La administración Trump está apretando el cerco alrededor de Cuba.
A finales de enero, la Casa Blanca firmó una nueva orden ejecutiva que intensifica el asedio, autorizando sanciones, interdicciones y aranceles a cualquier país que suministre combustible a la isla. Washington lo llama «presión máxima». En la práctica, esto significa petroleros incautados en el mar, vuelos cancelados y canales financieros congelados.
Las importaciones de combustible se detienen en alta mar. Los aeropuertos se quedan sin combustible. Los hospitales racionan la electricidad. Los autobuses permanecen parados en sus cocheras.
En toda la isla, la vida cotidiana se ve obligada a dar marcha atrás: rutas canceladas, clínicas a oscuras, farmacias vacías, familias contando litros de gasolina y horas de luz.
Así es como se ve el castigo colectivo.
Y cuando los gobiernos imponen el sufrimiento como política, la solidaridad se convierte en un deber.
Por eso, esta semana, una coalición internacional de movimientos, sindicatos y organizaciones de base anunció la Flotilla Nuestra América, una misión marítima que transportará alimentos, medicinas y suministros esenciales a través del Caribe al pueblo cubano.
Uno de los organizadores, que participó en la flotilla del año pasado a Gaza, David Adler, dijo: «Cuando los gobiernos imponen un castigo colectivo, la gente común tiene la responsabilidad de actuar: romper el asedio, llevar alimentos y medicinas, y demostrar que la solidaridad puede cruzar cualquier frontera o mar».
En todo el hemisferio, otrxs aliadxs de la Flotilla dicen lo mismo. La diputada colombiana María Fernanda Carrascal afirma que es sencillo: «Cuando a un vecino se le niega el combustible, las medicinas y los alimentos, la solidaridad se convierte en un deber». En los Estados Unidos, la congresista Rashida Tlaib ha advertido que esta política de estrangulamiento «no representa al pueblo estadounidense».
La iniciativa sigue el ejemplo de las flotillas que desafiaron el asedio de Gaza: ciudadanxs que se negaron a permitir que los bloqueos dictaran quién come y quién pasa hambre. Desde Ciudad de México hasta Bogotá, pasando por Barcelona y Detroit, voluntarixs se están ofreciendo para tripular barcos, reunir suministros y abrir nuevas rutas de solidaridad.
Y la respuesta ya ha tocado una fibra sensible. La cobertura (El Diario, El País, Common Dreams, La Jornada, The National, Telesur, Diario Red) se ha extendido por todo el mundo. Miles de personas han escrito para unirse a la misión. Trabajadorxs, parlamentarixs y organizadorxs se hacen la misma pregunta: ¿cómo podemos ayudar a que esto salga adelante?
Porque esta flotilla llevará más que ayuda.
Llevará un mensaje: que el pueblo cubano no está solo y que el castigo colectivo se enfrentará a la solidaridad colectiva.
Si ellos construyen un bloqueo, nosotros construimos una flotilla.
El Tribunal Superior del Reino Unido ha anulado la prohibición del gobierno sobre Palestine Action en virtud de las leyes antiterroristas. En un caso presentado por la cofundadora de Palestine Action, Huda Ammouri, los jueces fallaron en contra de la proscripción de Palestine Action como organización terrorista. Tras la proscripción de Palestine Action en virtud de la legislación antiterrorista, que tipifica como delito expresar apoyo al grupo, castigado con 14 años de prisión, la policía ha detenido a más de 2000 manifestantes pacíficos que portaban pancartas con el lema «Me opongo al genocidio, apoyo a Palestine Action». La noticia llega después de que un jurado británico se negara a condenar a seis activistas pro-Palestina —que irrumpieron en una fábrica de Elbit Systems en Filton, Inglaterra, para desmantelar la maquinaria de guerra de Israel— por ninguno de los cargos que se les imputaban. El gobierno del Reino Unido está tratando de reducir los derechos a un juicio con jurado. La secretaria del Interior, Shabana Mahmood, defendió la prohibición de Palestine Action y prometió apelar la decisión del tribunal.
El presidente colombiano y miembro del Consejo de la IP, Gustavo Petro, sobrevivió esta semana a un intento de asesinato. Su helicóptero se vio obligado a sobrevolar el mar durante cuatro horas para evitar a hombres armados antes de aterrizar en un lugar no previsto.
