Social Justice

Cómo se ha exacerbado en Bangladesh la discriminación por castas a causa de la pandemia

Lxs limpiadorxs de calles de Dhaka, muchxs de ellos dalits, enfrentaban un futuro sombrío incluso antes de la pandemia. Ahora, mantienen la ciudad limpia a riesgo de infectarse mientras luchan contra su permanente discriminación.
Resulta innegable que lxs limpiadorxs de calles están arriesgando sus propios cuerpos para mantener la limpieza en Bangladesh durante esta pandemia. Al hacerlo enfrentan múltiples riesgos; no obstante, aún caen por entre las grietas de la sociedad.
Resulta innegable que lxs limpiadorxs de calles están arriesgando sus propios cuerpos para mantener la limpieza en Bangladesh durante esta pandemia. Al hacerlo enfrentan múltiples riesgos; no obstante, aún caen por entre las grietas de la sociedad.

Bangladesh confirmó su primer caso de Covid-19 el 8 de marzo de 2020. En un lapso de poco más de cien días, el número de casos positivos superó la marca de los 100.000 con más de 1300 muertos. El país impuso un cierre nacional el 26 de marzo y lo prorrogó varias veces. El 31 de mayo, cuando se levantó el cierre, el número de casos comenzó a aumentar. Sin embargo, a pesar del aumento de las muertes, la tasa de testeos en Bangladesh se ha reducido y al 10 de julio sólo habían realizado 13.500 nuevos exámenes. Se solicitó a los alcaldes de Bangladesh que apliquen una transición con cierres por zonas, que se concedan vacaciones en las áreas identificadas como rojas y que se restrinjan los traslados no esenciales, aunque esa decisión aún no se ha aplicado. En Dhaka, con 60 casos confirmados de Covid-19 por cada 100.000 personas se cumplirían los requisitos para ser considerada una zona roja; en todos los demás lugares, se declararán zonas rojas con 10 casos confirmados por cada 100.000 personas.

En este ambiente de incertidumbre, lxs limpiadorxs de calles de Dhaka están entre quienes corren mayor riesgo de contraer Covid-19 ya que muchxs de ellxs siguen trabajando sin contar con equipo de seguridad adecuado.

Según un informe de The Daily Star publicado en mayo, Badrul Amin, comodoro de la Fuerza Aérea y jefe de gestión de residuos de Dhaka South City Corporation (DSCC), declaró que había proporcionado máscaras y guantes a sus 5400 empleadxs y que pronto distribuiría entre ellxs equipos de protección personal (EPP). El comodoro M. Monzur Hossain, jefe de gestión de residuos de Dhaka North City Corporation (DNCC), indicó que dos tercios de sus 2500 trabajadorxs de gestión de basuras ya han recibido EPP. Se distribuyeron otros equipos de protección, como guantes y máscaras a todxs lxs empleadxs y se entregaron botas de goma a lxs que estaban directamente involucradxs en la recogida de basura, añadió.

Sin embargo, a pesar de las instrucciones tanto del gobierno central como de las corporaciones de la ciudad para asegurar que lxs limpiadorxs de calles cuenten con el equipo de protección adecuado, no existen evidencias concretas de que éstas se hayan implementado. Por ejemplo, Alauddin, un limpiador de calles que trabaja en el DSCC, dijo haber recibido máscaras y guantes de calidad inferior, previstos para un único uso. Lxs limpiadorxs de calles como él a menudo tienen que procurarse los equipos de seguridad por sí mismxs.

Mientras que a muchxs otrxs trabajadorxs se les paga para que trabajen desde casa, lxs limpiadorxs de calles de Bangladesh no tienen más remedio que ir a trabajar. La amenaza del Covid-19 se cierne incluso cuando recogen y organizan el material de desecho generado por los hospitales y residencias, y los transportan hacia los lugares designados.

"Estamos trabajando de cara a la muerte", dice resignado Abdul Latif, secretario del Sindicato de Recolectorxs y Trabajadorxs. El sindicato de Latif solicitó —sin éxito— ayuda financiera para evitar tener que presentarse a trabajar.

Vulnerables incluso antes de la pandemia

Lxs limpiadorxs de calles de Dhaka han enfrentado condiciones de trabajo difíciles durante largo tiempo, incluso antes de la pandemia. Los riesgos en el trabajo incluyen enfermedades debidas a la exposición a desechos nocivos y lesiones sufridas al recoger la basura (especialmente por objetos afilados o puntiagudos). A menudo tienen que recoger basura con las manos desprotegidas. Por lo general no tienen botas. Pero mientras la gente destaca la vulnerabilidad de lxs médicxs y lxs agentes de policía, la difícil situación de lxs limpiadorxs de calles se mantiene invisible.

Según señala Nagorik Uddyog, una organización sin fines de lucro dedicada a la defensa de los derechos humanos en Bangladesh, lxs limpiadorxs de calles suelen padecer diversas enfermedades, desde dolores de espalda hasta enfermedades de la piel o problemas gástricos, debido a su exposición habitual a materiales de desecho en tareas como barrer calles, limpiar retretes, vaciar fosas sépticas y recoger basura con las manos.

También existe el peligro de accidentes de tránsito. Al amanecer, limpiadorxs de calles corren un mayor riesgo de ser atropelladxs por vehículos. Alauddin afirma que unxs 150 limpiadorxs mueren cada año debido a accidentes de tránsito. Según la campaña de seguridad vial Nirapad Sarak Chai, el año pasado se registraron 5227 muertes por accidentes de tráfico, lo que supone un aumento del 51,53 por ciento en comparación con el año 2018.

Hace un año, un vehículo atropelló al vecino de Oni mientras trabajaba en Dholpur. Oni, que vive en Hazaribagh —una zona muy congestionada y conocida por acoger a miles de trabajadorxs del sector informal— todas las mañanas va caminando a su trabajo, y recorre aproximadamente 8 kilómetros. Del barrido de las calles hasta la eliminación de los materiales de desecho, hace todo lo posible para mantener limpia una zona. Sus primxs contrajeron Covid-19 y fallecieron hace más de dos semanas. En un principio, todos vivían en la colonia Ganaktuli en Hazaribagh, pero ahora tienen que alquilar viviendas en las cercanías de la colonia, mientras las autoridades construyen nuevos edificios para su seguridad. La Colonia Ganaktuli, que en la época de la colonia británica fue un hospital para tuberculosis, es conocida por albergar a miembros de la comunidad dalit.

Muchxs de lxs limpiadorxs de calles viven en zonas como Nazira Bajar, Wari y Dholpur; todos lugares congestionados, con casas de sólo 10 a 12 pies de largo y que se comparten con familiares, según Nagorik Uddyog. Debido a la densidad de población, el distanciamiento físico no es posible para las personas que habitan en estas áreas.

Entre 1 y 1,5 millones de limpiadorxs de calles de Bangladesh son dalits. El temor a ser estigmatizadx es tan fuerte que muchxs (en particular lxs de la comunidad hindú) prefieren referirse a sí mismxs como "Harijan" o "Hijx de Dios", un término popularizado por Mohandas Karamchand Gandhi, aunque hoy en día en la India muchxs limpiadorxs de calles miembros de la comunidad sienten que este término es condescendiente y en cambio se identifican como "dalits". Aunque la casta se asocia tradicionalmente con el hinduismo, en Bangladesh estas prácticas también han sido adoptadas por un reducido porcentaje de la comunidad musulmana. Sin limpiadorxs de calles, la ciudad dejaría de funcionar y sería obstruida con los desperdicios; sin embargo, su profesión apenas inspira respeto social.

Como señala Nagorik Uddyog, muchxs de limpiadorxs de calles son vulnerables porque a menudo son empleadxs por contrato. Debido a la crisis actual, muchxs trabajadorxs con contrato han perdido su trabajo, al igual que los limpiadorxs de calles que trabajan para entidades privadas. Aquellxs que consiguen mantener su trabajo (como los más de diez mil limpiadorxs de calles que trabajan en ambas corporaciones de la ciudad) consideran que la remuneración es inadecuada. Un trabajo de limpieza a tiempo parcial del gobierno paga alrededor de 1200 BDT (14 dólares) al mes por dos o tres horas de trabajo al día, seis días a la semana. El horario de limpieza del gobierno es normalmente de seis a ocho de la mañana, lo que les deja el resto del día libre. Dado que el trabajo se realiza a primera hora de la mañana, cuando lxs demás trabajadorxs recién están despertando, lxs empleadorxs se despreocupan en cuanto a permitir que sustitutxs finalicen el trabajo, lo cual confiere más poder social dentro de su comunidad a quienes trabajan en las corporaciones de la ciudad. Sin embargo, muchxs de estxs trabajadorxs tienen que depender de la recogida manual de basura para sobrevivir, una tarea que se ha hecho más difícil gracias a la pandemia.

Discriminación sistémica

De acuerdo con la Red Internacional de Solidaridad con los Dalits (IDSN por sus siglas en inglés), una red formada por grupos internacionales de derechos humanos, organismos de desarrollo, redes nacionales de solidaridad con lxs dalits de Europa y plataformas nacionales en países afectados por castas, en Bangladesh viven entre 3,5 y 5,5 millones de dalits. Sus orígenes se remontan a zonas que actualmente se encuentran en los estados indios de Uttar Pradesh y Andhra Pradesh, entre otros. Muchxs de ellxs llegaron a la región en el siglo XVII, principalmente para deshacerse de los cadáveres que habían dejado las masacres causadas por los dacoits birmanos en la década de 1620. Más tarde, en el siglo XIX, los británicos trajeron a muchxs dalits para que realizaran tareas como barrer, limpiar las alcantarillas, trabajar en las plantaciones de té y en las estaciones de ferrocarril. Esta historia de trabajo en labores difíciles con baja remuneración persiste hoy en día en Bangladesh, y lxs dalits siguen enfrentándose a una discriminación sistémica.

Lxs dalits de Bangladesh carecen de representación política en todos los niveles (con la excepción de las zonas de jardines de té). El 94 por ciento de lxs dalits no tiene vínculos con ningún partido político y el 4 por ciento participa en el ámbito local pero no desempeña ningún papel en la toma de decisiones. Los partidos políticos de Bangladesh funcionan con arreglo al "Decreto sobre la representación de los pueblos de 1972", que establece las normas y reglamentos de los partidos pero no especifica los criterios de afiliación, aparte de exigir una cuota del 33 por ciento de mujeres en todos los niveles de los comités de los partidos políticos para 2020. No ha habido ningún intento en el plano político de dar cabida a las comunidades marginadas en ese ámbito.

Además de su falta de representación política, las comunidades dalits se enfrentan a la discriminación en el empleo convencional. Un informe de 2014 de Altaf Parvez y Mazharul Islam, Dalit Communities in Bangladesh: Situation of Discrimination, Exclusion and Untouchability (Comunidades dalits en Bangladesh: situación de discriminación, exclusión e intocabilidad), concluyó que el 59 por ciento de lxs dalits se enfrentaba a la discriminación en su lugar de trabajo como consecuencia de su identidad de casta. Aparte de esto, se registraron denuncias de abusos verbales, bajas remuneraciones, obligación de trabajar horas extraordinarias e incluso un embargo por tocar las pertenencias de otras personas en el lugar de trabajo (casi el 40 por ciento de lxs encuestsdxs dijo que había experimentado este embargo).

Las mujeres dalits están particularmente marginadas, y se informa de una alta incidencia de matrimonios infantiles y maternidad precoz en la comunidad, junto con altas tasas de analfabetismo. Los valores patriarcales aseguran su dependencia económica de los hombres y restringen sus opciones profesionales. También son vulnerables a la violencia doméstica. En caso de abandono o viudez, deben luchar por su supervivencia.

Y el estigma de ser dalits se transmite de generación en generación.

Lxs hijxs de lxs dalits que son barrenderxs se enfrentan a problemas en las instituciones educativas, ya que son tratadxs de forma distinta tanto por lxs profesorxs como por lxs estudiantes. Cuando se les pregunta por su dirección, a menudo mienten y dicen que son de una zona diferente para no revelar que viven en una colonia de "barrenderxs". Incluso lxs que se gradúan suelen desilusionarse al solicitar un empleo, ya que el hecho de que su dirección revele sus orígenes puede significar a veces que se les niegue el empleo.

El impulso para una ley antidiscriminación

El sistema basado en la casta persiste a pesar de la prohibición constitucional de Bangladesh sobre la discriminación basada en castas (los artículos 27 y 28 establecen principios de igualdad para todxs lxs ciudadanxs). Sin embargo, en los últimos cinco años, la comunidad dalit de Bangladesh ha comenzado a organizarse, gracias a los esfuerzos de las organizaciones de la sociedad civil, por lo que la discriminación a la que se enfrentan ha sido más difundida.

En un informe conjunto de 2018 del Movimiento de los Dalits y los Derechos Excluidos de Bangladesh (BDERM por sus siglas en inglés), Nagorik Uddyog y el IDSN, el Comité de Derechos Humanos recomendó que se adoptaran medidas para asegurar que todas las comunidades tuvieran igual acceso a los derechos garantizados en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), así como para acelerar la aprobación del proyecto de ley contra la discriminación de 2015 y garantizar su implementación efectiva. El proyecto de ley contra la discriminación, que fue promovido por grupos de derechos durante casi dos años, es una "ley general" destinada a promover los derechos no sólo de la población dalit sino de todos los grupos minoritarios. Aún no ha sido aprobada como ley.

Además del proyecto de ley contra la discriminación, lxs dalits de Bangladesh también han pedido cupos en la educación, asignaciones especiales en el presupuesto, la formación de una comisión especial para promover sus derechos en la Comisión de Derechos Humanos, proyectos para la generación de ingresos y un fondo para el desarrollo de la vivienda. Algunas de estas exigencias, como la comisión especial, han sido atendidas por el gobierno. Otras sólo han sido abordadas parcialmente. Lxs barrenderxs dalits han luchado por una cuota del 80 por ciento en la profesión, pero a pesar de ello, estos trabajos están siendo otorgados a quienes están en lugares superiores de la escala de castas de las comunidades hindú y musulmana, lo que les hace temer la pérdida de su sustento tradicional.

Es innegable que lxs limpiadorxs de calles han jugado el todo por el todo para mantener a Bangladesh limpia durante esta pandemia y enfrentan a múltiples riesgos al hacerlo. Sin embargo, todavía caen a través de las grietas de la sociedad.

Shah Tazrian Ashrafi es periodista freelance radicado en Dhaka.

Foto: Kelly Lacy / Pexels

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Available in
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Author
Shah Tazrian Ashrafi
Translators
Marisol Wexman and Daniel Felipe Guana
Date
10.09.2020

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