los últimos años han sido absorbidos por los gobiernos de Lula y Dilma. Los partidos de centro-derecha perdieron su importancia en Brasil porque el gobierno de Lula, un gobierno de izquierdas, rompió la larga alianza entre los políticos de centro-derecha y los sectores capitalistas. No había espacio para un partido de centro-derecha en Brasil, porque ya estaba incorporado a la estructura del gobierno.

No obstante, el gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro alteró esa situación. La estrategia de gobierno de Lula se basa en la formación de alianzas, una estrategia ineficaz para hacer frente a la amenaza bolsonarista. Mientras tanto, la extrema derecha ha formado su propia alianza con el centro. En un principio se trataba de una alianza táctica, en lo que respecta al centro-derecha, pero ahora el bloque de extrema derecha ha absorbido gran parte del centro-derecha. Como resultado, el apoyo al centro-derecha en Brasil se divide entre el gobierno de Lula y la extrema derecha.

En otras palabras, la hegemonía en Brasil se disputa en la actualidad entre el Gobierno de Lula y el bando ultraderechista de Bolsonaro. Estos son los dos polos que conforman el panorama político brasileño. En mi opinión, a finales de este año, a medida que se resuelvan esas tensiones, veremos surgir un bando a la izquierda del gobierno de Lula o uno ubicado más hacia el centro, aunque es muy difícil imaginar cómo el centro podría formar su propio gobierno. En última instancia, el centro político brasileño se convertirá en un apéndice de la extrema derecha o de la izquierda.

En lo que respecta al MST, debemos prepararnos para lo que suceda en los próximos cinco años, un futuro definido no solo por la salida de Bolsonaro de la escena política, impuesta por la justicia, sino también por la inevitable retirada de Lula. Ese período será testigo de una reorganización del panorama político brasileño, que estará dominado por nuevxs dirigentes partidarixs, la fuerte presencia de la tecnología y, lo que nos preocupa de manera especial, la disminución de la influencia del poder de la clase trabajadora. En otras palabras, veremos una izquierda “más débil”, más alejada del mundo de la producción y mucho más vinculada a cuestiones de identidad.

NICOLAS ALLEN

¿Influyó ese debilitamiento del poder de la clase trabajadora en el cambio estratégico del MST?

JOÃO PAULO RODRIGUES

Hay que entender que Brasil tiene uno de los índices de desigualdad en la distribución de la tierra más altos del mundo. La lucha por la reforma agraria es una necesidad histórica y determinará el futuro de la democracia brasileña: es imposible aceptar que el 46 por ciento de la tierra de Brasil siga en manos del 1 por ciento de lxs terratenientes. La lucha por la tierra fue y sigue siendo la base de la existencia del MST. Sin embargo, una vez que esa lucha avanza y se adquiere la tierra, las familias necesitan ayuda para producir; necesitan estructuras públicas como escuelas, clínicas de salud, electricidad, saneamiento y carreteras. En resumen, es necesario mantener la movilización después de que una familia obtiene una parcela de tierra.

Durante los casi cuarenta y dos años de existencia del movimiento, hemos asumido este desafío político más amplio, aliándonos con lxs trabajadorxs urbanxs sobre la base del convencimiento de que no basta con que lxs trabajadorxs rurales luchen solo por la reforma agraria, sino que debe ser una lucha de todxs si se quiere lograr la reforma. Además, muchos de los problemas a los que se enfrenta la clase trabajadora urbana están directamente relacionados con la falta de reforma agraria en el campo. La expansión urbana, el hambre, la falta de alimentos saludables a precios justos, son cuestiones urbanas que han ampliado los horizontes de nuestras luchas.

En efecto, cuando se fundó el MST, creíamos que una reforma agraria clásica resolvería los problemas del campo. Hoy tenemos una concepción diferente de tal reforma. Queremos una reforma agraria popular, lo que implica la democratización del acceso a la tierra, el uso generalizado de prácticas agrícolas sostenibles, una educación liberadora y relaciones humanas libres de explotación. Es imposible producir alimentos «saludables» en una tierra tan marcada por la explotación. Luchamos por una reforma agraria que sea un proyecto nacional popular, en el que haya diversidad, justicia social y en el que el colonialismo cultural y económico que aún impera en Brasil sea cosa del pasado.

NICOLAS ALLEN

Usted habló sobre el futuro de la izquierda brasileña en la era pos-Lula. ¿Dónde ve al MST en ese escenario futuro?

JOÃO PAULO RODRIGUES

En el futuro inmediato, el MST planea unir fuerzas con el ala izquierda del movimiento de Lula. Más allá de eso, el movimiento se integrará a la izquierda de manera más amplia a medida que Brasil entre en el período posterior a Lula. Pero el MST no es un partido y no se convertirá en uno.

Sin embargo, nuestro objetivo es luchar en tres frentes políticos en los próximos cinco años. El primero es el frente de la lucha por la tierra. El MST se debe consolidar, fortalecer y establecer como una organización que lucha por la tierra. Para nosotrxs, la lucha por la tierra es fundamental. Hay cien millones de hectáreas de tierra en juego en Brasil, y debemos disputar esa agenda junto con los pueblos indígenas y los quilombolas (descendientes de afrobrasileños que escaparon de la esclavitud).

Quien controla la tierra controla el futuro de Brasil. Que no quepa duda de ello. En Brasil, la tierra es sinónimo de producción de alimentos, conservación del medio ambiente y cuidado de la naturaleza. Para ello, pienso que el MST tendrá que ganar fuerza y centrar su atención en aquellas regiones conflictivas que aún están en disputa en la llamada frontera agrícola, en la Amazonia, Matopiba o incluso en el Cerrado, donde tenemos menos presencia.

El segundo frente de lucha es lograr convertirnos en una fuerza económica importante en la producción de alimentos nutritivos. En un futuro no muy lejano, el MST se enfrentará cara a cara con las grandes empresas agrícolas industriales en la disputa por la hegemonía alimentaria. Puede que solo tengamos diez millones de hectáreas, frente a los sesenta millones que controlan las grandes empresas agrícolas, sin embargo, tenemos algo que ellos no tienen: mano de obra. Hay más de dos millones de trabajadorxs rurales que viven y trabajan en los asentamientos del MST.

Es por eso que esperamos que nuestra política de cooperativas, agroecología y producción de alimentos se convierta en una poderosa fuerza económica en los próximos años. De esa manera, la sociedad verá a la izquierda como un modelo alternativo de desarrollo económico y social. Nuestra lucha no es solo ideológica para combatir el hambre, es una forma de vida alternativa y un modelo que puede abordar la organización de las ciudades e incluso la creación de empleo a nivel nacional.

Con el fin de cumplir esa tarea, el MST impulsará nuevas alianzas público-privadas, que combinen el apoyo del Estado con pequeñxs empresarixs que deseen asociarse con el MST para crear empresas agrícolas medianas. Debemos construir una base económica y demostrar a toda la sociedad brasileña que el MST no es solo una visión ideológica, sino un proyecto nacional.

En definitiva, el MST y otros partidos de izquierda disputarán la representación en todas las instituciones políticas. Necesitamos tener más concejales, alcaldes, parlamentarixs, representantes estudiantiles de izquierda, más personas en todos los espacios institucionales para que el Estado sea democrático y responda mejor a las necesidades de la clase trabajadora. No podemos renunciar a ningún espacio de gobierno porque hay una fuerza de extrema derecha esperando entre bastidores que es mucho más feroz de lo que cualquiera de nosotros puede imaginar.

NICOLAS ALLEN

¿Podría decirnos algo más sobre la relación entre el MST y el Estado? La causa principal del movimiento, la reforma agraria, se promueve mediante la ocupación autónoma de tierras. Pero, en última instancia, la reforma agraria depende de una política estatal favorable, ¿no es así?

JOÃO PAULO RODRIGUES

La relación entre la reforma agraria y el Estado es y siempre ha sido tensa. Desde el punto de vista histórico, el Estado brasileño se fundó con el objetivo consciente de impedir que se lleve a cabo la reforma agraria. En realidad, las mejoras en la cuestión de la concentración de la tierra solo se han producido como resultado de conflictos violentos y matanzas, como ocurrió durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso. Durante el gobierno de Dilma, hubo muy pocos asentamientos y los acuerdos políticos se mantuvieron precarios. Bajo la administración de Lula, ha habido muy pocos avances concretos.

Dicho esto, el Estado es el único que puede implementar la reforma agraria. Esa es la contradicción con la que vivimos: no tenemos otra alternativa que dialogar.

NICOLAS ALLEN

¿Qué opina del MST y los movimientos urbanos? ¿Cómo se ve el movimiento en relación con las luchas políticas urbanas?

JOÃO PAULO RODRIGUES

En primer lugar, diré unas palabras sobre las ciudades brasileñas. Las zonas urbanas plantean tres retos específicos para la izquierda en su conjunto. En primer lugar, la ciudad ya no es el lugar de la hegemonía política de la clase trabajadora, como ocurría en la década de 1980. El movimiento sindical brasileño solía tener una presencia muy fuerte en las grandes ciudades y estaba muy organizado en el mundo laboral. Hoy en día vemos cómo todo eso se desmorona debido a un proceso continuo de precariedad en el mundo laboral, muchas veces a través de aplicaciones y otras formas de organización laboral precaria.

En segundo lugar, la población pobre de Brasil se concentra en su gran mayoría en la periferia urbana, una zona controlada por milicias y el tráfico organizado de drogas. Esto dificulta en gran medida establecer una relación más estructural con la clase trabajadora urbana. Los traficantes y las milicias tienen mucho poder y dinero, y recurren a la violencia de una forma que la izquierda, en su estado actual, no está preparada para afrontar.

Por último, las iglesias evangélicas están realizando el tipo de labor social en la periferia urbana que antes llevaba a cabo el ala izquierda de la Iglesia católica brasileña. De este modo, hay tres cuestiones —las milicias, la precariedad y la iglesia evangélica— que, en conjunto, dificultan que se pueda llegar a la periferia con un programa de izquierdas.

El reto para el MST es descubrir cómo trasladar nuestra experiencia con los asentamientos y los campamentos a un programa urbano. ¿Cómo podemos aplicar esta experiencia a la ciudad a través de cooperativas y la producción de alimentos?

Esta tarea, la debemos llevar a cabo sin entablar una relación paternalista, de tipo asistencialista. Necesitamos llegar a una generación de jóvenes y trabajadorxs que compartan de manera genuina nuestra creencia de que el mundo del trabajo y la alimentación deben estar en el centro de nuestra política. Pero, una vez más, solo podremos hacerlo si la izquierda presenta una visión seria de la reforma urbana. Hasta que la izquierda no sea capaz de abordar los problemas clásicos (la pobreza, la desigualdad, la vivienda, la seguridad pública, la salud, etc.), nuestras posibilidades serán limitadas.

NICOLAS ALLEN

¿Los cambios que se dieron en el mundo laboral han afectado la visión estratégica del MST?

JOÃO PAULO RODRIGUES

La clase trabajadora siempre se está adecuando a los cambios en el mundo laboral, desde que lxs trabajadorxs de la época de Ford se adaptaban a las fábricas. El problema hoy es que la precariedad laboral es cada vez peor. La clase trabajadora brasileña es muy precaria y está muy empobrecida.

Más de la mitad de la clase trabajadora brasileña está empleada sin contrato formal y la mayoría vive con menos de tres salarios mínimos (menos de 900 dólares). Esto quiere decir que es muy pobre y tiene grandes dificultades para organizarse debido a la precariedad del trabajo informal y de temporada. Por lo tanto, no veo en las condiciones actuales de la clase trabajadora ningún indicio de que vaya a surgir una nueva forma de organización a medio o incluso a largo plazo. Si la miseria diera lugar a nuevas formas de organización laboral, África como continente ya habría tenido una revolución. En cambio, vemos lo contrario: la pobreza genera más pobreza.

No hemos sido capaces de proponer una reforma laboral brasileña que se limite a garantizar unas condiciones mínimas de vida. Lo único que vemos son nuevas formas de explotación y desorganización en el mundo laboral. Estamos atrapadxs por las nuevas tecnologías y las nuevas formas capitalistas de explotación, que nos obligan a luchar por sobrevivir.

El MST va a seguir organizando a lxs trabajadorxs rurales para enfrentar esos desafíos. A corto plazo, necesitamos atraer a una nueva generación de jóvenes que no sean solo campesinxs o agricultorxs, sino que quieran formar parte de cooperativas de trabajo y producir alimentos orgánicos. Nuestro reto es crear un nuevo modelo de reforma agraria en el que la gente pueda dedicar parte de su tiempo a trabajar en el campo y mantener otro tipo de empleo en la ciudad.

Por otra parte, Brasil tiene casi pleno empleo. Sin embargo, la pobreza no disminuyó y la vida de las personas no mejoró. Por el contrario, sus condiciones de vida empeoraron. ¿Por qué? Debido a que el empleo es muy precario y las personas no pueden cubrir los costos de vida tan elevados con los salarios actuales. Muchxs trabajadorxs brasileñxs ni siquiera pueden adquirir alimentos de primera necesidad.

NICOLAS ALLEN

¿Qué puede ofrecer el MST ante esos desafíos?

JOÃO PAULO RODRIGUES

A menudo escuchamos a lxs magnates brasileñxs decir que hay escasez de trabajadorxs en el mercado laboral debido al programa Bolsa Familia y otras políticas federales de asistencia social. La élite brasileña detesta a Lula porque cree que la asistencia del gobierno hace que la gente se sienta cómoda y pierda interés en el trabajo. La realidad es que la clase trabajadora, en especial lxs trabajadorxs jóvenes, no quiere ser explotada con salarios de miseria. El sector servicios se queja de la escasez de mano de obra, pero no se da cuenta de que lo que lxs trabajadorxs quieren es un empleo y un salario digno. Lxs trabajadorxs de hoy quieren que se acabe la semana laboral de seis días, quieren derechos laborales e ingresos compatibles con el costo de la vida.

Lxs trabajadorxs rurales ya no están dispuestos a ser explotadxs por lxs grandes terratenientes y obligadxs a trabajar en condiciones análogas a la esclavitud. Mientras sigan existiendo tantas manos sin tierra y tanta tierra en manos de tan pocxs, las ocupaciones del MST continuarán. La reforma agraria es un proyecto de emancipación para la clase trabajadora explotada, que ve en la ocupación de la tierra la única vía para alcanzar una vida digna, para tener un trozo de tierra en el que vivir, cultivar y cosechar.

La izquierda solo es una fuerza política viable en la medida en que mantenga su influencia en el mundo laboral. Y ese es un proyecto político que requiere movilizar a lxs pobres, pero también abordar los problemas de la clase media. Tenemos que estar a la altura de las circunstancias y enarbolar la bandera del trabajo, o estaremos fallando en nuestra labor como marxistas.

Otro desafío será la intervención en cuestiones ambientales. La izquierda no puede caer en posturas ecologistas, diciendo cosas como «la naturaleza es un santuario» y fingiendo que el mundo natural no debe servir para el bienestar de la humanidad. Pero la izquierda tampoco puede caer en la retórica desarrollista perezosa que dice que podemos destruirlo todo a cualquier precio en nombre del progreso. Afortunadamente, la izquierda ha avanzado en este frente.

Pero las circunstancias no serán sencillas. Los movimientos populares y las organizaciones de izquierda brasileñas deberán resistir a corto plazo solo para defender el gobierno de Lula. A medio plazo, durante los próximos cinco años, deberán comenzar a sentar las bases para la transición que se avecina, lo que implicará presentar una visión nacional capaz de derrotar a la derecha.

João Paulo Rodrigues es líder nacional del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST).

Nicolas Allen es editor encargado de Jacobin y estudiante de doctorado en Historia Latinoamericana en la Universidad Stony Brook (SUNY).

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanFrenchItalian (Standard)TurkishRussianArabicHindi
Author
Nicolas Allen
Translators
Eugenia Lahoz, ProZ Pro Bono and Maria Inés Cuervo
Date
22.01.2026
Source
JacobinOriginal article🔗
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