En el pasillo de un hospital cubano, Anne-Sophie Sarazin empieza a llorar.
Es una directora de hospital francesa, miembro de la Brigada Primero de Mayo que ha acompañado al Convoy Nuestra América a Cuba. A su alrededor se ven las señales de un país obligado a improvisar bajo asedio: escasez de medicamentos, suministro eléctrico inestable, el trabajo diario de mantener un hospital en funcionamiento cuando el Estado más poderoso del mundo lleva más de seis décadas intentando asfixiar su economía.
Pero lo que la conmueve no es solo la penuria.
«Aquí veo dignidad», dice, con la voz entrecortada. «Veo que se cuida de todo y es mágico».
Allí, en el pasillo de un hospital cubano, se hace evidente el significado del Primero de Mayo.
En Cuba, el trabajo se lleva a cabo bajo el bloqueo. La jornada laboral se alarga o se acorta por una escasez artificial impuesta desde el extranjero. Cada acto de cuidado demanda otro acto de ingenio.
El bloqueo ataca el trabajo y los recursos de todo un pueblo. Intenta hacer imposible la vida cotidiana y luego culpa al pueblo por luchar por sobrevivir.
Cuba pone de manifiesto lo que la economía mundial está diseñada para ocultar: la dominación comienza con el control sobre el trabajo, la tierra, los recursos y el derecho de un pueblo a desarrollarse según sus propios términos. El imperialismo mantiene la tierra, el trabajo y los recursos del Sur baratos para la riqueza del Norte: tierra para lxs exportadorxs, minas para las multinacionales, puertos para lxs acreedorxs, fábricas para lxs compradorxs, plataformas para el capital de riesgo y Estados bajo el mando de sanciones, deuda, normas comerciales y fuerza militar.
Frente a ese orden, la lucha de lxs trabajadorxs que hoy celebramos es también la lucha por la soberanía. Un pueblo no puede ser libre cuando se devalúa su mano de obra, se cercan sus tierras, se subordinan sus industrias, se desmantelan sus sindicatos, se privatizan sus bienes públicos y se castigan desde el extranjero sus decisiones nacionales.
En todo el mundo, esa misma lucha adopta formas diferentes.
En la India, lxs trabajadorxs de las aplicaciones se enfrentan al mando algorítmico de las plataformas. Las empresas venden rapidez a lxs consumidorxs y flexibilidad a lxs inversorxs. Lxs trabajadorxs y sus familias asumen los costos. El capataz está en la aplicación, la puerta de la fábrica se extiende por toda la ciudad y la jornada laboral se divide en tareas que se miden en segundos.
Y aun así, lxs trabajadorxs se organizan.
Se desconectan juntxs. Hacen huelga. Forman sindicatos. Se hacen visibles en una economía que depende de mantenerlxs aisladxs. En Rajastán, Karnataka, Telangana y más allá, su organización ayudó a forzar un nuevo acuerdo legal: registro, juntas de bienestar, fondos de seguridad social, mecanismos de reclamación y gravámenes a las plataformas que durante mucho tiempo han trasladado el riesgo a lxs repartidorxs y conductorxs que hacen posibles las ganancias.
Son victorias parciales, pero demuestran que el algoritmo no está por encima de la política. Se puede obligar a la app a cumplir la ley. El trabajadorx invisible puede convertirse en una persona reconocida con derechos, reivindicaciones y poder organizado.
En Brasil, la lucha por el trabajo se une a la lucha por la tierra.
Durante décadas, el Movimiento de lxs Trabajadorxs Sin Tierra ha ocupado tierras improductivas, creado cooperativas, producido alimentos, defendido los bosques y promovido un programa de agroecología y poder de la clase trabajadora. Saben que quien controla la tierra controla el futuro. La tierra determina quién come, quién trabaja, quién emigra, quién es dueño, quién gobierna. En manos de la agroindustria, la tierra se convierte en un motor de exportación, extracción y despojo. En manos de quienes la trabajan, la tierra puede convertirse en la base de la soberanía alimentaria, la reparación ecológica y la vida colectiva.
La antigua plantación ha cambiado de forma, pero la estructura perdura: tierras fértiles organizadas para la exportación, sistemas alimentarios atados a las cadenas mundiales de materias primas, mano de obra rural disciplinada por el hambre y la deuda, la selva amazónica sacrificada en aras de las ganancias en otros lugares. La agroindustria promete desarrollo mientras vacía el campo de gente y desmantela la soberanía.
Lxs trabajadorxs brasileñxs también luchan por su tiempo. En Brasilia, miles de personas se han manifestado para hacer una demanda: el fin de la semana laboral de seis días: tiempo para descansar, tiempo para criar a lxs hijxs, tiempo para estudiar, tiempo para organizarse, tiempo para vivir.
La tierra y el tiempo van de la mano. Uno determina quién alimenta a un pueblo. El otro determina si ese pueblo puede vivir con dignidad. El capital quiere controlar ambos. Lxs trabajadorxs se están organizando para recuperarlos.
En Argentina, el gobierno de Javier Milei está intentando alargar la jornada laboral y reducir el derecho a la resistencia. Sus reformas laborales buscan debilitar las protecciones, limitar las huelgas, reducir el costo de los despidos y dar a lxs empleadorxs más poder sobre la vida laboral. El programa se vende como modernización. Su contenido está muy visto: más horas, sindicatos más débiles, trabajadorxs más baratxs, propietarixs más ricxs.
Milei llama a esto libertad. Lxs trabajadorxs saben cómo se llama una jornada de doce horas.
Los sindicatos argentinos han respondido con huelgas y movilizaciones. Se enfrentan a un gobierno que trata a la clase trabajadora como material que hay que disciplinar para lxs acreedorxs, lxs inversorxs y lxs oligarcas. Su resistencia es una defensa de los salarios, los derechos y el poder organizado frente a un Estado que se ha convertido en el mazo del capital.
En Sudáfrica, lxs trabajadorxs postales luchan por salvar un servicio público del colapso.
La Oficina de Correos sudafricana conectaba en su día a comunidades de todo el país. Años de austeridad, reestructuraciones y crisis la han vaciado de contenido. Miles de trabajadorxs han sido despedidxs. Quienes permanecen llevan años sin aumentos salariales significativos, mientras la institución a la que sirven se ve empujada cada vez más al peligro.
Su lucha es por los puestos de trabajo y los salarios. También es por la infraestructura de la vida de la clase trabajadora.
Cuando se deja que los servicios públicos se deterioren, llegan los operadores privados para obtener ganancias de los escombros. Un bien común se desmantela y se vuelve a vender a la gente que lo construyó. La destrucción de los servicios públicos es un proyecto de clase; su defensa es una lucha laboral.
En los Estados Unidos, las acciones del Primero de Mayo se extienden bajo el lema «lxs trabajadorxs por encima de lxs multimillonarixs». Sus demandas abarcan todas las crisis de la sociedad de los Estados Unidos: vivienda, sanidad, allanamientos de inmigración, gasto en guerra, ataques a la democracia y la obscena concentración de riqueza en manos de unxs pocxs.
Ni trabajo. Ni colegio. Ni compras. Ni vida normal.
Las palabras traen una vieja lección a un momento nuevo. La economía se mueve gracias a los músculos, las mentes y el cuidado de lxs trabajadorxs. Se detiene cuando lxs trabajadorxs se detienen. El poder del capital se basa en un milagro diario que no puede realizar por sí mismo: gente que se presenta para construir, limpiar, enseñar, conducir, cuidar, cocinar, programar, transportar, cosechar, reparar y cuidar. Gran parte del trabajo que sostiene el mundo sigue sin remunerarse y oculto en el hogar, realizado en su gran mayoría por mujeres.
La lucha dentro de los Estados Unidos importa para el mundo. El mismo Estado que bloquea a Cuba, arma a Israel, sanciona a Venezuela, amenaza a China y rodea el planeta con bases militares también disciplina a su propia clase trabajadora con deuda, deportación, prisiones, precariedad y miedo. El imperio se vuelve hacia fuera y hacia dentro a la vez.
Cuando lxs trabajadorxs del núcleo imperial se organizan contra lxs multimillonarixs, los allanamientos, los presupuestos de guerra y el abandono, abren un frente en el mismísimo centro del imperio.
Desde La Habana hasta lxs trabajadorxs de plataformas de la India, desde el movimiento de lxs sin tierra de Brasil hasta los sindicatos de Argentina, desde lxs trabajadorxs postales de Sudáfrica hasta las calles de los Estados Unidos, el Primero de Mayo revela un hilo conductor.
Lxs trabajadorxs luchan por sus condiciones de vida.
Luchan por la tierra contra el cercamiento, por el tiempo contra el agotamiento, por los servicios públicos contra la privatización, por la tecnología contra el dominio algorítmico, por los salarios contra la deuda y la inflación, por la energía contra el bloqueo, por el desarrollo contra la dependencia, por la soberanía contra un orden imperial que decide quién puede vivir con dignidad y quién debe seguir siendo baratx, hambrientx, endeudadx y desechable.
Eso es lo que Anne-Sophie Sarazin vio en el pasillo del hospital cubano.
Vio un país sitiado. Vio la escasez impuesta desde fuera. Vio a lxs trabajadorxs al límite de sus fuerzas. Pero también vio dignidad: la dignidad del cuidado frente al castigo, del trabajo organizado para la vida, de un pueblo que se niega a renunciar a las instituciones que lo hacen soberano.
Este es el significado del Primero de Mayo en un mundo sitiado.
El mundo sobrevive porque lxs trabajadorxs lo hacen sobrevivir.
Y el mundo puede ser reconstruido por las manos que lo mantienen unido.
Reescribiendo las reglas en Bogotá
Del 2 al 4 de mayo, los economistas más reconocidos del mundo se reunieron en Bogotá junto a académicos, responsables de políticas públicas y científicos sociales para debatir sobre la construcción de alternativas económicas y la formulación de propuestas programáticas en respuesta a los retos del actual orden económico internacional.
Convocada por el Gobierno de Colombia y la Internacional Progresista —y con el apoyo del Centro de Pensamiento VIDA—, la cita incluyó discursos magistrales, mesas redondas, sesiones plenarias y un «Festival de las Economías de la Vida» que invitó al público colombiano a participar en un diálogo sobre el Sur Global dentro del orden internacional. La reunión contó con la participación de figuras como Gustavo Petro, David Harvey y Jayati Ghosh para impulsar propuestas sobre el control soberano de los recursos, la reestructuración de la deuda y la inversión pública a gran escala. Más información aquí.
India: Eliminados de la democracia
En Bengala Occidental (India), se han eliminado 9,1 millones de nombres de los censos electorales justo cuando el estado se dirige a las urnas, lo que supone más del 10 % del electorado. La Comisión Electoral denomina el proceso «Revisión Intensiva Especial»; el primer ministro Modi lo ha descrito como una campaña contra los «infiltrados ilegales de Bangladés», sin aportar pruebas de tal infiltración. El resultado es una maquinaria de exclusión: votantes musulmanes eliminados de forma desproporcionada, notificaciones de eliminación generadas sin explicación y millones de personas obligadas a demostrar su derecho a participar en su propia democracia. Como advierte el Observatorio de la Internacional Progresista, las purgas de votantes, la manipulación algorítmica y los procedimientos legales se están convirtiendo en armas para privar del derecho al voto.
Pakistán: Una escuela contra el imperio
En Lahore, el Partido Haqooq-e-Khalq, miembro de la Internacional Progresista, convocó la Conferencia Internacional Antiimperialista, organizada junto con la Academia Popular el 3 de mayo. El encuentro reunió a académicos y activistas para hacer frente a las nuevas formas de dominación que se ciernen sobre el Sur: deuda, guerra, extracción de recursos, colapso climático, militarismo y la apropiación de la vida democrática por parte del capital. Desde Pakistán, donde trabajadores, campesinos y estudiantes están construyendo una política de poder popular, la conferencia plantea la pregunta central de nuestro tiempo: ¿cómo pueden los pueblos del Sur romper con la dependencia y conquistar la soberanía sobre su tierra, su trabajo, sus recursos y su futuro? Descubre más sobre la conferencia aquí.
Israel ataca la Flotilla Global Sumud
Las fuerzas israelíes interceptaron la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales cerca de Grecia, confiscando más de 20 embarcaciones que se dirigían a Gaza con ayuda humanitaria y deteniendo a unos 175 activistas. La flotilla zarpó para desafiar el bloqueo ilegal de Israel y abrir un corredor humanitario hacia un pueblo que sigue bajo asedio. La Internacional Progresista se une al llamado urgente a los gobiernos para que garanticen la seguridad de todos los participantes, hagan la demanda de la liberación de los detenidos y garanticen el derecho de la flotilla a navegar hacia Gaza.
El 30 de abril de 1975, el Frente de Liberación Nacional de Vietnam derrotó a las fuerzas invasoras de los Estados Unidos, abriendo el camino hacia la reunificación de Vietnam y liberando a su pueblo de más de un siglo de dominio imperialista.
En 1954, el ejército vietnamita derrotó de forma contundente al imperialismo estadounidense tras seis décadas de colonialismo. Pero los acuerdos diplomáticos firmados ese año aseguraron que los franceses se aferraran a su territorio en el sur del país. Se acordó temporalmente que Vietnam se dividiría y se planeó una elección para formar un nuevo gobierno de unidad.
Esta elección nunca se llevó a cabo.
Los Estados Unidos sabía que, si se permitían elecciones libres y justas, los comunistas saldrían victoriosos. El propio presidente Eisenhower admitió que el 80 por ciento de los vietnamitas habría apoyado a Ho Chi Minh.
Antes de 1954, la implicación de los Estados Unidos en Vietnam había consistido principalmente en apoyo financiero a la campaña bélica francesa.
Ante esta nueva amenaza, Eisenhower hizo que la CIA instalara un gobierno títere autocrático en Saigón, lo que acabó desencadenando una guerra que duraría diez mil días.
La invasión de los Estados Unidos devastaría la nación. Un solo ejemplo muestra su brutalidad: en el marco de la Operación Hades, los Estados Unidos rociaron 73 millones de litros de agentes químicos sobre Vietnam, atacando deliberadamente su agricultura y envenenando el 20 por ciento de sus bosques.
Esta guerra química mató a millones de personas durante la guerra, dejó a decenas de miles de niños con graves malformaciones congénitas después de ella y dejó millones de hectáreas de tierras de cultivo inutilizables durante generaciones. Los impactos en la salud, la economía y el impacto ambiental se siguen sintiendo hasta el día de hoy.
La victoria vietnamita sobre los Estados Unidos cuenta como una de las hazañas más notables de la historia de la humanidad. Pero no fue una casualidad. Décadas de violencia imperialista habían empujado a muchos a unirse al Partido de los Trabajadores de Vietnam (más tarde llamado Partido Comunista de Vietnam), que prometía acabar con la explotación y construir una nueva nación soberana. El partido revolucionario, altamente organizado, unió a las clases oprimidas de la nación en una sola fuerza con liderazgo colectivo.
Respaldadas por un creciente movimiento de solidaridad mundial y el apoyo material de la Unión Soviética, China y otros Estados socialistas, estas fuerzas revolucionarias pusieron en marcha una estrategia de guerrilla muy eficaz que les permitió controlar las condiciones del enfrentamiento en el campo de batalla.
Durante las conversaciones de paz tras la guerra, los Estados Unidos acordaron pagar 3.500 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios a Vietnam. Nunca pagaron ni un centavo.
En su lugar, impuso sanciones contra el nuevo gobierno y presionó a instituciones multilaterales como el FMI, la UNESCO y el Banco Mundial para que le negaran la ayuda a Vietnam. Para colmo, hizo una demanda para que el nuevo gobierno pagara las «deudas» contraídas por el régimen títere de los Estados Unidos en Saigón durante la guerra —pidiéndole, en efecto, que Vietnam pagara por las armas que se usaron para destruirlo.
«Nuestra resistencia será larga y dolorosa, pero sean cuales sean los sacrificios, por muy larga que sea la lucha, lucharemos hasta el final, hasta que Vietnam sea plenamente independiente y se reunifique», dijo Ho Chi Minh en 1946, mientras Vietnam luchaba por independizarse del dominio francés. La historia le daría la razón.
El 30 de abril recordamos la lucha del pueblo vietnamita. Nos recuerdan que el imperialismo no es invencible.
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El Primero de Mayo celebramos las victorias históricas del movimiento obrero y rendimos homenaje a quienes siguen luchando hoy por un mundo mejor.
Los orígenes del Primero de Mayo se remontan al Primer Congreso de la Segunda Internacional, celebrado en París para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa. El Congreso aprobó una resolución en la que se llamaba a una manifestación internacional de trabajadorxs ese mismo día, exigiendo la implantación de la jornada laboral de ocho horas.
En los Estados Unidos, las protestas del Primero de Mayo comenzaron dos años antes. En 1886, las manifestaciones masivas de la clase trabajadora dieron lugar a una huelga general que movilizó a 300 000 trabajadorxs de 13 000 empresas de todo el país. Estas manifestaciones duraron varios días. En Chicago, la policía atacó a lxs trabajadorxs que hacían piquetes en la fábrica McCormick Reaper Works, matando a seis e hiriendo a muchxs más. Al día siguiente, durante las protestas en Haymarket Square contra esta brutalidad, un industrial sospechoso y provocador lanzó una bomba contra la multitud. La policía entró en pánico y se masacró a civiles. Las secuelas crearon la oportunidad para que las autoridades estatales debilitaran el movimiento obrero de la ciudad, ejecutando a cuatro de sus dirigentes más destacadxs.
En conmemoración de la Masacre de Haymarket, la Federación Americana del Trabajo había decidido celebrar manifestaciones el 1 de mayo, por lo que esa fecha fue designada como Día Internacional de lxs Trabajadorxs.
«El Congreso decide organizar una gran manifestación internacional, de modo que en todos los países y en todas las ciudades, en un día señalado, las masas trabajadoras formulen una demanda a las autoridades estatales respecto de la reducción legal de la jornada laboral a ocho horas, así como de la aplicación de otras decisiones del Congreso de París. Dado que la Federación Americana del Trabajo ya había decidido celebrar una manifestación similar el 1 de mayo de 1890 en su convención de San Luis, en diciembre de 1888, se acepta este día para la manifestación internacional». — Congreso de París de la Segunda Internacional, 1889
Lo que comenzó como una protesta por la jornada laboral de ocho horas en el siglo XIX se ha convertido en una fuerza global. Ese movimiento sentaría las bases de los derechos de los que muchxs disfrutan hoy en día, desde la semana laboral de cinco días hasta el salario mínimo. El movimiento obrero siempre ha estado a la vanguardia del cambio social y político: al crear nuestro mundo, lxs trabajadorxs tienen en sus manos las semillas de su transformación.
«El proletariado de Europa y los Estados Unidos está haciendo un balance de sus fuerzas; se ha movilizado por primera vez como un solo ejército, bajo una sola bandera, y lucha por un objetivo inmediato: una jornada laboral de ocho horas, establecida por ley», escribió Friedrich Engels en su prefacio de 1890 a la cuarta edición alemana del Manifiesto Comunista. «El espectáculo que estamos presenciando ahora hará que lxs capitalistas y terratenientes de todos los países se den cuenta de que hoy lxs proletarixs de todos los países están, de verdad, unidos. ¡Ojalá Marx estuviera aquí conmigo para verlo con sus propios ojos!»
Hoy rendimos homenaje a todos los trabajadores: desde quienes rompieron en su día las cadenas del capital para construir nuevas sociedades, hasta quienes luchan hoy por la dignidad y los derechos frente a la brutal explotación.
«Mientras continúe la lucha de lxs trabajadorxs contra la burguesía y la clase dominante, mientras no se satisfagan todas las demandas», escribió Rosa Luxemburg en 1894, «el Primero de Mayo será la expresión anual de estas demandas».
¡Trabajadorxs y pueblos oprimidos del mundo, únanse!
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¡EL PRIMERO DE MAYO ES NUESTRO! Fue el lema común de cinco posters que celebraban el Primero de Mayo, creados por varios artistas, entre ellos Justin Wells y Billy Mandandini, como parte del Gardens Media Group, en el Community Arts Project de Ciudad del Cabo, en 1989.
El Community Arts Project era un centro de arte comunitario en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Se fundó en 1977 para ofrecer alojamiento, instalaciones y formación a artistas noveles, especialmente a los marginados por el apartheid. A partir de 1986, el movimiento sindical sudafricano llamó a huelgas generales cada Primero de Mayo. Imágenes cortesía del Archivo Histórico de Sudáfrica (SAHA), como parte de su serie «Imágenes de la resistencia», pósters de la resistencia sudafricana de los años 80 y posteriores.
