Desde 2014, la política india entró en lo que ha sido ampliamente denominado el cuarto sistema de partidos, con el Partido Bharatiya Janata (BJP) como polo dominante que estructura cada vez más el campo de competencia, tanto a nivel nacional como estatal. Algunxs analistas se han preguntado periódicamente si esta dominación del BJP representa algo duradero y estructural, o si se trata de una dominación electoral más pasajera, construida y sostenida por el carisma personal de Modi.
Estas rondas de elecciones estatales deberían zanjar esa pregunta a favor de la dominación estructural. El revés que sufrió la Alianza Democrática Nacional (NDA) en las elecciones de 2024 sugirió que el atractivo carismático de Modi había empezado a retroceder desde las alturas vertiginosas de la década anterior. Sin embargo, el BJP tuvo un desempeño mucho mejor en el ciclo electoral de 2024-26 que en 2014-16, cuando Modi aún proyectaba el aura transformadora del vikas purush, o en 2019-21, cuando se convirtió en el mesías de lxs pobres que encarnaba una confianza popular sin igual. Solo en el ciclo actual el BJP logró llegar al poder en Odisha, Delhi y Bengala Occidental, el mayor premio de todos.
Por supuesto, el liderazgo de Modi sigue siendo importante: su capacidad para dirigir y gestionar la maquinaria del sistema de poder es real. Pero es la propia maquinaria —la estrecha articulación entre la organización partidaria, las redes del Sangh Parivar, los grandes grupos industriales y las instituciones estatales clave— la que impulsa el sistema de dominación del BJP.
En Haryana y Maharashtra, la movilización del Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) ayudó al BJP a frenar el fantasma del voto castigo —especialmente entre lxs Dalits— que acechaba a la alianza gobernante tras una década en el poder. De manera similar, en Bengala Occidental, el Sangh Parivar sentó las bases de la campaña del BJP para movilizar los agravios dispersos de castas y comunidades —como los de los Matua y los Rajbanshi— en un relato coherente a escala estatal sobre la exclusión hindú.
Además, durante este período el BJP construyó una arquitectura de poder que lo convirtió en el "partido natural de gobierno" —al estilo del período de dominación del Congreso Nacional Indio—. Los instrumentos de ese poder incluyen las alianzas informales ya mencionadas y el control sobre las instituciones públicas, a través de los cuales el BJP estructura el sistema de partidos a su favor: fractura facciones de los partidos rivales y coopta a sus dirigentes. Pero también manipula la maquinaria administrativa para profundizar el dominio ideológico del Hindutva.
El gobierno de Himanta Biswa Sarma convirtió la categoría del "inmigrante musulmán bangladesí" —léase: musulmán de habla bengalí— en el significante central que atraviesa el funcionamiento cotidiano de las instituciones burocráticas y la regulación pública de la tierra y los recursos. Esta categoría ocupa el núcleo de las políticas y prácticas del NRC, la figura del "votante D", los centros de detención, la delimitación territorial, las expulsiones forzadas, el control policial y la vigilancia. Los procedimientos gubernamentales convirtieron la distinción entre indígena (hindú) y foráneo (musulmán) en la idea organizadora de la sociedad asamesa: la lente con la que se imagina la vida colectiva y se interpreta el mundo político. El comunalismo del gobierno de Himanta va mucho más allá de los discursos de odio habituales: está integrado en la propia arquitectura del gobierno y en la forma en que la ciudadanía se relaciona con él.
En Bengala, la campaña del BJP recurrió a tácticas desleales y al uso partidista de instituciones estatales como la Dirección de Cumplimiento (ED), la Oficina Central de Investigación (CBI) y las fuerzas paramilitares, desplegadas masivamente de una manera sin precedentes en una elección estatal —fuera de Cachemira y el noreste del país. Al mismo tiempo, la Comisión Electoral aplicó la Revisión Intensiva Especial de forma caótica y discriminatoria, y eliminó del padrón a una parte importante de la base de apoyo del Congreso de Toda la India de Trinamool (TMC), compuesta principalmente por musulmanes.
Para resistir el rodillo del sistema de dominación del BJP hace falta una política de contrahegemonía. El Congreso en Assam no logró imaginar esa política en la última década, y mucho menos ejecutarla. En cambio, recurrió al heredero de la dinastía Gogoi, enviado desde Delhi y puesto al frente del estado apenas un año antes de las elecciones. El partido apostó por una consolidación liderada por la casta dominante Ahom en el alto Assam, y por una consolidación del voto musulmán en el bajo Assam. El TMC, por su parte, confió en su narrativa del orgullo bengalí, junto con transferencias directas de dinero a mujeres y la consolidación del voto musulmán, para asegurarse un cuarto mandato consecutivo. Ambas estrategias fracasaron estrepitosamente.
El declive tanto de los partidos regionales establecidos como del Congreso tiene raíces comunes: la forma que adoptaron sus organizaciones, es decir, el partido electoral-profesional. Según la teoría del politólogo Angelo Panebianco, se trata de un partido organizado en torno a un aparato profesional de gerentes de campaña, consultores y encuestadores —en contraposición a cuadros motivados ideológicamente—, cuyo foco principal gira en torno a la competencia electoral.
El auge del partido electoral-profesional es una adaptación institucional al paradigma de desarrollo dominante. Para atraer grandes capitales y generar crecimiento económico —y así acumular fondos para el bienestar social—, los gobiernos estatales siguen un paquete similar de políticas de "buena gobernanza": reformas pro-empresariales y grandes proyectos de infraestructura. Esto llevó primero al desplazamiento del partido de masas —basado en la ideología o la identidad— hacia el partido atrapatodo de centro. Luego, el auge de las transferencias directas de dinero habilitadas por la tecnología impulsó la siguiente transformación: del partido atrapatodo al partido electoral-profesional. El aparato profesional paralelo se vuelve indispensable para conectar a estos líderes "tecno-patrimoniales" —en palabras de Yamini Aiyar— con su amplia base de beneficiarios sociales.
Como señaló Neelanjan Sircar a partir de su trabajo de campo en Bengala, lxs cuadros del TMC dejaron de supervisar la entrega de beneficios —tarea que pasó a manos de profesionales— y se reconvirtieron en movilizadorxs de votos. Incluso el Partido Dravida Munnetra Kazhagam (DMK) se transformó bajo el liderazgo de Stalin al estilo "CEO": de una organización descentralizada con fuertes secretarías distritales pasó a ser una máquina centralizada, disciplinada y orientada al bienestar. Una historia similar puede contarse sobre cómo Pinarayi Vijayan reconfiguró el Partido Comunista de la India (Marxista) (CPM) —de base militante y territorial— en una organización vertical bajo su gestión personalista.
Si bien MK Stalin, Pinarayi Vijayan y Mamata Banerjee lograron éxitos importantes tras transformar sus partidos de estructuras de cuadros en aparatos electorales-profesionales, ese éxito ocultó la fragilidad electoral de esa política. El lado negativo de una política gerencial e ideológicamente débil es que despolitiza al electorado y lo empuja hacia dos salidas: la solución populista del outsider —como ocurrió con el TVK de Vijay en Tamil Nadu— o la solución nacionalista hindú —como sucedió con el BJP en Bengala Occidental. Kerala optó por la alternativa convencional del Congreso, pero aún está por verse si el CPM, debilitado en la oposición, logrará defender su espacio político frente al BJP en ascenso mejor de lo que lo hizo en Tripura y Bengala Occidental.
