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En Francia, se utilizan tácticas de acoso judicial para silenciar a una legisladora pro-Palestina

La eurodiputada Rima Hassan enfrenta un juicio por defender el derecho de los palestinos a resistir la ocupación
La eurodiputada francesa Rima Hassan compareció ante los tribunales el 7 de julio tras dos años de acoso judicial por parte de organizaciones pro-Israel, del gobierno de Macron y de la extrema derecha. La acusación, presentada en virtud de las leyes sobre “apología del terrorismo”, se basa en un tuit, posteriormente eliminado, sobre la autodefensa palestina. Su detención en abril incluyó filtraciones sobre supuestos vínculos con drogas, que luego fueron desmentidas, vigilancia encubierta e interrogatorio con tintes islamófobos. Todo ello forma parte de una campaña más amplia de persecución legal, difamación en los medios y amenazas de retirarle la nacionalidad.

El 7 de julio, Rima Hassan, eurodiputada de Francia Insumisa, comparecerá ante la justicia por primera vez. Esto ocurre tras dos años de hostigamiento por parte de organizaciones galas pro-Israel, del gobierno de Emmanuel Macron y de la extrema derecha.

El proceso en su contra se basa en las denominadas leyes de “apología del terrorismo”, tras publicar un tuit en el que defendía el derecho de los palestinos a la autodefensa. Se trata de una postura controvertida en la cultura política dominante en ese país, que sigue sin reconocer el genocidio de Israel contra Palestina ni las propias obligaciones de Francia, conforme al derecho internacional, para prevenirlo.

“Dediqué mi juventud a la causa palestina. Mientras haya opresión, la resistencia no solo es un derecho, sino también un deber”, publicó la legisladora en Twitter. La cita pertenece a Kōzō Okamoto, miembro del Ejército Rojo japonés, quien hizo este comentario durante un juicio por el atentado terrorista que cobró la vida de 26 personas en un aeropuerto cercano a Tel Aviv en 1972.

Para Hassan, difundir esta cita era una expresión de la idea —claramente respaldada por el derecho internacional— de que los pueblos tienen derecho a oponerse a un ejército extranjero que ocupa o coloniza su territorio, lo cual no implicaba respaldar las acciones del militante nipón. Poco después, eliminó la publicación para evitar confusiones.

Sin embargo, antes de que lo borrara, Matthias Renault —un político perteneciente al Rassemblement National (Agrupación Nacional) de Marine Le Pen— no tardó en actuar y, el 27 de marzo, presentó el tuit ante un tribunal de París para que se iniciaran acciones judiciales. A esa iniciativa se sumaron el ministro del interior y dos poderosos grupos franceses pro-Israel: la European Jewish Organization (Organización Judía Europea, OJE) y la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA). Ambas entidades han impulsado una campaña de persecución judicial contra defensores de Palestina en territorio francés, catalogando de manera mendaz las expresiones de antisionismo e incluso las críticas a Israel como ejemplos de racismo antijudío. La presidenta de la OJE, Muriel Ouaknine-Melki, pese a haber mantenido buenas relaciones con Macron, lo denunció el año pasado por su decisión meramente simbólica de reconocer el Estado de Palestina. La OJE también actuó como parte civil en una denuncia presentada en 2023 contra Jean-Paul Delescaut, un sindicalista del norte de Francia, quien fue condenado por apología del terrorismo. Entre las sanciones impuestas figuraba una multa de 5000 euros que el activista fue sentenciado a pagar a la entidad judía antes de que la condena fuera revocada en apelación en marzo.

“No importa si se trata de unx politicx, unx activista, unx comediante, o unx periodista, si dices algo sobre Israel que no les gusta, presentarán una querella”, me comentó Hassan.

Desde su elección hace dos años, la eurodiputada ha sido blanco de ataques de diversos grupos pro-Israel que han iniciado procedimientos legales en su contra. Hasta el momento, ha enfrentado un total de 16 denuncias de este tipo, aunque la justicia ya desestimó 13 de ellas. Ocho de las 16 demandas fueron promovidas por agrupaciones como B'nai B'rith, el Jewish Observatory of France (Observatorio Judío Francés, OJF) y el National Bureau for Vigilance Against Antisemitism (Oficina Nacional de Vigilancia contra el Antisemitismo).

“Lo que aprendí de esto es cómo identificar mejor a lxs actorxs… en la judicialización del debate en Francia”, dijo Hassan.

Información falsa filtrada a la prensa

Esta transformación de los debates políticos en conflictos legales prolongados se intensificó antes de su detención a principios de abril.

Tras la presentación de la denuncia, la corte sometió a la eurodiputada a una vigilancia intensa e inusual —como si esperara que evadiera la justicia. Hassan se había presentado de forma voluntaria en todas las acciones judiciales iniciadas contra ella, incluso cuando no tenía la obligación de hacerlo. No había ninguna razón legítima para creer en la posibilidad de fuga. Aun así, según un informe de Mediapart, sus registros de viaje fueron extraídos de la aerolínea Air France, del Société nationale des chemins de fer français (empresa estatal francesa de ferrocarriles, SNCF), y de Thalys, operador de Eurostar. Su teléfono también quedó bajo seguimiento mediante geolocalización activa. Ella y su equipo se dieron cuenta de esto cuando se presentó voluntariamente ante la policía y le preguntaron por su teléfono, afirmando que sabían que lo llevaba consigo apenas unos minutos antes. Hassan tiene dos dispositivos —uno de trabajo y otro para mensajes personales y políticos—. Dejo este último con unx asistente parlamentario por temor a que lo revisaran y filtraran su contenido a la prensa.

Sus preocupaciones tenían fundamento. Poco después de su detención, periodistas que trabajan en estrecha colaboración con la policía y los tribunales franceses filtraron información en las redes sociales. Afirmaban que la policía había encontrado en su bolso una droga sintética ilegal llamada 3-MMC, junto con CBD, una sustancia legal. La noticia tuvo un impacto inmediato en la prensa francesa, a pesar de no haber sido verificada. Se publicaron más de 500 artículos que relacionaban su detención con el supuesto hallazgo de estupefacientes, explicó a Jacobin Fiona Vanston, asistente de prensa de Hassan.

Según Vanston, casi ningún medio de comunicación se puso en contacto con la eurodiputada para conocer su versión de los hechos o averiguar si impugnaba la acusación. La mayoría de las consultas se centraban en el lugar de reclusión, en un intento por obtener fotografías cuando fuera liberada

Los propios análisis del tribunal descartaron rápidamente la presencia de la sustancia ilegal. El tribunal ya tenía los resultados el 4 de abril. Sin embargo, no los hicieron públicos sino hasta el 9 de ese mes. Los posibles cargos por drogas fueron desestimados discretamente por carecer de fundamento.

Le Canard enchaîné informó que la filtración provino del portavoz del Ministerio de Justicia, Sacha Straub-Kahn. Él negó estas acusaciones en la cuenta oficial de X del Ministerio de Justicia y anunció que demandaría al periódico por difamación, además de emprender una segunda acción legal por los insultos antisemitas recibidos tras la publicación del artículo.

Mientras tanto, Hassan permaneció retenida durante 13 horas antes de ser liberada. Su cargo parlamentario le garantiza, en teoría, inmunidad frente a este tipo de procesos por ejercer la libertad de expresión. Sin embargo, su detención supuso una escalada de la campaña judicial en su contra. La legisladora nunca se amparó en ese privilegio como defensa, lo cual constituye un gesto político de apoyo a otrxs ciudadanxs que no gozan de una protección similar.

El tribunal eludió esta expectativa de inmunidad al filtrar la noticia falsa y justificar el arresto con el argumento de que fue sorprendida en flagrancia. Fue la primera vez que un miembro del Parlamento Europeo fue privadx de libertad por un tuit, bajo la premisa  de haber sido sorprendidx mientras cometía un delito.

Un enemigo interno

Durante su detención, Hassan alternó entre el confinamiento en una celda pequeña y sesiones de interrogatorio repetidas que se prolongaban hasta una hora y media.

Ella le comentó a Jacobin que, además de preguntarle por su trayectoria, fue interpelada sobre su relación con el islam y si era una musulmana practicante. “Fue como si me quisieran vincular al islamismo radical”, afirmó.

Hassan, quien nunca discute sus creencias religiosas, declaró que este tipo de preguntas eran claramente racistas. Nació en Siria, en el seno de una familia de refugiadxs que huyó durante la Nakba (catástrofe, en árabe). Se mudó a Francia cuando tenía 10 años y obtuvo la nacionalidad francesa a los 18.

Mencioné el caso del diputado de Francia Insumisa, Thomas Portes, a quien los políticos proisraelíes han atacado con siniestras acusaciones de vínculos con el terrorismo tras reunirse con representantes del Frente Popular para la Liberación, así como con una ONG que las autoridades acusan desde entonces de financiar a Hamás. Portes todavía no ha sido imputado por ningún delito, pero fue señalado en un informe parlamentario el año pasado, debido a sus conexiones con estas organizaciones. Le pregunté a Hassan si pensaba que este tipo de vigilancia ejercida en su contra era un intento de construir un caso similar.

La entrevistada señaló que lo consideraba poco probable: no encontraron nada, salvo los movimientos normales de su cargo y algunos viajes personales.

Y, a diferencia de Portes, que nació en Francia, ella también enfrenta una campaña mediática y política sostenida que exige que se le retire la ciudadanía francesa. Para Hassan, esto se debe tanto a su condición política de izquierda, que apoya a Palestina, como a un racismo en estado puro por parte de sus detractores.

En julio del año pasado, Marion Maréchal, la política de corte ultraderechista  y sobrina de Marine Le Pen, dijo que consideraba a Hassan “francesa solo en el papel”. Es una alusión apenas sutil al antisemitismo propio de la década de 1930, que describía a los judíos y a otras minorías como compatriotas solo en virtud de algún documento, catalogándolos como extranjeros que envenenaban la vida política del país al introducir ideas subversivas.

Hassan también fue atacada por el exministro del Interior, Bruno Retailleau, quien es ahora el líder y candidato presidencial de la otrora poderosa organización conservadora Les Républicains. Retailleau apoyó públicamente la revocación de la ciudadanía de la eurodiputada por sus posturas políticas. Después se retractó, aunque no porque hubiera cambiado de opinión, sino porque hacerlo dejaría a Hassan sin nacionalidad, lo cual sería ilegal conforme al derecho internacional.

“Me consideran sospechosa debido a mis orígenes . Es la retórica del enemigo interno, en un clima de creciente islamofobia en Europa”, me comentó.

Obligaciones internacionales

Sin embargo, el gobierno apoya al derecho internacional de manera selectiva. Hassan declaró a Jacobin que el ejecutivo no solo elude las normas internas para convertirla en blanco de una represión política, sino que también incumple sistemáticamente sus obligaciones hacia la región en el marco de los acuerdos internacionales de los que forma parte.

Afirma que no se trata de si el gobierno francés simpatiza o no con el pueblo palestino. Más bien, tiene la obligación legal de sancionar a Israel por sus violaciones a los derechos humanos, de intentar modificar su comportamiento mediante la presión diplomática y de ejecutar las órdenes de detención contra sus líderes emitidas por el Tribunal Penal Internacional . En cambio, el ministro de Relaciones Exteriores ha firmado reiteradamente exenciones para permitir que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sobrevuele el espacio aéreo francés, a pesar de la obligación gubernamental de arrestarlo.

Hassan señala que, a pesar de todo esto, sigue creyendo en el Estado de derecho. Ella es un miembro del Parlamento Europeo, no una revolucionaria. Esto vuelve particularmente atroz, las tácticas represivas destinadas a silenciarla. El objetivo, afirma, es demostrar que pronunciarse públicamente para intentar cambiar el consenso en Francia sobre el genocidio en Palestina conlleva un costo.

Una campaña cada vez más intensa

En Francia reina un clima neoconservador de “guerra contra el terrorismo”. La izquierda que no pertenece a Francia Insumisa tardó más de un año en calificar con claridad las acciones de Israel como un genocidio. No dejan de aparecer acusaciones infundadas contra el líder del partido y candidato presidencial para 2027, Jean-Luc Mélenchon. Un programa reciente de la radio pública France Culture manipuló fragmentos de audio para sostener, falsamente, que era el “nuevo” Jean-Marie Le Pen, quien calificó las cámaras de gas de Auschwitz como “un detalle de la historia”. Una organización profesional de periodistas de la emisora condenó de inmediato el programa.

Una de las interminables polémicas en torno a Hassan consistió en que compartiera testimonios sobre el entrenamiento de perros del ejército israelí para violar a prisionerxs palestinxs. Fue acusada con celeridad de participar en un libelo de sangre y recibió una condena generalizada por parte de la clase político-mediática francesa. Este año, un reportaje de Nicolas Kristof para The New York Times confirmó que esa táctica sí se utilizaba. Un periodista particularmente repugnante que se presenta como de la pseudoizquierda y trabaja en Libération suele burlarse de ella, llamándola “Lady Gaza”.

Anasse Kazib, candidato presidencial por el partido trotskista Revolución Permanente, fue a tribunales la semana pasada por cargos similares. Los cargos se basaban en tuits publicados después del 7 de octubre de 2023, en los que condenaba el colonialismo israelí y apoyaba el derecho del pueblo palestino a la resistencia. Mélenchon participó en una manifestación frente al tribunal y Hassan ha solicitado en reiteradas ocasiones que se retiren los cargos.

La eurodiputada afirma que su compromiso con la causa, así como su dedicación a expandir los límites del discurso aceptable sobre temas como la solución de un solo Estado, representan las verdaderas razones por las que ha sido víctima de ataques. Asimismo, ha modificado el consenso dentro de Francia Insumisa, pasando de su postura histórica a favor de una solución de dos Estados hacia una apertura a considerar un Estado binacional en la región. Esto, señala, amenaza los intereses orientados a limitar el margen de opiniones aceptables.

El peso de las palabras

Le pregunté a Hassan si, más allá de los constantes ataques contra su reputación y de la persecución judicial en su contra, alguna vez temió por su seguridad física.

“No”, me respondió:

El miedo no forma parte de mi manera de ver las cosas. Tengo muy claro lo que exige la causa palestina. Exige sacrificios. No puedes comprometerte con ella si tienes miedo. Para mí... exige compromiso y una cuota de sacrificio.

Por este motivo, afirma Hassan, no vale la pena cuestionar su manera de hablar sobre Palestina. A pesar de haber pasado más de 45 horas siendo interrogada por la policía, Hassan dice que simplemente no hay manera de saber de antemano qué palabras evitar.

"He recibido denuncias por cosas que nadie podría haber anticipado, [como] usar la palabra ‘revuelta’. "¿Cómo puedes saber, cuando escribes un tuit o haces una declaración, que no puedes usar la palabra "revuelta" porque del otro lado van a decir que en realidad te refieres a una intifada (levantamiento o agitación, en árabe)?" Preguntó Hassan.

“También he recibido denuncias por citar a Franz Fanon. Tengo sus libros en mi casa. Se venden en las librerías de Francia. No puedes vivir pensando que tienes que evitar usar sus palabras porque te arriesgas a una denuncia. Se evidencia claramente el carácter abusivo de estas acciones."

Pero vale la pena, afirma, por las exigencias de la causa palestina. Los discursos bonitos sobre la necesidad de "paz" o los gestos como la reciente "ciudadanía honoraria" otorgada a lxs palestinxs por el ayuntamiento de París, gobernado por lxs socialistas, alcanzan un impacto limitado.

“Para mí, es una cuestión política fundamental entender que, al ser oposición, tenemos que aceptar que debemos hacer sacrificios por la causa palestina, que vamos a ser el centro de atención, que nos van a llevar a tribunales, y que nos van a difamar en la prensa”, comentó Hassan. “Pero la gente en el poder tiene responsabilidades y obligaciones que cumplir”.

Marlon Ettinger es autor de Zemmour and Gaullism y copresentador de Flep24, un pódcast sobre las elecciones legislativas francesas de 2024.

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanFrenchItalian (Standard)ArabicBengaliRussian
Author
Marlon Ettinger
Translators
Lautaro Regonat, Julio Martinez and ProZ Pro Bono
Date
23.07.2026
Source
JacobinOriginal article🔗
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