Housing and Land Rights

Así es la vida de una familia atrapada en la mira de la "despalestinización" de Jerusalén por parte de Israel

Las fuerzas israelíes derriban la casa soñada por una familia palestina como parte de la expansión de los asentamientos y el desplazamiento forzado de comunidades cerca de Jerusalén.
La familia Hamdia construyó su hogar en 2020, solo para verlo arrasado sin previo aviso y quedarse sin hogar junto con sus seis hijos. A principios de 2026, el aumento generalizado de demoliciones de viviendas en Cisjordania por parte de Israel destruyó 300 propiedades palestinas. Los coordinadores locales y los observadores legales ven estas demoliciones como una herramienta sistemática para crear zonas de amortiguamiento para los asentamientos israelíes, aislar Jerusalén Este de Cisjordania y presionar a las comunidades palestinas para que abandonen la zona, una política que, según advierte la ONU, podría provocar la "despalestinización" de Jerusalén.

El cielo gris proyecta una luz pálida sobre la entrada de la aldea palestina de Qalandia, al norte de Jerusalén. La calle accidentada en la rotonda parece un solar urbano abandonado, con una torre de vigilancia israelí a lo lejos y el muro de separación israelí dividiendo el paisaje sobre una colina cercana. Algunos coches se apresuran a salir de la rotonda hacia Ramala, mientras que un antiguo arco a un lado indica: "Bienvenidos a Qalandia".

Dentro de la aldea, el paisaje presenta un marcado contraste: jardines verdes, olivos y remolques de labranza estacionados rodean casas de piedra, separadas por calles tranquilas y estrechas. Hay un hombre de pie frente a un montón de escombros, saludando a quienes visitan el lugar. "Bienvenidos a lo que solía ser mi hogar", dice.

Samer Hamdia, un trabajador de la construcción de mediana edad, camina sobre los restos de la casa que construyó con los ahorros de toda una vida y donde, hasta hace poco, vivía con su esposa y sus seis hijos. Las fuerzas israelíes la demolieron el pasado diciembre como parte del aumento de demoliciones de viviendas palestinas que Israel está llevando a cabo en Cisjordania.

Israel considera que la aldea de Qalandia, adyacente al muro de separación israelí, forma parte de la Jerusalén anexionada, motivo por el cual ha sido objetivo de demoliciones durante los últimos años. En 2016, se demolieron unas 30 casas de Qalandia en una sola noche. Desde entonces, Israel ha emitido periódicamente órdenes de demolición contra más familias de la aldea.

Según Jamal Jumaa, coordinador de la campaña de base Stop The Wall, la zona del norte de Jerusalén "es una parte crucial de los planes de asentamiento de Israel alrededor de Jerusalén, ya que ha rodeado la ciudad por todos lados, aislándola del resto de Cisjordania".

En Qalandia, lo único que separa la parte de Jerusalén anexionada por Israel de Cisjordania es el muro. Pero Israel tiene planes para cambiar esta realidad. "Desde 2009, Israel ha anunciado planes para construir un asentamiento para israelíes religiosos ortodoxos en las tierras de Qalandia, en la zona donde solía estar el aeropuerto de Jerusalén antes de la ocupación", explica Jumaa. "Para ello, es necesario crear una zona de amortiguamiento, lo que paralizaría el crecimiento de comunidades palestinas cercanas como Qalandia".

Sin embargo, esta política de demolición de viviendas no se limita al norte de Jerusalén. A mediados de febrero, el Centro de Asistencia Legal de Jerusalén (JLAC) informó de que Israel había demolido 300 propiedades palestinas en Cisjordania en el primer mes y medio de 2026. Haaretz informó que la oleada de demoliciones israelí estaba "despejando el camino" para la expansión de los asentamientos israelíes, mientras que la ONU advirtió sobre la irreversible "despalestinización" de Jerusalén, alertando de que el genocidio en Gaza podría "estar desbordándose hacia Cisjordania".

Según Jumaa,la falta de concesión de permisos de construcción obliga al pueblo palestino a construir viviendas sin ellos, que luego son demolidas. Y añade: "Esta situación bloquea cualquier plan futuro para la población palestina de la zona, que acaba viéndose abocada a marcharse".

Samer se encuentra en el lugar donde antes estaba su casa, ahora en ruinas, acompañado de su hijo Mahdi. Ambos comienzan a recordar lo que solía ser su hogar.

"Aquí habíamos construido dos apartamentos separados en un solo edificio", dice Samer, señalando el montón de escombros. "Uno para toda la familia y otro para Mahdi, que se preparaba para casarse". Mahdi sonríe, pero sigue mirando los escombros.

"Trabajé en la construcción de la casa con más pasión que en cualquier otra obra", continúa Samer. "Es nuestra casa, después de todo. Mi casa". Se ríe al recordar su primera noche en su nuevo hogar. "Aquella noche dormí como no había dormido en mucho tiempo. Sentí una gran paz y satisfacción".

La familia Hamdia comenzó a construir su casa en 2020, pero el sueño de poseerla en propiedad había surgido mucho antes. "Empecé a trabajar cuando tenía 17 años, hace mucho tiempo", dice Samer. "He estado ahorrando para construir una casa desde entonces. Después de casarnos, mi esposa y yo vivíamos en la casa de mis padres, al otro lado del pueblo". Señala hacia la distancia, donde se ven varias casas de Qalandia.

En 2016, Samer compró el pequeño terreno para su casa. Solicitó el permiso de construcción a las autoridades militares israelíes — en lugar de a la Autoridad Palestina (AP) — porque su terreno se encuentra en el Área C, la zona que abarca aproximadamente el 60 por ciento de Cisjordania y que está bajo un control militar israelí total. El 40 por ciento restante del territorio, designado como Áreas A y B según los Acuerdos de Oslo de 1993, se rige por distintos grados de administración compartida entre la AP y el ejército israelí.

Mientras que la AP concede los permisos de construcción para las Áreas A y B, las autoridades israelíes rara vez emiten tales permisos para el Área C. Pero Samer igual lo solicitó, dice, porque creía tener más posibilidades de obtener uno. Explica que su terreno está a solo unos pasos del Área B, lo que, en su opinión, facilitaría la aprobación. O eso creía.

"Hice todo el papeleo a través de un bufete de abogados en Ramala, pero poco después de solicitar el permiso, el abogado del bufete me llamó a su despacho", detalla Samer. "Me dijo que preparara mucho dinero porque el litigio iba a tardar bastante".

En 2020, el caso seguía estancado en los tribunales y la familia necesitaba mudarse a una casa nueva. "Tanto mi familia como mis padres ancianos necesitaban más espacio y los trámites del permiso seguían su curso, así que pensamos que iniciarla construcción de la casa", explica.

La petición de Samer para conseguir un permiso de construcción permaneció estancada en los tribunales israelíes durante 10 años. Gastó 10.000 NIS (3.164 dólares) en honorarios legales y nunca obtuvo el permiso. No obstante, la amenaza para la vivienda familiar llegó mucho antes. "En 2016, los israelíes vinieron y distribuyeron órdenes de demolición. Yo ya había presentado mi solicitud de permiso de construcción, pero llegué por la mañana y encontré una orden de demolición sobre mi terreno cuando casi no se había construido nada todavía", dice Samer. "El abogado estaba desconcertado y me dijo que tenía que ser un error, que no era para mí. Dijo que lo seguiría en los tribunales".

“Como un martillazo al corazón”

Para los Hamdia, construir la casa era más que cumplir un sueño u obtener más espacio: representaba el crecimiento de su clan familiar y un mayor arraigo en su aldea.

En las aldeas palestinas, los clanes familiares han vivido juntos en pequeños complejos durante siglos. Conocidos comúnmente como hosh, estos complejos se componen de múltiples casas individuales que pertenecen a hermanos y sus familias. Cuando los nietos se casan y comienzan a formar sus propias familias, se separan y forman un nuevo hosh para ellos. "El matrimonio de Mahdi y la construcción de su casa iban de la mano", explica Samer. "Este iba a ser el primer edificio del hosh de Samer Hamdia, que incluiría más hogares para los hermanos de Mahdi cuando ellos también se casaran". La esposa de Samer, Najla, se une a la conversación con su hija menor, Mira, de 11 años. Caminan entre los escombros, mirando los detalles en cada rincón. "No había vuelto desde la demolición hasta ahora", dice Najla. "Me duele el corazón verlo en escombros. Es como revivir la pérdida otra vez".

"Construir un hogar era el proyecto más importante que teníamos como familia, era como el logro de toda una vida", explica. "Extendimos todos estos cheques a mi nombre para pagar los materiales de construcción, fui muchas veces a Ramala para depositar dinero en mi cuenta bancaria, e incluso entregué mis joyas de boda en una joyería como garantía. Todavía estamos endeudados a día de hoy".

Durante las últimas semanas antes de mudarse, Najla dejó de trabajar en la casa de sus suegros y pasó todo su tiempo en su nueva vivienda, arreglando cada detalle de la decoración y el mobiliario con sus hijas. La familia se mudó a su nuevo hogar el 18 de enero de 2024, el día del cumpleaños de Samer. "Desde enero de 2024 hasta enero de 2025, tuve paz en mi casa", recuerda Najla. "Me despertaba por la mañana con el canto de los pájaros, luego preparaba el desayuno para toda la familia y pasaba la mayor parte del día en casa, haciéndola lo más hermosa posible".

Esa paz comenzó a desvanecerse a principios de 2025, cuando el abogado llamó a Samer para decirle que las autoridades israelíes no le concederían el permiso de construcción después de todo. A la solicitud le faltaban algunos documentos, dijo. "Fue entonces cuando sentí que la cuenta atrás había comenzado, pero el abogado también dijo que los israelíes no vendrían a demoler sin previo aviso", dice Samer. "Y, sin embargo, lo hicieron".

En la mañana del 16 de diciembre de 2025, la familia Hamdia se despertó con el estruendo de los motores israelíes. Un todoterreno de la policía había llegado a la calle de la casa de los Hamdia, seguido de una excavadora. Samer entendió inmediatamente que era el momento que había estado temiendo.

"El oficial israelí me dijo directamente que habían venido a por mi casa", recuerda Samer. "También dijo que habían enviado un aviso, que nunca recibí. A continuación, me dijo que iba a ir al otro lado de la aldea a entregar una orden de demolición a otra familia y que luego regresaría para supervisar la demolición de mi casa".

"Una oficial de policía entró en la vivienda y comenzó a golpear las paredes para ver de qué estaban hechas", detalla Najla. "Nos ordenó a mis hijas y a mí que saliéramos. Le dije: 'esta es mi casa' y le grité que se fuera, pero entonces puso la mano sobre su rifle y gritó, así que salimos en pijama sin llevarnos nada".

Cuando el agente israelí regresó, cientos de residentes de Qalandia ya se habían reunido y habían comenzado a sacar los muebles y otras pertenencias de la familia. "Me sorprendió la rapidez de la respuesta de los vecinos", dice Samer. "Y cuando aparecieron los periodistas, los policías comenzaron a ordenar a todo el mundo que se dispersara antes de lanzar gas lacrimógeno".

La policía israelí lanzó tanto gas lacrimógeno que la reportera de Al Jazeera Tharwat Shaqra lloraba en directo mientras informaba sobre la demolición. Samer y sus hijos vieron cómo se derrumbaba el hogar que tanto les costó construir, pero la escena fue demasiado para Najla.

"Cada acometida de la excavadora era como un martillazo a mi corazón", recuerda. "Había puesto tanto de mí misma en esa casa que no podía quedarme mirando cómo nuestros muebles se arrojaban a la calle".

Para Samer, la demolición de su casa fue como desperdiciar "toda una vida de trabajo".

"No sé cómo vamos a salir de esta", exclama. "Pero una cosa es segura: si esperan que nos vayamos, están soñando. Nos quedaremos aquí, cueste lo que cueste".

Qassam Muaddi es el redactor de Palestina para Mondoweiss. Síguelo en Twitter/X en @QassaMMuaddi.

Available in
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Author
Qassam Muaddi
Translator
Enrique Jover Veloz
Date
17.04.2026
Source
MondoweissOriginal article🔗
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