Entrevistas

“El pueblo de Venezuela respalda a su gobierno”

Cira Pascual Marquina asegura que el pueblo venezolano permanece unido ante el ataque a su soberanía.
En esta conversación con Tanya Sing y Pawel Wargan de la Internacional Progresista, Cira Pascual Marquina aborda la respuesta de Venezuela al ataque estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, describe con detalle la inmediata movilización popular, el papel estratégico de las comunas socialistas como las células de democracia popular y la soberanía económica, y la contextualización del conflicto dentro de la guerra popular contra el imperialismo a largo plazo.

Internacional Progresista: ¿Puedes describir lo que ocurrió en Caracas la noche del secuestro? ¿Cómo está el ánimo en el país? Vimos grandes movilizaciones en toda Venezuela, gente que tomaba las calles para defender al gobierno. ¿Cómo se prepara la gente para defender la Revolución Bolivariana tras el ataque?

Cira Pascual Marquina: Estaba a unos cuatro kilómetros de uno de los sitios bombardeados cuando atacaron, así que escuché los aviones, el zumbido tan intenso del dron y después las explosiones que hicieron vibrar las ventanas. Sin duda, supimos de inmediato que eran los EE.UU. que nos atacaban; llevaban desde agosto movilizando tropas alrededor de Venezuela, y en los últimos veintiséis años Venezuela ha sido objetivo del imperialismo. Cuando supimos que habían secuestrado al presidente Maduro, la gente empezó a caminar hacia Miraflores, el palacio presidencial, en defensa de nuestra soberanía. Durante la marcha, todos se mostraban fuertes, comprometidos y con espíritu de sacrificio, tal y como la situación requería.

Mientras tanto, ese primer día, tras ser testigos de tanta violencia, otros decidieron quedarse en casa, muy pocas tiendas abrieron, algunas con gente haciendo cola. Sin embargo, lo más importante fue que la ciudad permaneció serena. Frente a Miraflores, se palpaba entre las personas presentes allí: hermandad, dignidad compartida y una disposición de lucha tangible. Si tuviera que resumir el ánimo de la mayoría —lxs Chavistas—diría que, por un lado, sentían coraje, ¡muchísimo coraje! Pero también, por otro lado, un compromiso con la Revolución Bolivariana. Y si estás comprometidx con la revolución, estás dispuestx a luchar por ella. Y no es solo el pueblo; el gobierno también actuó con claridad. Delcy Rodríguez, ahora presidenta interina, se dirigió al pueblo doce horas después del ataque, rodeada de toda la cúpula militar y civil. Fue una representación gráfica de unidad contundente.

En su discurso, mencionó algo que se puede ver escrito en las paredes de Caracas: “No somos colonia de nadie”. También dijo, tal y como lo hacían Chávez y Maduro, que está dispuesta a mantener abierto un canal de comunicación con el gobierno de los EE.UU. Poco después se informaron de las posibles operaciones de venta de petróleo venezolano a los Estados Unidos. Cuando hablamos de los acuerdos de Venezuela con Estados Unidos, algunxs en la “izquierda” se pronuncian sobre lo que Venezuela puede y no puede hacer. Lo que Lenin, en el contexto del tratado de Brest-Litovsk de 1919, le dijo a la ultraizquierda (de entre ellxs, algunxs acabaron colaborando con el enemigo), es muy relevante hoy: “Si alguien te apunta con una pistola en el pecho y te exige dinero, tú se lo das. Eso no es abandonar el proyecto; es una concesión táctica”. Puede que haya concesiones, pero esto no se debe entender como una entrega de nuestra soberanía. La Revolución Bolivariana no se rendirá.

Lo más importante es que, a diferencia de lo que afirma Trump, el gobierno venezolano lo escogió el pueblo: un gobierno revolucionario, un gobierno Chavista. La persona actualmente al mando mantiene el mismo compromiso con el proyecto de Maduro y Chávez. Si no fuera así, no verías a cientos de miles de personas marchando por las calles de Caracas y por todo el país en apoyo de la presidenta interina Delcy Rodríguez y al gobierno, mientras exigen el regreso del presidente constitucional Nicolás Maduro y de la representante de la Asamblea Nacional Cilia Flores. El pueblo de Venezuela está con su gobierno, y el gobierno está con su pueblo.

IP: La guerra híbrida trata de provocar confusión, desmoralización, y fragmentación. ¿Qué prácticas han desarrollado las comunas para mantener el ánimo colectivo y la claridad política? ¿Qué podría aprender el resto del mundo de esas prácticas?

CPM: En 2006, Chávez declaró que el objetivo de la Revolución Bolivariana era el socialismo. Para nosotrxs, las comunas son el camino hacia esa meta—y son, en sí mismas, un experimento vivo y concreto de construcción socialista. Durante los peores años del bloqueo, el gobierno se vio obligado a enfocarse en asuntos y retos apremiantes, como reabrir los canales de venta de petróleo tras las medidas coercitivas de EE.UU. que provocaron un colapso en los ingresos. Aun así, las comunas nunca dejaron de ser el horizonte estratégico de la Revolución Bolivariana. De hecho, fue precisamente durante los peores años, 2017, 2018, 2019, algunas comunas emergieron con fuerza. Uno de los acontecimientos más relevantes de los últimos cuatro años, tras recuperar relativa estabilidad económica, ha vuelto a volcarse de manera decisiva en las comunas, que ahora se encuentran en el eje de la vida política en Venezuela.

Las comunas venezolanas no son formas de autogobierno autonomistas, como se suele creer. Sí, son territorios de democracia directa basadas en asambleas donde la gente se reúne para deliberar y decidir colectivamente cómo satisfacer sus necesidades. Pero también son las células básicas del socialismo, y el socialismo es, para nosotrxs, un proyecto nacional. La meta no es solamente que la gente se reúna en asambleas para deliberar sobre sus problemas y cooperar con el gobierno para resolverlos, sino también que las comunas lleguen a controlar los medios de producción. Al hacerlo, las relaciones sociales de producción comienzan a transformarse: el excedente generado por la propiedad comunal se regula de manera consciente y democrática por la comunidad. De tal modo, que la producción se orientaría a una necesidad social y no a la acumulación, al abrir un camino real para romper con el metabolismo social autoritario y explotador del capital.

En mi comuna, El Panal, ubicada en un barrio obrero de Caracas, contamos con una planta procesadora de carne, un taller de confección de ropa y una fábrica de jabón, entre otras pequeñas empresas de menor tamaño. El excedente de todo se devuelve a la comuna, y allí, juntos, en asamblea, decidimos qué hacer con él: una parte se dirige hacia la Pluriversidad, la iniciativa educativa de la comuna, y otra parte se puede usar para pagar el sueldo de lx enfermerx o el mantenimiento de la ambulancia de la comuna, entre otras cosas. Se trata de democracia real a pequeña escala. Desde ahí, el metabolismo comunal se incrementa hasta alcanzar el nivel nacional, lo cual llamamos confederación comunal, o estado comunal, como dicen otrxs.

Este giro del gobierno a las comunas es sumamente relevante para entender el apoyo masivo que el gobierno revolucionario recibe del pueblo. Lxs ciudadanxs no son ajenxs al proyecto que promueven desde “arriba”, sino que forman parte de él. Como consecuencia, la gente no se siente como una mera espectadora, sino como sujetxs de transformación. No nos sentimos como víctimas; somos lxs actorxs, hasta protagonistas diría, en un proceso revolucionario con horizonte socialista. Asimismo, el gobierno se expresa y actúa en consonancia con la vocación colectiva del pueblo. Un ejemplo concreto de la sincronía entre el gobierno y el pueblo es que, en los últimos dos años, el gobierno promovió consultas populares a nivel nacional, una forma democrática y radical de gestionar los recursos con los cuales las comunas deciden cómo distribuir los fondos públicos y luego implementan los proyectos, al administrarlos, y el trabajo colectivo. Este proceso ha dado lugar a lo que solo puede llamarse una nueva ola de comunalización.

Hoy en día, hay alrededor de 4.500 comunas en Venezuela. Aunque algunas ya se habían convertido en experimentos socialistas extraordinarios, verdaderos faros de luz, también es cierto que muchas de ellas estaban dormidas o eran apenas incipientes antes de las consultas. Sin embargo, las asambleas nacionales — promovidas por el Presidente Nicolás Maduro y ahora bajo el liderazgo de Delcy Rodríguez — han activado las comunas durmientes, transformándolas en instrumentos vivos de poder colectivo

¿Por qué el gobierno sigue contando con apoyo popular a pesar de la certeza de la continua agresión estadounidense? Porque este no es un proyecto impuesto: es un proceso colectivo y democrático. La gente luchará por lo que le pertenece.

El capitalismo contemporáneo fragmenta la vida social. Uno de los grandes logros de la Revolución Bolivariana ha sido empezar a reparar lo que estaba fragmento: las personas de las comunas ya no se sienten aisladas, sino sujetos de un proyecto nacional de emancipación colectiva. Para profundizar, recomiendo lo que Chris Gilbert ha escrito en Monthly Review sobre cómo las comunas venezolanas forman parte de un proyecto antiimperialista de liberación nacional. En una comuna, el simple hecho de poder participar — en asambleas donde cientos de personas se reúnen a decidir qué hacer — reconstruye lo que el capitalismo y el imperialismo destrozaron. Los primeros pasos para reorganizar la sociedad, tanto política como económicamente, ya afloran en algunas comunas. Y eso es lo que hace que la Revolución Bolivariana sea mucho más sólida ante la extorsión que el imperialismo estadounidense intenta imponer.

IP: Aunque, no sin precedentes, la singularidad de este ataque reside, quizá, en la celeridad de su ejecución. ¿Cómo se libra una guerra popular ante un enemigo que quiere evitar confrontación directa, y se limita a operaciones clandestinas cuidadosamente coreografiadas o al uso de intermediarios criminales?

CPM: Primero, es importante aclarar lo que pasó durante la mañana del 3 de enero: el ataque estadounidense y el secuestro de nuestro presidente fue una victoria táctica para el imperialismo que, aunque no sorprenda, parece que la haya coordinado con Mosad. La superioridad tecnológica para ejecutar una operación así es innegable. Sin embargo, hay una parte de la historia que a menudo no se cuenta: la gente se resistió. Mataron a más de 100 personas en el ataque, la mayoría miembrxs de nuestras fuerzas armadas que defendieron al presidente junto a los internacionalistas cubanos. También mataron a civiles venezolanos. Su sangre representa algo que no se puede borrar: esto no fue un ataque “quirúrgico”, sino un acto de guerra imperialista contra un pueblo soberano. No obstante, la victoria táctica del imperialismo no se traducirá en una victoria estratégica. El pueblo venezolano mantiene nuestro gobierno Chavista y nuestro proyecto a largo plazo de las comunas sigue vivo y sólido.

El pueblo de Venezuela se ha organizado durante mucho tiempo para una guerra popular. En términos militares, ahora estamos en fase de resistencia: la Revolución Bolivariana ha estado sometida a agresiones durante 26 años, y durante la última década, el país ha experimentado una guerra económica sin precedentes. Este régimen de sanciones ha paralizado la economía, al reducir los ingresos petroleros de forma drástica, ha bloqueado la importación de alimentos, medicina, insumos agrícolas y maquinaria, y contribuyó a decenas de miles de muertes evitables al limitar el acceso a las necesidades básicas y tratamientos que salvan vidas.

Durante los años más difíciles, ante una campaña punitiva inusual y extraordinaria por parte de EE.UU. contra el pueblo de Venezuela, a pesar de tener menos acceso a medicinas y alimentos, el pueblo, en especial los miembros de las comunas, continuó respaldando al gobierno. En resumen, este último ataque no marca el comienzo de la guerra del pueblo; es simplemente su intensificación. Resistencia, organización, solidaridad — junto a la preparación de un pueblo armado (en el caso del venezolano, la milicia con sus ocho millones de activxs) — siempre han sido el corazón de la guerra popular en Venezuela, como lo fueron en Vietnam o Argelia. El ataque más reciente solo ha fortalecido la voluntad de lucha, al profundizar el compromiso colectivo en defensa de la revolución, la cual se manifiesta de manera más plena en las comunas.

Las comunas son formaciones intrínsecamente anticapitalistas. No dan cabida a la burguesía; al contrario, son espacios orientados a superar las relaciones sociales capitalistas. Al hacerlo, forjan la unidad de clase en torno a un horizonte nacional colectivo. Es precisamente este enfoque doble — la liberación nacional y la transformación de clases — lo que convierte a las comunas en instrumentos resilientes y poderosos de la Revolución Bolivariana.

IP: Inmediatamente después del ataque, las cotizaciones bursátiles de las grandes petroleras estadounidense subieron de forma dramática. ¿Qué busca Washington con esta guerra híbrida contra Venezuela? ¿Es solo por el petróleo o es el Proceso Bolivariano en sí? ¿Qué amenaza presenta el éxito de la Revolución Bolivariana para EE.UU.?

CPM: Digamos primero lo que todo el mundo sabe, pero conviene señalar: la bolsa de valores es un mercado de buitres. Obviamente, prosperan con la guerra. En cualquier caso, y volviendo a Venezuela y a la guerra que EE.UU. libra contra su pueblo, pienso que no se pueden separar los intereses de los estadounidenses por el petróleo del país de la intención imperialista evidente de destruir nuestro proyecto revolucionario. Hay quienes dicen que es “solo por el petróleo”. Otrxs argumentan que Washington ha desatado una campaña de sanción colectiva para prevenir que otros países se muevan en la misma dirección que Venezuela y, destruir, así, la fuerza moral de la Revolución Bolivariana. Los objetivos se articulan bajo el mismo propósito: atacar la soberanía de Venezuela. Una nación soberana con una inmensa riqueza de recursos naturales que el imperialismo trata de someter a sus fines geopolíticos y económicos. Atacan la Revolución Bolivariana porque el pueblo venezolano ha definido un proyecto soberano con un horizonte socialista y porque el estado venezolano controla las reservas de petróleo del país. No son asuntos aislados.

¿Una revolución socialista de liberación nacional con crudo en el subsuelo? ¡Un serio problema para EE.UU.!

Si Venezuela no dispusiera de las reservas de crudo, el imperialismo estadounidense nos tendría en el punto de mira, pero no con tanta acritud. Durante el ataque del tres de enero, las fuerzas de EE.UU. tenían un gran número de buques de guerra con miles de tropas posicionadas cerca de aguas venezolanas. El asalto implicó a más de 150 aeronaves, y el ataque se coordinó entre 20 bases distintas del hemisferio occidental. La operación se planificó durante meses, se llegaron a usar réplicas del complejo presidencial para ensayar el ataque. ¿El objetivo? Una nación dedicada a ser soberana y socialista, ubicada encima de las reservas de crudo más extensas del mundo. En este caso, ambas cosas — el petróleo y la soberanía — van de la mano.

IP: ¿Cómo ves la respuesta internacional al ataque? Muchos estados han condenado las acciones de EE.UU., pero otros evitaron exigir la libertad del presidente Maduro o apoyar su gobierno. En el contexto de una agresión tan evidente, ¿qué revela esta “solidaridad parcial”, qué rechaza el método de EE.UU. pero no necesariamente su objetivo, sobre los estados para llegar a desenvolverse en un orden mundial dominado todavía por el imperialismo estadounidense?

CPM: Si bien algunos gobiernos se limitaron a expresar rechazos huidizos o “moderados”, la realidad es que la mayoría de la población mundial vive en países que, de una manera u otra, han condenado esta violación flagrante de la ley internacional. Gustavo Petro, presidente de Colombia, llamó a Delcy Rodríguez y la invitó a Bogotá; un gesto que, de hecho, la reconoce como presidenta interina. Otros jefes de estado han seguido su ejemplo. Es un hecho relevante y positivo. Lo que sí es preocupante es el silencio de facto de las Naciones Unidas. No ha habido resolución alguna, ni la habrá. Hoy por hoy, la ONU ha dejado de ser un garante del derecho internacional para convertirse en una institución prácticamente inoperante.

En el lado de la clase trabajadora ya existe un movimiento global que se movilizó por primera vez contra el genocidio sionista en Gaza, con el respaldo de las potencias occidentales. Palestina fue un despertar para millones de personas, al obligar a muchxs en el Norte Global a confrontar las realidades de la violencia colonial e imperialista. Hoy en día, el ataque contra Venezuela emerge como un segundo despertar, que agudiza la conciencia de quienes se opusieron al genocidio, pero lo consideraron un hecho aislado, una excepción.

Las mismas redes y estructuras que llevaron a la gente a salir a la calle contra el genocidio ahora se movilizan por Venezuela y contra el imperialismo estadounidense. Lo sucedido en Venezuela revela la verdadera cara del imperialismo en su fase actual de declive: el recurso a la violencia abierta para alcanzar los objetivos cuando los gobiernos y los pueblos se niegan a acatar sus dictados. En necesario que este momento se perciba como parte de un movimiento emergente mundial, que va más allá de la clase obrera mundial en contra del imperialismo. Al mismo tiempo, E.E.U.U. ve como regresar al corazón del imperialismo las mismas formas de violencia que durante épocas impuso al Sur Global, mientras su orden político interno adopta un giro totalmente fascista.

Son muchos los signos de que la clase obrera en muchos países, inclusive los del Norte Global, comienza a ver al imperialismo como un enemigo común y ahora entiende la necesidad de luchar unidxs contra un mismo enemigo. Los estadounidenses que resisten al ICE, hoy en día la Gestapo, confrontan la violencia en su casa que nostrxs, en el Sur Global, hemos combatido muchas décadas. A medida que, como colectivo, entendamos lo que realmente es el imperialismo — por lo vivido en Palestina, por el modo en que sus viejas prácticas vuelven y ahora con el ataque a Venezuela — las condiciones para derrotarlo empiezan a coger forma. Aquí, en Venezuela, eso nos da esperanza.

IP: A través de la historia, Estados Unidos ha infringido y desestimado de manera rutinaria la soberanía de otros estados, con consecuencias limitadas o nulas. Ante esto, ¿no radica la crisis principal en el derecho internacional, sino en su aplicación asimétrica, donde el orden internacional está, en última instancia, gobernado por jerarquías de poder puro?

CPM: Efectivamente. No hace mucho, Libia — por citar solo un ejemplo— sufrió prácticamente la misma flagrante violación del derecho internacional en manos de la llamada comunidad internacional que ahora dirige la ONU, si no peor.

No hay ningún misterio: el imperialismo estadounidense ha demostrado su capacidad para causar estragos durante más de un siglo, y los nuevos espacios multilaterales en los que algunos de nosotros depositamos nuestra esperanza hace apenas unos años — los BRICS para ser exactos — aún no han emitido una respuesta ante este ataque.

Pero tengo una cosa clara: el pueblo venezolano no está igual de solo que el pueblo libio hace quince años. Las piezas que podrían unificar a la clase trabajadora del Sur y el Norte Global comienzan a encajar, porque las intenciones del enemigo ya no están ocultas — se han revelado para que todos las vean desde que comenzó el genocidio contra el pueblo de Palestina — Y cuando las clases obreras de la periferia y del centro imperial se unan en una lucha común, entonces podremos decir que el sol empieza a asomarse por el horizonte.

IP: ¿Qué pueden hacer ahora los partidos políticos, los movimientos, los sindicatos de todo el mundo para apoyar al pueblo venezolano y a la Revolución Bolivariana frente a este asalto cada vez más agresivo?

CPM: Creo que estos días es importante que la gente se movilice en las calles, pero también que trate realmente de entender lo que ocurre y contrarrestar a los medios de comunicación hegemónicos, que tergiversan la realidad. Dicen que la gente celebra el ataque, y sí, aunque algunxs se hubieran reunido en Miami, cientos de miles salen a la calle en Caracas cada día como signo de rechazo al secuestro y en apoyo del gobierno revolucionario. Dicen que vivimos un caos total y, en realidad, vivimos en un país en paz.

Tenemos que contrarrestar la narrativa de los medios corporativos, que sirven a los intereses de unos pocos y reproducen de forma clara mentiras para construir el consentimiento de guerra y encubrir la violencia imperialista; sus mentiras son parte de una guerra múltiple contra el pueblo de Venezuela y nuestro proyecto soberano. Quizá esa sea la tarea más importante de todas: romper el control de la narrativa convencional. No es fácil —ha sido imposible hacerlo por nuestra cuenta— y ese es el motivo por el que es tan determinante.

Para obtener información veraz, hay un camino relativamente sencillo en el que mi colega Chris Gilbert y yo hemos insistido: escuchar al liderazgo del gobierno revolucionario —a Delcy Rodríguez, a Diosdado Cabello, a Vladimir Padrino López. Ellos cuentan con el pleno apoyo del pueblo, y el mensaje que transmiten es claro.

Para concluir, instaría a quienes deseen defender el Proceso Bolivariano a informarse sobre el horizonte estratégico de la revolución, sobre un proyecto que es antiimperialista, socialista y profundamente comunal. Fortalecer la soberanía de Venezuela es, sin duda, fundamental en este momento. Pero la soberanía de Venezuela está entrelazada con el proyecto comunal que tiene sus raíces en una democracia sustantiva. En un mundo ensombrecido por la guerra y la desinformación, la construcción comunal no es solo un proyecto político, sino una fuente viva de esperanza. Así que eso es lo que le diría a la gente: salgan a la calle a protestar contra el ataque imperialista a Venezuela, busquen la verdad al escuchar al liderato de la Revolución Bolivariana; desafíen a la narrativa dominante de los medios; y aprendan de —y déjense inspirar por— la fuerza viva del movimiento comunal.

Cira Pascual Marquina es autora y docente popular en la Pluriversidad Patria Grande, la iniciativa educativa de la comuna El Panal y también profesora de la Universidad Bolivariana de Venezuela. También es fundadora y co-presentadora (con Chris Gilbert) del programa de educación marxista y podcast Escuela de Cuadros.

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanFrenchItalian (Standard)Arabic
Authors
Tanya Singh and Paweł Wargan
Translators
Diego Agostini, Goretti Montes and ProZ Pro Bono
Date
12.01.2026
Source
Progressive InternationalOriginal article
EntrevistasVenezuela
Progressive
International
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