Gasoductos hacia Occidente

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Los planes sionista-estadounidenses para remodelar Asia Occidental mediante nuevos corredores energéticos y comerciales

El 19 de marzo de 2026, un día después de que Estados Unidos e Israel atacaran el yacimiento de gas de South Pars en Irán, que suministra aproximadamente el 80 por ciento del gas natural nacional del país, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, expuso su visión para la región: “Basta con tener oleoductos y gasoductos que vayan hacia el oeste a través de la Península Arábiga, hasta Israel, hasta nuestros puertos del Mediterráneo, y habremos eliminado los cuellos de botella para siempre”.

Tras el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán como demostración de su soberanía, la escalada de los precios del petróleo se ha dejado sentir en todo el mundo y ha desencadenado lo que se está convirtiendo en la mayor crisis energética de la historia. Netanyahu aprovechó el momento para presentar un corredor de oleoductos por tierra como una «solución clara» para eliminar la capacidad de Irán de sacar partido de su ubicación geográfica. Al desviar el petróleo del Golfo hacia el oeste a través de la Península Arábiga hasta los puertos mediterráneos ocupados por Israel, se prescindiría por completo el estrecho de Ormuz, lo que elevaría la importancia estratégica de Israel como eje mundial de energía y tránsito.

La propuesta de Netanyahu no es nada nuevo. Refleja la estrategia de larga data de Estados Unidos e Israel para reconfigurar Asia Occidental. Mediante la guerra híbrida, Estados Unidos e Israel han buscado el desarme total de todas las fuerzas regionales que se oponen a su hegemonía y a su proyecto expansionista genocida. Los acuerdos de normalización con los Estados árabes fronterizos con Palestina han resultado esenciales para esta estrategia, creando dependencias asimétricas respecto a las exportaciones energéticas israelíes y cultivando una clase compradora de élites árabes interesadas en mantener el proyecto sionista.

El cierre del estrecho de Ormuz ha acelerado el desarrollo de los corredores energéticos entre Oriente y Occidente. A través del Corredor económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC, por sus siglas en inglés), Israel aspira a convertirse en la puerta de entrada indiscutible para el comercio energético entre Asia y Europa, en clara oposición al comercio Sur-Sur. Sin embargo, estos planes están lejos de estar finalizados. Se enfrentan a propuestas alternativas que sitúan a Turquía en el centro de unas cadenas de suministro energético rediseñadas. 

Este extenso artículo analiza dos grandes corredores energéticos que compiten entre sí entre Oriente y Occidente —el corredor de Turquía y el corredor IMEC— y examina cómo los acuerdos de normalización de Israel han dado un giro a su dependencia inicial de las importaciones de energía. Es importante destacar que, aunque Estados Unidos e Israel han impulsado la creación del corredor IMEC, Israel sigue beneficiándose de la ampliación del corredor de Turquía debido a su dependencia del petróleo crudo que transita por esa misma ruta. Llegamos a la conclusión de que debe imponerse un embargo energético total a Israel, con el fin de cortar las exportaciones de combustible que le permitan llevar adelante sus aspiraciones expansionistas y coloniales.

Normalización: la legitimación de Israel en la región

La energía ha sido un recurso esencial para consolidar el proyecto de colonización sionista y para crear las relaciones de dependencia asimétricas que sustentan las relaciones de Israel con la región de Asia Occidental. Durante gran parte del siglo XX, Israel contó con reservas nacionales limitadas de petróleo y gas, por lo que dependía de las importaciones de combustible procedentes de Estados no árabes para hacer frente a su aislamiento respecto a los Estados árabes que se negaban a comerciar con él. El embargo petrolero árabe de 1973-74 demostró cómo la energía podía utilizarse como una ventaja clave contra Israel y sus patrocinadores imperiales. Tras la revolución iraní de 1979, que detuvo de forma efectiva las exportaciones no oficiales de petróleo de Irán a Israel, el régimen israelí se vio obligado a diversificar urgentemente sus fuentes de petróleo y a considerar la posibilidad de impulsar la producción nacional. 

Los acuerdos de Camp David de 1978 sentaron las bases iniciales para la normalización de las relaciones entre los países árabes e Israel. El acceso al petróleo de la península del Sinaí permitió a Israel hacer frente al impacto inmediato de la «crisis del petróleo» provocada por la revolución iraní. Desde 1978 en adelante, cada ronda de acuerdos de normalización, desde Oslo hasta los Acuerdos de Abraham, ha mantenido la seguridad de las rutas comerciales y energéticas de Israel mediante la creación de relaciones de subordinación con sus vecinxs árabes, al tiempo que se ha perseguido el cerco de las fuerzas de resistencia en la región, entre ellas Hezbolá, Ansar Allah e Irán. 

El descubrimiento del yacimiento de gas Leviathan en 2010 por parte de la empresa energética israelí NewMed permitió a Israel contrarrestar su tradicional dependencia de las importaciones de gas y posicionarse para convertirse en uno de los principales exportadores mundiales de energía. La producción actual de gas de Israel supera ya la demanda de su mercado interno. A medida que la industria del gas de Israel se expande gracias a la inversión de empresas energéticas occidentales, como BP y Chevron, es probable que este excedente siga creciendo. En consecuencia, Israel pone gran énfasis en exportar su excedente de gas, especialmente a los estados árabes vecinos. Desde el inicio de su producción de gas natural, el régimen israelí ha recaudado $9.500 millones en ingresos procedentes de tasas, gravámenes sobre los beneficios e impuestos a las empresas. Estos beneficios contribuyen directamente al genocidio y a la economía colonialista de Israel. 

La producción y el suministro constantes de gas natural por parte de Israel han hecho que los Estados árabes vecinos dependan de estas exportaciones energéticas. En 2016, Jordania firmó un acuerdo secreto por valor de $10.000 millones para comprar 300 millones de pies cúbicos de gas al día durante 15 años. Israel suministra actualmente el 40 por ciento de las importaciones de gas natural de Jordania, y la vigencia de este acuerdo impide que Jordania pueda liberarse de esta dependencia de Israel en caso de que descubra sus propias reservas de gas. Egipto, que en su día fue uno de los mayores exportadores de gas de la región, ha sido testigo de cómo su propio sector energético nacional se ha perjudicado al vender gas a Israel por debajo del coste de producción, lo que ha dado lugar a una creciente dependencia de Egipto respecto a las exportaciones de gas israelíes. Para Egipto, la normalización de relaciones desde los Acuerdos de Camp David solo ha significado una mayor subordinación, ya que Israel tiene la capacidad de interrumpir el suministro de combustible. Tras el ataque coordinado de Estados Unidos y los sionistas contra Irán en junio de 2025, la suspensión del suministro de gas de Israel a Egipto ya provocó apagones a nivel nacional y suscitó preocupación por una inminente crisis energética.

Los Acuerdos de Abraham —una serie de acuerdos de normalización firmados en 2020 y negociados por Estados Unidos entre Israel y varios países árabes, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Sudán y Marruecos— brindaron la oportunidad de crear nuevos corredores comerciales regionales que convertirían a Israel en un importante centro de tránsito mundial. Los acuerdos pusieron de manifiesto la creciente integración estratégica entre los Emiratos Árabes Unidos e Israel. Un acuerdo de 2020 entre la Eilat Ashkelon Pipeline Company y el MED-RED Land Bridge tenía como objetivo transportar el petróleo del Golfo Pérsico a los mercados europeos a través del oleoducto Eilat-Ashkelon, evitando el Canal de Suez. Sin embargo, este acuerdo no se materializó y, según se informa, se pospuso debido a «preocupaciones medioambientales». El bloqueo naval del Mar Rojo por parte de Ansarallah en 2023, en respuesta al genocidio y al asedio de Gaza por parte de Israel, frustró además cualquier pretensión de establecer rutas comerciales nuevas y seguras. 

No obstante, con la reciente salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP y la ampliación de los lazos comerciales y en materia de seguridad con Israel, parece probable que se negocien nuevas rutas energéticas que afiancen la posición de Israel como potencia regional en materia de energía y tránsito y que, en última instancia, fomenten nuevas dependencias asimétricas. Las masas árabes que apoyan a Palestina pagan el precio definitivo de estos acuerdos de normalización que erosionan la soberanía de sus estados, profundizan el autoritarismo de regímenes compradores impopulares alineados con EE. UU. y legitiman un proyecto colonizador y expansionista capaz de ejercer presión a través del control energético.

Ya en camino hacia Occidente: el corredor turco

El corredor turco engloba los oleoductos que ya se dirigen “hacia Occidente”. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha brindado a Turquía la oportunidad de afirmar que su infraestructura energética es esencial para eludir el estrecho de Ormuz.

Aunque los acuerdos de normalización con los países árabes han contribuido a facilitar los planes de Israel de convertirse en un importante exportador de energía y centro de tránsito regional, Israel sigue dependiendo principalmente de las importaciones para su suministro de petróleo crudo. Actualmente, más del 40 por ciento del petróleo crudo total de Israel se transporta a través del puerto turco de Ceyhan.

En enero de 2026, nuestra investigación conjunta con el Movimiento Juvenil Palestino y la Internacional Progresista reveló que se han producido 57 envíos, que transportaban 47 millones de barriles de petróleo crudo, desde que el estado turco anunciara un embargo comercial contra Israel en mayo de 2024. Los petroleros que realizan estos viajes apagan sistemáticamente sus señales de rastreo y se dirigen a los puertos israelíes en secreto.

La mayor parte de este crudo llega al puerto israelí de Ashkelon EAPC, situado a menos de 10 kilómetros de Gaza. Una vez descargado, se transporta a la refinería de Haifa, propiedad del Grupo Bazan, o a la refinería de Ashdod, propiedad de Paz Oil. Estas empresas, incluidas en la lista negra de la ONU, tienen acuerdos contractuales vigentes para suministrar al Ministerio de Defensa israelí productos energéticos de nivel militar. Estos productos alimentan la expansión de los asentamientos ilegales de Israel, así como los aviones de combate y otros vehículos militares utilizados para llevar a cabo el genocidio de Israel en Gaza y sus agresiones regionales. Este petróleo del que depende Israel procede del oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC).

El «Contrato del Siglo» sustentó el proyecto energético de la "Nueva Ruta de la Seda", valorado en $4.000 millones, que se materializó poco después de la disolución ilegal de la Unión Soviética y la creación del estado independiente de Azerbaiyán. Este momento histórico catalizó la política exterior estadounidense, orientada a crear "corredores energéticos" unidireccionales diseñados para facilitar la extracción a largo plazo de los recursos naturales orientales.

Bajo la administración Clinton, a mediados de la década de 1990, BP impulsó los intereses imperialistas estadounidenses y británicos. La multinacional británica lideró los esfuerzos para presionar al gobierno azerbaiyano, lo que incluyó la financiación por parte de BP de una visita oficial de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher para consolidar los lazos con el nuevo estado en 1994.

Doce años después, se completó la construcción del oleoducto desde la capital de Azerbaiyán, pasando por Georgia, hasta el puerto turco de Ceyhan. Hoy en día, el precio del crudo "Azeri Light BTC" ha aumentado considerablemente como consecuencia de la decisión de Irán de cerrar el estrecho de Ormuz.

Como explicó en su momento el embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, Richard Morningstar, el objetivo del "corredor de tránsito energético Este-Oeste" no era "simplemente construir oleoductos y gasoductos", sino "utilizar [estos] oleoductos como herramientas para establecer un marco político y económico".

El impulso del régimen israelí a favor de «oleoductos hacia el Oeste» promueve precisamente este marco político y económico: reconfigurar la región de Asia Occidental para consolidar el proyecto expansionista de Israel y aislar a Irán y a otrxs actores de la resistencia. En consecuencia, el oleoducto BTC, operado por la gigante petrolera británica BP, debe entenderse como un paradigma para el futuro desarrollo energético de la región.

En el caso concreto de Turquía, el oleoducto BTC desempeña un papel mucho más amplio e integral. Sirve como prueba de que Turquía es un proveedor energético fiable y "neutral", capaz de convertirse en un centro de comercio energético a largo plazo para Occidente. En este contexto, el oleoducto BTC es solo uno de los tres corredores energéticos unidireccionales turcos fundamentales que se dirigen hacia Europa.

Una segunda ruta clave es el Corredor de Gas del Sur. Este corredor está formado por tres grandes gasoductos: el Gasoducto del Cáucaso del Sur, el Gasoducto Trans Anatolio y el Gasoducto Trans Adriático. Los tres gasoductos operan en territorio turco y lo atraviesan, lo que convierte a Turquía, una vez más, en un elemento político y físico esencial para esta infraestructura energética. Entre 2021 y 2024, el suministro de gas a través de estos gasoductos a los estados de la UE que necesitaban diversificar sus fuentes de energía aumentó un 40 por ciento. Esta tendencia ha continuado, y Alemania y Austria se han convertido en los últimos estados en importar gas a través de esta ruta a partir de enero de 2026.

Cabe destacar que el Corredor de Gas del Sur transporta gas procedente del yacimiento de Shah Deniz, en Azerbaiyán. Este yacimiento fue el mayor descubrimiento de gas de la historia de BP y se encuentra muy cerca de los yacimientos petrolíferos de ACG, que suministran crudo al oleoducto BTC. Ambos puntos de extracción de energía del mar Caspio siguen siendo propiedad mayoritaria de BP, mientras que la empresa energética nacional de Turquía posee una participación minoritaria. En la actualidad, BP sigue siendo un accionista clave de todos y cada uno de los gasoductos que conforman el Corredor de Gas del Sur. La presencia de la empresa energética británica es una réplica del modelo del gasoducto BTC, lo que se ve reflejado en la propia referencia de BP al Corredor de Gas del Sur como "el proyecto del siglo".

El tercer gran oleoducto que transporta petróleo a través de Turquía es el de Kirkuk-Ceyhan, conocido comúnmente como «el oleoducto Irak-Turquía». A diferencia de los dos proyectos anteriores, este oleoducto se asemejaba inicialmente a una alianza política más cercana a una ruta de suministro Sur-Sur, en comparación con la creación impulsada por EE. UU. del oleoducto BTC y la financiación por parte de la Comisión Europea del Corredor de Gas del Sur. Aunque se construyó en 1973, el mismo año del embargo petrolero árabe, ha permanecido infrautilizado e inactivo desde 2023 debido a procedimientos pendientes ante el Tribunal de Arbitraje Internacional.

Sin embargo, desde que Irán cerró el estrecho de Ormuz en respuesta a la guerra impuesta por Estados Unidos e Israel, el ministro de Energía turco y el director de la Agencia Internacional de la Energía han pedido públicamente que el oleoducto Irak-Turquía se convierta en la principal ruta petrolera para eludir a Irán y acelerar la producción de petróleo. Es revelador que estos anuncios se produzcan tras la firma, en febrero de 2026, de un memorando de entendimiento entre la empresa petrolera nacional de Turquía y BP para explorar y extraer petróleo iraquí, lo que indica la intención de BP de reactivar el oleoducto inactivo.

Si este proyecto se lleva a cabo, aumentaría el acceso de Europa al mercado energético al incrementar el volumen de petróleo iraquí que llega al puerto turco de Ceyhan y reduciría la dependencia mundial del estrecho de Ormuz. Al tratarse de un oleoducto terrestre, se considera un medio económico y eficiente para transportar grandes cantidades de petróleo. Sin duda, esto elevaría el estatus de Turquía como actor energético líder a nivel mundial.

El petróleo del oleoducto Irak-Turquía podría acabar exportándose a Israel. Sin embargo, eso entraría en conflicto con los objetivos generales del régimen israelí: debilitar a los estados regionales fuertes, pasar de ser importador a exportador de energía y reclamar el dominio regional en materia de tránsito y energía. Es en esta contradicción donde entra en juego el corredor IMEC.

Corredores en competencia: Israel y el IMEC

Cuando Netanyahu declaró públicamente la necesidad de «rutas alternativas», dejó claro que los gasoductos debían pasar "por la península arábiga, hasta llegar a Israel, hasta nuestros puertos del Mediterráneo». Esta ruta propuesta coincide con las previsiones del IMEC, un proyecto diseñado para consolidar a Israel como la puerta de entrada indispensable para el comercio entre oriente y occidente. 

Anunciado por primera vez en la Cumbre del G20 celebrada en Nueva Delhi en septiembre de 2023, el IMEC se concibió como una ruta comercial para competir con la iniciativa de la Franja y la Ruta de China, integrando las economías de Asia, el Golfo Pérsico y Europa. Los productos energéticos se enviarían desde los puertos de la costa occidental de la India, situados en torno al estrecho de Ormuz, a los Estados del golfo, desde donde se transportarían a través de Arabia Saudí antes de atravesar Jordania e Israel para llegar al puerto de Haifa. La combinación de trayectos mar-tierra-mar convierte esta ruta en una propuesta enormemente costosa y compleja, que requiere importantes modernizaciones portuarias e infraestructuras que aún deben construirse, entre ellas ferrocarriles y oleoductos en Jordania. 

La operación de inundación de Al-Aqsa frenó los pasos iniciales del proyecto. Sin embargo, como se ha visto a principios de este año con el secuestro del presidente venezolano Maduro por parte de Trump y el robo de petróleo venezolano, la acción militar estadounidense suele ser un precursor de la reorganización de las rutas comerciales imperialistas.

Tras los ataques militares contra Irán este año, EE. UU. e Israel ya están sentando las bases para una ofensiva más agresiva en pro de la hegemonía sionista-estadounidense en la región. El 29 de abril de 2026, los senadores Cory Booker y Dave McCormick presentaron la Ley de la Puerta de Entrada del Mediterráneo Oriental, de carácter bipartidista, diseñada para aumentar la implicación de EE. UU. en la región como una «puerta de entrada estratégica en el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa". Al anunciar la legislación, el senador McCormick declaró: "La Operación Furia Épica demostró que el Mediterráneo Oriental no está al margen de Oriente Medio, sino que se encuentra en el centro del mismo".

La promoción del Mediterráneo Oriental como el llamado «centro» de Oriente Medio está totalmente planificada. Es consecuencia directa del fortalecimiento del régimen israelí por parte de Estados Unidos mediante un suministro ilimitado de armas y sucesivos acuerdos de normalización negociados con los estados árabes vecinos. El proyecto de ley cita explícitamente como fundamento “la política de Estados Unidos de ampliar y reforzar los Acuerdos de Abraham para animar a otras naciones a normalizar sus relaciones con Israel”.

El proyecto IMEC se considera, por tanto, un vehículo clave para consolidar los lazos de normalización entre Israel, la India, los estados árabes y la UE, y los avances ya están tomando forma tangible incluso antes del anuncio de la cumbre del G20.

Fundado en 2020, el Foro del Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF) —entre cuyos miembros se encuentran Jordania, Israel, Chipre, Grecia, Egipto, la Autoridad Palestina, Francia e Italia, además de observadores como la UE, EE. UU. y el Banco Mundial— tenía como objetivo reducir la dependencia europea del gas ruso y sustituirlo por el GNL estadounidense, más caro. Este objetivo se materializó en 2022 mediante el acuerdo de gas de la UE con Egipto, que dictó las condiciones de las ventas de GNL de Egipto a Europa e integró el gas israelí en la cadena de suministro.

Desde entonces, Israel ha tratado de expandir aún más su industria del gas, licitando permisos de exploración marítima mientras llevaba a cabo su genocidio, incluyendo permisos para extraer gas de aguas palestinas anexionadas por Israel. En Davos, en enero de 2026, Jared Kushner presentó la visión de la "Nueva Gaza" para la "Junta de Paz" liderada por EE. UU., hablando de oportunidades para expandir la industria energética una vez que se hayan garantizado la "seguridad" y la desmilitarización en Gaza. Aunque se desconocen los detalles de cualquier plan de infraestructura energética, dado el robo histórico y continuado de recursos palestinos por parte de Israel, es probable que Gaza Marine —una reserva de gas sin explotar valorada en $4.000 millones— sea una parte fundamental de las exportaciones de gas de Israel a la UE, junto con el GNL estadounidense.

Más allá de los planes incompletos de la Junta de Paz, los signatarios del IMEC han seguido estrechando sus vínculos con Israel. El gigante energético indio Adani adquirió el puerto israelí de Haifa en 2023. Tras un aumento exponencial del comercio desde los Acuerdos de Abraham, se prevé que la reciente salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP dé lugar a una relación comercial aún más estrecha con Israel. Estados Unidos ha sido pionero en la «alianza 3+1», formalizando su papel en la asociación estratégica entre Israel, Chipre y Grecia. La solicitud del Líbano al presidente francés Macron para unirse al IMEC recibió críticas generalizadas por considerarse un intento de normalizar indirectamente las relaciones con Israel. Desde adquisiciones industriales hasta relaciones geopolíticas, todas estas medidas apuntan a que Israel se convierta en una, si no en la, puerta de entrada clave para la energía y otros intercambios comerciales de Oriente a Occidente.

No es de extrañar que Netanyahu presentara el proyecto ante la Asamblea General de la ONU en un mapa titulado "La bendición", contraponiéndolo a un segundo mapa en el que Irán aparecía coloreado en negro y titulado "La maldición". Los sionistas recurren con frecuencia a este lenguaje con connotaciones religiosas para invocar la visión cada vez más presente de un «Gran Israel». El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, expresó esto de forma infame cuando dijo que «no estaría mal si [Israel] se quedara con todo»

A pesar de la actual dependencia de Israel del crudo BTC procedente de los puertos turcos, Turquía ha sido notoriamente excluida del IMEC y del Foro del Gas del Mediterráneo Oriental.

En febrero de 2026, Netanyahu abogó por un nuevo «hexágono de alianzas» para contrarrestar lo que denominó un «eje suní emergente», en clara referencia a Turquía. Un día antes de que Estados Unidos e Israel atacaran por primera vez a Irán, Yoav Gallant, buscado por crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional, advirtió del auge de Turquía en la región y pidió que se buscara la normalización como parte de la "doctrina periférica" de Israel.

A pesar de su oposición retórica y de las crecientes amenazas israelíes contra ella, Turquía sigue permitiendo el flujo de petróleo para alimentar el genocidio de Israel. Para Israel, el IMEC ofrece un futuro en el que ningún país de la región pueda ejercer influencia alguna sobre él. Mediante acuerdos de normalización, ocupación militar, guerra híbrida y agresión genocida, Israel está imponiendo su proyecto de subordinación regional y desarme.

La lucha por un embargo energético

La visión de Netanyahu de que los oleoductos «se dirijan hacia el oeste a través de la península arábiga, hasta llegar a Israel, hasta nuestros puertos del Mediterráneo» no es una fantasía especulativa. Es el probable resultado final de décadas de acuerdos de normalización, cada uno de los cuales ha subordinado los estados árabes a las necesidades energéticas de Israel, al tiempo que ha enriquecido a una clase compradora árabe interesada en apoyar el sionismo.

El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán puso de manifiesto una amenaza devastadora tanto para el sistema del petrodólar estadounidense como para la dependencia mundial del petróleo del Golfo Pérsico transportado a través del estrecho. Dado que la infraestructura militar y de inteligencia estadounidense es un objetivo en todo el golfo, como los preciados sistemas de defensa aérea THAAD, la cuestión de la reconstrucción de los activos estadounidenses e israelíes podría estar muy bien relacionada con la viabilidad del proyecto IMEC. El IMEC tiene el potencial de servir de garante para que Israel obtenga un mayor apoyo militar europeo si ello significaba que los suministros vitales de petróleo pudieran verse amenazados por futuros ataques de represalia.

El orden emergente del IMEC está, sin embargo, lejos de ser indiscutible. Turquía, excluida del IMEC y del Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, se ha posicionado como la vía de acceso alternativa. El gasoducto BTC, el Corredor Meridional del Gas y el gasoducto Irak-Turquía, actualmente inactivo, ofrecen rutas hacia el oeste que eluden tanto el estrecho de Ormuz como a Israel. Por ahora, Israel sigue dependiendo paradójicamente de la infraestructura turca, ya que más del 40 por ciento de su petróleo crudo sigue llegando desde Ceyhan. Sin embargo, el IMEC está concebido para poner fin a esa dependencia, garantizando que ninguna potencia regional pueda ejercer influencia energética sobre Israel.

Las cadenas de suministro no solo se ven afectadas por la infraestructura material de los oleoductos; sino que contienen múltiples factores de interrupción. En el caso del IMEC, Estados Unidos ha estado fomentando activamente la inversión del sector privado por parte de empresas energéticas y comerciales para ayudar a materializar el proyecto. En cuanto al oleoducto BTC, propiedad de BP, el gigante energético británico está profundamente arraigado en instituciones públicas, universidades y fondos de pensiones de toda Gran Bretaña, mientras que las investigaciones por satélite que revelan envíos secretos de petróleo a Israel ya han desencadenado preguntas parlamentarias y presión pública exigiendo que se aplique debidamente el embargo comercial de Turquía.

Dada la integración estratégica de los intereses estadounidenses y sionistas y la intensificación de su agresión en la región de Asia Occidental, es más urgente que nunca que las fuerzas progresistas de todo el mundo se resistan a la hegemonía imperialista liderada por Estados Unidos y luchen por un embargo total de armas y energía contra Israel.

Available in
EnglishSpanishPortuguese (Brazil)GermanArabic
Authors
Energy Embargo for Palestine
Translator
Cristina Frodden
Published
28.05.2026
Progressive
International
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