Briefing

Boletín de la IP | N.º 13 | El Sur no espera

En Bogotá y Lahore, ministros, economistas, activistas y movimientos se reunieron para construir el programa —y el poder— de un Sur soberano.
En el decimotercer Boletín de la Internacional Progresista de 2026, te contamos desde Bogotá y Lahore, donde economistas, ministros, organizadores y movimientos se reunieron para hacer frente a la deuda, la guerra, la extracción y la dependencia, y debatir las instituciones de un nuevo orden internacional.

En Bogotá, la pregunta se planteó en el lenguaje de la política: deuda, comercio, tecnología, energía, finanzas, política industrial.

En Lahore, se planteó en el lenguaje de la lucha: imperio, guerra, sanciones, soberanía, organización, liberación.

El primer fin de semana de mayo, las dos ciudades se convirtieron en escenarios donde se debatieron y se enfrentaron diferentes visiones del orden mundial. En Bogotá, en el Palacio de San Carlos y el Centro de Convenciones Ágora, el Gobierno de Colombia, la Internacional Progresista y el Centro de Pensamiento Vida organizaron «Economía para la vida: hacia un Nuevo Orden Económico Internacional», un encuentro de ministrxs, economistas, funcionarixs públicxs, activistas e intelectuales que trabajan para convertir la demanda de un nuevo orden mundial en un programa concreto.

A 15 000 kilómetros de distancia, el Partido Haqooq-e-Khalq, miembro de la Internacional Progresista, y la Academia Popular de la IP convocaron la primera Conferencia Internacional Antiimperialista en Lahore, reuniendo a académicxs, organizadorxs y movimientos para desarrollar un análisis antiimperialista riguroso y adecuado al momento: uno que trace el camino de la lucha hacia la defensa del desarrollo soberano y la construcción del socialismo.

Las reuniones partieron de lugares diferentes.

Bogotá partió del trabajo del gobierno: presupuestos públicos, bancos centrales, estrategias industriales, arquitectura de la deuda, normas comerciales, transferencia de tecnología, sistemas energéticos. Lahore partió del trabajo de las fuerzas populares: educación política, solidaridad internacional, el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro y la lucha material en Palestina, Líbano, Yemen e Irán para desmantelar el viejo orden económico imponiendo los términos de uno nuevo. Bogotá se preguntó cómo los gobiernos podrían institucionalizar la soberanía, y Lahore se preguntó qué es lo que hace posible construir la soberanía en primer lugar.

Un pueblo no puede ser soberano si su tierra es tratada como una mina para empresas extranjeras, su mano de obra como un insumo barato para las cadenas de valor globales, su moneda como un blanco para la especulación, su presupuesto público como garantía para lxs acreedorxs, su tecnología como propiedad privada encerrada tras patentes, y sus decisiones políticas como una amenaza que debe ser castigada desde el extranjero.

El viejo orden está agotado. Pero un orden moribundo aún puede bombardear, sancionar, privatizar, disciplinar y encerrar. Aún puede subir los tipos de interés en Washington y provocar crisis de deuda en el Sur. Aún puede presentar una nueva carrera por los minerales como una transición verde. Aún puede llamar a cada experimento soberano de peligroso, a cada intervención pública una distorsión, y a cada demanda de redistribución un ataque a la confianza de lxs inversorxs.

En Bogotá, la conferencia se articuló en torno a cinco pilares de un Nuevo Orden Económico Internacional: clima, energía y recursos naturales; industria, trabajo y comercio internacional; dinero, deuda y finanzas; tecnología, innovación y educación; y gobernanza, multilateralismo y derecho internacional. Se elaboró un conjunto de propuestas de instituciones compartidas y medidas coordinadas que los gobiernos del Sur pueden adoptar de forma colectiva y unilateral para transformar la arquitectura económica mundial.

Durante décadas, al Sur se le ha dicho que espere: a la inversión, a la tecnología, al alivio de la deuda, al acceso a los mercados, a que el desarrollo se filtre a través de normas escritas en otros lugares. El Nuevo Orden Económico Internacional parte de la premisa opuesta: la liberación económica tendrá que planificarse, organizarse y aprovecharse.

A lo largo de las sesiones en Bogotá, se pusieron a prueba viejas certezas económicas. El ministro de Educación de Colombia, Daniel Rojas, cuestionó la idea de que los bancos centrales puedan anteponer el control de la inflación al empleo y las necesidades sociales, argumentando que las tasas de interés más altas transfieren los costos del sistema a lxs más pobres. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, preguntó si el crecimiento es suficiente si no responde a las preguntas: ¿crecimiento cómo, crecimiento para quién, crecimiento con qué fin?

La delegación internacional profundizó en este mismo punto. Jayati Ghosh, miembro del Consejo de la IP, mostró cómo el acceso al crédito, la tecnología, el conocimiento y los mercados globales se ha distribuido entre el gran capital, mientras que se ha negado a las economías emergentes, las cooperativas y las empresas solidarias. Pedro Rossi advirtió de que una transición verde sin soberanía industrial corre el riesgo de convertirse en «colonialismo verde»: el Sur suministra recursos mientras que el valor, la tecnología y el poder permanecen en otros lugares. Fadhel Kaboub describió la arquitectura: un sistema internacional que sigue asignando al Sur Global el papel de proveedor de materias primas, consumidor de bienes industriales y receptor de tecnologías obsoletas.

En Lahore, esa arquitectura recibió un nombre: imperialismo.

La Conferencia publicó la Declaración de Lahore, que rastreó el imperialismo a través de los mecanismos que buscan hacer imposible la soberanía. Las sanciones son «armas invisibles»: no son meros instrumentos punitivos, sino herramientas de des-desarrollo estructural que reorganizan sociedades enteras y formaciones de clase en consonancia con los imperativos imperialistas, operando en tándem con las condiciones del FMI y las reformas neoliberales nacionales para empoderar a las clases compradoras mientras se debilita la capacidad del Estado. Si la guerra busca destruir un Estado desde fuera, las sanciones producen un nuevo orden económico desde dentro, imponiendo la privatización y la austeridad fiscal que sirven a la misma agenda de des-desarrollo.

La Conferencia se enfrentó a la infraestructura ideológica que permite este proceso. Las herramientas utilizadas para deslegitimar los movimientos de liberación —tachando la resistencia de irracional, violenta y poco representativa— no se inventaron para Palestina. Se desarrollaron a lo largo de décadas de contrainsurgencia colonial, desde Malasia hasta Argelia, y hoy se están reutilizando con la misma precisión contra la resistencia en Asia Occidental —argumentos que se ven reforzados por marcos anticomunistas que ignoran el trabajo práctico de construcción de organizaciones populares necesario para hacer realidad un mundo nuevo.

La Conferencia también reafirmó al Estado como baluarte contra el imperialismo. Los Estados poscoloniales, independientemente de sus contradicciones internas, tenían un contenido social genuino: poner fin al drenaje colonial, construir infraestructuras, ampliar la educación y la sanidad, crear el único mecanismo disponible para la coordinación económica fuera del capital monopolista. Su destrucción —ya sea mediante el ataque militar o a través de la lenta erosión de las sanciones y el ajuste estructural— sirve al imperialismo, no al pueblo. Por eso el papel de la resistencia regional fue tan crucial: desafió directamente los circuitos y las tecnologías de la acumulación imperialista en toda la región, construyendo al mismo tiempo unorden jurídico posimperial.

Vistos en conjunto, Bogotá y Lahore representan dos intentos de trazar caminos hacia la transformación del orden mundial.

Bogotá demostró que el antiimperialismo debe institucionalizarse: finanzas públicas, estrategia industrial, planificación energética, coordinación de la deuda, intercambio de tecnología, reforma comercial, bloques regionales, nuevas arquitecturas jurídicas. Lahore demostró que esas instituciones solo pueden surgir, avanzar y, en última instancia, sobrevivir cuando cuentan con el respaldo de luchas de masas.

El Sur necesita ambas cosas: el poder organizado para resistir al enemigo y la capacidad de construir lo que vendrá después. Ese trabajo ya está en marcha.

En Colombia, un gobierno progresista está intentando que la economía responda a las necesidades de la vida: reindustrializar, descarbonizar, redistribuir, desarrollar la capacidad pública y conectar la transformación nacional con una lucha más amplia por las reglas del orden mundial. En Pakistán, trabajadorxs, campesinado y estudiantes están construyendo una política de poder popular en condiciones marcadas por la deuda, el militarismo, la crisis ecológica y la larga sombra de la intervención imperial.

Lo último del Movimiento

Pena de muerte para lxs palestinxs

En abril, la ocupación israelí instauró la pena de muerte exclusivamente para lxs palestinxs. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, celebró la votación en el Knesset con una botella de champán.

Esta práctica no es nueva. En 1937, el Mandato Británico instauró tribunales militares para dictar sentencias de muerte rápidas contra palestinxs condenadxs incluso por delitos menores. Entonces, como ahora, la pena está diseñada para aterrorizar a lxs palestinxs y hacer que sus vidas —y su resistencia a la ocupación colonial— sean insoportables.

Victoria de los trabajadores de Amazon en Alemania

En Frankenthal, Alemania, lxs trabajadorxs de Amazon han conseguido una mayoría histórica en el centro logístico FRA7, donde su sindicato, Ver.di, ha obtenido 12 de los 19 puestos del nuevo comité de empresa —un mandato para desafiar desde dentro del depósito el régimen de Amazon de cargas de trabajo excesivas, vigilancia, condiciones inseguras e impunidad de la dirección. Durante más de una década, Amazon se ha negado a negociar con Ver.di convenios colectivos sectoriales acordes con los estándares del comercio minorista alemán. Pero lxs trabajadorxs han seguido organizándose —a través de huelgas, movilizaciones en el lugar de trabajo y ahora la cogestión— para obligar a la empresa a respetar a las personas que hacen posibles las ganancias. La victoria es una señal para lxs trabajadorxs de Amazon de todo el mundo: el movimiento «Make Amazon Pay» está ganando fuerza, centro por centro, para conseguir salarios justos, trabajo seguro, derechos sindicales, justicia fiscal y el fin de la opresión de Amazon sobre lxs trabajadorxs, las comunidades y el planeta.

Nuestra historia

4 de mayo: la masacre de Kent State

La Guardia Nacional de Ohio mató a cuatro estudiantes universitarixs e hirió a otrxs nueve en el campus de la Universidad Estatal de Kent Un día de 1970. Masacradxs durante una manifestación contra la intervención imperialista de su gobierno en el sudeste asiático, la noticia de los asesinatos avivó nuevas manifestaciones en todos los países.

A lo largo de la primavera de 1970, más de cuatro millones de estudiantes se declararon en huelga en los Estados Unidos. La oleada de protestas paralizó las clases en cientos de escuelas y universidades, mientras lxs jóvenes hacían la demanda del fin de las guerras en Vietnam y Camboya. Funcionarixs de la Administración Nixon se referirían más tarde a la protesta como una «crisis sin precedentes» para la clase dominante en los campus universitarios.

Como parte de la «Operación Menu», los Estados Unidos lanzaron 2 756 941 toneladas de explosivos y 26 millones de bombas de racimo sobre 113 716 objetivos en Camboya entre 1965 y 1973. Para ponerlo en contexto, durante toda la Segunda Guerra Mundial, los Aliados lanzaron poco más de 2 millones de toneladas de bombas. En consecuencia, Camboya es uno de los países más bombardeados de la historia.

«Camboya es la Doctrina Nixon en su forma más pura», dijo el presidente Nixon en diciembre de 1971. Su justificación para bombardear Camboya «hasta devolverla a la Edad de Piedra», como se jactó un general de los Estados Unidos, era que eso mantendría a raya a las fuerzas enemigas para permitir que los Estados Unidos se retiraran de Vietnam y eliminaran a las fuerzas comunistas vietnamitas situadas al otro lado de la frontera.

«Tienen que entrar ahí, y me refiero a entrar de verdad», le dijo Nixon a Henry Kissinger. «No quiero helicópteros de combate, quiero helicópteros de transporte. Quiero que todo lo que pueda volar vaya allí y les dé una paliza. No hay límite de kilometraje ni de presupuesto. ¿Queda claro?»

Tras mantener en secreto la Operación Menu, el presidente Nixon anunció públicamente la expansión de la guerra de Vietnam a la vecina Camboya el 30 de abril de 1970. Antes de hablar, Nixon le dijo a su secretaria que «es posible que los campus se vuelvan locos después de este discurso». Tenía razón.

Al día siguiente estallaron las protestas en la Universidad Estatal de Kent. Lxs estudiantes enterraron una copia de la Constitución de los Estados Unidos para destacar que el Congreso no había declarado oficialmente la guerra. A medida que la manifestación crecía, las autoridades anunciaron el estado de emergencia y desplegaron a la policía con gas lacrimógeno para dispersar a lxs estudiantes. Esto solo reforzó su determinación y las protestas continuaron durante todo el fin de semana.

Refiriéndose a lxs estudiantes como «el peor tipo de gente que albergamos en los Estados Unidos», el gobernador de Ohio ordenó a 1000 miembros de la Guardia Nacional que ocuparan el campus de Kent State. Llegaron con bayonetas, escopetas y rifles de largo alcance para reprimir a 3000 estudiantes manifestantes desarmadxs. En la mañana del 4 de mayo, 28 soldados de la Guardia Nacional dispararon contra la multitud, lanzando unas 67 balas en menos de 15 segundos. Jeffrey Miller, Allison Krause, Sandy Scheuer y Bill Schroeder murieron. Tenían entre 19 y 20 años. «Fue como un pelotón de fusilamiento», recordó unx estudiante. Nunca se procesó a nadie por los asesinatos. Hasta la fecha, no ha habido ninguna investigación creíble, independiente e imparcial sobre la masacre.

Los asesinatos desencadenaron la mayor huelga estudiantil de la historia de los Estados Unidos. Las protestas se extendieron rápidamente mientras lxs jóvenes se manifestaban en solidaridad con lxs estudiantes de Kent State y la opinión pública se volvía en contra de la guerra de Vietnam. El 8 de mayo, por ejemplo, lxs estudiantes de Filadelfia marcharon hacia el Independence Hall, reduciendo la asistencia a los institutos ese día al 10 por ciento.

Los paralelismos entre la represión militarizada de las protestas universitarias de hoy y las de hace 50 años son evidentes. La violencia que los Estados Unidos exportan a Gaza ha vuelto a casa, igual que ocurrió con el sudeste asiático. En 1900, W.E.B. DuBois escribió: «Si, por descuido, prejuicio, codicia e injusticia, el mundo negro va a ser explotado, violado y degradado, los resultados serán deplorables, si no fatales, no solo para ellos, sino para los altos ideales de justicia, libertad y cultura que mil años de civilización cristiana han defendido ante Europa».

Hoy en día, sus palabras se aplican no solo a Europa, sino también a los Estados Unidos.

Comparte esta historia con este hermoso carrusel de Instagram.

5 de mayo: nace Karl Marx

Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, Alemania.

Revolucionario comunista, filósofo y economista, las enseñanzas de Marx siguen guiando las luchas por la liberación en todo el mundo.

Celebra el cumpleaños de Marx con este lindo carrusel de Instagram.

Arte de la Semana

Lester Rodríguez (1984, Honduras) es artista, profesor y cofundador de la Escuela Experimental de Arte, con sede en Bogotá, Colombia. La obra de Rodríguez es el resultado de una investigación continua sobre temas como la geografía, las crisis regionales y las cuestiones migratorias.

En el contexto de Dow Jones, a Rodríguez le interesaba la crisis económica, el impacto del discurso político en los flujos financieros y las repercusiones en la economía. Dow Jones recorre el gráfico bursátil desde diciembre de 2019 hasta diciembre de 2021, un periodo marcado por problemas interconectados pero aparentemente independientes, como la pandemia, los precios del petróleo, la invasión de Ucrania por parte de Rusia y la guerra comercial entre EE. UU. y China, que afectaron de manera desproporcionada a los países explotados.

Available in
EnglishPolishGermanSpanish
Date
08.05.2026
Progressive
International
Privacy PolicyManage CookiesContribution SettingsJobs
Site and identity: Common Knowledge & Robbie Blundell