Al llegar a La Habana, la mayor parte de la ciudad estaba a oscuras. Por segunda vez en una semana, más de 10 millones de personas en toda Cuba se quedaron sin luz durante un apagón nacional. Nos dijeron que, en algunos lugares, la gente llevaba 14 horas sin electricidad.
Esta es la realidad humana de un bloqueo criminal e inhumano, impuesto a Cuba por los Estados Unidos. Cuba lleva más de 60 años bajo un embargo de los Estados Unidos, un embargo que no solo impide el comercio bilateral entre estos dos países, sino que intenta aislar a Cuba del resto del mundo.
Hasta enero de este año, Cuba recibía petróleo a precio reducido de Venezuela.
Sin embargo, tras el secuestro y encarcelamiento ilegal del presidente venezolano Nicolás Maduro, Trump declaró que no llegaría petróleo venezolano a Cuba, confiscando los envíos de petróleo con destino a Cuba e interceptando buques en el mar Caribe.
Al declarar a Cuba una «amenaza inusual y extraordinaria» el 29 de enero, Trump lanzó de hecho un bloqueo petrolero total al imponer nuevos aranceles a los países que suministran petróleo a Cuba, ya sea directa o indirectamente.
Bajo una interpretación muy estricta de la Ley Helms-Burton, Trump no permite que ninguna empresa que comercie con Cuba de ninguna manera pueda operar dentro de los Estados Unidos. Esto es, obviamente, un enorme desincentivo para cualquier empresa europea que quiera, por ejemplo, invertir en el sector del suministro energético en Cuba.
Este bloqueo criminal tiene consecuencias. En casa, los alimentos refrigerados se echan a perder. Las fábricas no pueden funcionar. Las escuelas no pueden funcionar. Los hospitales no pueden funcionar. Algo tan simple como desplazarse por tu propia ciudad en auto o autobús de repente ya no es posible. Los precios del mercado negro de la gasolina habían alcanzado los 40 dólares el galón. Solo quienes tienen mucho dinero de sobra pueden conseguir algo de combustible. Para millones de personas, la vida normal es muy, muy difícil.
Por eso me uní a Nuestra América Convoy a Cuba, una coalición internacional de personas y organizaciones dedicadas a llevar ayuda humanitaria esencial al pueblo cubano. La delegación, organizada por la Internacional Progresista, estaba formada por representantes de 30 países diferentes. Cuba ha estado ahí para el resto del mundo tantas veces. Ahora, el resto del mundo estaba ahí para ellxs.
Entregamos la ayuda en dos etapas.
La primera fue a un centro de solidaridad cerca del Parque John Lennon, donde ese mismo día se celebraba un concierto de música y lxs estudiantes cubanxs ofrecieron maravillosas interpretaciones de música tradicional cubana, incluida la esperanzadora e icónica canción Guantanamera. La segunda fue al Hospital Oncológico de Cuba. El diputado Richard Burgon, Natasha Hickman de la Campaña de Solidaridad con Cuba y yo entregamos varias valijas grandes llenas de equipos y medicamentos, incluidos algunos muy difíciles de conseguir en Cuba.
Lxs trabajadorxs de la salud describieron el estrés de trabajar bajo un bloqueo, privadxs del equipo necesario para tratar a lxs pacientes que llegaban. El hospital estaba muy bien gestionado, pero funcionaba en condiciones de enorme dificultad debido a la escasez que se les imponía. A menudo, no podían poner en marcha los generadores de respaldo necesarios para brindar atención vital. El propósito de la visita era doble. Uno, entregar ayuda humanitaria urgente al pueblo cubano. El segundo, movilizarse para poner fin al bloqueo, demostrar que el bloqueo se puede romper y que los Estados Unidos no pueden salirse siempre con la suya. Estábamos allí para apoyar al pueblo cubano, oponernos a estas políticas punitivas y hacer una demanda por el derecho de cada nación a vivir, desarrollarse y decidir su propio futuro sin intimidaciones.
He apoyado a Cuba toda mi vida.
Cuando Fidel Castro entró en La Habana en 1959, mi madre vino a despertarme y me dijo: «Fidel está en La Habana». Visité Cuba por primera vez en 1986 y he vuelto tres veces más desde entonces. Un recuerdo especialmente entrañable es cuando recorrí Cuba en bicicleta con uno de mis hijos. Siento una enorme admiración por el pueblo cubano, que ha sobrevivido y soportado un bloqueo criminal durante más de 60 años.
Durante nuestro viaje, tuvimos una reunión importante con el presidente Miguel Díaz-Canel, quien nos describió la difícil situación en la que se encuentra Cuba y las formas innovadoras en que lxs cubanxs están tratando de sobrevivir y prosperar. Hablamos con ministrxs, quienes nos contaron sobre la creciente necesidad de invertir en generación de energía solar y eólica. Se necesitarían unos 14 000 millones de dólares para comprar el equipo necesario y renovar el sistema de suministro de energía, con el fin de garantizar la independencia energética de Cuba.
El bloqueo de Trump debe verse como parte de un ataque mucho más amplio de los Estados Unidos contra la soberanía nacional en todo el mundo. Su supuesto derecho a intervenir —como lo han hecho en Venezuela, Irán y Cuba— va totalmente en contra de todos los aspectos del derecho internacional. De alguna manera, Trump cree que todo lo que pasa en el hemisferio sur es asunto de los Estados Unidos. No lo es. Trump le dice al mundo que está ganando. No es así. Ha perdido todos los argumentos morales y legales que existen en todo el mundo.
Mientras estuve allí, mucha gente me preguntó: ¿qué es lo que realmente quieren los Estados Unidos que haga Cuba? Los Estados Unidos no le están exigiendo nada al gobierno cubano. En cambio, el bloqueo viene acompañado de una afirmación general de que Cuba es un mal lugar y, por lo tanto, merece ser sometida a las sanciones más intensas de la historia.
El delito de Cuba es que ha desarrollado los servicios públicos, ha construido un sistema de salud universal y ha elevado la esperanza de vida a un nivel comparable o superior al de los Estados Unidos. El bloqueo estadounidense no solo intenta asfixiar a Cuba. Intenta asfixiar el ejemplo cubano.
Cada año, en la Asamblea General de la ONU, la mayoría vota en contra de las sanciones y luego no hace nada al respecto. Si Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros países ordenaran a un petrolero que fuera a Cuba a entregar petróleo, ¿bombardearían realmente los Estados Unidos ese petrolero? ¿Realmente impedirían que ese petrolero pasara? El hecho de que nuestro gobierno ni siquiera se plantee esa pregunta es prueba de su cobardía política y su bancarrota moral.
La noche antes de partir, celebramos un maravilloso evento musical por Cuba en mi circunscripción, como parte de una recaudación de fondos de emergencia para Cuba. El evento fue una prueba de la fuerza y el alcance de la solidaridad que existe por Cuba en todo el mundo. El objetivo del bloqueo criminal es claro: matar de hambre al pueblo cubano para que se rinda. No lo conseguirán. Por mucho que los Estados Unidos deseen lo contrario, Cuba no está sola.
Jeremy Corbyn es diputado independiente por Islington North.
