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Donald Trump ayudó a la extrema derecha colombiana a ganar

El candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella logró una victoria por un estrecho margen sobre su oponente de izquierda, Iván Cepeda, en las elecciones presidenciales de Colombia, tras una burda injerencia electoral por parte del gobierno de los Estados Unidos.
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2026 en Colombia entre el izquierdista Iván Cepeda y el candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella puso de manifiesto cómo el proceso electoral fue debilitado por obstáculos burocráticos dirigidos exclusivamente contra la coalición de izquierda de Cepeda, la corrupción política arraigada, las acusaciones de compra de votos y la violenta retórica paramilitar de De la Espriella. De forma significativa, reflejó una intervención estadounidense sin precedentes bajo la «Doctrina Donroe», que incluyó el respaldo directo del presidente Trump en las redes sociales, campañas de desinformación del Departamento de Estado y la detención por motivos políticos de un solicitante de asilo colombiano que protestaba contra de la Espriella.

Tras el cierre de las urnas en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia el domingo por la tarde, el candidato de izquierda Iván Cepeda reunió a sus aliados más fieles para la ceremonia de clausura de su campaña en un teatro repleto del barrio de Chapinero, en Bogotá. Esperaban celebrar esa noche una clara victoria de la izquierda. Sin embargo, a medida que llegaban los boletines de conteo, quedó claro que la elección estaba muy reñida. Con el 99 por ciento de los votos contados, Cepeda iba a la zaga de su oponente de extrema derecha, Abelardo de la Espriella, por menos del 1 por ciento —ni siquiera 250 000 votos de los más de veinticinco millones emitidos.

Cuando los resultados preliminares quedaron claros, Cepeda subió rápidamente al escenario para calmar los ánimos con un discurso en el que hizo hincapié en la necesidad de realizar el conteo de votos en los treinta y tres mil centros de votación antes de reconocer la derrota electoral. También destacó la necesidad de un gobierno que busque unificar a la nación, y el hecho de que su campaña atrajo a más de un millón de nuevos votantes. Concluyó citando al presidente chileno asesinado Salvador Allende: «La historia es nuestra, y la hace el pueblo». Tras el discurso, la multitud estalló en aplausos y vítores de «Cepeda Presidente».

Unas horas más tarde, el rival de Cepeda, de la Espriella, vestido con la camiseta de la selección colombiana de fútbol que su campaña había adoptado como símbolo, subió al escenario en la ciudad costera de Barranquilla para dar un discurso que solo puede describirse como puro espectáculo. Mientras hablaba desde una cabina blindada, rodeado de una proyección gigante de sí mismo haciendo un saludo militar, de la Espriella se refirió a la necesidad de reconciliar las diferencias y garantizar los derechos de la oposición, al tiempo que lanzaba sutiles amenazas contra quienes planeaban protestar pacíficamente contra su gobierno.

Sin embargo, de la Espriella dedicó la mayor parte de su discurso al discurso de ley y orden que ha dominado las campañas de derecha en toda la región, al tiempo que atacaba el proceso de paz colombiano y los esfuerzos del gobierno de Gustavo Petro por neutralizar a los grupos criminales a través del diálogo. A pesar de haber emitido un comunicado un día antes en el que amenazaba a los miembros del Congreso que planeaban votar en contra de su agenda neoliberal, de la Espriella concluyó su discurso haciendo hincapié en su compromiso con la Constitución y con gobernar para todos los colombianos.

Obstáculos legales, retórica violenta

Más tarde esa noche, los aliados de Cepeda salieron a las calles para protestar contra lo que muchos consideraban unas elecciones que les habían sido robadas por las élites que habían gobernado Colombia hasta que Petro fue elegido en 2022. Las protestas se llevaron a cabo en lugares de toda Colombia, incluida la capital, Bogotá, donde cientos de personas se reunieron frente a la Universidad Nacional de Colombia y en Corferias, uno de los centros de votación más grandes del país. Abogados acompañaron a los manifestantes para iniciar el proceso de escrutinio y garantizar que el recuento reflejara con precisión los verdaderos resultados de los votos emitidos en las elecciones del domingo.

Al momento de escribir este artículo, el escrutinio de los votos aún se encuentra en curso. Pero está claro que muchos colombianos sienten que el clima electoral fue hostil para la campaña de Cepeda desde el principio, debido a obstáculos burocráticos que no se aplicaron de manera equitativa a todos los candidatos, un sistema político con corrupción arraigada y la interferencia abierta del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y los sectores más reaccionarios de su gobierno.

Desde el inicio de la contienda, el Pacto Histórico, el partido de izquierda que respaldaba a Cepeda, enfrentó obstáculos que la derecha no tuvo que superar. El año pasado, el partido tuvo que superar obstáculos legales al transformarse de una coalición a un partido formal. El Consejo Nacional Electoral, el organismo electoral del país, inicialmente impidióque todos los partidos que lo integraban se consolidaran en un solo partido debido a un proceso burocrático y complicado que se prolongó durante meses.

Una vez que terminó la batalla legal y el partido finalmente se consolidó, se le impidió participar en unas primarias interpartidistas con otros partidos de izquierda y centroizquierda. En contraste, a otros partidos de centroderecha se les permitió celebrar primarias interpartidistas. Este obstáculo legal impidió que la campaña cobrara impulso e incorporara a votantes que podrían haber votado en las primarias centristas.

Los aliados de Cepeda también han destacado la corrupción y las amenazas de violencia que son endémicas en el sistema político colombiano. El domingo hubo denuncias de compra de votos en varias partes del país. Lamentablemente, esta práctica ha sido normalizada por muchos de los partidos de derecha y tradicionales de Colombia. También hubo informes de irregularidades en las mesas electorales de las embajadas de Colombia en el extranjero, donde testigos observaron el uso de identificaciones falsas por parte de posibles votantes y presiones por parte de la campaña de De la Espriella fuera de las mesas electorales en los Estados Unidos, donde el candidato de derecha obtuvo el 80 por ciento de los votos.

La retórica de De la Espriella fue agresivamente provocativa: prometió destripar a la izquierda y celebró abiertamente a los grupos paramilitares que asesinaron a casi cien mil personas en el conflicto armado del país. De la Espriella también recibió el respaldo del grupo armado ilegal más grande del país, el Ejército Gaitanista de Colombia, también conocido como el Clan del Golfo.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha designado a esta organización paramilitar y narcotraficante de derecha como grupo terrorista. Es uno de los principales grupos sucesores de la alianza paramilitar que De la Espriella representó en su carrera como abogado. La organización ejerce control territorial en pueblos de todo el departamento de Antioquia, un departamento que fue clave para asegurar la victoria de De la Espriella en el conteo preliminar del domingo.

Intervención de los Estados Unidos

Los obstáculos burocráticos, la corrupción y la retórica hostil han estado presentes de una forma u otra en elecciones anteriores. Sin embargo, la intervención hiperagresiva del Departamento de Estado de Trump es exclusiva de esta contienda, y forma parte de la «Doctrina Donroe», un nuevo patrón de intervención abierta de los Estados Unidos en la región.

La Doctrina Donroe se ha materializado en forma de apoyo abierto a candidatos de derecha en toda la región y amenazas de uso de la fuerza bruta para imponer la voluntad de Trump. Hemos sido testigos de la intervención directa de Trump para apoyar a la extrema derecha en las elecciones de Argentina y Honduras, combinada con amenazas de tomar el control del Canal de Panamá y el secuestro ilegal sin precedentes del presidente venezolano Nicolás Maduro.

A lo largo de junio, Colombia fue testigo del pleno efecto de la doctrina en el proceso electoral del país, comenzando con la publicación de Trump en Truth Social el 2 de junio en la que respaldaba a de la Espriella. El presidente de los Estados Unidos afirmó que su candidato preferido «tendría un éxito tremendo al liderar a Colombia para hacer crecer la economía, crear empleos, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, tomar medidas enérgicas contra el crimen y las drogas, y restablecer la LEY Y EL ORDEN». Tachó a Iván Cepeda de «marxista de izquierda radical» y afirmó que la elección era «muy importante para el futuro de Colombia y su relación con los Estados Unidos».

La publicación fue rápidamente compartida por varios republicanos hispanos en los Estados Unidos y políticos colombianos de derecha, e incluso en la cuenta de X de la Embajada de los Estados Unidos en Bogotá, lo que constituye el uso de recursos públicos estadounidenses para una campaña política extranjera. En los días previos a las elecciones, Trump publicó más mensajes en la misma línea para mantener su respaldo a De la Espriella en el ciclo noticioso colombiano.

El respaldo formaba parte de una estrategia más amplia de Trump y su gobierno para apoyar la agenda de extrema derecha de De la Espriella, que incluye una larga lista de políticas de derecha, desde el fracking en territorios protegidos hasta la privatización de la salud, la construcción de megacárceles y la salida de Colombia de instituciones internacionales como la ONU y la Organización de los Estados Americanos. Otro elemento clave de la estrategia fue una campaña de desinformación liderada por el subsecretario de Estado Christopher Landau y el propio de la Espriella para revocar las visas de cualquier persona a quien de la Espriella acusara de manipular las elecciones colombianas. Esta fue una maniobra utilizada para deslegitimar a los aliados de Cepeda sin ninguna evidencia.

Una de las formas más grotescas de intervención por parte de la administración de Trump fue la detención del periodista colombiano y solicitante de asilo Franklin Humberto Coral Garrido, conocido como Beto Coral en las redes sociales. Agentes del Departamento de Seguridad Nacional detuvieron a Coral el 16 de junio, poco después de que participara en una protesta organizada por la diáspora colombiana en Florida contra de la Espriella.

Según el New York Times, Coral fue detenido el mismo día en que el secretario de Estado, Marco Rubio, firmó un memorándum en el que afirmaba que su presencia en los Estados Unidos «debilita los intereses de la política exterior de los Estados Unidos en los procesos democráticos de Colombia». Los tuits enviados por De la Espriella poco antes de la detención de Coral, que aludían a noticias inminentes para la diáspora colombiana, indican que él pudo haber estado directamente involucrado en la detención.

Desde su detención, Coral ha sido trasladado a varios lugares. Según su familia, Coral ha denunciado maltrato físico por parte de agentes del Departamento de Seguridad Nacional durante su detención, así como presiones para que firmara su propia orden de deportación. A pesar de ello, el senador estadounidense de origen colombiano y aliado de de la Espriella, Bernie Morenocelebró la detención de Coral: «No puedes venir a los Estados Unidos, solicitar asilo y luego actuar como agente extranjero... Que tengas una buena vida de regreso en Colombia».

La detención de Coral envió un mensaje claro a la diáspora colombiana en los Estados Unidos: si te pronuncias en contra de de la Espriella, enfrentarás persecución. Este es un temor que podría haber tenido efectos reales en la participación electoral del domingo entre la diáspora e incluso entre quienes tienen visas de los Estados Unidos pero viven en Colombia.

El Imperio contraataca

Al día siguiente de las elecciones, el presidente Trump reivindicó con orgullo la victoria: «Lo apoyé. Estaba en décimo lugar y ganó las elecciones», y agregó que de la Espriella lo llamó para agradecerle tan pronto como se conocieron los resultados y que las relaciones entre los Estados Unidos y Colombia ahora serán mucho mejores. El senador Bernie Moreno también celebró el resultado: insistió en que «CUALQUIER ciudadano colombiano que solicite asilo debe regresar a Colombia» y que de la Espriella garantizará su seguridad y protección.

Si el resultado final confirma el triunfo de la extrema derecha, los colombianos podrían enfrentarse a un regreso a algunos de los momentos más oscuros de la historia del país, dado el desdén de De la Espriella por los derechos humanos y las instituciones democráticas. Tras la intervención de Trump el mes pasado, la pregunta sigue siendo: ¿Es realmente posible celebrar elecciones libres y justas en América Latina cuando los Estados Unidos interfieren descaradamente en el proceso electoral?

Cruz Bonlarron Martínez es un escritor independiente y fue becario Fulbright en Colombia entre 2021 y 2022. Sus artículos sobre política, derechos humanos y cultura en América Latina y la diáspora latinoamericana han aparecido en diversas publicaciones de los Estados Unidos e internacionales.

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)Arabic
Author
Cruz Bonlarron Martínez
Translator
Maria Inés Cuervo
Date
18.08.2026
Source
JacobinOriginal article🔗
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