Imperialism

Defendamos a Cuba de los intentos de EE. UU. por aplastarla

El gobierno de EE. UU. bajo el mandato de Trump y Rubio está intensificando el bloqueo económico que lleva décadas imponiendo a Cuba con el fin de provocar deliberadamente condiciones de hambruna y colapso.
El decreto ejecutivo de enero de 2025, que amenaza con imponer aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba, ya ha paralizado la red eléctrica de la isla, ha dejado en jaque a los hospitales, ha cerrado escuelas y ha interrumpido el acceso a alimentos y agua. A pesar de las predicciones generalizadas sobre el colapso inminente de Cuba, la Revolución ha demostrado una resiliencia notable, ejemplificada por su apuesta por la energía solar y sus compromisos de larga data con la salud, la educación y la solidaridad internacional.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, y el secretario de Estado, Marco Rubio, buscan un cambio de régimen en Cuba para finales de 2026. Sus acciones ponen al descubierto la hipocresía de la política estadounidense hacia Cuba durante décadas: dicen defender los derechos humanos mientras imponen un bloqueo que niega al pueblo cubano el acceso a recursos vitales.

Trump apoya abiertamente el regreso de la vieja élite cubana e incluso ha sugerido una «toma de poder amistosa» de Cuba por parte de Estados Unidos. Después de años en los que el establecimiento estadounidense culpaba de los problemas económicos de la isla al socialismo, la incompetencia y la mala gestión, Trump hoy se jacta abiertamente de que el embargo de EE. UU. significa que «no hay petróleo, no hay dinero, no hay nada». Si Cuba fuera realmente un Estado fallido, como afirman Trump y su predecesor Joe Biden, la guerra económica de Estados Unidos sería innecesaria. Esta renovada agresión revela a una gran potencia en declive que está perdiendo su hegemonía, dividida por contradicciones y crisis internas, y desesperada por aplastar todos los desafíos y alternativas para preservar su dominio.

Decreto ejecutivo

El 29 de enero, Trump firmó un decreto ejecutivo en el que afirmaba que Cuba constituye «una amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional y la política exterior de los Estados Unidos, y autorizaba la imposición de aranceles a los productos procedentes de países que vendan o suministren petróleo a Cuba. Esto se produjo tras la incautación, en diciembre de 2025, de petroleros que transportaban petróleo venezolano y, el 3 de enero, el violento secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

En respuesta a la amenaza de aranceles de Washington, México y otros países dejaron de enviar petróleo a Cuba. El decreto de Trump se basó en varias leyes, incluida la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, que el Tribunal Supremo de EE. UU. dictaminó el 20 de febrero que no puede usarse para imponer aranceles. Pero eso no cambia mucho las cosas: Trump puede usar otras leyes para autorizar las medidas. De todos modos, no se habían cobrado aranceles, pero la simple amenaza ya había detenido de hecho los envíos de petróleo a Cuba.

El decreto de Trump tuvo un impacto inmediato en la isla, que depende del combustible importado para generar la mitad de sus necesidades de electricidad. En dos semanas, la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas advirtió que los servicios esenciales estaban en riesgo:

Las unidades de cuidados intensivos y las salas de urgencias se ven afectadas, al igual que la producción, el suministro y el almacenamiento de vacunas, hemoderivados y otros medicamentos que requieren condiciones de temperatura específicas. En Cuba, más del 80 por ciento de los equipos de bombeo de agua dependen de la electricidad, y los cortes de luz están afectando el acceso al agua potable, el saneamiento y la higiene.

La escasez de combustible ha interrumpido el sistema de racionamiento y la canasta básica regulada, y ha afectado a las redes de protección social —alimentación escolar, casas de maternidad y hogares de ancianxs—, con un impacto desproporcionado en los grupos más vulnerables.

Los hospitales cubanos ya han suspendido la atención no urgente, mientras que las ambulancias carecen de combustible. Muchas escuelas, institutos y universidades también han tenido que cerrar. El transporte público y privado, así como el transporte de mercancías, se han reducido drásticamente. Los lugares de trabajo, ya sean estatales, privados o cooperativos, han recortado drásticamente su actividad. La escasez de combustible ha interrumpido la producción de alimentos, la refrigeración y el transporte, lo que ha provocado desabastecimiento, subidas de precios y largas colas para conseguir productos básicos. La recolección de basura se ha colapsado, lo que aumenta los riesgos sanitarios. Los constantes apagones hacen que la vida cotidiana sea extremadamente difícil. Algunas aerolíneas internacionales han cancelado vuelos porque Cuba carece de combustible de aviación, y varios gobiernos han desaconsejado todos los viajes que no sean esenciales, lo que ha provocado una mayor pérdida de ingresos por turismo en Cuba.

Mark Weisbrot, coautor de un reciente estudio publicado en Lancet Global Health en el que se calcula que las sanciones unilaterales causan más de medio millón de muertes al año en todo el mundo, escribió sobre el bloqueo petrolero de Trump: «Ahora mismo podemos ver en tiempo real cómo se producen esas muertes... El colapso de las importaciones de petróleo ha tenido efectos inmediatos y potencialmente mortales».

En febrero, Trump dijo a lxs periodistas que Rubio estaba participando en conversaciones de alto nivel con funcionarios cubanos. Los dirigentes cubanos lo negaron, y un reportaje de Drop Site News sugirió que Rubio estaba mintiendo para poder afirmar después que las conversaciones fracasaron por la intransigencia cubana y así presionar por un cambio de régimen. A Rubio no le bastará con el llamado «modelo venezolano» de solo destituir al presidente en Cuba.

Luego, el 13 de marzo, el presidente cubano Miguel Díaz**–**Canel anunció que, junto con Raúl Castro, estaba dirigiendo conversaciones con representantes del gobierno de EE. UU. «con el objetivo de encontrar soluciones a través del diálogo». Reiteró la posición histórica del gobierno revolucionario: que Cuba solo participaría «sobre la base de la igualdad y el respeto por los sistemas políticos de ambos Estados, y por la soberanía y la autodeterminación de nuestro Gobierno». Esto siguió a un anuncio del día anterior de que se liberaría a cincuenta y un presos, con la mediación del Vaticano.

Guerra económica, con el objetivo de provocar un cambio de régimen

Las medidas recientes agravan las dificultades derivadas de casi siete décadas de guerra económica. El «embargo» de EE. UU. contra Cuba es el sistema de sanciones más prolongado y extenso de la historia moderna. No se trata simplemente de una cuestión jurídica o bilateral entre ambos países, sino de un bloqueo que obstaculiza las relaciones de Cuba con el resto del mundo, viola los derechos humanos y frena el desarrollo.

La mayoría de lxs cubanxs en la isla han pasado toda su vida aguantando la escasez causada por decisiones tomadas en Washington para ganar votos en Miami. En 2025, el informe anual de Cuba ante las Naciones Unidas calculó que el costo acumulado del bloqueo de EE. UU. superaba los 170 mil millones de dólares. Los costos suben año tras año, llegando a 7.6 mil millones de dólares solo entre marzo de 2024 y febrero de 2025.

El objetivo de la política estadounidense quedó establecido hace mucho tiempo en un memorándum de 1960 del diplomático estadounidense Lester Mallory titulado «El declive y la caída de Castro», que proponía una guerra económica «para provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno». Las sanciones forman parte de este conjunto de herramientas.

Durante su primer mandato, Trump adoptó una política de «máxima presión» contra Cuba, introduciendo más de 240 nuevas sanciones y medidas coercitivas para aislar al país del comercio mundial y del sistema financiero internacional. Esto coincidió con la pandemia de COVID-19 y golpeó duramente a Cuba: volvieron los apagones, escaseaban los productos y los medicamentos, se dispararon la inflación y la emigración, huyeron lxs inversionistas extranjerxs y se agotaron las reservas internacionales. La vida ya era extremadamente dura para lxs cubanxs antes de que Trump volviera al poder en 2025, con Rubio —cuya carrera se ha forjado en la oposición de línea dura al socialismo cubano— como nuevo secretario de Estado.

¿Podrá sobrevivir Cuba?

«Cuba está al borde del colapso», proclaman al unísono los medios de comunicación dominantes. Sin embargo, décadas de investigación y experiencia vivida en Cuba invitan al escepticismo ante esos titulares. La desaparición del socialismo cubano se ha pronosticado más veces de las que se intentó asesinar a Fidel Castro. Como escribí en un libro sobre cómo la Cuba revolucionaria sobrevivió al colapso del bloque liderado por la Unión Soviética, esta revolución escribió el manual de la resiliencia.

Más allá de la afirmación de la soberanía nacional, argumentaba, la creación de un modelo alternativo de desarrollo fue clave para ello. Un capítulo analizaba la Revolución Energética de 2006, que marcó el inicio del cambio de Cuba hacia una matriz de energía renovable. Ante la actual crisis del suministro de petróleo, este cambio está resultando vital.

Ya en 2024, el gobierno cubano anunció planes para instalar noventa y dos parques de paneles solares para 2028 con crédito y tecnología de China. Estos tendrán una capacidad de generación instalada de dos gigavatios diarios. La mitad de los parques previstos ya están instalados, aportando alrededor de un gigavatio-hora diario, lo que supone cerca del 20 por ciento de las necesidades eléctricas de Cuba. Otro 30 por ciento proviene de combustibles fósiles producidos en el país.

Sin embargo, siguen existiendo serios obstáculos: las inversiones y la construcción se ven obstaculizadas por el bloqueo petrolero de Trump; los sistemas fotovoltaicos deben conectarse a la red nacional; hay una falta de capacidad de almacenamiento para la energía producida, por lo que solo contribuye durante el día; y aunque los vehículos eléctricos han llegado a Cuba en los últimos años, la mayor parte de la flota de transporte depende del combustible. Si el bloqueo petrolero de Trump y Rubio sigue intacto, ¿cuánto tiempo podrán sobrevivir el socialismo cubano y, de hecho, el pueblo cubano?

El mundo necesita a Cuba

Esto no es un cálculo matemático ni un rompecabezas intelectual; es una crisis humana que debería preocuparnos a todxs. Pero, ¿qué perderíamos si Trump lograra lo que doce de sus predecesores no pudieron: la destrucción del socialismo cubano?

A pesar de todos sus defectos, Cuba ha demostrado que, tras siglos de colonialismo y dominación imperialista, un pueblo subyugado puede tomar el control de su tierra y sus recursos y trazar su propio camino en materia de desarrollo, relaciones internacionales y valores. Los compromisos históricos con la soberanía y la justicia social de lxs revolucionarixs cubanxs vinculan las guerras de independencia del siglo XIX con la Revolución de 1959, la adopción del socialismo y la lucha contra el imperialismo y el subdesarrollo. También sustentan el simbolismo de Cuba para el Sur Global.

Lxs izquierdistas que critican el sistema cubano se equivocan al menospreciar los notables logros que la Revolución trajo a las masas cubanas —en educación, salud, vivienda, deportes, cultura, democracia participativa, ciencia y justicia económica y social— al tiempo que se dan pasos audaces en la lucha contra el racismo, el sexismo y la opresión de clase.

Esto es lo que inspira a la gente de todo el Sur Global, donde vive alrededor del 85 por ciento de la población mundial. Cuba es una pequeña isla que desafió a un imperio y llevó su propia versión del socialismo al hemisferio occidental, forjada a través de su propio proceso revolucionario, no impuesta desde afuera. Surgidas de un ejército rebelde heterogéneo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba humillaron a Estados Unidos en la Bahía de Cochinos en 1961.

Cuba ha sido una espina clavada para el imperialismo estadounidense: apoyando movimientos de liberación nacional y guerrilleros en todo el Sur Global y jugando en una liga superior a la que le corresponde en términos geopolíticos. Este fue el pequeño país que envió 400.000 soldados a Angola para defenderla de las fuerzas invasoras de la Sudáfrica del apartheid. Ha desafiado constantemente la hegemonía estadounidense en las Américas y el imperialismo en todo el mundo, enviando personal militar y médico a lo que el presidente George W. Bush llamó una vez «cualquier rincón oscuro del mundo».

A su vez, Cuba ha sobrevivido a la agresión implacable de la potencia dominante del mundo, ya sea a través de acciones militares abiertas y encubiertas; sabotajes y actos terroristas por parte de las autoridades estadounidenses y lxs exiliadxs aliadxs; la guerra económica; o el aislamiento internacional. Ha intentado debilitar a Cuba promoviendo una emigración peligrosa, incluyendo a menores no acompañadxs (Operación Peter Pan, 1960–62) y también a médicxs cubanxs (el Programa de Libertad Condicional para Profesionales Médicos Cubanos, 2006–17), al tiempo que obstaculiza las remesas, las visitas familiares y los visados. A todo esto se suma la lucrativa financiación de programas para cambiar el régimen.

En este contexto, la Revolución Cubana ha logrado mucho. Le ha demostrado al Sur Global los beneficios de un desarrollo centrado en el bienestar bajo una economía planificada socialista con una democracia participativa. El Estado revolucionario mejoró los indicadores de desarrollo hasta alcanzar los niveles de los países ricos en una sola generación.

Su sistema de salud pública, gratuito y universal, alcanzó la mayor proporción de médicxs por persona del mundo. Redujo drásticamente la mortalidad infantil, aumentó la esperanza de vida y eliminó enfermedades. Su sistema de educación pública universal es gratuito para todxs, incluso en los niveles más altos, lo que ha convertido a lxs cubanxs en uno de los pueblos más alfabetizados y cultos del mundo. Invirtió en arte, cultura y deporte, reconociéndolos como derechos humanos. Invirtió en ciencia y tecnología para el desarrollo social.

Creó un sector biotecnológico único, financiado y propiedad del Estado, que produjo la primera vacuna del mundo contra la meningitis B, la primera vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón, un tratamiento para las úlceras del pie diabético que reduce la necesidad de amputaciones en más del 70 por ciento, y las únicas vacunas contra el COVID-19 creadas en América Latina y el Caribe. Incluso ahora, está probando nuevos y prometedores medicamentos para la enfermedad de Alzheimer. Cuba es líder mundial en desarrollo sostenible y agroecología y cuenta con un plan estatal único a largo plazo para hacer frente al cambio climático, conocido como Tarea Vida.

Un estudio de 2022 realizado por Jason Hickel y Dylan Sullivan reveló que, entre 1990 y 2019, las políticas neoliberales causaron 15,63 millones de muertes adicionales en todo el mundo por desnutrición que se podrían haber evitado con políticas al estilo de Cuba, incluyendo 35.000 en Estados Unidos. En un mundo donde 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda, 2.000 millones carecen de agua potable y 3.500 millones carecen de saneamiento, el socialismo cubano ofrece una alternativa viable.

Esta fuerza del ejemplo es el único sentido en el que representa «una amenaza inusual y extraordinaria» para Estados Unidos. Como advirtió Fidel Castro antes de la invasión de Bahía de Cochinos, ¡a Cuba no se le perdonaría llevar a cabo «una revolución socialista justo bajo las narices de Estados Unidos»!

La Cuba revolucionaria también ha movilizado el programa de asistencia humanitaria internacional más grande del mundo, desde profesionales de la salud hasta especialistas técnicos y trabajadorxs de la construcción. El investigador guatemalteco Henry Morales calculó que entre 1999 y 2015, la ayuda al desarrollo de Cuba en el extranjero equivalía al 6,6 por ciento de su PIB, en comparación con el promedio europeo del 0,39 por ciento y el 0,17 por ciento de Estados Unidos. Desde 1960, más de 600.000 profesionales médicxs cubanxs han prestado servicio en más de 180 países, salvando y mejorando millones de vidas, especialmente entre las poblaciones desatendidas de los países más pobres.

El gobierno de EE. UU. está saboteando activamente el internacionalismo médico cubano con mentiras, manipulaciones y amenazas contra los países receptores. Bajo la presión de Trump, algunos gobiernos han enviado a lxs médicxs cubanxs de vuelta a casa, perjudicando directamente a sus propia ciudadanía, que se queda sin atención médica. Un cambio de régimen no solo devastaría a Cuba, sino que perjudicaría a millones de personas en todo el mundo que dependen de la ayuda cubana.

Rechaza las peticiones para que Cuba llegue a un acuerdo

Esta administración de Trump ha mostrado un desprecio absoluto por el derecho internacional. Ha llevado a cabo ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el Océano Pacífico, ha secuestrado petroleros, ha secuestrado a las tripulaciones y se ha apoderado del petróleo. Ha secuestrado al presidente de Venezuela y a su esposa y ha amenazado con invadir incluso a sus propios aliados de la OTAN, al tiempo que ha resucitado y ampliado la Doctrina Monroe y ha violado los derechos humanos y la autodeterminación nacional.

En este contexto, los llamados a Cuba para que «haga un trato» con Trump equivalen a amenazas veladas contra su soberanía. En lugar de dar consejos a la isla asediada, lxs intelectuales y analistas deberían exigirle al gobierno de EE. UU. que rinda cuentas por sus crímenes. Lxs académicxs no deberían legitimar la idea de que Trump tiene derecho a llevar a cabo un cambio de régimen, como hace la nueva iniciativa académica de la Universidad Internacional de Florida al intentar «guiar a Cuba hacia la libertad y la democracia, para apoyar la transición».

Una reciente petición en línea, «Académicxs en Solidaridad con Cuba», condena la política de asfixia del gobierno de EE. UU. y defiende el derecho de Cuba a la autodeterminación y al desarrollo socialista. Instamos a académicxs y estudiantes de todo el mundo a firmarla. Más allá de las peticiones, necesitamos acciones concretas para defender a Cuba. Organismos internacionales como la ONU, el BRICS, la UE y el Grupo de los 77 y China deben oponerse al acoso de Trump enviando combustible y otros bienes esenciales a Cuba. Pero no podemos esperar a que lo hagan.

Podemos donar fondos y recursos ahora mismo. Let Cuba Live! está comprando paneles solares; la Campaña Saving Lives y Global Health Partners están adquiriendo equipos médicos; y el Proyecto Hatuey proporciona medicamentos contra el cáncer para los niños cubanos. Puedes apoyar o unirte al Convoy Nuestra América a Cuba, liderado por la Internacional Progresista, que anima a gente de todo el mundo a viajar a La Habana por tierra, aire y mar para una movilización masiva el 21 de marzo. Hagas lo que hagas, hay que actuar ya. Cuba ha mostrado una solidaridad sin igual con el mundo. Ahora el mundo debe apoyar a Cuba.

Helen Yaffe es profesora de economía política latinoamericana en la Universidad de Glasgow. Es autora de «¡Somos Cuba! Cómo un pueblo revolucionario ha sobrevivido en un mundo postsoviético» y de «Che Guevara: La economía de la revolución». Es copresentadora del podcast «Cuba Analysis».

Available in
EnglishSpanish
Author
Helen Yaffe
Translator
Maria Inés Cuervo
Date
18.03.2026
Source
JacobinOriginal article🔗
Progressive
International
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