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Hace dos días, conmemoramos el aniversario de la Nakba, un proceso que aún continúa. Durante estos largos años, ante los ojos y oídos de la comunidad internacional y sus instituciones —todos estos sacrificios que el mundo hizo para normalizar las relaciones entre Estados y pueblos—, vemos cómo son desmantelados por la mano sionista-estadounidense, con premeditación y sin disimulo alguno.
El 7 de octubre llegó, y con él, el genocidio flagrante perpetrado contra nuestro pueblo en Gaza. Las redes sociales en esta era tuvieron el mérito de transmitir la imagen rápidamente al mundo, por lo que la gente se movilizó como lo vimos en el terreno, como pueblos, no como regímenes. Pero dentro de Palestina, las masacres, ejecuciones y violaciones tienen décadas de antigüedad. No es una novedad para el pueblo palestino hacer los sacrificios que hace.
La observación básica con respecto a lxs prisionerxs específicamente es esta: cuando el/la detenidx es un/una militante en la calle y es capturadx, sigue siendo un/una militante —que confía en lxs de afuera—. Pero, lamentablemente —y esto es algo que aprendimos al seguir el caso del militante Georges Abdallah, para quien la causa de lxs prisionerxs siempre fue el tema central, tanto dentro como después de la prisión—, él siempre decía que el preso, en el momento en que se transforma de un héroe-militante en un prisionero, comienza a perder. Mientras permanezca en cautiverio, luchando, podrá mantenerse firme y moverse dentro de la prisión gracias a esta entereza, en la que se ve a sí mismo como un militante. Pero la movilización de la gente del exterior en apoyo al prisionero es una parte fundamental de su firmeza. Y como dijo el prisionero liberado Mohammed, nos decepcionaron lxs de afuera. Ya sea en el entorno más cercano, en la nación árabe o en otros sectores que debieron respaldar a lxs cautivxs, estos regímenes los abandonaron hace mucho tiempo. Este abandono no es nuevo.
Por lo tanto, cuando el sionismo pretende legalizar las matanzas que comete todos los días, no lo hace porque se haya convertido en alguien que entiende el sistema internacional o que se preocupa por el derecho internacional; lo hace para legitimar los asesinatos cotidianos que lleva a cabo contra lxs palestinxs. En absoluto, al contrario. Esta ley surgió como una presión adicional sobre la movilización a favor de lxs prisionerxs, así como hacia las figuras clave dentro de las prisiones israelíes, particularmente tras los acontecimientos del 7 de octubre. Estaba destinado a intimidar a lxs de afuera, no solo a los de adentro. Los que están dentro, como escuchamos en el testimonio —y quizás haya casos aún más duros que los descritos por Mohammed— se han acostumbrado a ello. Ellos saben que al final podrían morir como mártires. Sin embargo, el efecto disuasorio de esta ley está dirigido a lxs de afuera: ponle límites a tu lucha, porque hay una ley esperándote y te diriges a una ejecución inmediata.
Por supuesto, esta entidad no tiene nada que ver con leyes ni acuerdos internacionales, e ignora todo tipo de convenios. ¿Vamos a invocar el Convenio de Ginebra sobre lxs prisionerxs y las guerras, y el trato que estxs deben recibir? Esta entidad no tiene nada que ver con ninguna de estas reglas. Y el 7 de octubre movilizó a las calles de Europa, la misma gente que durante todos estos años ignoraba lo que estaba pasando en Palestina. El mérito corresponde, ante todo, a la población de Gaza: de las pequeñas pantallas que llevaban en sus teléfonos, transmitiendo a diario la realidad del genocidio que se desarrollaba en el corazón de la Franja. Esto atrajo la atención del mundo hacia este monstruo de nuestra región que no puede subsistir si no es a base de sangre. Se alimenta solo de sangre.
La movilización de la ciudadanía europea en apoyo a la causa palestina tras el 7 de octubre no tuvo precedentes, reflejada en las multitudes masivas que abarrotaron las calles. El mérito corresponde al pueblo gazatí bajo asedio, despojado de todo, que logró transmitir fielmente la realidad al exterior. El juicio al sionismo pasó a celebrarse con mayor fuerza en las calles que en los tribunales internacionales. En cuanto a la relevancia de las demandas presentadas, las cuales acorralaron a ciertxs funcionarixs israelíes, estas siguen careciendo de mecanismos de ejecución. Se trata de decisiones que requieren un gran respaldo político y un arduo trabajo que nos permita afirmar que, si recurrimos al derecho internacional y a los tribunales internacionales, sería posible ejercer un impacto real contra esta entidad. Los mecanismos de ejecución son casi inexistentes aquí.
Hay otro punto que quiero destacar, evocando nuevamente las palabras del militante Georges Abdallah tras su liberación: que reunía fuerzas gracias a quienes estaban fuera y a todxs aquellxs que se solidarizaban con su causa. Al mismo tiempo, siempre distinguió entre su situación durante su reclusión en Francia y la condición de lxs prisionerxs en las cárceles del enemigo sionista. No existe punto de comparación. Y es que, al menos, conservaba sus derechos fundamentales como prisionero: lo suficiente para mantenerse al tanto del acontecer en el mundo exterior. Desde luego, este beneficio no existe para lxs presxs en las cárceles israelíes debido a las violaciones legales a sus derechos, los cuales son completamente inexistentes en el cautiverio.
Partiendo de esta premisa, se requiere que nosotrxs, el pueblo palestino y el mundo árabe, generemos movilizaciones —no solo de solidaridad con lxs prisionerxs—, sino de verdadera resistencia por la causa central. Acciones que no se extingan y permanezcan vivas; capaces, en algún momento, de transformar la lucha de lxs prisionerxs en un frente que documente estas violaciones. El movimiento de lxs prisionerxs posee una extensa trayectoria en la documentación de las violaciones perpetradas —ya sea mediante escritos, testimonios o correspondencia con organismos y tribunales internacionales, así como a través de la Cruz Roja. Consiguieron dar a conocer numerosos relatos desde el interior de las prisiones, permitiéndonos entender lo que sucede allí. Desarrollaron una profunda solidaridad mutua. Pero, lamentablemente, desde el exterior no se obtuvo el respaldo necesario al movimiento de lxs prisionerxs.
Existía una enorme brecha entre la labor política sobre el terreno y el trabajo del movimiento dentro de las cárceles. Lxs prisionerxs, a través de su firmeza y con limitadas capacidades a su alcance, generaron esa fuerza —de la cual todavía nos nutrimos, en lugar de ser al revés. Deberíamos ser nosotros quienes les infundamos esa firmeza permitiéndoles mantener su militancia en cautiverio y seguir adelante. Pues si solo dependemos de interponer denuncias a través de la Cruz Roja para que lleguen a la ONU, a la Corte Penal Internacional o a cualquier organismo internacional, esto no alteraría en lo más mínimo la situación actual. No sería más que una simple noticia. Pero sobre el terreno, ¿cómo enfrentamos a un enemigo que ignora las leyes y los derechos humanos, que no respeta norma internacional alguna y que además, se jacta y enorgullece de ello —en medio de este silencio cómplice y sospechoso de los regímenes árabes—?
Aquí estamos, en el Líbano. Nos están librando una guerra y hoy contamos con más de 21 prisionerxs libanesxs —de quienes no se sabe nada, ni se conoce su paradero—. Hasta el momento, nuestro gran gobierno no ha dado un solo paso legal ni ha presentado ninguna solicitud para determinar su destino. La forma en que se está abordando su situación es inaceptable. En lugar de cerrar filas frente a este enemigo, aprendiendo de la experiencia palestina en todos sus detalles, vamos y le decimos al sionista: ven, sentémonos contigo a ver cómo podemos alcanzar la paz. Lamentablemente. No quiero llevar la conversación al Líbano interno, pero una cosa lleva a la otra.
El único contraataque a nivel legal que parece viable y que, de algún modo, puede acorralar a esta entidad son las demandas que estamos interponiendo ante tribunales penales, así como las órdenes de detención emitidas y adoptadas por algunxs Estados que respaldan la causa palestina. No podemos negar que estas medidas han cercado a funcionarixs israelíes y a los responsables de los crímenes perpetrados contra lxs palestinxs, consiguieron un efecto, de una forma u otra.
Ahora bien, cuestionar el mecanismo de ejecución es un asunto completamente distinto. Si quisiéramos llevar las cosas solo hasta sus últimas consecuencias o si nos negáramos a actuar debido a las limitaciones de esta labor, no haríamos nada. Sin embargo, la labor de documentación es de suma importancia. El testimonio que Mohammed acaba de ofrecer puede ser documentado, dado a que él está presente y tiene información que aportar. Podemos hacerlo. En el caso de la niña Hind Rajab, se identificó al responsable de su muerte y la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto en su contra. Podemos documentar, trabajar en ello y poner a la comunidad internacional ante sus responsabilidades —a pesar de la limitada aplicación de sus decisiones, esperando el momento en que esto sea viable (como ocurrió en el caso de Georges Abdallah, donde surgió la oportunidad, y su liberación terminó costándole a Francia mucho menos que mantenerlo en cautiverio, debido al papel que desempeñó en la opinión pública europea y árabe y el resto de mundo, con el discurso de resistencia que impulsó—especialmente en lo que respecta a la causa israelí, que siempre fue su prioridad absoluta). A medida que la situación regional se reconfiguraba, para lxs francesxs, la presencia de Georges Abdallah en sus prisiones se convirtió en una carga. La realidad jurídica se integró con la realidad política, lo que condujo a la decisión de liberar a Georges Abdallah y a su llegada al territorio libanés. Como sabemos, el poder judicial francés dio marcha atrás e impugnó esta decisión. Tras la llegada de Georges Abdallah al Líbano, el Tribunal de Casación decidió anular su liberación. Sin duda, mediante una nueva aberración legal, a través de la cual Francia, en la coyuntura actual, presentaba una vez más sus credenciales al sionismo estadounidense.
Cuando preguntamos cómo enfrentar un sistema colonial que convierte la muerte en ley, la respuesta radica en la unidad en torno a la estrategia de resistencia; la unidad del fusil de lucha, es tal vez, el único salvavidas para poner fin a esta entidad criminal y usurpadora, respecto a la cual todos sabemos que la confrontación es una guerra por la existencia y no una guerra de fronteras. Por lo tanto, si este frente de resistencia no se unifica en toda su diversidad, también de ello podemos extraer lecciones tras lo sucedido —pues la realidad palestina alberga en su seno la totalidad de estas vivencias—. No necesitamos fijarnos en trayectorias ajenas; la experiencia de este pueblo poderoso en todos sus componentes es suficiente para que comprendamos los mecanismos que debemos trabajar para unificar y devolver al movimiento combativo y su estrategia de resistencia su gloria sobre el terreno —evitando que esta causa se reduzca a solo historias y testimonios que leemos en los libros, por muy importantes que estos sean—. La resistencia armada y la lucha insurgente son las primeras y últimas opciones para poner fin a esta entidad.
Fida Abdel Fattah es una abogada con experiencia en derecho internacional y en la defensa jurídica de prisionerxs políticos, incluido el caso de Georges Abdallah. Abdel Fattah analiza cómo el derecho puede ser utilizado como una herramienta colonial para legitimar la violencia, al tiempo que critica las limitaciones de las instituciones jurídicas internacionales al momento de hacer frente a los abusos en curso. Al mismo tiempo, enfatiza la importancia de la documentación, la acción jurídica y la solidaridad política sostenida como mecanismos para desafiar la impunidad y apoyar las luchas de lxs prisionerxs.
