Algunas personas, sobre todo fuera de Nepal, se han apresurado a iniciar un juego de acusaciones geopolíticas, incluso antes de que se seque el lodo del río Bhotekoshi, mientras aún se rescatan a personas atrapadas de los túneles inundados en el distrito más afectado de Rasuwa e incluso cuando aumenta la cantidad de víctimas a medida que se encuentran más cuerpos río abajo o en el lodo. Si hay que señalar culpables, debemos buscarlos lejos del macizo de Langtang Lirung, en Nepal. El colapso de una parte de su ladera norte provocó una cascada de calamidades en la mañana del 26 de agosto.
La responsabilidad deberá recaer en el Norte Global, el mayor emisor de gases de efecto invernadero; en el modelo económico que fomenta la construcción de infraestructura en los valles vulnerables de los ríos; y en los países de Alta Asia que se niegan a colaborar mientras se acelera la crisis climática. El Himalaya es una cadena montañosa joven e inestable. Su historia geológica al igual que sus registros históricos están plagados de episodios de desplazamientos masivos y deslizamientos de ladera, en los que enormes cantidades de roca y escombros se deslizan o precipitan cuesta abajo. Sin embargo, los científicos de expertos en el clima tienen claro que el calentamiento global provocado por la actividad humana, que comenzó con la Revolución Industrial en el siglo XVIII, cuya aceleración imprudente se permitió durante el siglo XXI, es responsable de las tragedias sucesivas y cada vez más graves en nuestras montañas.
Nepal, el país que se ubica en el puesto 52 de los más poblados del mundo, genera apenas entre el 0,03 % y el 0,05 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. La contribución conjunta de todo el sistema Hindu Kush-Himalaya a esas emisiones también es ínfima. A medida que el planeta se recalienta, la naturaleza y la sociedad se verán afectadas no solo en las zonas altas de esas montañas, sino también aguas abajo, en las orillas de los grandes ríos que nacen en esta región: el Indo, el Yangtsé, el Salween, el Irawadi, el Mekong, el Brahmaputra y el Ganges.
Los gobiernos de Asia del Sur, en conjunto, no han logrado adaptar sus políticas nacionales y regionales en respuesta a la acelerada emergencia climática. Nuestros dirigentes políticos han estado demasiado absortos en alimentar rivalidades internas y enemistades transfronterizas en lugar de unirse y representar eficazmente en la escena internacional los intereses de la cuarta parte de la población mundial que habita esta región.
Si Asia del Sur se uniera, tendría la capacidad de influir en el debate mundial. Tenemos que hacerlo porque seremos los más afectados por un clima que está completamente alterado, y porque la mitad norte del subcontinente ya es una de las regiones más pobres del mundo. En verano, registramos olas de calor de 50 °C en la cuenca del Indo-Ganges, la cobertura nival del Himalaya se deteriora y el nivel del mar aumenta en las extensas costas de Asia del Sur.
El desprendimiento de roca y hielo del Langtang Lirung provocó una riada que arrasó los distritos de Rasuwa y Nuwakot y continuó aguas abajo. El desastre, que se cobró la vida de nepalíes, chinos, incluidos los tibetanos, visitantes de India y de otros países, es una nueva alerta roja en esta era del cambio climático. Seguramente recibiremos más advertencias de los tramos altos de los ríos Teesta, Bhagirathi, Gilgit, Bhotekoshi y otros. Por su parte, el Lhende Khola, un afluente oriental del Bhotekoshi, ya había provocado una devastadora inundación por el desborde de un lago supraglacial el 8 de julio de 2025, como preludio de la tragedia colosal del 26 de agosto.
Incluso cuando las labores de rescate (de trabajadores agrícolas, familias, escolares, bebés, peregrinos, trabajadores e ingenieros de las centrales hidroeléctricas, choferes de camiones, agentes de aduana, personal de seguridad y muchas otras personas) abran paso a la recuperación, Nepal tendrá que afrontar las consecuencias de la destrucción de decenas de miles de vidas causada por la inundación en Rasuwa. Llegará después el momento de evaluar el costo total de la pérdida de infraestructura en una economía nacional que ya atraviesa una grave crisis.
Una docena de centrales hidroeléctricas, algunas que ya estaban operativas y otras aún en construcción, con una capacidad acumulada de más de 670 megavatios y una inversión de cientos de millones de dólares, quedaron destruidas.
Habrá un impacto directo en la banca y los seguros, ya que la energía hidroeléctrica es el sector más atractivo para invertir en un país con escasa actividad emprendedora. La verdadera magnitud de la destrucción de escuelas, edificios gubernamentales, líneas de transmisión, carreteras y puentes tardará en calcularse. Hay que tener en cuenta que Katmandú aún no ha podido evaluar el impacto de la anarquía que reinó en el país el 9 de septiembre de 2025 y causó enormes daños a la propiedad pública y privada.
La inundación arrasó cientos de vehículos eléctricos importados que aguardaban el despacho aduanero, así como camiones cargados de mercancías con destino a los mercados de Nepal antes de la temporada del festival de Dashain, en el paso fronterizo de Rasuwagadhi.
La industria hotelera, después de repetidos esfuerzos por recuperarse de los daños causados por el conflicto maoísta, el terremoto de 2015, los años de la COVID-19 y el caos de septiembre de 2025, vuelve a verse afectada justo cuando estaba por comenzar la esperada temporada turística de otoño. En respuesta, la Junta de Turismo de Nepal lanzó un mensaje emotivo a los viajeros: “Tu visita es importante”.
Tradicionalmente, las aldeas de montaña de Nepal se construían a cierta altura, mientras que los fondos de los valles fluviales se reservaban para los arrozales cuando el espacio lo permitía. No obstante, el modelo de desarrollo de las últimas décadas ha impulsado la construcción de carreteras a lo largo de los llamados “corredores fluviales”, lo que ha favorecido un crecimiento lineal de asentamientos. Los dos ríos llamados Bhotekoshi, uno al noreste del valle de Katmandú y el otro al noroeste, históricamente conectaban el valle con el Tíbet. Actualmente, el desarrollo de estos corredores pasó a formar parte de la estrategia de seguridad nacional, en particular por su importancia para la conectividad comercial con China. Esto se acentuó tras el bloqueo económico impuesto por el sur en 2015, que provocó una grave escasez de alimentos, combustible y medicamentos durante varios meses, situación que llevó a Nepal a fortalecer sus vínculos comerciales con el norte.
El terremoto de 2015 dañó y debilitó la ruta junto al río Bhotekoshi del noreste. En la actualidad, la ruta del otro lado del Bhotekoshi, que se había convertido en la principal vía comercial terrestre con China, quedó cortada.
Será necesario hacer una nueva evaluación de la situación y cuestionar el modelo de desarrollo centrado en la capital, que favorece las autopistas, la energía hidroeléctrica y los asentamientos junto a los ríos cuya furia periódica conocemos bien.
Nepal ha confiado su futuro nacional a la energía hidroeléctrica, pero ¿y si el apocalipsis de Rasuwa es un presagio de desastres más frecuentes y devastadores en los ríos del Himalaya?
Tanto la dirigencia política de Katmandú como los sucesivos gobiernos de Nepal han tendido a “digerir” las calamidades poco después de que ocurren. Por ello, crece la preocupación por la capacidad del gobierno de Balendra Shah, elegido en marzo de este año, para gestionar las tareas de asistencia, recuperación y planificación futura. Tras la inundación, las autoridades locales electas y los funcionarios experimentados fueron apartados de los trabajos de rescate y asistencia, mientras que el ejército de Nepal recibió carta blanca para gestionar la respuesta al desastre.
El gobierno de Shah surgió del caos que siguió a las protestas de la Generación Z del pasado septiembre, que desplazaron a la vieja generación de líderes políticos de Nepal. En los primeros días posteriores al desastre de Bhotekoshi, los jóvenes y poderosos asesores ministeriales que hoy gestionan buena parte del gobierno en lugar de los burócratas parecieron preferir el mapeo con drones y los vuelos en helicóptero al contacto directo con el terreno. En medio del hábil manejo de las redes sociales por parte de los nuevos y jóvenes gobernantes de Nepal, se pide que el Estado y la sociedad unan esfuerzos para abrirse camino a través de la niebla de la calamidad y trazar un rumbo hacia un futuro que empieza a verse muy distinto del que habíamos planeado.
La temperatura del Himalaya asciende más rápido que otras regiones de menor altitud, a la vez que la nieve y el hielo se derriten a gran velocidad. Este “tercer polo” está densamente poblado y presenta un desnivel pronunciado que va desde las llanuras hasta las altas crestas, un verdadero barómetro o indicador del cambio climático. Esto se debe a que, a diferencia del Ártico y la Antártida, aquí viven millones de personas en la franja vulnerable que se extiende desde la llanura hasta las tierras altas. La incertidumbre y la tragedia que enfrentan ponen de manifiesto la realidad de la emergencia climática. Los pobladores locales pueden hablar de la forma en que los mosquitos invaden altitudes cada vez más elevadas a medida que aumenta la temperatura, transmitiendo el dengue y otras enfermedades; de la forma en la flora y la fauna ascienden hacia zonas más altas; y de la forma en que actualmente llueve donde antes nevaba.
El calentamiento global afecta más a Asia del Sur que a otras regiones simplemente por la cantidad de personas que se verán afectadas por el aumento del nivel del mar, el retroceso de los glaciares, los deslizamientos de escombros, las olas de calor, el agotamiento de las aguas subterráneas, las inundaciones, las avalanchas de hielo y roca, los deslizamientos de tierra, las lluvias torrenciales y otros fenómenos meteorológicos extremos. En lo que respecta a la construcción de infraestructura, muchos de estos fenómenos específicos y sus consecuencias no se enseñan en los cursos de ingeniería ni forman parte de los protocolos desarrollados en Europa y América del Norte para su aplicación en el subcontinente. Un ejemplo es la carga de sedimentos y escombros que transportan los ríos del Himalaya, muy superior a la de los ríos sobre los que se desarrolló la tecnología de presas y embalses.
Lamentablemente, nuestra capacidad para dar la voz de alarma sobre el clima se ve comprometida por las divisiones geopolíticas que atraviesan a la región, tanto de este a oeste como de norte a sur. Los líderes nacionales y las instituciones de Asia del Sur no alzan la voz en defensa de las poblaciones que representan ni del Sur Global en su conjunto, ni confrontan al Norte Global por sus emisiones de gases de efecto invernadero. Debido a la vanidad de los gobiernos, en especial de los dos países más grandes, India y Pakistán, Asia del Sur no ha desarrollado una plataforma común sobre el cambio climático, algo que no debería haber sido difícil, ya que no es una región exportadora de petróleo.
Las deficiencias del conocimiento académico y de la conducción política hacen que las sociedades de Asia del Sur, atrapadas dentro de estados nación enfrentados entre sí, estén en riesgo mientras no logran advertir al resto del mundo sobre el calentamiento del planeta. Se mantuvo a China, con el Tíbet como parte indiscutible de Alta Asia, a distancia y, por su parte, parece preferir seguir así.
Nepal, situado en el tramo central de los 2 500 kilómetros de la cordillera del Himalaya, no ha logrado reunir a sus reticentes vecinos para debatir la transformación climática, el deterioro de las montañas y el agotamiento de las aguas subterráneas.
La incapacidad de los sucesivos gobiernos de Katmandú para convencer a Nueva Delhi de la necesidad de reactivar la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional (SAARC) refleja su falta de iniciativa y su irresponsabilidad. Nepal ejerce la presidencia de la SAARC desde 2014 y la organización tiene su sede en Katmandú. Si la SAARC estuviera activa, sería el ámbito donde los líderes políticos de Asia del Sur, sus ministros y primeros ministros debatirían la crisis climática.
Los políticos, administradores y activistas ciudadanos de Nepal deberían poder transmitir la urgencia de la situación apelando a la ciencia y a la experiencia vivida, pero en su mayoría se han limitado a repetir mecánicamente la retórica convencional sobre el cambio climático. “Pérdidas y daños”, “alivio”, “adaptación” y “resiliencia” son términos que han perdido la urgencia de lo que representan. Mientras Nepal intenta devolverles ese significado y se recupera de la inundación de Rasuwa, debería contribuir a crear conciencia en todo el subcontinente sobre dos cuestiones urgentes: la “nube marrón” de Asia del sur y la pérdida del permafrost. El humo, el hollín y el polvo generados por la quema de rastrojos luego de la cosecha; las centrales térmicas a carbón; las industrias con grandes chimeneas; las emisiones vehiculares, y la construcción en el noroeste de Asia del sur, en especial en las dos partes del Punjab, Haryana, Delhi y sus alrededores, y el oeste de Uttar Pradesh, están pasando factura en toda la llanura del Indo y el Ganges y más allá. A diferencia del calentamiento global, es un problema creado por la propia Asia del Sur. Salvo durante los meses de los monzones, esta bruma sin precedentes históricos se desplaza hacia el este por encima y a través del Himalaya. Aún no se ha estudiado lo suficiente la forma en que afecta a la agricultura, la flora, la fauna y la salud humana. La desaparición de las vistas del Himalaya desde Mussoorie, Nagarkot, Gangtok y otros lugares durante gran parte del año constituye prueba suficiente de la existencia de la nube marrón. Más allá de las cuestiones estéticas y turísticas, está la pregunta de qué ocurre cuando el hollín se deposita sobre la nieve. Lamentablemente, se trata de un tema totalmente desconocido.
El hollín, o carbón negro, es ahora una de las principales causas del retroceso de los glaciares y de la pérdida de la cobertura nival y de las laderas heladas, lo que deja expuesta la roca subyacente. Esto ocurre por lo que se conoce como el efecto albedo: mientras que la superficie blanca de la nieve y el hielo refleja gran parte del calor del sol, la fina capa de hollín lo absorbe, lo que acelera el derretimiento. El resultado no es solo el retroceso de la criósfera de nieve y hielo, tan vital para nuestros ríos, sino también la reducción de la recarga de las aguas subterráneas, lo que perjudica los caudales invernales necesarios en las llanuras del Indo, del Ganges y del Brahmaputra. Todos los involucrados, desde los experimentados responsables de diseñar políticas públicas hasta los influencers de hoy, deben asumir que tanto el calentamiento global como la nube marrón representan la capacidad humana de destruir de forma irreparable la capacidad de la naturaleza para mantener su equilibrio. El retroceso de la nieve y del hielo del Himalaya, ya sea debido a los gases de efecto invernadero o al hollín del subcontinente, provoca desastres tanto graduales como catastróficos. No sorprende que el concepto de pralaya, que alude a la aniquilación cósmica, haya sido utilizado repetidamente tanto por los ingenieros como por los políticos nepalíes para describir el desastre de Rasuwa.
La economía de mercado, tal como ha evolucionado, exige la concentración de la población. A medida que la economía rural de Nepal se fue monetizando durante las últimas tres décadas, los habitantes de las colinas medias y las tierras altas que vivían de la agricultura emigraron en masa para establecerse a lo largo de las carreteras y autopistas construidas junto a los ríos. Las llamadas centrales hidroeléctricas de agua fluyente también se instalaron en esos mismos tramos para aprovechar las pendientes montañosas y los caudales de las lluvias monzónicas y del deshielo. Dado que esa infraestructura y las residencias son ahora vulnerables a las inundaciones y a los flujos de escombros de una forma nunca vista en la historia de la humanidad, resulta importante debatir sobre el permafrost del Himalaya y los efectos de su derretimiento, una cuestión que estaba relegada a los artículos académicos, pero que está recibiendo atención en estos días tras el desastre de Rasuwa.
El Himalaya, que surgió del antiguo mar de Tetis, lleva 50 millones de años elevándose a medida que una sección de la placa tectónica de Gondwana se mete por debajo de la masa continental de Eurasia. Sin embargo, la fuerza de la gravedad impone un límite a la elevación de las montañas, cuyas laderas se desmoronan debido a los deslizamientos y los terremotos. Durante milenios, miles de millones de toneladas de roca y escombros se han acumulado bajo los picos y las crestas, donde el agua congelada las retiene a gran altitud. Hasta ahora.
Las personas siguen viendo los macizos del Himalaya como centinelas y protectores inamovibles, pero los hemos debilitado. A lo largo de la historia, se han producido colapsos montañosos calamitosos, inundaciones por desborde violento de lagos glaciares (GLOF) y deslizamientos de escombros que han sepultado valles y asentamientos completos. Las innumerables terrazas ribereñas del Himalaya, conocidas como tars, se formaron a partir de estos episodios de desplazamientos masivos y de los deslizamientos de escombros relacionados. El valle de Pokhara, el lugar con la mayor aglomeración urbana de Nepal fuera del valle de Katmandú, es el resultado de uno de esos eventos cataclísmicos ocurrido hacia 1190 d. C., cuando el macizo Annapurna IV colapsó y liberó 23 kilómetros cúbicos de detritos que se extendieron como un fluido sobre las colinas y gargantas situadas más abajo.
La sucesión de deslizamientos de escombros, colapsos de montaña y las GLOF en el Himalaya en las últimas décadas indica que la crisis climática es real y afecta a las montañas, incluso por el deshielo del permafrost. Aun teniendo en cuenta que en la era moderna hay más registros de desastres que antes, los estudios científicos señalan sin lugar a dudas un aumento de su frecuencia.
Nos hemos dejado llevar por la idea de que la pérdida del permafrost es un problema propio de la tundra, donde el suelo que se descongela deja al descubierto cuerpos conservados de mamíferos prehistóricos y los depósitos de turba liberan metano a la atmósfera. El permafrost del Himalaya y de otras cadenas montañosas, en cambio, mantiene unidas las rocas, la arena y el polvo, lo que ayuda a mantener erguidas y estables las crestas y las laderas. El deshielo de este permafrost es una realidad y probablemente esté relacionado con los desastres recientes del Himalaya: desde los flujos de escombros del Bhotekoshi en 2026 y 2025, hasta Dharali en 2025, Thame en 2024, el Teesta en 2023, Chamoli y Melamchi en 2021 y Kedarnath en 2013.
Lo sucedido en Langtang Lirung fue un colapso de una pared rocosa que también arrastró una sección del glaciar que se ubica arriba. Todo eso desencadenó la tragedia de Bhotekoshi, conocido más abajo como Trishuli y, más adelante, como Narayani o Gandaki. ¿Se trató del colapso natural de una ladera montañosa en el curso de la evolución geológica, o también influyeron el deshielo provocado por el calentamiento global y la nube marrón? El estudio de las temperaturas de alta montaña, la evidencia estadística y la sucesión de eventos calamitosos en los últimos años apuntan a esta última posibilidad.
“Si bien los desprendimientos, las avalanchas de hielo y las GLOF han producido a lo largo de toda la historia geológica, las emisiones antropogénicas modernas de gases de efecto invernadero han alterado de manera sustancial los patrones temporales y espaciales de esos eventos”, aseguró Ajaya Dixit, ingeniero y experto en recursos hídricos de Katmandú, que durante décadas estudió la cambiante relación entre los ríos de montaña y las comunidades humanas. “El cambio climático puede no causar directamente una falla en una ladera aislada, pero el aumento de las temperaturas genera sistemáticamente las precondiciones peligrosas que favorecen el colapso de las montañas”.
En una entrevista con el Nepalí Times, Benjamin Horton, el decano de la Escuela de Energía y Medioambiente de la City University of Hong Kong afirmó: “La tragedia (de Rasuwa) no ocurrió en un sistema de montaña estable y saludable... La temperatura de la región del Himalaya se eleva más rápido que el promedio mundial, los glaciares retroceden, el permafrost se degrada y las laderas de alta montaña se vuelven menos estables... Nepal ha perdido cerca de un tercio de su hielo glaciar en poco más de 30 años... Ya sabemos que la quema de combustibles fósiles aumenta la temperatura y desestabiliza el ambiente en el cual se producen... No necesitamos reducir la incertidumbre a cero antes de actuar. En tal caso, la incertidumbre sobre dónde y cuándo ocurrirá exactamente el próximo colapso es una razón más para actuar con urgencia”.
La pérdida del permafrost es inseparable del calentamiento global, mientras que la nube marrón ha exacerbado y acelerado el deshielo. Las montañas y sus habitantes, indicadores animados e inanimados del calentamiento global, pueden dar testimonio de ello, pero corresponde a los líderes políticos, a la comunidad científica y a la sociedad civil prestar atención. Hace falta un poco de imaginación para relacionar la quema de rastrojos y las humeantes chimeneas de las llanuras del noroeste con el retroceso de los glaciares y el colapso de las montañas. No hace falta imaginación para comprender que, así como el permafrost se descongela en Siberia y Alaska por el calentamiento del planeta, el del Himalaya también se debilita.
Por último, los foros políticos del planeta son los que deben acordar una reformulación del discurso sobre el clima, sin ocultar que el estado actual de la geopolítica es contrario a la equidad y a las negociaciones justas. Aquí es donde los países de Asia del Sur deben utilizar su influencia colectiva para obligar a que el mundo los escuche. Nuestra clase política debe unirse para estudiar el desastre de Nepal como un punto de inflexión regional, replantear las estrategias de desarrollo y colaborar para superar el desinterés global en torno al debate sobre el cambio climático.
La realidad de la transformación climática antropogénica puede ser difícil de comprender para algunos, y organizarse para hacerle frente será aún más difícil. ¿Tienen los países afectados del Alto Himalaya la capacidad de unirse en medio del espantoso odio ultranacionalista? Pekín, Katmandú, Delhi e Islamabad actúan como si compartieran un impulso colectivo de autodestrucción transhimalayo.
En lo alto de las montañas, hay charcos donde antes había nieve acumulada. Los escaladores informan corrientes de agua por encima de la cascada de hielo del Khumbu, en el monte Everest. Los habitantes de las aldeas situadas al pie del Lamjung Himal pueden contar cuánto más abajo se encontraba la lengua glaciar hace menos de una década. El amplio glaciar que el geólogo suizo Toni Hagen fotografió descendiendo hasta Kyanjing Gumba, en el fondo del valle y en la ladera sur del Langtang Lirung, es hoy un glaciar colgante mucho más arriba en la montaña. Es temerario pensar que el calentamiento global, la pérdida del permafrost y el carbón negro no tuvieron consecuencias en el desastre de Rasuwa.
Nepal, que se ubica en el centro de la cordillera del Himalaya, entre la meseta tibetana y la llanura del Indo y del Ganges, debe recuperarse de la tragedia de Rasuwa para intentar unir a sus vecinos reticentes y afrontar la emergencia climática. Debe hacerlo con la confianza de un país que ha mostrado el camino con la silvicultura comunitaria, el biogás, el gobierno local, la gobernanza inclusiva para la conservación de la vida silvestre y la transición hacia el uso de vehículos eléctricos.
Dado que el Himalaya no es más que una porción del territorio de China, India y Pakistán, sus líderes nacionales podrían distraerse con otros asuntos. Le corresponde a Nepal, como el país que conoce más de cerca la situación, intentar hacer reaccionar a los demás para que colaboren. Puede que para quienes viven en la cuenca del Bhotekoshi sea demasiado poco y demasiado tarde, pero es el momento de intentarlo por el resto del planeta.
Kanak Mani Dixit es periodista, escritor, traductor y activista por los derechos humanos y la democracia. Es el presidente del Instituto de Historia y Filosofía de Asia del Sur y el fundador de Himal Southasian.
