Aún no habían terminado de desmantelar sus casas ni de cargar sus pertenencias en camiones cuando pastorxs israelíes, muchxs de ellxs armadxs, irrumpieron entre las viviendas con cientos de ovejas, apoderándose del fértil valle de Ras Ain al-Auja.
Desde el 10 de enero, decenas de familias palestinas de la aldea, situada al norte de la ciudad de Jericó, en la Cisjordania ocupada, han sido expulsadas por la fuerza de las tierras en las que han vivido durante generaciones, en medio de niveles récord de violencia y despojo de tierras perpetrados por colonxs con respaldo estatal.
Ras Ain al-Auja fue en su momento una de las aldeas beduinas palestinas más grandes de toda Cisjordania, con una población de 1,200 habitantes. Hasta hace poco, era la última aldea beduina que quedaba entre las gobernaciones de Ramala y Jericó, ya que otras comunidades de este tipo ya han ya sido desplazadas por la fuerza y desaparecidas del mapa en los últimos años.
Ahora, la mayoría de las 120 familias de Ras Ain al-Auja también han sido expulsadas.
“Hemos estado sufriendo durante más de dos años. Ya no aguantamos más”, declaró Salameh Mahmoud Salameh, portavoz de la aldea, a Mondoweiss desde el lugar. “Hemos estado viviendo bajo un asedio de colonxs. Hemos llegado a un punto en el que, si tu hijx se enferma, no puedes llevarlo al médico”.
Mientras empacaba sus pertenencias, Salameh describió cómo él y su familia quedaron aisladxs del resto de la aldea y se les negó el acceso a sus fuentes de agua y a la mayoría de los suministros básicos. “Ya no podemos quedarnos. Tenemos miedo por nuestrxs hijxs y nuestras familias. Nos atemoriza que quemen nuestra aldea”, dijo.
“Sentimos que estamos reviviendo 1948 y 1967, y que nos dirigimos hacia un destino desconocido”, añadió Salameh, en referencia a las expulsiones masivas de palestinxs ocurridas en esos años.
La escena en Ras Ain al-Auja está dominada por el dolor y una indignación cruda. Jóvenes y ancianxs trabajan codo a codo, desmontando sus propias vidas, rescatando lo que pueden cargar mientras su existencia es borrada en tiempo real.
En los últimos dos años, Ras Ain al-Auja ha experimentado un marcado aumento de la intrusión de colonxs en la vida de sus habitantes, la cual se ha intensificado hasta convertirse en una realidad cotidiana: colonxs armadxs y enmascaradxs descienden sobre la aldea noche tras noche, allanando casas, golpeando a lxs residentes, robando ovejas y sembrando el terror entre las familias. Entre agosto de 2024 y mayo de 2025, más de 2200 ovejas fueron sustraídas en al menos cinco ataques. Alrededor de 1500 fueron robadas en una sola noche.
“Nuestras casas, nuestra tierra, nuestras ovejas, todo se ha ido. Nuestrxs hijxs están traumatizadxs de por vida”, dijo a Mondoweiss Muhammad Hreizat, un residente que enfrenta el desplazamiento. “Durante más de una semana hemos estado demoliendo nuestras casas con nuestras propias manos. Esto no es voluntario. Lxs colonxs nos obligaron. El gobierno de Netanyahu nos obligó”.
Hace una pausa y luego formula la pregunta que pesa sobre toda la aldea: “Estamos en una situación horrible. ¿A dónde se supone que nos vayamos?”
“Esto es una nueva Nakba”, añade. “No necesitamos ayuda humanitaria. Necesitamos que la gente se ponga de nuestro lado, que nos ayude a defendernos y a defender nuestra tierra”.
Desde la llegada al poder del actual gobierno israelí en 2022, colonxs israelíes armadxs e ilegales, financiadxs directamente por el Estado, han estado expulsando por la fuerza a aldeas palestinas, construyendo “puestos pastoriles” ilegales y apoderándose de grandes extensiones de tierra a un ritmo sin precedentes. Más recientemente, la aldea palestina de Yannoun, en el norte de Cisjordania, fue vaciado por completo de sus habitantes tras meses de ataques de colonxs israelíes.
Las aldeas y comunidades beduinas palestinas han sido las más golpeadas: más de 60 comunidades han sido expulsadas y erradicadas por completo, la mayoría de ellas después del inicio del genocidio en Gaza.
Durante este periodo, altxs funcionarixs israelíes han impulsado abiertamente la anexión unilateral de la Cisjordania ocupada, en violación del derecho internacional, declarando de forma explícita una política de apartheid de “máxima tierra, mínima [población] palestina”.
Rasmiyeh Ali, una mujer de edad avanzada que enfrenta el desplazamiento en Ras Ain al-Auja, le comentó a Mondoweiss que hace aproximadamente un mes lxs colonxs intentaron incendiar las casas de su comunidad.
“El otro día persiguieron a nuestrxs hijxs con un tractor en un intento por atropellarlxs”, relató Ali, con décadas de sufrimiento reflejadas en el rostro. “Si no hubiera sido por lxs activistas extranjerxs que los protegían, lxs habría embestido”.
Jamal Jumaa, coordinador de la campaña popular contra el Muro del Apartheid, considera que es importante no ver el traslado forzoso de lxs palestinxs como obra exclusiva de lxs colonxs.
“Esto es terrorismo de Estado”, dijo Jumaa a Mondoweiss. “Estos esfuerzos cuentan con el apoyo formal de la potencia ocupante, que utiliza a lxs colonxs para ejecutar sus planes”.
Al menos el 90 por ciento del Valle del Jordán ya está bajo el control directo del Estado israelí y de lxs colonxs. En junio de 2024, el ejército israelí declaró 12,000 dunams de tierra palestina en el Valle del Jordán (donde se encuentra Ras Ain al-Auja) como “tierra estatal”. Fue la mayor incautación de tierras en Cisjordania ocupada desde los Acuerdos de Oslo a principios de la década de 1990.
Mientras tanto, en los últimos años, el gobierno israelí y otras organizaciones cuasiestatales como la Organización Sionista Mundial (WZO) y el Fondo Nacional Judío (JNF) han financiado la construcción de puestos ilegales y les han proporcionado servicios básicos por un monto superior a los 26 millones de dólares.
Pero el impacto de la erradicación de Ras Ain al-Auja y su apropiación por parte de lxs colonxs va mucho más allá de la propia aldea. La zona era muy popular entre lxs palestinxs por el hermoso manantial cercano, del cual toma su nombre la aldea. El manantial nace en las laderas orientales de las montañas de Ramala y al-Bireh, y sus canales de agua se extienden por más de 27 kilómetros, alimentando numerosos oasis y arroyos en el Valle del Jordán.
“La ocupación quiere esta zona porque es un sitio turístico local”, dijo Zayed. “En primavera, la gente venía aquí en autobuses llenos”.
Ahora, toda el área está ocupada por colonxs, y el manantial ha quedado fuera del alcance de cualquier palestinx.
Si bien Israel es la causa principal de la erradicación continua de Ras Ain al-Auja, muchxs habitantes de la aldea señalan que las autoridades palestinas también han fallado en actuar.
“No hubo ninguna intervención del gobierno ni de la gobernación de Jericó”, dijo Zayed. “Estas personas no tienen alternativa. Estamos en pleno invierno. Si me voy, ¿cómo voy a asegurar que mis hijxs continúen sus estudios? Tenemos familiares con discapacidad, ¿a dónde voy a llevarlos? Nadie está con nosotrxs. Nuestras zonas están completamente marginadas”.
Jumaa coincide.
“Estas personas necesitaban protección. Es responsabilidad de la Autoridad Palestina cumplir ese papel”, afirmó. “Pero están eludiendo todas sus responsabilidades”.
“Existe una gran responsabilidad por parte de quienes se consideran representantes del pueblo palestino”, continuó Jumaa. “Sin embargo, simplemente están dejando a la gente a su suerte”.
Zena al-Tahhan es periodista y reportera independiente de televisión, radicada en Jerusalén ocupada.
