El ataque pone de manifiesto una vez más el verdadero carácter de la diplomacia de los Estados Unidos. Las conversaciones indirectas entre Teherán y Washington, mediadas por Omán, no fueron más que una pantalla tras la cual la administración Trump coordinó una agenda de «operaciones de combate importantes» bajo la bandera de la «Operación Furia Épica».
Trump ha sido claro: se trata de una ofensiva para cambiar el régimen, carente de cualquier justificación legal y mucho menos de autorización. Trump ha calificado estos ataques como «preventivos», necesarios para eliminar «amenazas inminentes» y defender la seguridad nacional. Sin embargo, Irán no ha representado ninguna amenaza inmediata para los Estados Unidos. Por el contrario, es una ambición de larga data de los Estados Unidos e Israel declarar la guerra a Irán, cuyas consecuencias letales recaerán sobre su pueblo.
Estos ataques no han comenzado hoy. Son la prolongación de un proyecto más amplio para redibujar el mapa de Asia Occidental por la fuerza. Desde Afganistán hasta Irak, desde Libia hasta Siria, desde Yemen hasta Irán, cada escalada es un peldaño en un proyecto más amplio para sofocar la soberanía regional al servicio de los intereses de los Estados Unidos e Israel. Cada uno de ellos ha dejado tras de sí Estados destrozados, poblaciones desplazadas y las ruinas de sociedades que se atrevieron a reivindicar su independencia.
La guerra imperialista no libera a los pueblos, los subyuga. La prueba se encuentra en las ruinas de Gaza, Bagdad y Trípoli, donde las bombas arrasaron ciudades y la «promoción de la democracia» dejó cenizas a su paso. Marco Rubio lo dejó claro en Múnich: los Estados Unidos no libra guerras por la libertad, sino por la recolonización, ya sea en Asia occidental o en todo el hemisferio occidental.
Nos negamos a seguir siendo observadores pasivos de este proyecto de recolonización del planeta. Desde el Gabinete de la Internacional Progresista, nos comprometemos a trabajar con nuestrxs miembros y aliadxs de todo el mundo —en sus fábricas y puertos, parlamentos y tribunales— para acabar con la maquinaria de guerra que empuja a nuestra especie hacia la extinción.
Foto: The Guardian
