El 25 de febrero, una lancha rápida registrada en Florida entró sin autorización en aguas territoriales cubanas con pasajeros vestidos de camuflaje que abrieron fuego contra una patrulla cubana.
Este ataque es el resultado previsible de una larga campaña para estrangular a Cuba hasta someterla. El bloqueo de los Estados Unidos, endurecido y defendido abiertamente por Donald Trump como herramienta de coacción económica, fue diseñado para destruir la economía de la isla y forzar una ruptura política al servicio de los intereses de los Estados Unidos.
En el centro de esta ofensiva se encuentra el secretario de Estado Marco Rubio, cuya carrera política se ha construido sobre la confrontación máxima con Cuba. Ha defendido las sanciones más duras, ha ridiculizado la diplomacia y ha tildado de ilegítimo al gobierno de la isla.
La confrontación de ayer en aguas territoriales cubanas es un claro ejemplo de que la campaña de escalada permanente de Rubio genera actores dispuestos a traducir sus ambiciones de cambio de régimen en acciones violentas: Una banda de delincuentes organizada en territorio estadounidense, que compró armas en mercados estadounidenses, robó un barco en un puerto de Florida y zarpó para llevar a cabo actos violentos contra una nación soberana.
Desde el Gabinete de la Internacional Progresista, nos unimos al llamado a la transparencia de la administración Trump, a la que hay que presionar para que dé cuenta de cómo una milicia armada de este tipo se organizó y desplegó desde su territorio sin ser interceptada.
El futuro de Cuba pertenece únicamente al pueblo cubano. El bloqueo de los Estados Unidos es un ataque a su derecho sagrado a la autodeterminación, ya que constituye una incitación al terrorismo.
Debemos derrotar el bloqueo, y podemos hacerlo. Desde el Gabinete, hacemos un llamado a las fuerzas progresistas de todo el mundo para que se unan en apoyo al pueblo cubano: para romper el asedio, entregar suministros esenciales y hacer que nuestra solidaridad con Cuba sea más que un eslogan.
