Labor

Trabajadorxs de Namibia: punta de lanza en su lucha por la independencia

Los movimientos obreros de Namibia, que históricamente han sido parte fundamental de la resistencia anticolonial a través de las huelgas y la solidaridad obrera, han funcionado con una reducida influencia y poder de convocatoria desde que el país logró la independencia en 1990.
Aunque el accionar obrero colectivo en Namibia —desde las primeras huelgas mineras hasta la huelga general masiva de 1971-72— fue esencial para contrarrestar el dominio alemán y sudafricano, el movimiento obrero ha perdido consistencia desde la independencia en 1990. Entre los factores decisivos están la supeditación de los reclamos obreros a los objetivos nacionalistas de liberación, la brutal represión estatal que decapitó a la dirigencia inicial y, tras la independencia, la captación de activistas sindicales para ocupar cargos gubernamentales, así como la mengua de las donaciones provenientes del apoyo internacional.

Los movimientos obreros en Namibia han perdido consistencia durante las últimas décadas, desde que el país logró la independencia de Sudáfrica en 1990. Esto no fue siempre así. El accionar obrero colectivo, tanto espontáneo como organizado, ha tenido una larga historia en el país como un segmento relevante de la resistencia anticolonial.

 Con sus trayectorias enquistadas en una economía política basada en el colonialismo de asentamiento, el capitalismo racial y el extractivismo, las organizaciones nacionalistas emergentes de Namibia de mediados del siglo xx crecieron a través de una extensa tradición de protesta y resistencia colectivas. La movilización de trabajadores namibios constituyó un factor importante en la lucha que culminó en la liberación del dominio de Sudáfrica poco antes de la caída del propio apartheid sudafricano.

«Okaholo»

Namibia se convirtió en una colonia del Imperio alemán en 1884. Para diciembre de 1893, ya había registros de la primera huelga en una mina en Gross Otavi. Cuando las potencias aliadas despojaron a Alemania de sus colonias después de la Primera Guerra Mundial, la Liga de las Naciones encomendó la gestión de Namibia a la Unión Sudafricana.

De forma sistemática, Sudáfrica implementó su política manifiesta de segregación racial en Namibia con el objetivo de extraer la mayor cantidad de riqueza posible de la colonia, tal y como lo había hecho Alemania con anterioridad. Como el flujo de mano de obra era un asunto de primer orden, la gestión sudafricana estableció estructuras políticas en el norte y un distintivo sistema de servidumbre por contrato mediado por el Estado, que determinó la economía colonial y las jerarquías sociales de Namibia hasta después de su independencia.

Aunque los salarios eran invariablemente muy bajos, trasladarse con el fin de proveer mano de obra migrante para la extracción minera, las industrias pesqueras y las granjas del centro y sur de Namibia pasó a ser una experiencia definitoria en la vida fundamental de los habitantes de las regiones norteñas. Entre las décadas de 1930 y 1980, los hombres de la etnia Ovambo solían pasar una gran parte de su vida adulta trabajando lejos de su hogar. En 1938, de 47 275 personas que representaban el total de la mano de obra negra, los trabajadores por contrato de servidumbre ya constituían el 43 por ciento; para 1971, la cifra era del 83 por ciento.

El sistema era gestionado por la agencia de reclutamiento South West African Native Labour Association (Asociación de Trabajadores Nativos del Sudoeste de África —SWANLA—, por su sigla en inglés). Localmente, se lo conocía como «omutete wOkaholo», cuyo significado literal es «hacer fila para el disco de identidad», en referencia a los brazaletes de cobre o plástico que mostraban el número de identificación y que se colocaban en la muñeca a los trabajadores por contrato apenas eran incorporados.

El sistema por contrato imponía y operaba prácticamente bajo condiciones de trabajo forzado de manera implícita. No había un horario laboral periódico o semanal estipulado. Llanamente, el trabajador estaba obligado a «prestar su servicio al amo en todo momento que fuera necesario». Los trabajadores por contrato eran alojados en complejos destinados a hombres «solteros». En simultáneo, las mujeres en el norte quedaban a cargo de llevar adelante la producción agrícola y la crianza de la familia sin ayuda.

El aborrecido sistema de servidumbre por contrato constituyó uno de los principales motivos del surgimiento del nacionalismo namibio. Comenzó con los trabajadores de todo el norte que fueron reclutados para trabajar en las minas de oro de Sudáfrica, en donde los salarios también eran bajos, pero bastante mejores que en Namibia.

De Ciudad del Cabo a Namibia

Trabajar en Sudáfrica posibilitó que lxs trabajadorxs tuvieran acceso a la educación política y a las prácticas de protesta. Para mediados de la década de 1950, se estima que había 200 trabajadorxs namibixs viviendo en Ciudad del Cabo. La mayoría había desertado del trabajo por contrato y permanecía en la ciudad de manera ilegal. Si les descubrían, corrían peligro inminente de ser detenidxs y deportadxs.

Lxs namibixs en Ciudad del Cabo forjaron una estrecha comunidad. Cada domingo, se reunían en una barbería en Somerset Road que pertenecía a Timothy Nangolo, un exiliado namibio. Desde allí, enfilaban hacia el Grand Parade, la plaza pública principal, a escuchar los discursos políticos dominicales que brindaban lxs integrantes de la oposición al apartheid, entre quienes figuraban renombradxs socialistas de Ciudad del Cabo.

Andimba Toivo ya Toivo, quien llegó a liderar a lxs trabajadorxs namibixs, ingresó en la Modern Youth Society («Sociedad Moderna de la Juventud» —MYS, por su sigla en inglés—), un grupo en su mayoría socialista y racialmente heterogéneo. Lxs namibixs en Ciudad del Cabo contaron con el apoyo especial del intelectual radical Jack Simons y de su esposa, la sindicalista Ray Alexander, quienes les proporcionaron educación política y un entorno inclusivo y antirracista.

En agosto de 1957, lxs namibixs crearon el Ovamboland People’s Congress («Congreso de los Pueblos de Ovambolandia» —OPC, por su sigla en inglés—), que luego pasó a ser la Organización de los Pueblos de África del Sudoeste (SWAPO, por su sigla en inglés). Lxs fundadorxs del OPC redactaron una solicitud formal que fue enviada a las Naciones Unidas. Con la firma de ya Toivo y ochenta miembros más, exigía que la autoridad de Sudáfrica fuera revocada y que la gestión de Namibia quedara a cargo del Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas (UN Trusteeship Council).

De forma notable, lxs firmantes también pidieron la abolición del odiado sistema de trabajo por contrato. Reclamaron por el derecho de las mujeres a migrar junto con sus esposos a su lugar de trabajo y solicitaron que las mujeres solteras del norte de Namibia tuvieran permiso de buscar trabajo en las regiones sureñas.

Al principio, el OPC fue el resurgimiento político de una «hermandad» de larga data, establecida entre los trabajadores mineros para preservar su bienestar, seguridad social y necesidad de recreación. Englobaba un sentido absoluto de solidaridad, unidad y respaldo mutuo entre lxs trabajadorxs por contrato, y constituyó el terreno desde donde elaborar declaraciones respaldando las respuestas colectivas frente a empleadores y gobiernos.

En abril de 1959, la actividad nacionalista llegó hasta la propia Namibia con la reinauguración del OPC bajo el nombre de OPO (Organización del Pueblo de Ovambolandia). Tanto en Windhoek como en Ciudad del Cabo, parte de la dirigencia del grupo albergaba objetivos políticos más amplios de liberación nacional. No obstante, para la militancia de base, las condiciones de lxs trabajadorxs atrapadxs por el sistema de servidumbre por contrato y la movilización en torno de los problemas laborales eran lo más importante.

Sam Nujoma, el líder en Windhoek que luego presidió el SWAPO, visitó Walvis Bay en junio de 1959 para encabezar reuniones en los complejos de trabajadorxs en la ciudad portuaria. Casi todos lxs trabajadorxs asistieron a escucharlo hablar de la necesidad de libertad y del fin del sistema por contrato. Finalizado este apasionado discurso, Nujoma les preguntó: «¿Se unen a la lucha para abolir la servidumbre por contrato?». Todxs respondieron en un grito: «¡Sí! ¡Sí! ¡Eso es lo que queremos!».

La OPO fue construida sobre estructuras informales de «hermandad» preexistente y sobre una extensa tradición de movilización obrera colectiva. A pesar de la brutal represión, habían existido movilizaciones obreras en las minas de Lüderitz, Tsumeb y Oranjemund casi todos los años entre 1946 y 1959. Lo mismo ocurrió en las fábricas de enlatado de pescado en Walvis Bay.

Desde 1949, los dirigentes de la Unión Internacional de Trabajadorxs de la Industria de Alimentos y del Comercio (UFCW, por su sigla en inglés), basada en Ciudad del Cabo, llevaron el sindicalismo gremial a Lüderitz Bay, el centro de enlatado de pescado más meridional de África del Sudoeste. Ray Alexander tuvo allí un papel decisivo en esta empresa en calidad de sindicalista, y habilitó un vínculo estrecho con el grupo OPC de Ciudad del Cabo junto con su esposo, Jack Simons. Durante la segunda mitad de la década del 1950, la industria de enlatado de pescado de Walvis Bay, unos 700 kilómetros al norte de Lüderitz, emergió como un importante núcleo de lucha sindical y movilización política.

Lxs trabajadorxs aguardaban impacientes a que la nueva dirigencia se enfrentara enseguida al sistema de servidumbre por contrato, o que, al menos, presionara a los jefes de las minas y fábricas para que mejoraran las condiciones. Helao Shityuwete, que trabajaba en Walvis Bay en ese entonces, rememoró que, a pesar del gran entusiasmo inicial, organizar a lxs trabajadorxs no siempre era tarea fácil.

Esto fue, en parte, debido a la interferencia del régimen colonial y a sus aliados entre los «jefes tribales». No obstante, lxs trabajadorxs también perdían la paciencia al ver que las condiciones no mejoraban con rapidez. A pesar de que la organización ostentaba el objetivo de ser la voz de lxs trabajadorxs, cuando la dirigencia de la OPO enfatizaba sus aspiraciones nacionalistas, esto no siempre tenía su correlato en los deseos de la militancia trabajadora.

El rechazo contra el sistema de servidumbre por contrato sirvió de impulso para la creación de organizaciones nacionalistas en Namibia. Sin embargo, en la década del 60, una represión brutal derivó en la detención a largo plazo de una parte de los líderes en Robben Island, mientras que otros miembros de la generación fundadora huyeron al exilio. El espíritu de la resistencia parecía quebrantado.  

Un rebrote de rebeldía

No obstante, el rencor que, en gran medida, había provocado el nacimiento del movimiento de liberación nacional, este continuó instigando revueltas y protestas. El rebrote comenzó con manifestaciones de estudiantes secundarios en agosto de 1971.

Cuando lxs líderes estudiantiles fueron expulsadxs de las escuelas en el norte del país y comenzaron a ejercer el trabajo por contrato, unieron fuerzas con activistas obrerxs y de la SWAPO para movilizarse contra el sistema de servidumbre por contrato bajo la consigna «Odalate Naiteke» («Romper el alambre»: en otras palabras, romper el sistema por contrato que mantenía a los trabajadores atados a sus jefes como con un alambre).

Esta consigna aunaba el resentimiento contra el sistema de servidumbre por contrato con el reclamo por la liberación. En diciembre de 1971, la huelga se desató de forma ampliamente espontánea. Aunque la convocatoria había sentado los cimientos, las movilizaciones ocurrieron sin un liderazgo jerárquico, y lxs trabajadorxs se negaron a reconocer líderes individuales. En su lugar, expresaron sus deseos de forma colectiva durante reuniones masivas.

La huelga empezó en las fábricas de enlatado de pescado de Walvis Bay, donde había 3200 trabajadorxs empleados. Nacieron vínculos entre distintos núcleos de trabajo por contrato. Hubo un acuerdo para llegar a un ultimátum el día 12 de diciembre.

Un domingo por la tarde, en una reunión masiva en Windhoek, lxs trabajadorxs decidieron que no irían a trabajar al día siguiente. El lunes 13 de diciembre, ningunx de lxs trabajadorxs Ovambo en Windhoek salió de sus complejos. A lo largo de Namibia, 16 000 trabajadorxs por contrato hicieron huelga para protestar contra el sistema.

Dos días más tarde, las autoridades deportaron a lxs trabajadorxs que participaron de la huelga a Ovambo, pero ellxs aprovecharon esta deportación forzada como una oportunidad estratégica y, al instante, organizaron un comité de huelga. El 10 de enero de 1972, tuvo lugar una reunión masiva a la que asistieron 3500 personas en el norte rural, donde lxs trabajadorxs deportadxs expusieron al sistema por contrato como una forma de «esclavitud», ya que lxs negrxs eran «comprados» por SWANLA y obligadxs a vivir en complejos «similares a cárceles».

Sus reclamos incluían la abolición del sistema de servidumbre por contrato, la libertad de elegir el lugar y el tipo de empleo, aumentos salariales y el permiso para que sus familias pudieran acompañarlos. Durante protestas solidarias de gran escala, estudiantes secundarios a lo largo de Namibia exigieron el fin de la ocupación sudafricana en su país.

La respuesta de las autoridades fue heterogénea. Hubo intentos parciales de abordar el rencor de lxs trabajadorxs mediante la abolición de la SWANLA, que sería reemplazada por un sistema de unidades de gestión de la mano de obra tribal. Sin embargo, el régimen colonial también aplastó la revuelta con métodos que restringieron severamente la expresión política y la movilización de forma severa.

Para mayo de 1972, había 267 personas detenidas en el marco de leyes de emergencia. En Windhoek, lox supuestxs «cabecillas» de la huelga fueron imputadxs por «intimidar» a los trabajadores para que no fueran a trabajar, aunque finalmente la acusación del Estado no prosperó.

La huelga masiva de 1971-72 fue un punto de inflexión en las políticas de resistencia anticolonial de Namibia. El reclamo de lxs trabajadorxs por la abolición del sistema de servidumbre por contrato y el fin de las estrictas regulaciones migratorias constituyó una ofensiva determinante contra el colonialismo del apartheid y el régimen laboral opresivo mediados por el Estado. Luego de una década de consentimiento forzado, la alianza de lxs trabajadorxs y lxs estudiantxs logró mejoras parciales.

En Ovambo, el rechazo al trabajo por contrato creció al punto de una revuelta generalizada. Lxs trabajadorxs que habían vuelto y otrxs residentes locales desmantelaron más de 100 kilómetros de la barrera que delimitaba la frontera entre Namibia y Angola. Una de las maniobras apuntó contra las postas de vacunación del ganado controladas por el gobierno, de las cuales muchas fueron incendiadas. La gente sospechaba que las vacunas suministradas por el Estado colonial del apartheid provocaban la muerte de sus animales en lugar de protegerlos de las enfermedades.

Como resultado del conflicto, cientos de jóvenes activistas huyeron al exilio para escapar de la represión. Entre ellos estaba Netumbo Nandi-Ndaitwah, la actual presidenta de Namibia, quien, luego de haber sido detenida, recibió su cumpleaños número 21 en prisión.

Movilización colectiva y nuevos sindicatos. 

Al contrario de la experiencia de Sudáfrica, el rebrote de acciones obreras colectivas no derivó en la formación de sindicatos gremiales. El sindicato The National Union of Namibian Workers («Sindicato Nacional de Trabajadores Namibios» —NUNW, por su sigla en inglés—), que había sido inaugurado de forma oficial en 1970, permaneció inactivo y, mayormente, no existía por fuera de los pronunciamientos de los líderes exiliados de la SWAPO. La mayoría de los trabajadores en Namibia no estaban organizados, aunque hubo reportes de remanentes de estructuras clandestinas del NUNW que sí operaban. 

Sin embargo, las movilizaciones de mediados de la década de 1980 dieron lugar a un movimiento obrero que, a pesar de haberse extinguido bastante pronto, fue potente. El nuevo movimiento no fue iniciado por los trabajadores de las industrias mineras ni manufactureras, sino por activistas comunitarios y el Consejo de Iglesias en Namibia (CCN, por su sigla en inglés), el cual desempeñó un papel esencial en la política de movimientos sociales de aquel momento.

A finales de 1984, lxs organizadorxs comunitarixs lideradxs por las trabajadoras sociales Rosa Namises y Lindi Kazombaue crearon el Workers’ Action Committee («Comité de Acción de lxs Trabajadorxs» —WAC, por su sigla en inglés—). Cuando Namises y Kazombaue trabajaban en el centro para el bienestar social de la Iglesia Católica en Windhoek, descubrieron que el lugar se vio desbordado con trabajadorxs quejándose de los problemas en sus lugares de empleo. Entre los reclamos figuraban los bajos salarios, los despidos sin causa y la falta de acuerdos de licencia, así como las condiciones de vida en general y la ineficacia en la provisión de viviendas y transporte.

Ambas organizadoras pidieron asesoramiento a la iglesia y a activistas de los sindicatos gremiales en Sudáfrica, a quienes conocían por vínculos en común. En primera instancia, organizaron una charla junto con un activista sudafricano que tenía experiencia dentro del sindicalismo gremial para decidir la mejor manera de abordar el padecimiento de los trabajadores. Esta reunión ocurrió a principios de 1985 y tuvo una concurrencia de casi 100 personas.

A partir de allí, el objetivo fundamental del WAC fue reunir información e instruir a lxs trabajadorxs acerca de sus derechos. Las activistas lo concebían más como un proyecto comunitario que como una práctica sindicalista gremial en el sentido ortodoxo.

El proyecto recibió un fuerte respaldo aproximadamente un año después, cuando muchos de lxs prisionerxs políticos namibixs en Robben Island fueron liberadxs y regresaron a Namibia. En cooperación con la SWAPO Youth League, establecieron un Comité Directivo de lxs Trabajadorxs a principios de 1986, el cual operó para la creación de un movimiento sindical.

El primer nuevo sindicato, el NAFAU (Sindicato de Trabajadorxs de la Alimentación y Afines de Namibia), quedó establecido en septiembre de 1986. Dos meses más tarde, le siguió el Sindicato de Mineros de Namibia (MUN), y la NUNW fue reconstituida en abril de 1987.

El enfoque comunitario de las actividades de organización laboral pronto convergió con —cuando no fue superado por— una perspectiva nacionalista. Cuando cerca de diez mil trabajadorxs concurrieron a una manifestación masiva del Primero de Mayo en 1987, la política nacionalista de «los de Robben Island» ya era una parte esencial de los sindicatos.

Ben Ulenga, un prisionero liberado de Robben Island, fue el secretario general del MUN y un actor crucial en la formación de los nuevos sindicatos. Ulenga subrayó la orientación nacionalista de los nuevos sindicatos, afirmando que «lxs trabajadorxs namibios nacieron con el colonialismo, y la resolución de sus problemas llegará con la resolución del problema colonial».

Tras la Independencia

Si bien Ulenga y sus camaradas admitieron la necesidad de que la lucha de lxs trabajadorxs continuara después de la independencia, la movilización decayó en seguida una vez que concluyó la retirada de Sudáfrica en 1990. Esto fue un producto del ocaso general de una política de movimientos sociales, antes vigorosa, que había sido fundamental durante los últimos años de la lucha por la liberación.

Las asperezas entre la SWAPO, que pasó a ser el partido gobernante, y las organizaciones de trabajadores, estudiantes y mujeres constituyeron un factor importante de esta evolución. La captación de activistas destacados con la intención de otorgarles cargos jerárquicos en la política y la administración pública debilitó aún más el movimiento obrero.

Ulenga, por ejemplo, ejerció como viceministro y embajador antes de renunciar finalmente a la SWAPO en 1998 y convertirse en cofundador de un nuevo partido opositor: el Congreso de Demócratas (COD, según su sigla en inglés). La disminución del apoyo económico también fue un factor de peso, ya que los donantes internacionales comenzaron a destinar sus fondos al respaldo del nuevo gobierno. Estas fueron algunas de las razones significativas del deterioro de los sindicatos gremiales de la NUNW en los años posteriores a la independencia.

Heike Becker es una antropóloga cuyas obras incluyen Namibian Women's Movement 1980 to 1992: From Anti-colonial Resistance to Reconstruction (El movimiento de mujeres de Namibia de 1980 a 1992: de la resistencia anticolonial a la reconstrucción).

Available in
EnglishPortuguese (Brazil)GermanFrenchItalian (Standard)ArabicSpanish
Author
Heike Becker
Translators
María Belén Caluque, Pablo Yanez Mena and Ma. Alejandra Padilla - LaCour
Date
09.04.2026
Source
JacobinOriginal article🔗
Progressive
International
Privacy PolicyManage CookiesContribution SettingsJobs
Site and identity: Common Knowledge & Robbie Blundell